Pilaf aromático con shiitake y té genmaicha

Supongo que os habréis dado cuenta ya de que me gusta mucho probar platos de otros países y culturas. Esta vez os traigo una receta de fusión, un plato de Oriente Próximo cocinado con ingredientes del Lejano Oriente. Hum, eso ha sonado un poco como un capítulo de Barrio Sésamo, ¿no? Jajajaja. El caso es que el pilaf es una forma de preparar el arroz atribuida a turcos o persas, mientras que el arroz jazmín es típico tailandés y las setas shiitake y el té genmaicha provienen de Japón.

El resultado es una receta muy aromática, donde se mezclan el sabor tostado del té, con el ahumado de las setas, el picante del jengibre y la sutil fragancia del arroz jazmín. Lo que podría ser un batiburrillo de sabores y aromas, acaba formando delicioso plato vegano que os recomiendo mucho probar.

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Por cierto, llevo un tiempo logrando cumplir mi propósito de intercalar recetas dulces con propuestas saladas para no convertir el blog en una cueva de golosos y estoy muy contenta, a ver si dura la racha.

Ingredientes (para 2 raciones):

  • 2 cucharadas de té genmaicha japonés
  • 800 ml de agua
  • 35-40 g de setas shiitake deshidratadas
  • 2 cucharadas de aceite de sésamo
  • 1 diente de ajo
  • una rodaja gruesa de jengibre fresco
  • 1/2 taza de arroz jazmín
  • 1/2 taza de arroz jazmín rojo
  • sal y pimienta
  • opcional: rodajas de limón y aceite de guindilla

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Elaboración:

Colocar el té genmaicha en un cuenco grande (que sea como de un litro, para que quepa holgadamente el té y poder remover las setas cuando las añadamos).

Poner el agua al fuego en un cazo, apartar cuando rompa el hervor, dejar enfriar un par de minutos (ya que se recomienda infundir esté té a 80 ºC) y verter sobre genmaicha. Dejar infundir 3 o 4 minutos y filtrar.

Volver a verter la infusión en el cuenco y añadir las setas deshidratadas removiendo para que se empapen. Dejar reposar al menos una hora para que se rehidraten.

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Pelar y picar el ajo y el jengibre muy finitos.

Lavar el arroz una vez y escurrir bien el agua (he leído que no se recomienda lavar el arroz jazmín demasiado porque pierde aroma, pero no sé).

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Extraer las setas del té, escurrirlas bien y reservarlas en un plato.

Separar 600 ml del “caldito” resultante. Reservar lo que sobre por si hace falta para acabar de cocer el arroz y completar con agua si no hay suficiente.

Calentar el aceite de sésamo a fuego medio en una olla o sartén profunda. Cuando esté caliente, saltear el ajo y el jengibre picados durante dos o tres minutos.

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Añadir el arroz removiendo bien con una cuchara de madera para que se impregne del aceite y saltear otro par de minutos.

Añadir las setas, remover bien con la cuchara de madera.

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Agregar el “caldito” que hemos reservado y dejar la olla a fuego medio hasta que empiece a borbotear. Colocar la tapa y cocinar a fuego suave unos 35 minutos, sin remover, hasta que el arroz blanco esté cocido y el rojo esté hecho pero aún un poco crujiente. Si se queda sin agua y aún no está listo, añadir el “caldito” que hayamos reservado, o agua si no había suficiente.

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Retirar del fuego y salpimentar al gusto.

Servir caliente acompañado de rodajas de limón y, si queremos darle un toque picante, un poco de aceite de oliva con guindilla macerada.

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Contadme qué os parece, en casa ha triunfado esta mezcla de sabores, texturas y aromas. 😀

Notas:

Tanto los arroces como el aceite de sésamo y las setas deshidratadas los compramos en un supermercado oriental que hay en nuestro barrio. El té genmaicha lo podéis comprar aquí. Son ingredientes un poco exóticos, pero que cada vez es más habitual encontrar en grandes superficies.

El tiempo de hidratación mínimo de las setas es alrededor de 1 hora, pero os recomiendo preparar el té por la mañana y dejarlas en él hasta la hora de preparar la comida.

Este té tiene un tiempo de infusión recomendado, pero como es para cocinar, no pasa nada si lo excedemos un poco (no demasiado, que puede amargar).

Si os da pena tirar las hebras de té después de usarlo (el té genmaicha está riquísimo, por cierto), debéis saber que se puede hacer una segunda infusión, aunque saldrá un poco más suave que la primera. 😉

El punto del pilaf es que el arroz esté al dente, en el caso de esta receta, al mezclar dos arroces con tiempos de cocción distintos, conseguiremos el toque crujiente con el integral mientras que el blanco estará perfectamente cocido. Si usáis sólo arroz blanco, lo suyo es que lo cocinéis un poquito menos de lo habitual.

Importantísimo no remover el arroz mientras se cocina. Insisto, NO REMOVER EL ARROZ. Se cuece a fuego suave para que no se agarre a la olla y listo. Dejad la cuchara quietecita.

Fuente:

Buscando formas diferentes de usar el genmaicha, llegué a esta receta que me encantó porque llevaba tiempo buscando una excusa para volver a cocinar con setas shiitake.

Batido verde, muy verde

Hoy os traigo una receta sana y repleta de vitaminas para empezar el día con un extra de energía, un batido verde, de esos que se han puesto tan de moda. En casa no somos muy de seguir modas, pero en Paraguay nos aficionamos muchísimo a los batidos de frutas y al volver nos compramos una batidora de vaso para seguir con la nueva tradición. Uno de nuestras rutinas más habituales de desayuno es que mientras uno se ducha, el otro prepara un batido con las frutas y verduras que hay. Si el batido está más bueno de lo habitual, lo apuntamos. No solemos seguir recetas, pero a mí me gusta investigar las que hay para coger ideas de combinaciones posibles.

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Los batidos verdes se hacen con alguna verdura de hoja, ya sean espinacas, lechuga, coles como la famosa kale, apio, perejil… que se mezcla con frutas y algún líquido, generalmente agua o bebida vegetal, pero también té o alguna otra infusión. A partir de aquí, lo que hace falta es imaginación y ganas de experimentar.

En esta receta yo he usado té bancha, que tiene un sabor suave y sutil. Se podría pensar que un sabor tan delicado pasaría desapercibido entre las espinacas y la fruta, pero lo cierto es que se va haciendo notar en cada sorbo de una forma muy agradable.

Ingredientes (2 vasos grandes):

  • 250 ml de té verde
  • 1 naranja
  • zumo de medio limón
  • 2 puñados de espinacas
  • 1 plátano grande

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Elaboración:

Preparar el té la noche anterior, mejor si es de buena calidad (puede parecer que no, pero aporta mucho sabor y agradeceréis que sea bueno), y reservar para usar frío por la mañana. Una bolsita es suficiente, si es a granel, 2 o 3 cucharaditas.

Pelar y trocear el plátano y la naranja (si usáis batidora de mano, que los trozos sean tirando a pequeños).

Lavar y escurrir las espinacas.

Poner todos los ingredientes en el vaso de la batidora o licuadora (la mía es una batidora de vaso enorme llamada cariñosamente Felipa, jajajaja) y batir hasta que no queden grumos y se ponga espumoso (ya veréis qué color taaaaan rebonito, ains).

Servir en dos vasos grandes (dependiendo del tamaño de las frutas sale entre 600 y 700 ml) y beber disfrutando de cada trago. 😉

Notas:

Las naranjas mejor que sean bien sabrosas, eso es más fácil cuando están en temporada.

También se puede hacer con mandarinas o clementinas, 2 o 3 dependiendo del tamaño. O directamente cambiar de fruta y ver qué sale.

Ojo con los tiempos de infusión del té verde, se hace en 2 o 3 minutos, mucho más rápido que otras variedades y después amarga.

El plátano aporta suficiente dulzor, pero siempre podéis añadir un poco de miel o sirope.

También se puede usar fruta congelada para hacerlo más cremoso y refrescante.

Fuente:

La combinación de los 3 ingredientes principales, plátano, naranja y espinacas, me la encontré procrastinando en Pinterest. Después resultó que era de un batido proteínico, así que me quedé con la base y probé mi propia variación.

Pollo marinado “a la Masatoshi”

Hasta que conocí esta receta, nunca se me había ocurrido cocer carne en té negro para darle sabor. Aunque de primeras parece un poco extraño, pensándolo bien tampoco es tan diferente de cocinarla en caldo de verduras. Utilizando un buen té puro los resultados son espectaculares.

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Este pollo marinado con verduras se come frío y por eso me parece una opción perfecta para una cena ligera, aunque también para un picnic (ahora que está a punto de volver la primavera y las temperaturas más agradables) o para llevar en un tupper al trabajo. Es muy fácil de hacer, no hace falta ser un cocinillas para cocer una pechuga y cortar unas verduras. Lo único que hay que tener en cuenta es que el marinado necesita unas horas para funcionar, así que hay que planearlo con un poco de tiempo.

Ingredientes (para 4 raciones):

  • media pechuga de pollo
  • 1 cucharada colmada de hojas de té negro
  • 1 cebolla mediana
  • 2 o 3  zanahorias
  • 60 ml de salsa de soja
  • 60 ml de mirin
  • 60 ml de vinagre de arroz
  • Opcional: mix de lechugas para acompañar

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Preparación:

Hervir 500 ml de agua, retirar del fuego e infundir durante 4 minutos las hebras té negro (también sirven 2 bolsitas de té negro, sin aromatizar).

Filtrar y poner al fuego en una olla pequeña.

Cocer en la infusión de té la pechuga,  ya sea entera o cortada en 2 trozos a lo largo, hasta que esté bien cocida (dependiendo del tamaño, serán de 15 a 20 minutos).

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Cortar la cebolla en pluma, pelar las zanahorias y cortarlas en bastoncitos finos.

Colocar el pollo cocido en un recipiente profundo (tipo bandeja pyrex), rodear los bastoncitos de zanahoria y la cebolla cortada.

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Mezclar la salsa de soja, el mirin y el vinagre de arroz en un cuenco.

Bañar con la salsa, si es necesario añadir más cantidad se hará siempre a partes iguales (no hace falta que lo cubra todo, ya que las hortalizas soltarán jugo, pero sí lo bastante).

Cubrir la bandeja con film transparente y dejar marinar en la nevera al menos 6 horas (una de las veces que lo preparé estuvo casi 24 horas y no pasó nada).

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Una vez pasado el tiempo de marinado, retirar la pechuga de pollo y cortarla en bastones de similar longitud a los de zanahoria.

Servir frío, poniendo un poco de pollo, un poco de cebolla y zanahoria, y un chorrito de la salsa de marinado. Se puede acompañar de un poco de lechuga aliñada con la misma salsa.

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Notas:

Aunque se puede usar té de bolsitas, os recomiendo probar con un té a granel de buena calidad, la diferencia se nota.

La salsa de soja es cada vez más habitual y fácil de encontrar, el vinagre de arroz y el mirin yo lo compro en supermercados orientales. He estado mirando y se puede sustituir el vinagre de arroz por vinagre de vino blanco suave  y un pelín de azúcar, y el mirin por jerez dulce. No he probado, así que no sabría deciros si el resultado es similar.

Yo lo he comido siempre con un variado de hojas de lechuga, pero a lo mejor está bueno con arroz blanco también. Si lo probáis contadme.

Fuente:

Esta receta es un clásico en el estudio donde trabaja J. La receta la dejó “en herencia” un becario japonés mucho antes de que J. empezase a trabajar allí, pero el plato se sigue cocinando y se le llama “pollo a la Masatoshi” en honor a él. En lugar de receta escrita, la tienen explicada con dibujitos, creo que gracias a otro excomponente del estudio, mirad qué bien se entiende.

Galletas “shortbread” de té rojo

Pues vamos allá con la primera receta del año, empecemos con algo facilito y resultón para endulzar la cuesta de enero, unas galletas de té rojo. Como buenos seguidores de Birulicioso, ya conocéis las galletas de manzanilla y limón y por eso seguramente os sorprenda menos este ingrediente “exótico”. O quizá no y estéis alucinando, si es así, creedme, están tan buenas que os preguntaréis por qué no las habíais probado nunca.

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También estaba deseando enseñaros mi nuevo cortagalletas, lo diseñé yo misma con las mismas manitos que teclearon este post y la ayuda de mi amodiado autocad, y un amigo con impresora 3D lo trajo a este plano de existencia física. A él le gusta llamarla “tresdegalletator plus”, y no voy a ser yo quien le lleve la contraria (sobre todo porque estoy diseñando otros cortagalletas nuevos y quiero que me los imprima, jajajaja).

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Como veis, por un lado es redonda y por el otro con forma estrellada, para tener menos cacharritos, jejejeje. El borde es un poco grueso, pero corta bastante bien, creo que en el siguiente modelo intentaré hacer un filo un poco más fino.

Sin más preámbulos, vamos con la receta.

Ingredientes (400 g de galletas):

  • 150 g de mantequilla o margarina
  • 2 cucharadas de hebras de té rojo Pu-erh
  • 75 g de azúcar glas
  • 225 g de harina de trigo
  • 1 cucharada de maicena
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla (opcional)

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Preparación:

Trocear la mantequilla, margarina para opción vegana/sin lactosa, en un cuenco mediano y dejarla a temperatura ambiente durante una media hora. También se puede ablandar en microondas, calentando en tandas de 15 segundos a media potencia hasta que adquiera una textura parecida a la pomada.

Desmenuzar con un mortero o en la batidora las hebras de té rojo  y espolvorearlas sobre la mantequilla. Si preferís no encontraros trozos de hojas de té, después de molerlo se puede tamizar con un colador de malla un poco gruesa, así el resultado es más fino (quizá el té en bolsitas sea más “blando”, hace mucho que no tomo y no estoy segura).

Añadir el extracto de vainilla (yo no puse porque mi té rojo era aromatizado con vainilla) y batir ligeramente con un tenedor para integrarlo todo bien.

Agregar el azúcar glas y seguir batiendo hasta tener una mezcla cremosa e uniforme.

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En otro cuenco, mezclar la harina con la maicena y tamizar sobre la crema en tandas, integrando bien antes de añadir más harina.

Cuando toda la harina esté incorporada en la masa y ésta ya no se nos pegue a las manos, formar una bola apretada, envolverla en film transparente y dejarla reposar en la nevera durante media hora por lo menos.

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Precalentar el horno a 160 ºC.

Enharinar una superficie de trabajo y estirar la masa con un rodillo hasta tener una plancha de unos 5 mm de espesor (también se puede hacer entre dos láminas de film).

Cortar las galletas con un cuchillo afilado o un cortapastas (la masa es bastante firme y de una consistencia tirando a sedosa, así que mantiene muy bien la forma).

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Formar una bola con los recortes sobrantes y repetir los pasos anteriores hasta que no quede masa.

Cubrir con una lámina de papel de hornear en la bandeja del horno y colocar las galletas separándolas entre sí uno o dos centímetros (no se inflan mucho ni se desparraman, pero es mejor prevenir).

Espolvorear ligeramente las galletas con azúcar glas.

Llevar al horno a 160 ºC durante 12-14 minutos, hasta que empiecen a dorarse por los bordes (se vuelven quebradizas al enfriar si se sobretuestan, así que es mucho mejor que queden tirando a blanquitas).

Dejar enfriar sobre una rejilla antres de guardarlas.

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Ya veréis qué sorpresa el sabor. 😀

Notas:

Os recomiendo prepararlas con antelación, porque el sabor de estas galletas se intensifica con el paso del tiempo.

Se conservan perfectamente más de una semana si las guardáis en un recipiente hermético.

Yo las hice con té rojo de vainilla, pero seguro que con alguna otra variedad de té rojo o negro también están deliciosas (si alguien se atreve con té verde que me cuente qué tal).

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Fuente:

Las anteriores “shortbread” que hice, de manzanilla y limón, salieron tan buenas que esta receta tiene la misma base. ¿Por qué cambiar lo que funciona? 😉

Guardar

Pudin de chía, té matcha y cacao

La receta de hoy es facilísima, y aunque de entrada las semillas de chía y el té matcha puedan parecer ingredientes demasiado exóticos, lo cierto es que cada vez se encuentran con más facilidad, especialmente la chía, que es uno de los últimos “alimentos milagro”.

Mi interés por estas semillas, más que por sus supuestas propiedades nutricionales maravillosas, es por la textura que aportan, ya que se recubren de una sustancia gelatinosa o mucílago cuando se hidratan.

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Como hay que dejar reposar la chía mientras se hidrata, es una receta perfecta para un desayuno. Podemos dejarla a remojo toda la noche, dejar también preparada la crema de cacao y “emplatar” por la mañana, sólo nos llevará unos minutos (¿como es un cuenco se diría “encuencar”? jajajaja).

Ingredientes (para 4 raciones):

Capa de pudin de chía y té matcha

  • 3 cucharadas de chía
  • 1 cucharada de té matcha
  • 200 ml de leche de almendras
  • 1 cucharada de miel o sirope de arroz

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Capa de crema de cacao

  • 80 ml de leche de almendras
  • 2 plátanos grandes
  • 2 cucharadas de cacao puro en polvo
  • 2 onzas de chocolate (opcional)

Capa de yogur

  • 1 1/2 yogur natural o de soja

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Preparación:

Empezaremos por el pudin:

Poner la leche de almendras en un cuenco, añadir la miel y remover hasta que se disuelva.

Agregar el té matcha y la chía, mezclando bien con unas varillas para que no queden grumos. Volver a remover la mezcla pasados 10-15 minutos (así no aseguramos de que no queden grumos rebeldes)

Dejar reposar en la nevara al menos una hora tapado con film transparente (yo lo dejé toda la noche).

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Crema de cacao:

Trocear los plátanos y batir junto con el cacao y la leche de almendras hasta obtener una crema espesa.

Opcional: Picar el chocolate y añadirlo a la crema removiendo para repartirlo bien (tan opcional que a mí se me olvidó hacerlo. #emoticonoconlagotacolgando).

Montaje de las raciones:

Dividir la crema de cacao en vasitos de cristal (con las cantidades de arriba salen 4 pequeños o 3 medianos).

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Repartir el yogur sobre la crema de cacao.

Remover el pudin de chía una última vez (sí, habéis adivinado, por si quedan grumitos, jajajaja) y distribuir entre los vasitos.

Opcional: rallar un poco de chocolate por encima como decoración (era mi plan B después de no añadirlo a la crema, pero… me volví a olvidar… #emoticonoconlagotacolgandootravez).

¡A por las cucharillas!

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Notas:

Utilizando plátano congelado (como en esta receta) se puede hacer un postre aún más interesante, añadiendo el factor temperatura a las distintas texturas de las capas.

En virtud de la propiedad conmutativa, el orden de las capas no altera la deliciosidad (¿o debería decir biruliciosidad?) del producto. #emoticonodelguiño

De la misma manera, ahora que ya sabéis cómo hacer las capas, también podéis variar las cantidades.

Ahora que ya hemos llegado al final, creo que puedo decirlo… ¿la capa de chía y matcha no os parecen un poco huevitos de rana? Jajajajaja, no, en serio que está buena, pero la verdad es que la textura es un poco como el caviar y con ese colorcillo… 😛

Fuente:

La receta está basada, con algunos cambios, en ésta otra a la que llegué desde pinterest.