Linzertorte o Tarta(letas) de Linz

En abril del año pasado me compré estos moldes de tartaletas que por unas cosas y por otras estuvieron casi un año sin ser estrenados, imperdonable. Como penitencia, la receta que inaugurase la era tartaletera tenía que ser especial (qué duro es expiar pecados, ains).

Aunque a mí nunca me la haya hecho (guiño-guiño-codazo-codazo) la receta elegida fue la de Linzertorte, uno de los “greitesjits” de J., una tarta que, si no me falla la memoria, aprendió a hacer en Alemania porque “ningún hombre puede llegar a los 18 años sin saber hacer tartas” (todo mi apoyo a esta norma, a la que añado que ninguna persona debería llegar a los 18 sin saber resolverse el tema alimenticio con cierta soltura).

Tartaletas de Linz (7)

Aunque el origen de la tarta de Linz, también conocida como tarta Linzer o Linzertorte, es austrohúngaro (no podía perder la oportunidad de escribir esta palabra) es muy tradicional en Austria, Hungría, Alemania y Suiza.

Según wikipedia, el registro más antiguo de esta receta lo podemos encontrar en el Codex 35/31 de 1653 en el archivo de la Abadía de Admont.

Y después de tanta charla, vamos al lío. 😉

 

Ingredientes (para una tarta de 26 cm o 6 tartaletas de 10 cm):

Masa quebrada:

  • 200 g de harina
  • 1 cucharadita de canela en polvo
  • 1/2 cucharadita de vainilla en polvo
  • 1 cucharadita de levadura química
  • 140 g de azúcar
  • 1 clara de huevo
  • 1/2 yema de huevo
  • 125 g de mantequilla fría en dados
  • 125 g de almendra molida (también puede ser avellana)

Tartaletas de Linz (1)

Relleno:

  • 100-150 g de mermelada de albaricoque

Tartaletas de Linz (2)

Decoración:

  • 1/2 yema de huevo

 

Preparación:

Tamizar en un cuenco la harina con la canela, la vainilla, la levadura química y el azúcar.

Volcar la mezcla en una superficie de trabajo limpia formando un volcán.

Reservar la mitad de la yema del huevo, y batir ligeramente la otra mitad y la clara (Como yo soy un poco obsesiva a veces, lo hice báscula mediante, pero se puede hacer a ojo).

Volcar  el huevo batido, la mantequilla cortada en dados y la almendra molida en el centro del volcán de harina.

Mezclar los ingredientes lo más rápido posible para que no se derrita la mantequilla (que es el truco para una masa quebrada perfecta). Esto se puede hacer:

  • Pellizcándolos entre los dedos hasta formar una masa desmigada (así lo hice yo).
  • Con un mezclador de masas manual (que añado desde ya a mi lista de “lo necesito muy mucho”).
  • Con un cuchillo largo haciendo cortes paralelos, juntando todo en un montón otra vez y repitiendo hasta tener toda la mezcla en forma de migas (así lo ha hecho siempre J. que se sorprendió de que consiguiera hacerlo a pellizcos).

Una vez que tenemos la masa desmigada, se junta toda formando una bola apretada, se envuelve en film transparente y se deja reposar en la nevera durante media hora.

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Precalentar el horno a 180 ºC.

Dividir la masa en dos partes, una un poco más grande que la otra.

Engrasar los moldes con mantequilla.

Si vamos a utilizar un sólo molde de tarta, extender la parte grande de la masa apretando con los dedos hasta cubrir con una capa más o menos uniforme el fondo y las paredes.

Si vamos a utilizar moldes de tartaletas, dividir la masa en partes iguales y proceder de la misma manera (la obsesiva que vive en mí y que de vez en cuando se asoma, me hizo utilizar la báscula también para esto).

Cubrir la masa con mermelada. La cantidad variará según el tamaño de los moldes y lo golosos que seamos. Yo puse más o menos una cucharada colmada por tartaleta.

Tartaletas de Linz (4)

Con el resto de la masa quebrada formar tiras aplastadas de más o menos un dedo de ancho y cubrir las tartaletas formando un enrejado.

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Pincelar la superficie de la masa con la media yema restante (así se consigue una superficie dorada y brillante).

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Hornear durante 25 o 30 minutos a 180 ºC, hasta que la superficie esté dorada. Para un único molde grande es posible que haga falta más tiempo de cocción.

Retirar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla.

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Notas:

La tarta de Linz es de esas recetas que están más buenas de un día para otro, os aconsejo envolver las tartaletas en papel de aluminio y servirlas al día siguiente.

Mis moldes tienen una especie de pie que hizo imposible desmoldar las tartaletas sin romperlas, así que nos las comimos sin sacarlas. Me anoto a mi lista interminable unos moldes de esos con fondo desmontable.

La receta tradicional se hace con mermelada de grosellas, aunque también es habitual emplear de albaricoque, ciruela o frambuesas. Estos son los sabores que yo creo que le quedan bien a este tipo de masa, pero sobra decir que podéis rellenar la tarta con la mermelada que más os guste.

También parece que más que almendras, lo típico son avellanas, pero se pueden usar nueces o una mezcla de frutos secos al gusto. Me encanta porque con tantas variaciones se puede hacer bastantes veces la receta sin repetir sabor, jajaja.

Es una tarta que se presta para jugar con el enrejado, y también es común colocar almendra fileteada en el borde después de pincelar con huevo, pero como yo iba pillada de tiempo, las florituras se quedaron para otra ocasión.

Tartaletas de Linz (9)

Perfecta para acompañar una taza de té… o para que una bola de helado de vainilla no se sienta sola a la hora del postre. 😉

 

Fuente:

Hace tiempo J. me pasó un par de recetas de tartas típicas alemanas traducidas entre las que estaba ésta, una suerte, porque su recetario repostero está (casi) todo en alemán.

Tarta Guinness

El tiempo pasa más que volando, hace casi tres semanas que hice esta tarta, y todavía publico hoy la receta. Eso sí, podría ser peor, porque hace AÑOS que tengo pendiente esta tarta. Soy una fan incondicional de la cerveza negra Guinness, así que es normal que los ojos me hicieran chiribitas ante una tarta cuyos ingredientes característicos eran cacao puro y cerveza negra.

La textura y el sabor son impresionantes, el bizcocho denso, húmedo y con un ligero regusto amargo y tostado, contrasta a la perfección con la suavidad y dulzura de la cobertura.

TG

Ingredientes: (para unas 12 raciones)

– 250 ml de cerveza negra Guinness

– 225 g de mantequilla sin sal

– 250 g de harina de repostería

– 75 g de cacao en polvo (yo he usado cacao puro Valor)

– 2 + 1/2 cucharaditas de bicarbonato sódico

– 400 g de azúcar

– 140 g de nata líquida para montar

– 2 huevos

– 1 cucharadita de extracto de vainilla

Para la cobertura:

– 250 g de queso mascarpone

– 100 g de azúcar glacé

– 250 g de nata líquida para montar (35% MG)

TG trozo

Preparación:

Poner a calentar sin que llegue a hervir, a fuego medio, la cerveza (se calentará antes si está a temperatura ambiente, obviamente). Una vez caliente, añadir la mantequilla (también a temperatura ambiente) cortada en dados y remover hasta que se derrita del todo. Retirar del fuego y reservar.

Mezclar en un cuenco la harina con el cacao, el bicarbonato y el azúcar (yo lo hago con unas varillas, así se evitan los grumos).

Batir en otro cuenco los huevos, la nata y la vainilla hasta obtener una mezcla homogénea. Una vez hecho esto, agregar la mezcla de cerveza y mantequilla poco a poco hasta integrarlo todo.

Precalentar el horno a 180 ºC.

Añadir la mezcla seca poco a poco al cuenco de los líquidos hasta conseguir una masa uniforme y sin grumos (en este punto la masa te la comerías sin meterla al horno, de lo bien que sabe y huele).

Preparar el molde, engrasar con mantequilla y enharinar, verter la masa y hornearlo a 180 ºC durante unos 50 minutos (el mío tardó más) o hasta que al pincharlo con un palillo, éste salga limpio.

Sacar del horno y dejar enfriar en una rejilla.

Cobertura:

Mezclar el mascarpone con el azúcar glacé hasta obtener una crema suave. Montar la nata y añadirla a la crema, utilizando una espátula para mezclar, con movimientos envolventes.

Untar la crema en la tarta, dejando que caiga por los bordes, como si fuera espuma de la cerveza derramándose.

TG entera

Consejos:

Mi molde es desmontable, de 22 cm de diámetro y 2,2 litros de capacidad, y hubo un momento en que temí que la masa al subir desbordase. Creo que es mejor utilizar un molde un poco más grande.

Si usáis un cacao que lleve azúcar incorporado, lo suyo sería compensar restando azúcar porque si no saldrá más dulce de lo debido.

Preparé el bizcocho un día por la noche, y la cobertura al otro día por la mañana, como postre para la comida de cumpleaños de mi padre. De esta forma me aseguré de que se enfriase del todo, y sospecho que al bizcocho le sentó bien reposar, porque cada día estaba más bueno que el anterior.

Ideas:

Es una tarta bastante densa y que llena bastante, como las cantidades son fácilmente divisibles, se puede hacer la mitad de la receta si no sois muchos comensales.

Aunque la crema de cobertura está buenísima, creo que la próxima vez la haré con menos cantidad de nata montada (unos 100 g menos, creo), para que el mascarpone tenga un poco más de protagonismo.

Tendría que controlar los tiempos, pero otra idea interesante es hacerla en porciones individuales, a modo de cupcakes.

Fuente:

La encontré en un par de blogs que sigo habitualmente, Cocinándotelo y Cocinando con Catman, las recetas son similares y en lo que más se diferencian es en la cobertura, una con queso mascarpone y otra con queso de untar, os pongo las dos para que podáis decidir.

Tarta de la abuela

¡He vuelto! Espero que hayáis echado mucho de menos mis biruliciosidades, aunque como nunca he tenido un ritmo de publicación demasiado riguroso, seguro que no habréis sufrido síndrome de abstinencia.

He acabado (al fin) la carrera, y ahora me toca pensar cual es el siguiente paso. Pero primero un pequeño paréntesis de relajación, descanso y disfrute de esta nueva y desconocida sensación de libertad.

Para celebrar este final y principio de etapa, una tarta muy fácil y muy típica, al menos yo la recuerdo en multitud de cumpleaños de mis primos (en los míos no, porque mi favorita es la de fresas con nata, y esa es la que había).

Para empezar, el nombre. En algunos restaurantes la tienen en sus cartas con el que yo he elegido “Tarta de la abuela”, aunque mis abuelas nunca la hicieron ¿las vuestras sí?. También la he oído llamar “Tarta de cumpleaños”, “Tarta de galletas y chocolate” y “Tarta fácil de galleta”.

Como todas estas tartas tan extendidas hay multitud de versiones y recetas; que si sólo con chocolate, que si con nocilla, que si capas intercaladas de chocolate y mezcla de zanahoria y coco (esta la hacía una de mis tías y la recuerdo tan rica que tengo que experimentar), o, la que yo hago, chocolate y flan.

Y no entremos ya en los tipos de chocolate o la forma de “humedecer” las galletas, que puede ser con leche, si van a comerla niños, o con algún tipo de licor.

Yo os voy a explicar mi receta, la que me gusta hacer, con mis preferencias en cuanto a ingredientes específicos, pero como os digo, hay mil variantes.

Tarta de la abuela

Ingredientes: (las cantidades dependen mucho del tamaño del molde, el mío es de 22x32x4 cm, unos 2’8 litros)

– 1 paquete de galletas tostadas rectangulares (antes en uno de los supermercados a los que voy tenían unas perfectas, con la base muy porosa, pero han cambiado la receta, creo que las de Gullón siguen siendo así).

– 1 sobre de “Flanín El niño” por capa de flan que vayamos a poner, en mi caso 2 (No sirve Royal, porque necesitamos una textura más de natilla, que quede cremoso, yo uso esta marca, pero si conocéis otra similar, servirá).

– 2 paquetes de Mousse sabor Chocolate de Royal, uno por capa (antes Royal tenía uno de Chocolate belga que era el que me gustaba a mí por su sabor y color, pero no lo encuentro por ningún lado).

– leche (la que usaremos para la mousse tiene que ser fría)

– azúcar

– Opcional para emborrachar las galletas: Vino dulce Sansón, o similar, ponche (en mi casa siempre había Caballero)…

(Soy una quisquillosa con las marcas de algunas cosas, quizá ya lo hayáis notado, jajajaja)

Preparación:

Pasos Tarta de la abuela

Para mojar las galletas, mezclar 2/3 de vaso de leche, 1/3 de sansón, y si os gusta, un chorrito de ponche, que le da un toque a naranja que a mí me encanta (yo voy haciendo la mezcla en un vaso, repitiendo cuando se acaba). Si hay niños, sólo leche, claro.

Poner galletas en un plato o bandeja, y empapar bien. Antes de que se ablanden, colocarlas cubriendo todo el fondo del molde (esta primera capa yo suelo ponerla con las letras hacia abajo). Si han quedado muy secas, mojarlas un poco más con una cuchara, aunque no es necesario.

Preparar el primer sobre de Flanín. En las instrucciones hay dos preparaciones, para flan, y para natillas; haciendo el punto medio, con 3/4 de litro de leche más o menos, queda la textura perfecta, ni muy dura ni muy blanda.  Una vez hecho, verter sobre las galletas y distribuir homogéneamente.

Repetir el paso de mojar y colocar las galletas, cubriendo la superficie del flan.

Preparar la mousse siguiendo las instrucciones del paquete (yo lo hago con las varillas de la batidora, no me quiero ni imaginar hacerlo a mano),  cuando esté bien montada y esponjosa, repartirla sobre las galletas (con mi molde suele sobrar de cada capa una tacita, así que con un molde un poco más pequeño, quizá os llegue con un solo paquete, si es así, reservad la mitad).

Volver a cubrir con galletas mojadas.

Repetir la capa de flan, y verter con cuidado, ya que el calor de la crema hace bajar la mousse inferior y se podría formar un agujero.

Cubrir con galletas, y rematar con mousse de chocolate.

Se puede adornar con bolitas o canutillos de azúcar de colores, con almendra fileteada…

Consejos:

Mi molde es rígido, pero puede estar bien uno desmontable, o una bandeja de aluminio desechable, que podamos cortar antes de servir, así será más fácil de cortar y tendrá mejor presencia. Si tenéis mucha maña, podéis hacerlo sin molde, pero usando mousse yo no lo haría, ya que con el calor de la capa de flan se desparrama un poco.

Después de verter la primera capa de mousse, deberíamos estar por la mitad del molde, como mucho, es algo a tener en cuenta para no encontrarnos con sorpresas al final.

Yo la hago con mousse porque esas capas quedan esponjosas, y contrastan con la textura más densa de la crema/flan, mientras que la galleta le da el toque húmedo.

Curiosidades:

El segundo año de carrera preparé esta tarta para celebrar mi cumpleaños con mis amigas, y como no tenía suficiente leche para mojar las galletas sólo usé sansón y ponche. Compré uno de esos moldes de aluminio desechables, sin darme cuenta de que iba a tener que ir desde donde yo vivía a donde se celebraría la fiesta con la tarta en un autobús urbano. Con la vibración del bus, el alcohol empezó a desbordar e inundar la tarta por arriba. Me di cuenta al llegar a casa de mis amigas. Allí decidimos disimularlo dando el toque final salpicando bolitas de colores, que se derritieron en el alcohol, creando una capa abstracta y muy colorida por encima. Aquella tarta emborrachaba por sí misma. Todavía hoy mis amigas se acuerdan del incidente. Pero estaba buena, xD.

Fuente:

No hay fuente, esta tarta ya pertenece a la tradición colectiva, 🙂

Tarta fácil de piña y flan

Cada año, por mi cumpleaños, suelo hacer una comida o cena a la que invito a mis amigos, y en la que intento cocinar y hacer la tarta (si estoy en mi ciudad la compro, porque tenemos en Pontevedra unas pastelerías de morirse de gusto). Como mi cumpleaños es en mayo, y eso en Arquitectura significa montones de entregas y exámenes a la vuelta de la esquina, un año que no tenía demasiado tiempo para hacer la tarta que solía hacer (la colgaré próximamente), recurrí a una receta que había hecho por su cumpleaños una compañera de piso.
Tuvo muy buena aceptación, pero creo que no la repetí porque a mi amiga F. no le hace demasiada gracia la piña.

Hace unos días mi amiga L., que estuvo en aquella fiesta también, me preguntó si podía subir la receta, ya que quería hacer el postre para Navidad. Estuve buscando a ver si tenía alguna foto decente de aquel día, pero no, así que he tenido que hacerla (ooooooh, qué dramaaaaaa).

Es una tarta muy fácil y rápida de hacer, que además viene muy bien como postre tras una comida copiosa, porque la piña le da un toque refrescante.

Tarta piña y flan

Ingredientes: (para un molde de 1 litro de capacidad aprox.)

– 1 caja de Flan Royal para 8 flanes (o uno que tenga la misma textura)

– 1 litro de leche

– 1 paquete de sobaos (para el molde que usé me llegó un paquete de 18, pero pueden haceros falta más según la forma, y sobre todo la capacidad, de este)

– 1 lata de piña (dependiendo de la forma del molde usaréis más o menos rodajas)

Preparación:

Repartir el caramelo que viene en el paquete de Royal en el fondo del molde o bandeja que vayamos a usar.

Cubrir con rodajas de piña, no importa que queden huecos, eso hará que el flan asome y la piña destaque más (aquí es donde dejáis libre a vuestro artista interior y componéis un bonito dibujo).

Colocar los sobaos cubriendo todo el molde en horizontal (en la foto veréis que yo coloqué la primera capa en vertical, pero esto fue porque el cuenco que usé es muy alto en proporción a su superficie, y me quedaban demasiados huecos entre los sobaos).

Repetir hasta llegar un poco por debajo del borde del molde (lo ideal es un molde de unos 5-5 cm de altura, que se llena con dos capas de sobaos)

Preparar el flan de acuerdo a las instrucciones que vienen con el paquete, esto es: verter el contenido del sobre en un cazo seco, añadir 1 litro de leche, remover bien con unas varillas, y llevar a hervir a fuego lento removiendo para evitar que se pegue.

Cuando hierva, verter con cuidado sobre el montaje previo, hasta que el flan cubra los sobaos (suelen flotar, pero no pasa nada, al estar llenos de flan bajan). El nivel de flan disminuirá un poco conforme el flan empape los sobaos (tenedlo en cuenta).

Dejar enfriar y meter en la nevera. Tarda un par de horas en cuajar, como el flan.

Volcar en una bandeja más grande que el molde, y a ser posible que tenga algo de profundidad, porque al desmoldar saldrá el caramelo.

Servir frío.

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(EDITADO: estaba sin cables de la cámara, ni de transferencia ni de cargador, por eso estas 2 fotos son de móvil).

Consejos:

Lo de usar Flan Royal no es un capricho, es que otros flanes no son líquidos a la hora de hervir, y esto es importante, porque un líquido espeso no mojará a fondo los sobaos.

Si es la primera vez que lo hacéis, es mejor medid antes la capacidad del molde, para no encontraros con que os habéis quedado corto de flan (quedarse largo no es un problema ¡flanes para la merienda!).

Para cortarla es mejor un cuchillo de sierra (uno de filo liso cortará muy bien el flan, pero os destrozará las porciones al intentar cortar la piña).

Ideas:

Haciéndolo se me ha ocurido que es una buena forma de utilizar bizcocho que se haya quedado un poco reseco (a mí me han contado que puede pasar, ¡puede sobrar bizcocho! jajajaja), sólo hay que cortarlo en rodajas, e ir cubriendo el molde igual que lo haríamos con los sobaos.

Fuente:

Una compañera de piso. El boca a boca es un gran método para ampliar tu recetario.

Tarta de queso y calabaza con jaspeado de chocolate

Ya lo decía un par de entradas atrás, la calabaza va a estar bastante presente en este blog, pero no porque yo tenga una fijación especial con ella, sino porque en mi familia les ha dado por plantarlas, y la cosecha es tan abundante y deliciosa, que acabar calabacizando el blog es inevitable.

Esta tarta me llamó la atención por el aspecto que tenía en la foto del libro donde la encontré, y el sabor está totalmente a la altura de las expectativas.

Tarta de queso y calabaza con jaspeado de chocolate

Ingredientes  (molde de Ø = 23 cm):

Para la base (pasta de migas de chocolate):

– 120 g de galletas de chocolate molidas (yo usé las Fontaneda sin azúcares cacao que tienen copos de avena, y la verdad le dan un toque fantástico).

– 75 g de mantequilla derretida

– una cucharada de azúcar o miel (yo usé miel)

– una cucharada de harina

Para el relleno:

– 450 g de queso crema

– 2 cucharadas de azúcar blanquilla

– 250 g d puré de calabaza (yo usé calabaza cacahuete pelada y sin pepitas, cocida en agua con un poquito de sal, escurrida y pasada por la batidora)

– 3 huevos grandes ligeramente batidos

– 3 cucharaditas de harina

– 1 cucharadita de canela en polvo

– 1/2 cucharadita de jengibre molido

– una pizca de clavo molido (el que inventó los agujeros de los botes de especias en polvo no entendía el concepto “pizca”, ojo, es fácil pasarse)

– una pizca de nuez moscada molida

– 1/4 de cucharadita de sal

– 100 g de chips de chocolate (yo usé chocolate puro Valor en tableta)

Preparación:

Precalentar el horno a 175º, y mientras éste hace su trabajo, nosotros haremos la base de la tarta.

Mezclar bien los ingredientes de la base en un cuenco, de forma que quede una masa con textura migosa pero húmeda.

Extender la masa en un molde circular de 23 cm (yo lo hice en uno rectangular) presionando con los dedos desde el centro hacia afuera. Tiene que quedar uniformemente repartida tanto por el fondo como en las paredes del molde.

Hornear durante 10 minutos. Sacar el molde del horno y dejar que enfríe sobre una rejilla (¡¡ya veréis que aroma delicioso!!).

Para el relleno:

Ablandar el queso crema (yo no lo hice, pero por lo visto es meterlo 15 segundos por cada 200 g de queso a máxima potencia en el microondas).

Batir el queso en un cuenco con una batidora eléctrica hasta que esté esponjoso (recordad que las batidoras tienden a salpicar por todas partes, así que mejor un cuenco de paredes altas).

Añadir el azúcar, el puré de calabaza, los huevos ligeramente batidos, la harina, las especias y la sal, remover y volver a batir hasta que todo esté integrado (no os preocupéis si la mezcla no tiene el color naranja esperado, luego lo recupera en la cocción).

(Mientras hacemos esto, podemos poner a hervir agua para el siguiente paso)

Derretir los chips de chocolate (o el chocolate desmenuzado) al baño maría, colocando dentro del cazo de agua hirviendo otro cazo más pequeño, o un cuenco, con el chocolate (cuidando que no entre agua), y removiendo hasta que esté líquido. Una vez que el chocolate esté derretido, retirar del fuego.

Añadir al chocolate 250 ml (más o menos un vaso) de la mezcla de calabaza y remover hasta que quede bien mezclado (con el chocolate puro de Valor, la mezcla queda del color del chocolate con leche).

Verter el resto de la mezcla de calabaza en la base previamente horneada y enfriada.

Agregar la mezcla de chocolate, cucharada a cucharada, repartiéndola por toda la superficie (no importa si bastante se va al fondo, es parte de la gracia de la tarta).

Pasar la hoja de un cuchillo haciendo remolinos sobre la mezcla de chocolate para formar el jaspeado (en la ocasión en la que hice la foto, me gustó tanto el dibujo que quedó que al final no pasé el cuchillo).

Hornear a 175º durante 45 minutos, o hasta que el relleno esté firme en los bordes pero algo blando en el centro (en 45 minutos mi tarta estaba hecha, aunque por comprobar, pinché un tenedor en el borde que salió casi limpio, y otro en el centro que salió un poquito menos limpio).

Sacar del horno, dejar enfriar en una rejilla, y luego llevar al frigorífico.

Consejos:

Para que los cortes queden limpios y se aprecie el dibujo del relleno, podemos limpiar la hoja del cuchillo con un papel de cocina húmedo antes de cada corte.

A esta tarta le pasa algo curioso, cuanto más tiempo pasa, más intenso es el sabor de las especias, por eso os recomiendo hacerla al menos con 24 horas de antelación.

Si distribuimos el chocolate en círculos concéntricos, y pasamos el filo del cuchillo formando radios, nos quedará una decoración en forma de tela de araña muy apropiada para fiestas de Halloween, o haciendo espirales podemos lograr un diseño un poco más preciosista, como en esta foto antes de ir al horno.

Fuente:

Receta sacada del libro: “500 tartas y empanadas” de la editorial Blume, un librito pequeño y manejable, repleto de recetas (con variantes) apetecibles.