Pudin de chía, té matcha y cacao

La receta de hoy es facilísima, y aunque de entrada las semillas de chía y el té matcha puedan parecer ingredientes demasiado exóticos, lo cierto es que cada vez se encuentran con más facilidad, especialmente la chía, que es uno de los últimos “alimentos milagro”.

Mi interés por estas semillas, más que por sus supuestas propiedades nutricionales maravillosas, es por la textura que aportan, ya que se recubren de una sustancia gelatinosa o mucílago cuando se hidratan.

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Como hay que dejar reposar la chía mientras se hidrata, es una receta perfecta para un desayuno. Podemos dejarla a remojo toda la noche, dejar también preparada la crema de cacao y “emplatar” por la mañana, sólo nos llevará unos minutos (¿como es un cuenco se diría “encuencar”? jajajaja).

Ingredientes (para 4 raciones):

Capa de pudin de chía y té matcha

  • 3 cucharadas de chía
  • 1 cucharada de té matcha
  • 200 ml de leche de almendras
  • 1 cucharada de miel o sirope de arroz

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Capa de crema de cacao

  • 80 ml de leche de almendras
  • 2 plátanos grandes
  • 2 cucharadas de cacao puro en polvo
  • 2 onzas de chocolate (opcional)

Capa de yogur

  • 1 1/2 yogur natural o de soja

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Preparación:

Empezaremos por el pudin:

Poner la leche de almendras en un cuenco, añadir la miel y remover hasta que se disuelva.

Agregar el té matcha y la chía, mezclando bien con unas varillas para que no queden grumos. Volver a remover la mezcla pasados 10-15 minutos (así no aseguramos de que no queden grumos rebeldes)

Dejar reposar en la nevara al menos una hora tapado con film transparente (yo lo dejé toda la noche).

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Crema de cacao:

Trocear los plátanos y batir junto con el cacao y la leche de almendras hasta obtener una crema espesa.

Opcional: Picar el chocolate y añadirlo a la crema removiendo para repartirlo bien (tan opcional que a mí se me olvidó hacerlo. #emoticonoconlagotacolgando).

Montaje de las raciones:

Dividir la crema de cacao en vasitos de cristal (con las cantidades de arriba salen 4 pequeños o 3 medianos).

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Repartir el yogur sobre la crema de cacao.

Remover el pudin de chía una última vez (sí, habéis adivinado, por si quedan grumitos, jajajaja) y distribuir entre los vasitos.

Opcional: rallar un poco de chocolate por encima como decoración (era mi plan B después de no añadirlo a la crema, pero… me volví a olvidar… #emoticonoconlagotacolgandootravez).

¡A por las cucharillas!

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Notas:

Utilizando plátano congelado (como en esta receta) se puede hacer un postre aún más interesante, añadiendo el factor temperatura a las distintas texturas de las capas.

En virtud de la propiedad conmutativa, el orden de las capas no altera la deliciosidad (¿o debería decir biruliciosidad?) del producto. #emoticonodelguiño

De la misma manera, ahora que ya sabéis cómo hacer las capas, también podéis variar las cantidades.

Ahora que ya hemos llegado al final, creo que puedo decirlo… ¿la capa de chía y matcha no os parecen un poco huevitos de rana? Jajajajaja, no, en serio que está buena, pero la verdad es que la textura es un poco como el caviar y con ese colorcillo… 😛

Fuente:

La receta está basada, con algunos cambios, en ésta otra a la que llegué desde pinterest.

Batido de arándanos, frambuesas y rooibos

¿Un batido con infusión de rooibos? Sí, habéis leído bien y, si os animáis a probarlo, descubriréis lo buenísimo que está ya sea como desayuno o como merienda.

En verano yo suelo tener en la nevera una botella de rooibos preparado para beberlo cuando me apetezca sin tener que esperar a que se enfríe, esto hace que preparar esta receta sea tan rápido como hacer un batido tradicional con leche o zumo.

Como el rooibos no tiene teína ni cafeína lo pueden tomar  los más pequeños de la casa, que seguro que se divierten presionando el botón de la licuadora y viendo como se trituran los ingredientes y va cambiando el color del batido que van a beberse.

¡Animaos a probar!

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Ingredientes (3 batidos pequeños, 2 medianos o 1 extragrande):

– 1 taza de arándanos

– 1/2 taza de frambuesas

– 1/4 taza de almendras crudas peladas

– 1 taza de infusión de rooibos

– 1/2 taza de yogur griego o de soja

– el zumo de 1/2 limón

– 1 cucharada de miel (opcional)

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Preparación:

Preparar la infusión de rooibos con antelación para que esté fría a la hora de utilizarla. Se puede hacer tanto en caliente como por maceración, poniendo unas 4 cucharaditas de rooibos por litro de agua en una jarra y dejándolo en la nevera 8 o 9 horas.

Lavar y escurrir las frutas si son frescas (se pueden usar perfectamente frutas congeladas).

Exprimir y filtrar el zumo de medio limón.

Poner todos los ingredientes en el vaso de la batidora o licuadora (ojo con taparla, no la vayamos a liar en la cocina, jajaja) y batir bien.

Servir en vasos fríos ¡y a disfrutar!

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 Ideas:

Si tenéis una batidora o licuadora potente, o con opción de picar hielo, también podéis congelar el rooibos en la bandeja para hacer cubitos y así hacer un batido con textura de granizado mucho más refrescante para la hora de la merienda.

La cantidad de infusión que os indico es más adecuada para un desayuno que para un refresco entre horas, por eso si preferís un batido menos denso se puede añadir más a vuestro gusto.

Si os apetece un batido más ligero es una buena idea sustituir el yogur por la misma cantidad de leche, normal o vegetal, o directamente por rooibos.

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Fuente:

Después de una intensa búsqueda a la caza de inspiración para este batido, acabé en este blog tan bonito cuya receta utilicé como base para desarrollar la mía. Por cierto, no sabía que había rooibos en polvo.

Magdalenas de Nesquik

Sé que los seguidores del blog en FB están esperando la receta que prometí de tarta de chocolate y frambuesas, pero resulta que la masa quebrada de la base no la hice yo, y necesito que mi colaborador me pase la receta.

Así que de momento, y para calmar vuestras ansias chocolateras, aquí va un sucedáneo, unas esponjosas y sorprendentemente ricas magdalenas de Nesquik. Y digo sorprendentemente ricas no porque me esperase que no salieran buenas, sino porque aunque no son las mejores magdalenas de chocolate que he probado, sí están por encima de la media, sobre todo teniendo en cuenta que no llevan ni chocolate ni cacao de calidad.

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Ingredientes: (para 12 magdalenas)

– 3 huevos

– 1 yogur natural (pero podéis usar de fresa o vainilla)

– 1 medida de azúcar (usando el vasito del yogur)

– 1 medida de aceite de girasol

– 2 medidas de harina

– 2 medidas de Nesquik (supongo que podría ser Colacao u otro cacao en polvo, contadme si probáis)

– 1 sobre de levadura

Magdalenas de Nesquik

Preparación:

Precalentar el horno a 200ºC.

Batir en un cuenco los huevos hasta que estén espumosos, añadir el azúcar y seguir batiendo hasta que blanqueen.

Agregar el yogur y mezclar.

Añadir poco a poco el aceite sin dejar de remover con las varillas y batir hasta que esté bien integrado en la masa.

Incorporar el Nesquik mientras removemos, hasta tener una especie de crema de chocolate.

Mezclar la harina con la levadura e incorporar a la masa, removiendo constantemente para evitar los grumos.

Llenar 3/4 de las cápsulas con la masa y hornear 25-30 minutos a 200 ºC (para saber si están, podéis pinchar un palillo, si sale limpio, están listas).

Sacar del horno, y tras unos 5 minutos retirar las magdalenas de la bandeja y dejar enfriar en una rejilla.

Ideas:

Se me ha ocurrido mientras escribía, quizá un chorro de un licor que combine bien con el chocolate, como el de naranja, puede quedar muy bien, aunque yo no le eché.

De la misma forma, podéis darles un poco más de gracia añadiendo pepitas de chocolate, frutos secos…

Curiosidades:

Es la primera vez que uso cápsulas de papel encerado decoradas, y la verdad es que me han convencido, aunque son un poco más caras, el papel es mucho más grueso y resistente, y por si eso fuera poco, además son bonitas. Las compré en Los utensilios del Chef, en Madrid, tienda que por cierto os recomiendo muchísimo, el dueño es muy amable, y aunque a primera vista parece un local minúsculo, lo cierto es que tienen en el almacén todo lo que hay a la venta en la web.

Fuente:

Hace poco alguno de los blogs que sigo publicó una receta de bizcocho de Nesquik con muy buena pinta, pero para la que me haría falta una báscula para no tener que improvisar las cantidades, decidí buscar en google, y así encontré esta receta en el blog de Eva Panadera.

Bizcocho de yogur con frutos secos

Vale, me habéis descubierto, soy una golosa incorregible, y es probable que este blog se convierta el armario de los azúcares.

Intentaré enmendarme, lo prometo.

Esta vez traigo el que probablemente fue el primer bizcocho que hice en mi vida hace montones de años. El bizcocho de yogur mágico que siempre sale bien, para el que no es necesaria báscula, y que encima admite muy bien los experimentos.

La receta es tan infalible que la mayor parte de la gente simplemente junta todos los ingredientes, los mezcla bien, y al horno, pero os aseguro que con un mínimo de cariño por vuestra parte y muy poco trabajo extra, el bizcocho sale con un extra de esponjosidad que agradeceréis a la hora de coméroslo.

Estaba yo subidita con el éxito de mi anterior bizcocho (que será el siguiente que publique por aquello de no poner dos recetas seguidas con calabaza), así que pensé en introducir modificaciones a la receta básica, para que tuviera algo más de chispa, así que decidí hacerlo más otoñal añadiendo frutos secos.

Bizcocho de yogur con frutos secos

Ingredientes:

– 3 huevos

– 1 yogur natural (para un bizcocho de limón se puede usar de limón, etc etc)

– ralladura de naranja (o de limón, según vuestra preferencia)

– 2 medidas de azúcar (usando el vasito del yogur)

– 1 medida de aceite de oliva (si os parece fuerte el sabor, cambiadlo por aceite de girasol)

– 3 medidas de harina (yo usé de repostería, que era la que tenía en la despensa)

– 1 sobre de levadura

– ralladura de un limón

– mantequilla para engrasar el molde y un poco de harina.

(He visto que en algunas recetas a los ingredientes básicos le añaden un chorrito de anís, o de algún licor de limón… pero yo no tenía)

(A partir de aquí las modificaciones que introduje yo)

– zumo de medio limón pequeño

– zumo de media naranja mediana

– 6 orejones

– un puñado de nueces

Preparación:

Precalentar el horno a 180º.

Batir en un cuenco los huevos hasta que estén espumosos, añadir el azúcar y seguir batiendo hasta que blanqueen.

Agregar el yogur y las ralladuras de naranja y limón y mezclar bien.

Añadir poco a poco el aceite sin dejar de remover con las varillas y batir hasta que esté bien integrado en la masa.

(Se puede echar un chorro de anís u otro licor al gusto también)

Mezclar la harina con la levadura e incorporar a la masa, removiendo constantemente para evitar los grumos.

Picar los orejones y las nueces.

(Leí en algún sitio que para que las uvas pasas no se vayan al fondo es conveniente pasarlas por harina antes de echarlas, así que hice lo propio con los trocitos de orejones)

Agregar a la masa y remover.

Engrasar y enharinar el molde, verter la masa y hornear 40 minutos a 180º.

Consejos:

Dado el orden en que se agregan las cosas yo recomiendo: Volcar el yogur en un cuenco, lavar y secar el vasito, medir el azúcar, la harina, colocar cada una en un cuenco o plato, y por último el aceite, así no hay que andar lavando una y otra vez el vasito, y evitamos que se nos pegue todo.

Sólo usé nueces y orejones por motivos prácticos, pero avellanas, almendras, higos secos, uvas pasas maceradas en brandy… también sirven.

Era la primera vez que utilizaba ese horno con fines bizcochiles, así que se me tostó un poco, estad atentos, y si se oscurece demasiado pronto, tapad el molde con una hoja de papel de aluminio, para que se siga cociendo sin quemarse.

Para comprobar si está bien cocido por dentro, basta con pinchar hasta el fondo con un palillo de madera o metálico, si sale limpio, es que está ya hecho.

Los frutos secos quedaron bastante repartidos, aunque no puedo afirmar que sea por haber enharinado los orejones.

Para evitar que se me pegase al molde, decidí forrarlo por dentro con papel de hornear que unté con mantequilla, así es muy fácil desmoldar.

El bizcocho estaba esponjoso pero firme, con un delicioso sabor y olor cítrico, que acompaña muy bien al de los frutos secos.

Como veis, la receta es muy básica, y se puede adaptar fácilmente.

Fuente:

Me lo enseñó a hacer mi madre, y seguro que todos lo habréis comido o hecho alguna vez.