Carpaccio de zanahoria y pepino

No he podido evitar la tentación de ponerle un nombre rimbombante a esta sencilla ensalada de pepino y zanahoria, jajajaja.

Pongamos que si emplatas la ensalada en una capa de rodajas muy finas, dispuestas decorativamente, le puedes llamar carpaccio. Así que esto de abajo, es un carpaccio:

Ensalada de rodajas de zanahoria y pepino

(Puse el plato torcido y ahora no puedo ver otra cosa, jajajaja)

Y si no tienes el día artístico, y lo mezclas todo en un cuenco, es una ensalada, como la de aquí abajo:

Al margen de debates lingüísticos, le llaméis carpaccio o ensalada, está buenísima y tenéis que probarla.

Pocos ingredientes, nada de calor en la elaboración y deliciosidad máxima, todo ello con 2 ingredientes más el aliño, que puede ser un simple chorrito de limón y sal, que es como yo la aliñé la primera vez que la hice, o añadir también un poco de aceite de oliva virgen extra y un poco de pimienta negra recién molida.

Ingredientes:

  • zanahorias
  • pepino
  • limón
  • opcional: sal, pimienta negra, aceite de oliva, hierbas al gusto…

Elaboración:

Lavar y pelar las zanahorias y el pepino.

Cortar en rodajas finas con una mandolina. Si no tenéis, como yo, sirve un pelapatatas o incluso un cuchillo bien afilado.

Aliñar con zumo de limón recién exprimido.

Salpimentar al gusto y añadir un chorrito de aceite de oliva virgen extra.

Dejar reposar 5 minutos para que el limón impregne las rodajas.

¡Y chimpún! Lista para comer.

Notas:

Las cantidades son al gusto. En la ensalada de la foto de abajo, hay el pepino entero y sólo una zanahoria. ¿Sois más fans de las zanahorias? Pues poned más que pepino. ¿Al revés? Pues ya sabéis.

Cuenco de ensalada de zanahoria y pepino

Se puede usar vinagre de vino blanco, pero la verdad es que a mí me gusta más con limón, el sabor es más chispeante.

Fuente:

¿Qué hierbas le quedan bien? Pues yo creo que eneldo, sin duda. Es posible que perejil también, será cuestión de probar. Si son hierbas secas, lo mejor es mezclarlas con el zumo de limón antes de cortar las hortalizas, así van soltando sabor y aroma.

Estoy segura de que habrá recetas de esto mismo por ahí, pero lo cierto es que un día de verano (¿el pasado o el anterior? no recuerdo) abrí la nevera y sólo había pepinos y zanahorias, un par de limones y alguna otra fruta, seguramente. Hacía calor y no me apeteció nada salir a comprar, así que, para darle un aspecto más elegante a la ensalada de emergencia, corté rodajas con el pelapatatas. No hay que subestimar ni a la pereza (tengo el súper a dos portales del mío) ni a la creatividad, jajajaja.

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Pollo marinado “a la Masatoshi”

Hasta que conocí esta receta, nunca se me había ocurrido cocer carne en té negro para darle sabor. Aunque de primeras parece un poco extraño, pensándolo bien tampoco es tan diferente de cocinarla en caldo de verduras. Utilizando un buen té puro los resultados son espectaculares.

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Este pollo marinado con verduras se come frío y por eso me parece una opción perfecta para una cena ligera, aunque también para un picnic (ahora que está a punto de volver la primavera y las temperaturas más agradables) o para llevar en un tupper al trabajo. Es muy fácil de hacer, no hace falta ser un cocinillas para cocer una pechuga y cortar unas verduras. Lo único que hay que tener en cuenta es que el marinado necesita unas horas para funcionar, así que hay que planearlo con un poco de tiempo.

Ingredientes (para 4 raciones):

  • media pechuga de pollo
  • 1 cucharada colmada de hojas de té negro
  • 1 cebolla mediana
  • 2 o 3  zanahorias
  • 60 ml de salsa de soja
  • 60 ml de mirin
  • 60 ml de vinagre de arroz
  • Opcional: mix de lechugas para acompañar

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Preparación:

Hervir 500 ml de agua, retirar del fuego e infundir durante 4 minutos las hebras té negro (también sirven 2 bolsitas de té negro, sin aromatizar).

Filtrar y poner al fuego en una olla pequeña.

Cocer en la infusión de té la pechuga,  ya sea entera o cortada en 2 trozos a lo largo, hasta que esté bien cocida (dependiendo del tamaño, serán de 15 a 20 minutos).

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Cortar la cebolla en pluma, pelar las zanahorias y cortarlas en bastoncitos finos.

Colocar el pollo cocido en un recipiente profundo (tipo bandeja pyrex), rodear los bastoncitos de zanahoria y la cebolla cortada.

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Mezclar la salsa de soja, el mirin y el vinagre de arroz en un cuenco.

Bañar con la salsa, si es necesario añadir más cantidad se hará siempre a partes iguales (no hace falta que lo cubra todo, ya que las hortalizas soltarán jugo, pero sí lo bastante).

Cubrir la bandeja con film transparente y dejar marinar en la nevera al menos 6 horas (una de las veces que lo preparé estuvo casi 24 horas y no pasó nada).

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Una vez pasado el tiempo de marinado, retirar la pechuga de pollo y cortarla en bastones de similar longitud a los de zanahoria.

Servir frío, poniendo un poco de pollo, un poco de cebolla y zanahoria, y un chorrito de la salsa de marinado. Se puede acompañar de un poco de lechuga aliñada con la misma salsa.

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Notas:

Aunque se puede usar té de bolsitas, os recomiendo probar con un té a granel de buena calidad, la diferencia se nota.

La salsa de soja es cada vez más habitual y fácil de encontrar, el vinagre de arroz y el mirin yo lo compro en supermercados orientales. He estado mirando y se puede sustituir el vinagre de arroz por vinagre de vino blanco suave  y un pelín de azúcar, y el mirin por jerez dulce. No he probado, así que no sabría deciros si el resultado es similar.

Yo lo he comido siempre con un variado de hojas de lechuga, pero a lo mejor está bueno con arroz blanco también. Si lo probáis contadme.

Fuente:

Esta receta es un clásico en el estudio donde trabaja J. La receta la dejó “en herencia” un becario japonés mucho antes de que J. empezase a trabajar allí, pero el plato se sigue cocinando y se le llama “pollo a la Masatoshi” en honor a él. En lugar de receta escrita, la tienen explicada con dibujitos, creo que gracias a otro excomponente del estudio, mirad qué bien se entiende.

Redondo en salsa de chocolate con café y grosellas

Hoy os traigo una receta un poco más elegante de lo habitual, un plato que podéis hacer para una celebración especial o un día que os apetezca saliros de los platos convencionales, redondo de ternera con verduritas en una salsa diferente, a base de chocolate, café y grosellas.

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Desde noviembre no publico nada salado y ya perdí la cuenta de cuándo fue el último plato principal que apareció por Birulicioso, así que era hora de traer un poco de carne. En casa comemos de todo, pero es cierto que lo que más suele aparecer por nuestros platos son verduras, legumbres y cereales en distintos formatos. La carne y el pescado lo solemos reservar para preparaciones más elaboradas, pero esas recetas son más difíciles de fotografiar con buenos resultados (especialmente con mis limitaciones espaciales) y por eso no hay mucho de eso en el blog. Tendré que proponerme solucionarlo.

He dicho que es un plato elegante, pero eso no quiere decir que sea difícil de hacer ni que vayáis a echaros el día en la cocina. Lo cierto es que es una receta fácil de preparar y además hay pasos que se pueden hacer con antelación para que a la hora de la comida no tengáis más que dar la cocción final (esto es muy útil si tenéis invitados y no queréis dejarlos tirados mientras cocináis ni preocuparos de que la comida se haga antes de que lleguen).

Ingredientes (para 4 raciones):

  • 4 filetes gruesos de solomillo, aguja o redondo de ternera (unos 600-700 g)
  • 2 o 3 chalotas
  • 45 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 1 o 2 zanahorias medianas
  • 60 g de puerro
  • media guindilla fresca (opcional, cantidad al gusto)
  • 1 cucharada de azúcar moreno
  • 150 ml de caldo de pollo
  • 50 g de chocolate negro
  • 60 ml de café
  • 50 g de grosellas

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Elaboración:

Cortar en juliana las zanahorias y las chalotas (se pueden sustituir por media cebolla morada).

Picar muy fina la media guindilla (ojo con tocarla directamente con los dedos, que después hay que lavárselos mil veces restregando como si no hubiera mañana y, aún así, te tocas un ojo y ves las estrellas).

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Sellar la carne por ambas caras en una sartén caliente con un chorrito de aceite de oliva. Reservar.

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Saltear las verduras en la misma sartén con el resto del aceite, a fuego medio.

Cuando veamos transparentar las chalotas y el puerro, espolvorear por encima el azúcar, remover bien y seguir cocinando hasta que empiece a caramelizar.

Añadir el caldo de pollo y cocinar a fuego medio-fuerte hasta que reduzca un poco.

(Se puede parar aquí y continuar con el resto de la receta después, lo que falta se hace bastante rápido si está todo preparado)

Agregar el café a la sartén junto con el chocolate troceado, removiendo hasta que se derrita (es útil tener un poco de caldo extra para añadirlo si queda muy espesa la salsa).

Añadir las grosellas y colocar los filetes sobre la salsa, cocinándolos unos tres minutos por cada cara.

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Retirar del fuego y servir inmediatamente acompañando cada filete con un poco de salsa.

Como guarnición van bien unas patatas cocidas o un poco de puré de patata (si probáis con otra cosa y os gusta, soy toda oídos, u ojos, jajajaja).

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¡Está de chuparse los dedos!

Notas:

La guindilla es opcional, pero ese toque picante le queda muy bien al sabor del chocolate.

Aunque no lleva mucho café, sí el suficiente para que no os recomiende darle este plato a niños. Se puede sustituir por café descafeinado o incluso caldo de pollo si preferís eliminar del todo el sabor del café.

Las grosellas fueron un poco experimento estético (me apetecía un poco de rojo que destacara), pero creo que fue un acierto también para el paladar. Al sabor dulce y amargo de la salsa le va muy bien esas chispas de ácido, rompen la monotonía de la salsa y la hacen un poco más fresca. Seguro que hay otras frutas que quedan igual de bien, será cuestión de probar.

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Fuente:

La idea me la dio esta receta, pero al final cambié tantas cosas, tanto ingredientes como cantidades, que cualquier parecido con la original casi es coincidencia.

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Crema de calabaza

Me había propuesto publicar cada dos semanas, una dulce y una salada, pero en enero mi ratio se fue un poco al garete, intentaré enmendarme.

Esta vez vengo con una crema de calabaza que mi madre cocina muchísimo y que siempre triunfa, no puede ser más fácil y agradecida, y además viene perfecta para calentarse la barriga en invierno.

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Ingredientes (para 4 raciones):

– 500 g de calabaza

– 1 puerro

– 2 o 3 zanahorias medianas

– 1 o 2 patatas medianas

– Aceite de oliva

– Agua o caldo de verduras

– Sal y pimienta

Opcional:

– Un chorro de nata, 1 o 2 quesitos o una cucharada colmada de queso crema.

– Nuez moscada rallada

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Preparación:

Lavar, pelar y picar en cubos la calabaza, las patatas y las zanahorias (cuanto más grandes más tardarán en cocinarse, tenedlo en cuenta).

Limpiar y trocear el puerro.

En la misma olla que usaremos para hacer la crema, rehogar en un chorro de aceite el puerro. Cuando empiece a ponerse transparente añadir la zanahoria, unos 2-3 minutos después la patata y por último la calabaza. Entre unas hortalizas y otras remover con una cuchara de madera para que se vayan mezclando los sabores.

Añadir el agua y cocinar a fuego medio-suave unos 30-40 minutos (dependerá de lo finas que hayamos picado las hortalizas).

Retirar del fuego y, si es el caso, añadir los quesitos, la nata o el queso crema (a mí me gusta tal cual, pero si queréis un extra de cremosidad, elegid la opción que más os guste).

Triturar con una batidora hasta obtener una crema homogénea, probar y añadir en este momento sal, pimienta y nuez moscada al gusto, remover bien (no es recomendable batir cosas muy calientes, no sólo porque no es bueno para el mecanismo de la batidora, sino porque podéis quemaros con las salpicaduras, ojo).

Servir bien caliente.

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Ideas:

A mí me gusta mucho ponerle un chorrito de aceite de oliva y un puñadito de picatostes al servirlo, pero me imagino que hay muchas más cosas que le pueden quedar bien, ¿qué le ponéis vosotros?.

Las cantidades son orientativas, en esto de las cremas se puede experimentar bastante.

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Fuente:

Ésta es una de las cremas estrella en mi casa, como mi madre siembra calabazas, solemos tener muchas y para lo que más las utilizamos es para hacer cremas.

Sopa de verduras y avena

La receta de hoy es una sopa que solemos hacer bastante, con más o menos variantes, y que a mí me gusta especialmente por la avena, que le da un punto espeso al caldo.

Sé que empieza a hacer calor, y las sopas ya no son platos que nos apetezcan demasiado, pero antes de que las altas temperaturas nos colonicen por completo, allá va.

Sopa de verduras y avena

Ingredientes (2 personas):

1 chorrito de aceite de oliva

1/2 puerro

2 zanahorias

1/2 calabacín

2 patatas medianas

50 g de jamón en taquitos (opcional)

50 g de chorizo en taquitos (opcional)

2-3 vasos de agua (dependerá de si os gusta más o menos espesa)

2-3 puñados de copos de avena

Sal y pimienta negra

Preparación:

Lavar y pelar las verduras (yo el calabacín suelo usarlo sin pelar, a no ser que la piel  sea dura).

Picar el puerro fino, cortar las zanahorias en cubos o rodajas (según preferencias, a mí me gusta que sean cubos pequeñitos, de unos 5mm), el calabacín en cubos un poco más grandes y las patatas más o menos del mismo tamaño que el calabacín (cuanto más grandes más tardarán en cocinarse, tenedlo en cuenta).

En la misma olla que usaremos para hacer la sopa, sofreír en un poco de aceite primero el puerro, cuando empiece a ponerse transparente añadir la zanahoria, unos 2-3 minutos después el calabacín y por último las patatas. Entre unas verduras y otras remover con una cuchara de madera para que se vayan mezclando los sabores.

Agregar el jamón y el chorizo y darle una vuelta entre las verduras.

Añadir el agua y cocinar a fuego medio unos 15-20 minutos.

Añadir los copos de avena y cocinar 5-10 minutos más, hasta que los copos se abran y se pongan blandos.

Sazonar con sal y pimienta negra recién molida al final de la cocción.

Servir bien caliente.

Ideas:

Si no tenéis copos de avena y no soléis usarlos, se puede hacer la sopa sin ella o sustituyéndola por la pasta para sopa que más os guste.

Lo mismo os digo con las cantidades y los tipos de verduras, estos son los que tenía yo, pero podéis cambiarlas por otras que os gusten más.

Si preferís las sopas sin tropezones, se puede pasar por la batidora antes de servir y obtener así un puré ligero.

Fuente:

Ésta es de cosecha propia, fruto de abrir la nevera, ver lo que había y lanzarse a improvisar.