Panecillos tiernos

Al principio del verano, cuando publiqué la receta de hamburguesas con puerro y chutney de higos os prometí que la de los panecillos que usé no tardaría… bueno, ya sabéis que los tiempos, y más en vacaciones, son relativos. Pero más vale tarde que nunca, aquí tenéis las instrucciones para hacer unos panecillos tan tiernos que se os saltarán las lágrimas.

Panecillos Tiernos (6)

Son muy rápidos de hacer, lo único que hay que tener en cuenta es el tiempo de levado. A mí me gusta mucho pasarme los 5 minutos que tardan en hornearse mirando cómo se inflan. La primera vez, al ver cómo crecía la masa en el horno, pensé que se iban a quedar huecos, pero no, el interior es una miga muy esponjosa y blandita. En casa les llamamos “pan de nubes”, con eso os lo digo todo. 😉

Ingredientes (para 12 panecillos) :

  • 450 – 470 g de harina de fuerza
  • 30 g de aceite de oliva virgen extra
  • 20 g de levadura fresca de panadería
  • 40 g de miel o azúcar (para receta vegana)
  • 250 g de agua templada
  • sal al gusto (yo suelo poner unos 10 g)

Panecillos Tiernos (1)

Elaboración:

Separar la mitad del agua templada y añadir la levadura fresca desmenuzada y la miel o el azúcar, remover y dejar reposar unos minutos.

Sobre una superficie de trabajo (o en un cuenco amplio si no tenéis encimera donde amasar) formar un volcán con la harina y espolvorear la sal por encima.

Añadir el aceite y el agua, tanto la reservada como la mezclada con levadura y miel/azúcar.

Amasar hasta tener una bola que no se pegue a las manos. Es posible que haga falta un poco más de harina, pero es mejor no pasarse para que los bollos no queden secos.

Poner la bola de masa en un cuenco, tapar con un paño y dejar levar hasta que doble su volumen (depende de la temperatura, si no no es muy alta, suelen ser unos 45 minutos).

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Dividir la masa en 12 bolas de tamaño similar (o 16 si queremos bollos más pequeños).

Estirar cada bola con un rodillo, o con la palma de la mano, hasta formar discos de alrededor de 1 cm de espesor y colocarlas sobre la bandeja del horno cubierta con una lámina de teflón, papel de hornear o ligeramente enharinada.

Precalentar el horno a 250 ºC.

Una vez esté el horno a la temperatura correcta, hornear los panecillos unos 5 minutos hasta que empiecen a dorarse (ojo que se hacen rapidísimo).

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Sacar del horno y envolver los panecillos en un paño de cocina limpio y ligeramente humedecido para que mantengan la frescura y esponjosidad.

Están buenísimos recién hechos, con relleno dulce o salado (sin nada también te los comes a bocados, jajaja).

Notas:

He probado esta receta con harina de fuerza y también con harina de espelta (que es la que usan en la receta original). Ambas están riquísimas. Tengo pendiente usar otras harinas, por ejemplo harina integral, habrá que adaptar la cantidad de agua para conseguir el mismo resultado, claro.

Siempre he usado miel al hacer la receta, me gusta mucho el aroma que aporta a la masa, pero en la original usan azúcar, eso hace que además sea una receta vegana.

Normalmente yo hago menos cantidad, dos tercios, que da para 8 bollos (300 g de harina, 20 de aceite, 14 de levadura, 26 de miel, 160 de agua y 7 de sal). Empecé a hacerlo así porque la primera vez sólo tenía 300 g de harina de espelta, pero luego vi que cabe más holgada en una sola hornada y además, como somos dos, 8 bollos vienen genial para una cena, un desayuno y quedan un par para la comida.

Esta última vez he probado a congelarlos y el resultado es buenísimo. Quizá a partir de ahora haga más veces la receta completa para congelar unos cuantos.

Panecillos Tiernos (7)

Fuente:

Tenía esta receta guardada por ahí desde que la publicaron en Pimienta Rosa hace más de cuatro años.

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Polos de leche de almendras, té negro y mango

No todo van a ser helados con máquina este verano, hoy os traigo una receta de polos de té con fruta fresca. Al usar bebida vegetal de almendras como base salen unos polos más cremosos que los habituales con agua o zumo, sin dejar por ello de ser una receta vegana y apta para intolerantes a la lactosa. Si los van a tomar niños, podéis prescindir del té, saldrán muy ricos también.

Polos Leche Almendras Te Negro Mango (6)

Ya sabéis que me pirran los tés aromatizados, generalmente por los sabores añadidos… pero no voy a negar que también es una cuestión estética, creo que lo he dicho alguna vez ya, cuando las cosas de comer son bonitas, me parece que saben mejor, jajajaja. En el caso del té que usé para esta receta, uno negro de mango, me chifla ver el amarillo de los pétalos de girasol que lleva. Así soy, jajaja.

Ingredientes (para 4 polos de 90 ml aprox.):

  • 250 ml de leche de almendras
  • 1 cucharada y media de hebras de té negro
  • 1/2 mango maduro
  • 2 cucharadas de azúcar invertido (o 3 de azúcar normal)

Polos Leche Almendras Te Negro Mango (2)

Elaboración:

Calentar en un cazo pequeño la leche de almendras. Justo antes de que rompa a hervir, apartar del fuego, añadir las hebras de té negro, remover bien y dejar reposar 4 minutos. Filtrar y dejar enfriar.

Polos Leche Almendras Te Negro Mango (1)

Pelar y picar en trozos pequeños medio mango.

Mezclar en un cuenco  el mango con la leche infundida y el azúcar.

Polos Leche Almendras Te Negro Mango (3)

Rellenar los moldes de polos procurando que los pedacitos de mango se repartan más o menos homogéneamente.

Polos Leche Almendras Te Negro Mango (4)

Meter en el congelador hasta que se hayan endurecido por completo, un mínimo de 4 horas, aunque el tiempo necesario puede variar.

Polos Leche Almendras Te Negro Mango (5)

Mojar el exterior de los moldes bajo un chorro de del tiempo o tibia para que se desmolden más fácilmente (en mis moldes si vas con prisas se rompe la punta, o eso me han contado, no es que a mí me haya pasado, ¡qué va!…)

¡Y a rechupetear!

Polos Leche Almendras Te Negro Mango (7)

Notas:

Para aquellos que prefieran no encontrarse trocitos de fruta en los polos, se puede batir la mezcla antes de rellenar los moldes, estoy segura de que también estarán buenísimos.

Si no tenéis moldes, podéis usar vasitos de plástico y palitos de madera, el truco para que queden bien rectos es cubrir los vasitos con film transparente o papel de aluminio y clavar los palitos en el centro.

Aunque yo la utilicé de almendras, supongo que el resultado será parecido con otras bebidas vegetales. En casa las que más compramos son la de avena y la de almendra, aunque de vez en cuando cae alguna de arroz.

En lugar de té negro puro yo usé un aromatizado con mango. Esta receta se presta a hacer variantes con otros tés aromatizados y frutas que combinen bien con su sabor. Pueden ser frutas de textura similar al mango como el melocotón u otras completamente diferentes, por ejemplo frutos rojos (recordad la importancia del aliciente estético, jajajaja). Aprovechando que al final del verano hay muchas moras, yo haría la prueba. ¡Contadme si experimentáis!

Fuente:

Improvisación sobre la marcha con cosas que tenía en la nevera y la despensa.

 

Sorbete de ciruelas

En mi empeño por sacarle partido al préstamo de la heladera, aquí viene otra receta que no habría sido posible sin ella ¡sorbete de ciruelas! De los helados lácteos, pasamos a uno sin grasa, aunque con más azúcar, que puede llegar a ser incluso vegano si eliminamos la clara de huevo. Los sorbetes se pueden hacer de frutas, zumos u otros líquidos como infusiones, vinos o cócteles (estoy MUY tentada de hacer uno de mojito, jujujuju).

Por cierto, ¿sabéis que el origen de la palabra sorbete viene desde el árabe clásico šarbah, que significa trago y pasó al turco como şerbet, y de ahí al italiano sorbetto. Vaya viajecito ¿verdad? Se dice que lo trajo a Europa Marco Polo, pero de ahí a que sea cierto…

Sorbete Ciruelas (7)

La primera vez que vi fotos de este sorbete me llamó la atención el color rosa tan intenso. Confieso que pensé que había truco detrás de un color tan fuerte y llamativo y que, aunque no lo decían en los ingredientes, había colorante de por medio. Pero no, para sorpresa mía, al cocer las ciruelas la piel empieza a soltar jugo y al batirlo pasa de morado a este rosa tan increíble.

Ingredientes:

  • 500 g de ciruelas negras
  • 500 ml de agua
  • 200 g de azúcar
  • 50 ml de zumo de limón
  • opcional: 1 clara de huevo y una pizca de sal fina

Sorbete Ciruelas (5)

Elaboración:

Lavar, deshuesar y cortar en trozos las ciruelas.

Poner el agua en un cazo a fuego medio, añadir el azúcar y remover hasta que se disuelva.

Agregar las ciruelas cortadas y cocer a fuego medio hasta que empiecen a soltarse las pieles, unos 10 – 15 minutos.

Apartar del fuego y dejar enfriar a temperatura ambiente.

Una vez esté frío, triturar con la batidora de mano o de vaso hasta que se forme un puré fino.

Batir la clara de huevo con una pizca de sal hasta que empiece a espumar, queremos lo que se llama estado “puntas blandas”, no llegar a tenerlas a punto de nieve. Aquí en Javi Recetas lo explican muy bien y con fotos.

Mezclar la clara con el zumo de limón y añadir al puré de ciruelas, removiendo bien para que se integre del todo.

Sorbete Ciruelas (1)

Refrigerar la mezcla en un recipiente con tapa, o cubierto con film, durante al menos 2 horas.

Seguir las instrucciones de la heladera para hacer el sorbete. Hay que dejar funcionar la máquina hasta que adquiere una textura consistente. Generalmente se tarda entre 15 y 20 minutos.

Sorbete Ciruelas (2)

Pasar el sorbete a un recipiente con tapa y dejar que acabe de coger consistencia en el congelador unas 2 o 3 horas.

Sorbete Ciruelas (3)

Sacar el recipiente del congelador, y hacer bolas como si no hubiera un mañana. Si es necesario, mojar la cuchara en agua caliente entre una y otra.

Sorbete Ciruelas (6)

Notas:

Recién salido de la heladera, está perfecto para comer si os gustan los sorbetes más “blanditos”. Tras dos horas de congelador, para mí es el punto perfecto, se pueden hacer bolas y mantienen la forma pero el sorbete no está duro.

Sorbete Ciruelas (4)

(Fijaos qué cuenquito tan monérrimo, el esmalte me quedó fatal, pero la decoración ❤ )

Al contrario de otros helados que he probado a hacer, este sorbete no se ha puesto duro como una piedra tras más de 12 horas en el congelador. Con sacarlo un rato antes y dejar que se temple, se hacen bolas fácilmente y además la textura es perfecta. Creo que es por la clara, que es opcional pero bastante recomendable si queréis una textura esponjosa en sorbetes de frutas.

Y hablando de clara, es importante que quede en esa textura de “puntas blandas” porque si llegáis a montarla se hace bastante difícil mezclarlo todo bien.

Nos salió bastante cantidad, así que hicimos un experimento llenando moldes de polos y calipos con el puré del sorbete. Funciona muy bien, por si no tenéis heladera pero queréis disfrutar del increíble sabor del sorbete de ciruelas.

Sorbete Ciruelas (9)

Si alguien lo hace por el método tradicional de congelar media hora, batir y repetir hasta que está listo, que me cuente qué tal funciona.

Confesión: Nos pudo el ansia en varios momentos del proceso.

  • Primero añadimos al puré de ciruelas todavía tibio, en el mismo vaso de la batidora, el zumo de limón y la clara después de mezclarlos entre sí y lo batimos unos segundos. Resultado: funciona, yo a partir de ahora lo voy a mezclar siempre así.
  • Después, en vez de dejar la mezcla en la nevera o enfriarla bien, la volcamos en la heladera directamente. Resultado: la mezcla se enfrió pero el hielo de la cubeta no fue suficiente para también congelarla, así que tuvimos que meterla en un recipiente y dejarla en la nevera mientras congelábamos otra vez la cubeta. Lo sentimos, nos equivocamos y no volveremos a hacerlo. Sorprendentemente, al día siguiente la mezcla seguía perfectamente estable y el sorbete se hizo sin problemas. O sea, que mal pero bien, no hubo que lamentar pérdidas materiales.

Ojo a la cantidad de azúcar que lleva. Obviamente son más sanos que los industriales porque podemos controlar la cantidad y la calidad de la fruta que llevan, pero sin olvidar que también llevan una cantidad enorme de azúcar. Que un día es un día y todo eso, pero a mí me sirve para ser consciente de ello. La próxima vez creo que aún reduciré un poco más la cantidad.

Sorbete Ciruelas (8)

Fuente:

Mezcla “a sentimiento” inspirada en estas dos recetas, una de Jamie Oliver de la que no me gustó que filtre la ciruela tras cocerla para no usar las pieles (a mí me gusta que haya trocitos en el sorbete) y de esta otra, que lleva demasiado azúcar para mi gusto y no pone la clara. Eso sí, explica otras formas de hacer sorbetes de ciruela que os pueden interesar.

Ensalada birmana con aliño de té verde fermentado

En verano no apetece demasiado encender los fogones, por eso las ensaladas y otras preparaciones frías se hacen las reinas de los menús cotidianos. Hay gente que cree que las ensaladas son aburridas, pero eso es porque no se paran a pensar en la multitud de posibilidades que hay más allá de la típica ensalada de lechuga, tomate y cebolla.

La propuesta que os traigo para ampliar vuestro recetario es una ensalada de inspiración oriental, con toques crujientes y un exótico aliño a base de té verde que hay que dejar fermentar unos días en la nevera antes de usarlo. ¿Cómo se os queda el cuerpo?

Ensalada Birmana Aliño Te Fermentado (9)

(El cuenco tan rebonito lo hice yo misma, 🙂 🙂 🙂 )

En Birmania, en el sureste asiático, son muy habituales las ensaladas de hojas de té fermentadas acompañadas de una selección de cosas crujientes como semillas, cacahuetes y legumbres tostadas. Yo no he ido a Birmania y tampoco he comido en ningún restaurante birmano, así que no sé cuánto se parece esta receta que os traigo a las originales. Lo que sí os prometo es un sabor muy exótico y diferente al que se le va cogiendo el punto después de la sorpresa inicial. Eso sí, si no os gusta experimentar demasiado en la cocina y sois más de sabores conocidos, no sé si será para vosotros, no digáis que no os he avisado.

Ingredientes:

Aliño de hojas de té verde fermentado (para un bote de unos 300 ml):

  • 1/2 taza de té verde de hoja entera (sencha, bancha…)
  • 3 dientes de ajo
  • 2 chalotas o media cebolla mediana
  • 2 cucharadas de jengibre fresco rallado
  • 3 cucharadas de zumo de limón
  • 2 cucharadas de vinagre blanco
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 cucharada de aceite de sésamo
  • 1 o 2 cucharadas de salsa de pescado (nos gustó más con 1)
  • 1 cucharadita de sal

Ensalada Birmana Aliño Te Fermentado (1)

Ensalada:

  • Lechuga (tipo francesa, iceberg, romana…)
  • Semillas de girasol, calabaza, sésamo…
  • Cacahuetes tostados, pistachos…
  • Dientes de ajo
  • Aceite de oliva
  • Rodajas de limón
  • 1 o 2 cucharadas de aliño de té verde fermentado por ración

Ensalada Birmana Aliño Te Fermentado (5)

Elaboración:

Aliño de té verde fermentado:

Poner las hojas de té verde en un cuenco mediano, verter agua hirviendo por encima y dejar reposar 10 minutos.

Filtrar y enjuagar las hojas de té con agua fría, descartando las que no se hayan abierto al infundir y las ramitas que pueda haber. Volver a colocar las hojas en el cuenco, añadir agua fría hasta cubrirlas y dejar reposar al menos una hora. Pasado el reposo, filtrar y escurrir eliminando toda el agua posible.

Rallar el jengibre y picar fino los ajos y las chalotas.

Ensalada Birmana Aliño Te Fermentado (2)

Colocar las hojas de té escurridas junto con el resto de ingredientes del aliño en el vaso de la batidora y triturar hasta obtener una pasta más o menos homogénea y similar al pesto.

Ensalada Birmana Aliño Te Fermentado (4)

Guardar en la nevera en un frasco de cristal esterilizado. Dejar reposar como mínimo un día, aunque los sabores se hacen más pronunciados si lo dejamos fermentar al menos tres días.

Ensalada:

Pelar y laminar uno o dos dientes de ajo por comensal y freír en un poco de aceite de oliva hasta que empiecen a dorarse (ojo, que si se queman sabrán a rayos). Retirar enseguida de la sartén con una espumadera y dejarlos escurrir sobre papel de cocina para que absorba el exceso de aceite.

Ensalada Birmana Aliño Te Fermentado (6)

Lavar y cortar la lechuga y ponerla como base, agregar semillas, ajo frito, cacahuetes y pistachos al gusto.

Ensalada Birmana Aliño Te Fermentado (8)

Por último, agregar el aliño de té verde fermentado al gusto (mejor empezar por poco e ir añadiendo según lo probamos).

Ensalada Birmana Aliño Te Fermentado (10)

Exprimir por encima un poco de zumo de limón y remover para mezclar bien.

Servir acompañado de rodajas de limón para acabar de aliñarlo al gusto.

Ensalada Birmana Aliño Te Fermentado (12)

Notas:

He leído que hay buenos sustitutos veganos de la salsa de pescado para hacer esta receta vegana, sin renunciar al tipo de sabores que aporta. También se puede cambiar, por lo que he visto, por salsa de soja, aunque el sabor será distinto, contadme si lo probáis.

Como nos vamos a comer las hojas de té verde, es importante que sean de hoja entera, de la mejor calidad posible y, obviamente, sin aromatizar para que no se altere el sabor. Los de mejor sabor suelen ser los japoneses, bancha, sencha… son suaves y con menor contenido en teína, cosa a tener en cuenta.

Si os da pena no aprovechar el té resultante se puede hacer una primera infusión durante 2 minutos (o lo que indique el té que uséis), filtrar y volver a añadir agua hirviendo dejándola reposar unos 8 minutos. Esa primera infusión la podéis usar para beber o para preparar algún batido, como éste o este otro, u otra receta, por ejemplo una variante de este pilaf.

Es poca cantidad, sale más o menos un bote estándar de los de mermelada, así que podemos esterilizar el bote en microondas, como explican aquí o por el método tradicional.

Yo suelo comprar los frutos secos crudos y los tuesto o frío en el momento, el sabor no tiene nada que ver. En este caso doré los cacahuetes en la misma sartén donde freí los ajos. Los pistachos los añadí cuando los cacahuetes ya casi estaban para darles un calentón.

El mezclillo de semillas lo compré en Mercadona para ponerlo en ensaladas, lleva pipas de girasol y calabaza y semillas de sésamo, lino marrón y amapola. Normalmente las compro por separado (pipas de girasol y calabaza, más que nada) pero en este paquete llevan una buena proporción de cada, me encanta. 🙂

Para emplatar, se puede hacer en un cuenco grande o colocar los ingredientes por separado en cuenquitos y que cada uno se sirva al gusto.

Fuente:

Es una versión de esta receta que encontré… no me acuerdo qué buscaba cuando la encontré, pero me alegro. Jajajaja. La primera vez no nos acabó de convencer del todo, así que la segunda vez que preparé el aliño aumenté la cantidad de té verde y chalota y reduje la de salsa de pescado. Me encantaría encontrar esa legumbre que usan, toor dal, seguiré buscando.

Pilaf aromático con shiitake y té genmaicha

Supongo que os habréis dado cuenta ya de que me gusta mucho probar platos de otros países y culturas. Esta vez os traigo una receta de fusión, un plato de Oriente Próximo cocinado con ingredientes del Lejano Oriente. Hum, eso ha sonado un poco como un capítulo de Barrio Sésamo, ¿no? Jajajaja. El caso es que el pilaf es una forma de preparar el arroz atribuida a turcos o persas, mientras que el arroz jazmín es típico tailandés y las setas shiitake y el té genmaicha provienen de Japón.

El resultado es una receta muy aromática, donde se mezclan el sabor tostado del té, con el ahumado de las setas, el picante del jengibre y la sutil fragancia del arroz jazmín. Lo que podría ser un batiburrillo de sabores y aromas, acaba formando delicioso plato vegano que os recomiendo mucho probar.

Pilaf Shiitake Genmaicha (7)

Por cierto, llevo un tiempo logrando cumplir mi propósito de intercalar recetas dulces con propuestas saladas para no convertir el blog en una cueva de golosos y estoy muy contenta, a ver si dura la racha.

Ingredientes (para 2 raciones):

  • 2 cucharadas de té genmaicha japonés
  • 800 ml de agua
  • 35-40 g de setas shiitake deshidratadas
  • 2 cucharadas de aceite de sésamo
  • 1 diente de ajo
  • una rodaja gruesa de jengibre fresco
  • 1/2 taza de arroz jazmín
  • 1/2 taza de arroz jazmín rojo
  • sal y pimienta
  • opcional: rodajas de limón y aceite de guindilla

Pilaf Shiitake Genmaicha (2)

Elaboración:

Colocar el té genmaicha en un cuenco grande (que sea como de un litro, para que quepa holgadamente el té y poder remover las setas cuando las añadamos).

Poner el agua al fuego en un cazo, apartar cuando rompa el hervor, dejar enfriar un par de minutos (ya que se recomienda infundir esté té a 80 ºC) y verter sobre genmaicha. Dejar infundir 3 o 4 minutos y filtrar.

Volver a verter la infusión en el cuenco y añadir las setas deshidratadas removiendo para que se empapen. Dejar reposar al menos una hora para que se rehidraten.

Pilaf Shiitake Genmaicha (1)

Pelar y picar el ajo y el jengibre muy finitos.

Lavar el arroz una vez y escurrir bien el agua (he leído que no se recomienda lavar el arroz jazmín demasiado porque pierde aroma, pero no sé).

Pilaf Shiitake Genmaicha (3)

Extraer las setas del té, escurrirlas bien y reservarlas en un plato.

Separar 600 ml del “caldito” resultante. Reservar lo que sobre por si hace falta para acabar de cocer el arroz y completar con agua si no hay suficiente.

Calentar el aceite de sésamo a fuego medio en una olla o sartén profunda. Cuando esté caliente, saltear el ajo y el jengibre picados durante dos o tres minutos.

Pilaf Shiitake Genmaicha (4)

Añadir el arroz removiendo bien con una cuchara de madera para que se impregne del aceite y saltear otro par de minutos.

Añadir las setas, remover bien con la cuchara de madera.

Pilaf Shiitake Genmaicha (5)

Agregar el “caldito” que hemos reservado y dejar la olla a fuego medio hasta que empiece a borbotear. Colocar la tapa y cocinar a fuego suave unos 35 minutos, sin remover, hasta que el arroz blanco esté cocido y el rojo esté hecho pero aún un poco crujiente. Si se queda sin agua y aún no está listo, añadir el “caldito” que hayamos reservado, o agua si no había suficiente.

Pilaf Shiitake Genmaicha (6)

Retirar del fuego y salpimentar al gusto.

Servir caliente acompañado de rodajas de limón y, si queremos darle un toque picante, un poco de aceite de oliva con guindilla macerada.

Pilaf Shiitake Genmaicha (8)

Contadme qué os parece, en casa ha triunfado esta mezcla de sabores, texturas y aromas. 😀

Notas:

Tanto los arroces como el aceite de sésamo y las setas deshidratadas los compramos en un supermercado oriental que hay en nuestro barrio. El té genmaicha lo podéis comprar aquí. Son ingredientes un poco exóticos, pero que cada vez es más habitual encontrar en grandes superficies.

El tiempo de hidratación mínimo de las setas es alrededor de 1 hora, pero os recomiendo preparar el té por la mañana y dejarlas en él hasta la hora de preparar la comida.

Este té tiene un tiempo de infusión recomendado, pero como es para cocinar, no pasa nada si lo excedemos un poco (no demasiado, que puede amargar).

Si os da pena tirar las hebras de té después de usarlo (el té genmaicha está riquísimo, por cierto), debéis saber que se puede hacer una segunda infusión, aunque saldrá un poco más suave que la primera. 😉

El punto del pilaf es que el arroz esté al dente, en el caso de esta receta, al mezclar dos arroces con tiempos de cocción distintos, conseguiremos el toque crujiente con el integral mientras que el blanco estará perfectamente cocido. Si usáis sólo arroz blanco, lo suyo es que lo cocinéis un poquito menos de lo habitual.

Importantísimo no remover el arroz mientras se cocina. Insisto, NO REMOVER EL ARROZ. Se cuece a fuego suave para que no se agarre a la olla y listo. Dejad la cuchara quietecita.

Fuente:

Buscando formas diferentes de usar el genmaicha, llegué a esta receta que me encantó porque llevaba tiempo buscando una excusa para volver a cocinar con setas shiitake.