Galletas de azúcar con naranja y arándanos

En el blog tengo bastantes recetas de galletas, pero últimamente sólo estaba preparando galletas de tipo “shortbread”, como éstas con manzanilla o estas otras con té rojo. Para que no os aburráis y probéis cosas nuevas (os pongo como excusa pero hablo de mí, jajajaja) esta vez he experimentado con unas “galletas de azúcar”.

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Estas galletas son muy fáciles de hacer y como os digo en las “notas”, admiten variantes. A mí me ha gustado mucho el sabor que les dan los arándanos y la naranja pero quiero probar con otros ingredientes. Eso sí, son bastante dulces, puede que no os entusiasmen si sois de poco azúcar.

Ingredientes (para 18-20 galletas):

  • 25 g de mantequilla o margarina
  • 1 clara de huevo
  • 70 g de azúcar
  • 1 cucharada colmada de arándanos secos
  • 1 cucharada de zumo de naranja
  • piel rallada de media naranja
  • 120 g de harina de trigo
  • 1 cucharada de maicena
  • 3/4 cucharadita de levadura química
  • un par de cucharadas de azúcar extra

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Elaboración:

Trocear la mantequilla o margarina y dejarla reposar a temperatura ambiente una media hora (se puede ablandar en el microondas hasta que tenga textura de pomada, para eso se calienta a media potencia en tandas de unos 15 segundos hasta que veamos que tiene el punto adecuado).

Picar los arándanos secos ligeramente, para que haya trozos en cada galleta (en mi caso he utilizado una mezcla para infusión que además de arándanos y manzana seca lleva especias y hierbas, como muérdago y pétalos de cártamo).

Precalentar el horno a 175 ºC.

Batir la mantequilla con la clara de huevo, los arándanos picados, el zumo y la ralladura de naranja.

Agregar el azúcar y batir con las varillas un par de minutos más.

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Mezclar la harina, la maicena y la levadura química en un cuenco mediano y agregar al cuenco de los húmedos, removiendo con una espátula hasta tener una masa pegajosa y homogénea.

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Cubrir la bandeja del horno con una hoja de papel de hornear o lámina de teflón.

Formar bolitas con la masa (en la receta original hacían menos galletas y más grandes, pero con tanto azúcar, yo preferí hacer 20 más pequeñas). Para evitar que la masa se pegue a las manos un truco que funciona es untarlas con aceite de girasol antes de empezar.

Rebozar las bolas de una en una en azúcar (yo lo hice en un cuenco medidor, pero podéis hacerlo en un plato).

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Colocar las bolitas ordenadas sobre la bandeja y apretar con una espátula (o con los dedos como hice yo, para que quedaran con esas dos crestas) hasta que tengan unos 5 milímetros de espesor.

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Apenas crecen, así que no es necesario dejar mucho espacio entre ellas.

Hornear a 175 ºC y a media altura durante unos 10 minutos. Son galletas que si se pasan de horneado se ponen duras, así que es preferible que no se doren y se mantengan un poco blanditas.

Dejar enfriar las galletas al sacarlas del horno sobre la misma bandeja unos 10 minutos antes de despegarlas con una espátula y dejarlas enfriar completamente sobre una rejilla.

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Están muy buenas con leche, ahí os dejo la sugerencia. 😉

Notas:

Como os dije, yo utilicé una mezcla de frutas, hierbas y especias para hacer las galletas, no saben exactamente igual que si sólo llevasen arándanos, pero a mí me encantan así. De hecho, podéis variar las frutas secas y usar la receta como base para lanzaros a experimentar con distintos sabores.

A la hora de rebozar, yo usé poco azúcar en parte porque me da un poco de dentera morderlo y en parte porque no me gustan las galletas demasiado azucaradas. Si sois más golosos, rebozadlas a conciencia.

Es una masa que no se mueve mucho al hornear, así que si tenéis algún sello para galletas, podéis usarlo con éstas, se quedará marcado. 🙂

Si las preferís más tiernas, bastará con aplastarlas menos y dejarlas más gorditas.

En un recipiente hermético, aguantan bien unos cuantos días.

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Fuente:

La receta es una variante de esta otra que encontré en Pinterest (me encanta bucear en esa red social, lo reconozco, jajaja). Como veis, las galletas originales son de limón, a ver si me animo a probarlas así algún día. También tiene sugerencias para hacerlas veganas, por si os interesa. 🙂

Batido verde, muy verde

Hoy os traigo una receta sana y repleta de vitaminas para empezar el día con un extra de energía, un batido verde, de esos que se han puesto tan de moda. En casa no somos muy de seguir modas, pero en Paraguay nos aficionamos muchísimo a los batidos de frutas y al volver nos compramos una batidora de vaso para seguir con la nueva tradición. Uno de nuestras rutinas más habituales de desayuno es que mientras uno se ducha, el otro prepara un batido con las frutas y verduras que hay. Si el batido está más bueno de lo habitual, lo apuntamos. No solemos seguir recetas, pero a mí me gusta investigar las que hay para coger ideas de combinaciones posibles.

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Los batidos verdes se hacen con alguna verdura de hoja, ya sean espinacas, lechuga, coles como la famosa kale, apio, perejil… que se mezcla con frutas y algún líquido, generalmente agua o bebida vegetal, pero también té o alguna otra infusión. A partir de aquí, lo que hace falta es imaginación y ganas de experimentar.

En esta receta yo he usado té bancha, que tiene un sabor suave y sutil. Se podría pensar que un sabor tan delicado pasaría desapercibido entre las espinacas y la fruta, pero lo cierto es que se va haciendo notar en cada sorbo de una forma muy agradable.

Ingredientes (2 vasos grandes):

  • 250 ml de té verde
  • 1 naranja
  • zumo de medio limón
  • 2 puñados de espinacas
  • 1 plátano grande

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Elaboración:

Preparar el té la noche anterior, mejor si es de buena calidad (puede parecer que no, pero aporta mucho sabor y agradeceréis que sea bueno), y reservar para usar frío por la mañana. Una bolsita es suficiente, si es a granel, 2 o 3 cucharaditas.

Pelar y trocear el plátano y la naranja (si usáis batidora de mano, que los trozos sean tirando a pequeños).

Lavar y escurrir las espinacas.

Poner todos los ingredientes en el vaso de la batidora o licuadora (la mía es una batidora de vaso enorme llamada cariñosamente Felipa, jajajaja) y batir hasta que no queden grumos y se ponga espumoso (ya veréis qué color taaaaan rebonito, ains).

Servir en dos vasos grandes (dependiendo del tamaño de las frutas sale entre 600 y 700 ml) y beber disfrutando de cada trago. 😉

Notas:

Las naranjas mejor que sean bien sabrosas, eso es más fácil cuando están en temporada.

También se puede hacer con mandarinas o clementinas, 2 o 3 dependiendo del tamaño. O directamente cambiar de fruta y ver qué sale.

Ojo con los tiempos de infusión del té verde, se hace en 2 o 3 minutos, mucho más rápido que otras variedades y después amarga.

El plátano aporta suficiente dulzor, pero siempre podéis añadir un poco de miel o sirope.

También se puede usar fruta congelada para hacerlo más cremoso y refrescante.

Fuente:

La combinación de los 3 ingredientes principales, plátano, naranja y espinacas, me la encontré procrastinando en Pinterest. Después resultó que era de un batido proteínico, así que me quedé con la base y probé mi propia variación.

Infusión de menta con canela, naranja y miel

Parafraseando a Fito, parece que “después de un invierno raro, una rara primavera”, vaya tiempo loco, aunque hoy haga calor a mediodía, mañana te puedes congelar, yo no recuerdo haber consultado tanto con google el tiempo que va a hacer en Madrid. Cualquier día, la amable vocecilla que responde a mi “Ok, google” me va a decir directamente “¿A que adivino lo que me vas a preguntar?” antes de darme tiempo a soltar mi “Tiempo en Madrid”. Yo creo que hasta tiene la respuesta preparada de antemano.

Para entrar en calor, a media tarde me suelo tomar algo caliente y como no puedo abusar mucho de infusiones excitantes como el té o el mate (el café ni olerlo, vamos), acabo recurriendo a leche con cacao o rooibos, aunque de vez en cuando cae una infusión de menta. Un día, intentando introducir un poco de variedad, se me ocurrió añadirle cosas a la menta, de la misma forma que té y rooibos aromatizado. Investigando un poco, di con una mezcla que me pareció interesante con ingredientes que suelo tener en la despensa.

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El resultado es una infusión que os recomiendo mucho, tanto para tomar fría como caliente. La naranja le aporta un sabor buenísimo a la menta, y la miel y la canela combinan a la perfección.

Ingredientes (para 1 taza de infusión):

  • 2 cucharaditas de menta seca o 1 cucharada de menta fresca
  • 200 ml de agua
  • zumo de 1/2 naranja
  • 1 cucharadita de miel (al gusto)
  • 1/4 de cucharadita de canela molida

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Preparación:

Poner el agua a hervir en un cazo pequeño.

Cuando rompa a hervir el agua, apagar el fuego, añadir la menta y la canela, remover un poco y dejar infusionar unos 5 minutos.

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Filtrar la infusión. Si se ha enfriado se puede calentar un poco sin que llegue a hervir.

Exprimir la media naranja y añadir el zumo a la infusión (yo no lo cuelo, pero es cuestión de gustos).

Infusión Menta (3)

Endulzar con miel al gusto (en mi caso una deliciosa miel de lavanda de producción ecológica que compramos estas Navidades en Pontevedra) y a disfrutar de un momento de relax. 😉

Infusión Menta (6)

Notas:

Las cantidades son orientativas, si os gusta con más canela, pues más canela, con menos miel, pues menos miel…

Se puede hacer mucha cantidad de una vez y tenerla en la nevera para tomar tanto caliente como frío, pero yo os recomiendo añadir el zumo de naranja justo cuando lo vayáis a consumir.

No lo he probado, pero seguro que con menta fresca está como mínimo igual de bueno.

Fuente:

Haciendo una búsqueda me encontré con varias páginas que publicaban recetas similares con pocas variantes, al final el día que la iba a hacer tenía el ordenador apagado y acabé haciéndola a sentimiento con buenos resultados.

 

Pan de miel y especias

Esta vez toca algo dulce, un pan especiado de miel perfecto como desayuno o merienda.

La combinación de miel y especias está presente en dulces típicos de toda Europa, especialmente en elaboraciones propias de las estaciones frías, y para mi gusto es un acierto total tanto en sabor como en aroma.

Pan Miel Especias (3)

Ingredientes: (para un molde de 25 cm de diámetro)

– 500 g de harina de repostería

– 2 cucharaditas de bicarbonato sódico

– 1/2 cucharadita de sal

– 2 cucharaditas de canela molida

– 1 cucharadita de jengibre en polvo

– 1/2 cucharadita de semillas de anís o anís molido

– 1/2 cucharadita de clavo molido

– 1/4 cucharadita de nuez moscada molida

– un poco de pimienta negra recién molida (opcional)

-250 g de miel milflores

– 300 ml de leche (sirve leche vegetal)

– 50 g de azúcar

– 1 cucharada de aceite suave de oliva

– ralladura de una naranja

Pan Miel Especias (1)

Preparación:

Mezclar con unas varillas la harina con el bicarbonato sódico, la sal y las especias en un cuenco grande.

Disolver el azúcar en la leche, formar un hoyo en el centro de la harina y verter en él la leche junto con la miel y el aceite. Mezclar un poco con las varillas, añadir la ralladura de naranja e integrar bien hasta eliminar los grumos y conseguir una masa homogénea.

Dejar reposar la masa como mínimo 15 minutos.

Mientras la masa reposa, precalentar el horno a 180 ºC y preparar el molde pincelándolo ligeramente con aceite de girasol y enharinándolo para facilitar el desmoldado. Otra opción es forrarlo con papel de hornear.

Pan Miel Especias (2)

Verter la masa en el molde repartiéndola bien e igualando la superficie con la ayuda de una espátula de silicona (es bastante densa).

Colocar en el horno a 180º con calor arriba y abajo, en la bandeja del medio, y hornear durante unos 30 minutos, hasta que se haya dorado la superficie. Comprobar que se ha hecho bien por dentro, al pinchar con un palillo éste tiene que salir limpio. Si está dorado pero crudo por dentro, lo tapamos con papel de aluminio y lo dejamos un rato más (con cuidado de no pasarnos, ya que puede quedar seco).

Sacar del horno y dejar reposar en el molde unos 5 o 6 minutos, luego desmoldar y dejar enfriar sobre una rejilla metálica.

Pan Miel Especias

Consejos:

Es un pan bastante denso, por lo que viene bien un cuchillo de sierra para cortarlo.

Las especias y sus cantidades, como siempre, podéis cambiarlas añadiendo o quitando según vuestras preferencias.

Yo le puse anís en semillas y nos gustó encontrarnos de vez en cuando con un sabor más intenso a anís, si preferís un sabor más uniforme, mejor en polvo.

Solo está muy rico, pero para mi gusto gana mucho en matices mojado en té negro o en leche, sobre todo fría.

Fuente:

Lo hice a partir de esta receta de Directo al paladar, donde por cierto le ponen un glaseado que seguro que está buenísimo.

Vasitos de vitamina C

Este es un postre para vencer la astenia primaveral. Para pegarle una paliza y dejarla pensando en que mejor habría sido no cruzarse en vuestro camino. Y para ello solamente necesitáis leche condensada y cítricos, los que más os gusten, mejor si al menos la mitad son ácidos o amargos, para contrarrestar el dulzor de la leche condensada.

Como he usado naranjas sanguinas, mis vasitos salieron rosas, y a primera vista puede parecer que son de fresa. Según mi experiencia el color, y también el sabor, varía mucho según los cítricos que uséis, así que a experimentar hasta que encontréis la mezcla que más os guste.

Vasitos de vitamina C

Ingredientes: (aprox. para 6 vasitos)

– 1 lata de 370 g de leche condensada

– 4 naranjas sanguinas

– 1 naranja de mesa

– 1 limón

– 1 lima

Preparación:

Vaciar la leche condensada en un cuenco. Exprimir las frutas, y utilizar la lata como medida para añadir a la leche condensada dos medidas de zumo. Con unas varillas, o una cuchara, mezclar hasta que esté todo integrado.

Rellenar vasitos de cristal (como veis yo reutilizo los de los yogures) o cuencos pequeños con la mezcla.

Llevar a la nevera un par de horas para que cuaje un poco.

¡Y a comer!

Vasitos de vitamina C

Curiosidades:

Se pueden usar todo tipo de cítricos: pomelos, limones, mandarinas, naranjas… mejor cuanto más ácidos para que el resultado no sea demasiado empalagoso.

La cantidad de fruta necesaria depende de lo grandes que sean las piezas, de la cantidad de zumo que tengan y, por supuesto, de si sólo utilizáis el zumo o si añadís también la pulpa o parte de ella, esto dependerá de si os gustan los grumitos en los yogures. A mí me gusta encontrarme con trocitos y por eso le pongo al menos una parte.

Es una receta perfecta para aprovechar la leche condensada que sobre de otros postres, ya que sólo con medir la cantidad no tendremos más que añadir el doble de zumo.

Es un postre facilísimo de hacer, y si exceptuamos el momento de cortar la fruta, es ideal para hacerla con niños; mi hermano y yo la hemos hecho infinidad de veces con mi madre aprovechando que teníamos naranjo, limonero y mandarino en la huerta.

Si no lo vais a consumir inmediatamente es buena idea tapar los vasitos con un cuadrado de papel de aluminio para que no coja sabores extraños.

Aguanta tres o cuatro días en la nevera, más o menos como la leche una vez abierta, y notaréis que cada día el sabor a cítricos es más intenso.

Fuente:

Me la enseñó a hacer mi madre, y siempre que la hago me recuerda a mi infancia, 🙂