Trufas de mandarina (Juego de blogueros 2.0)

¿Juego de qué? os preguntaréis los habituales del blog, pues “Juego de blogueros 2.0”, una especie de reto mensual entre un grupo de cocinillas con blog. ¿Y en qué consiste el reto? Pues a principio de mes se elige por votación un ingrediente principal para una receta y a final de mes todos los participantes publican su propuesta. A partir de ahora, cada último día de mes, si no se me tuercen las cosas, publicaré una receta para el juego. Esta es mi primera participación y el ingrediente estrella del mes de noviembre era la mandarina, una fruta que me encanta, por cierto. 🙂

La verdad es que estaba decidida a mantener las buenas intenciones de alternar dulce y salado en el blog y proponer un plato salado, incluso tenía dos elegidos para probar y decidir. Luego me puse enferma, empezó a llover y ninguna de las dos recetas me pareció de fácil elaboración y fotografiado en esas condiciones. Así que en el último momento, acabé recurriendo a las trufas, que además me vienen fenomenal para montar el calendario de adviento (una excusa como cualquier otra para poder comer una chuchería cada día de diciembre, jajajaja).

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Qué os puedo decir de estas trufas, que están buenísimas por encima de lo esperado. En un primer bocado saben como a naranja, quizá por la típica asociación chocolate-naranja, pero al final el sabor a mandarina se hace totalmente reconocible e intenso.

Los bombones y trufas son bastante fáciles de hacer y un regalo para quedar estupendamente de cara a las fiestas navideñas. Ahí os dejo la idea y las otras recetas de bombones que tengo en el blog. 😉

Al final del post os dejo la lista de participantes para que veáis lo que pueden dar de sí las mandarinas en la cocina.

Ingredientes (para muchísimas trufas):

  • 400 g de chocolate para postres
  • ralladura de la piel de 2 o 3 mandarinas
  • 50 g de zumo de mandarina
  • 50 g de nata para montar (35% MG)
  • 20 g de mantequilla sin sal
  • 10 g de miel
  • cacao puro en polvo

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Preparación:

Trocear el chocolate en pedazos pequeños en un cuenco.

Rallar la piel de 2 o 3 mandarinas sobre el chocolate troceado (yo usé tres porque quería que el sabor a mandarina fuera intenso), evitando rallar la parte blanca ya que daría sabor amargo a las trufas.

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Fundir el chocolate al baño maría, colocando el cuenco sobre un cazo y otro cuenco con agua caliente (lo ideal es que el agua cubra, pero por la parte exterior, toda la zona que toca el chocolate) y dejando que se derrita lentamente.

Exprimir el zumo de 2 de las mandarinas que hemos rallado, separar 50 ml y calentarlo un poco en el microondas.

Rociar el zumo caliente sobre el chocolate, esperar un minuto y remover con una espátula.

En un cazo pequeño, llevar a ebullición la nata con la mantequilla y la miel, removiendo para integrarlo todo bien.

Una vez hierva, verter enseguida sobre el chocolate, esperar un minuto e integrarlo con movimientos envolventes con la espátula. Continuar hasta que no queden trozos de chocolate sin fundir (si el agua del baño maría se enfría, volver a calentarla).

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Dejar que la mezcla enfríe y se solidifique, ya sea a temperatura ambiente o metiéndola en la nevera alrededor de una hora (es mejor no pasarse de tiempo porque se pone muy dura y es difícil de trabajar).

Cuando tenga una consistencia que haga trabajar con ella, formar bolitas del tamaño deseado (yo las hice tirando a pequeñas para que saliesen más) con las manos bien lavadas y ligeramente empolvadas con cacao (para que no se nos peguen con el calor).

Por último, rebozar las bolas en cacao puro en polvo (yo lo hago en un pocillo, poniendo un poco de cacao y 4 o 5 bolitas cada vez, y dándoles un meneo hasta que quedan bien recubiertas).

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Notas:

Mi idea era hacer trufas para el calendario de adviento, por eso las hice tirando a pequeñas. Con las cantidades que os digo me salieron 11 docenas + 4 trufas. Como lo oís, 136 trufas, que es suficiente para 5 calendarios de adviento y regalar algunas, jajajaja.

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En la receta original usan azúcar en lugar de miel, pero yo siempre hago los bombones con miel, por eso lo cambié.

Se puede fundir el chocolate después de añadir el zumo y la nata caliente calentándolo en tandas de unos pocos segundos en el microondas, removiendo y repitiendo hasta que no queden trozos sólidos. Hay riesgo de que se nos queme el chocolate, por eso yo estas operaciones siempre las hago al baño maría si es posible.

¿No tenéis mandarinas o no os gustan? No hay problema, se pueden hacer con naranja.

Si sois intolerantes a la lactosa, creo que se podría hacer una variante de los bombones de café que hice hace algún tiempo, sustituyendo el café por zumo y ralladura de mandarina, y quizá la mitad de la miel de esa receta. Esta sería también la opción más fácil de veganizar, cambiando la miel por azúcar u otro sirope de vuestra elección.

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(Aprovecho para enseñaros unas bandejitas de cerámica que estoy haciendo)

Fuente:

Cuando me decidí por las trufas de mandarina, estuve investigando recetas que fui descartando ya fuera porque no me convencía la elaboración, porque llevaban ingredientes complicados de conseguir o porque utilizaban moldes para bombones que no tengo.

Al final di con esta receta en Dulces Bocados, uno de los blogs que sigo desde hace tiempo. Me gustó porque se parece a las otras recetas de bombones que he probado y lleva ralladura y zumo fresco de mandarina en lugar de esencias o extractos. La receta está muy bien pero al final, como ya es marca de la casa, hice algunos cambios.

Participantes del juego:

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Elvira: http://www.asisecomeengranada.com/
Carabiru: https://birulicioso.wordpress.com
Fe: http://www.codigosecreto280.com/
Mónica: http://dulcedelimon.com
Rebeca: http://enganchadosalacocina.com/
Chus: http://www.elcrepitardelosfogones.com/
Inma: http://entre3fogones.com/
Ana N.: https://entreobleasyaloloco.wordpress.com/
Raxel: https://homeandrun.wordpress.com/
Cristina: http://kooking2015.blogspot.com.es/
Leila: http://lanuevacocinadeleila.blogspot.com.es
Ligia: https://losdulcesdeligia.wordpress.com/
Silvia R.: https://misdeliciosastentaciones.wordpress.com/
Antxon: http://musloypechuga.com
Noelia: https://noestevezblog.wordpress.com/
Maribel: https://picoteandoideas.wordpress.com/
Nela: http://recetasmanny.blogspot.com.es/
Neus: https://rorosacabolas.wordpress.com/
Kemberlyn: http://www.sonrisavegana.com/
Melissa: https://soyrepostera.com/
Maryjose: http://tapitasypostres.blogspot.com.es/
Gisela: https://tuhoradelamerienda.wordpress.com/
Silvia A.: http://unapizcadena.wordpress.com/

Granola casera con té matcha

No sé vosotros, yo no puedo salir de casa sin desayunar algo. Si no hay prisas, esa primera comida del día me gusta que sea variada y tomármela sin prisas. Como tampoco me gusta madrugar en exceso, las opciones de desayuno durante la semana se resienten un poco, pero con algo de previsión y ganas, se pueden hacer maravillas. En el lado de la previsión sin demasiado esfuerzo estarían los mueslis y granolas caseros, que es lo que os traigo hoy.

Es cierto que hay multitud de cereales, mueslis y galletas en el mercado, pero si te pones a ver las tablas nutricionales, se te cae un poco el alma a los pies, ya que en general tienen muchísimo azúcar y pecan bastante de un alto contenido de grasas saturadas. No es que por hacerlos en casa vayan a ser más sanos (y no hay más que ver la lista de recetas del blog para darse cuenta de que estoy bastante lejos de ser una integrista antigochadas), pero sí que ayuda a ser consciente de las cantidades de azúcar y grasas que comes, y a reducirlas llegado el caso.

Otro punto a favor de hacerte tu propia granola en casa, es que puedes eliminar los ingredientes que menos te gusten (en serio, fabricantes de mueslis, NO hacen falta tantas uvas pasas, hay todo un mundo de frutas deshidratadas que probar), aumentar las de aquellos por los que te vuelvas loco, y probar nuevas mezclas que en los comerciales no hay.

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Esta granola es una receta sin lácteos y si sois veganos no hace falta más que utilizar sirope en lugar de miel para adaptarla.

Al leer los ingredientes os encontraréis con “pumpkin pie spice”. Si habéis visto series americanas, seguramente os suene la tarta de calabaza que suele aparecer en el imprescindible capítulo de Acción de Gracias, pues bien, esta mezcla de especias, además de para esa tarta, también se utiliza para aromatizar galletas, batidos y otras elaboraciones. Aunque en España no es habitual, es fácil de replicar, sólo hay que mezclar las especias que os indico más abajo en las proporciones adecuadas. Como se suele usar en pequeñas cantidades, es mejor hacer bastante y guardarla en un botecito.

Para darle un puntillo exótico he utilizado matcha especial para cocinar pero, aunque creo que por el sabor que aporta merece mucho la pena añadirlo, se puede eliminar sin mayor problema.

Ingredientes (para 700 g de granola):

    • 200 g de copos de avena
    • 100 g de almendras crudas
    • 75 g de cacahuetes crudos pelados
    • 75 g de nueces pecanas
    • 60 g de semillas de calabaza crudas peladas
    • 1 cucharada de semillas de chía
    • 25 g de copos de coco
    • 1/2 cucharadita de “pumpkin pie spice”
    • 100 ml de aceite de girasol
    • 125 ml de miel o sirope de arroz, arce…
    • 1 cucharadita de extracto de vainilla
    • 1/4 cucharadita de sal
    • opcional: 1 cucharada y media de té matcha (o un poco más)

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Mezcla de especias “pumpkin pie spice”:

  • 1 cucharada de canela molida
  • 2 cucharaditas de jengibre en polvo
  • 1/2 cucharadita de clavo molido
  • 1/2 cucharadita de nuez moscada molida
  • 1/2 cucharadita de pimienta de Jamaica molida (yo no tenía, así que no lleva)

Elaboración:

Trocear un poco las almendras (yo las usé con piel pero pueden ser peladas), los cacahuetes y las nueces pecanas.

En un cuenco grande, mezclar bien la avena con los frutos secos, las semillas de calabaza y chía, los copos de coco y las especias.

Añadir el aceite de girasol, la miel y el extracto de vainilla y remover con una cuchara o espátula para integrarlo todo. La mezcla tiene que ser húmeda y mantener cierta consistencia. Si se desmiga porque está demasiado seca se puede añadir de cucharada en cucharada algo más de aceite de girasol y agua fría (pero sin pasarse).

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Espolvorear la sal y tamizar el té matcha sobre la mezcla. Revolver hasta que se reparta bien y se combine con el resto de ingredientes.

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Precalentar el horno a 150 ºC.

Cubrir con papel de hornear una bandeja del horno y extender la mezcla sobre ella lo más uniformemente posible, cuanto más grosor tenga la capa, más tardará en hacerse y corremos el riesgo de que parte no se quede crujiente y parte se queme. Por eso si vamos a hacer mucha cantidad, lo mejor es hacerlo en varias tandas (Las cantidades que os he propuesto vienen perfectas para una bandeja).

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Hornear a 150 ºC durante 15 minutos a media altura.

Retirar del horno, darle la vuelta con una espátula o espumadera, para que se haga por el otro lado, y hornear otros 15 minutos más, hasta que empiece a estar dorado.

Sacar del horno, desmenuzar y dejar templar sobre la bandeja.

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Una vez fría, envasar en un recipiente hermético (yo usé frascos de cristal, pero valen también de plástico o metálicos) para que se mantenga crujiente.

La granola se puede tomar como tentempié, como desayuno o merienda, sola, con leche o bebida vegetal, con yogur… Y, aunque no lo he probado, creo que también quedaría bien como decoración crujiente para una bola de helado.

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¡Ya me diréis si os gusta!

Notas:

¿No tenéis chía? No pasa nada, se puede cambiar por la misma cantidad de semillas de lino, o de sésamo. O prescindir de ella.

La avena que venden en mi súper es desmenuzada, pero creo que quedaría mejor con avena entera, la granola tendría más cuerpo.

En cuanto a la cantidad de matcha: con cucharada y media el sabor es tirando a suave, para un sabor más intenso habrá añadir al menos media cucharada extra, quizá más.

Opcional: todavía caliente, espolvorear un par de cucharaditas de té matcha para un plus de sabor.

También se puede añadir más matcha una vez vayamos a consumirlo, nunca es tarde para el matcha. ¡MATCHA PARA TODOS!

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Fuente:

La receta base la tomé de aquí, pero luego empecé a hacer cambios, principalmente en la cantidad de avena, ya que no quería hacer un tentempié sino algo más cercano a unos cereales de desayuno. Al tener más avena, hizo falta más cantidad de líquido para aglutinarlo todo… y así hasta acabar en la receta que he publicado.

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Barritas de avena, frutos secos y chocolate

Septiembre siempre me ha parecido más inicio de ciclo que enero, seguramente por aquello de empezar un curso nuevo, nuevos libros, retos… ¡hasta los coleccionables vuelven con fuerza renovada tras las vacaciones!

La receta que os traigo hoy quizá no cure la depresión postvacacional, pero al menos os endulzará un poco la vuelta a la rutina y os cargará las pilas a cada bocado, es lo que se espera de las barritas energéticas ¿no?

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Pues eso, ¡marchando una barrita de avena, frutos secos y chocolate negro! A mí me gustan especialmente como tentempié con un vaso de leche fría, pero si añadís al pack algo de fruta tenéis un desayuno perfecto para empezar el día con el depósito de energía al máximo.

Ingredientes (para 16 barritas):

  • 200 g de copos de avena
  • 25 g de coco rallado
  • 120 g de aceite de girasol
  • 40 g de azúcar moreno
  • 75 ml de sirope de arroz o miel
  • 80 g de nueces
  • 40 g de avellanas
  • 40 g de almendras peladas crudas
  • 80 g de chocolate negro

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Elaboración:

Mezclar la avena con el coco rallado en un cuenco.

Picar en trozos grandes los frutos secos y añadir el chocolate troceado más bien grueso (también sirven perlas de chocolate).

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Untar con aceite de girasol un molde rectangular (el mío es de 22×28 cm, que me pareció perfecto para estas cantidades, si lo vais a hacer directamente en la bandeja de horno quizá tengáis que duplicar la receta). Forrar con papel de hornear si el molde o bandeja no es antiadherente.

Precalentar el horno a 180 ºC.

Mezclar en una olla el azúcar moreno con el aceite y la miel. Calentar a fuego suave removiendo con unas varillas hasta que el azúcar se disuelva.

Apartar del fuego e incorporar la avena con coco removiendo bien hasta tener una mezcla homogénea.

Agregar los frutos secos y el chocolate y remover hasta distribuirlos uniformemente por toda la masa.

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Volcar la mezcla en el molde o bandeja y alisar la superficie compactando la masa con una cuchara o espátula.

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Hornear a 180 ºC a media altura hasta que esté dorado, de 20 a 25 minutos (el tiempo dependerá del grosor de la masa).

Sacar del horno y marcar las divisiones entre barritas con la parte roma de la hoja de un cuchillo, sin llegar a cortar (las mías son de unos 3×11 cm, en mi molde salieron 16 barritas, 8 a lo largo y 2 a lo ancho).

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Dejar enfriar, desmoldar sobre una tabla de corte o encimera y cortar las barritas presionando un cuchillo en las marcas.

Guardar en un recipiente hermético y consumir cuando veamos que los niveles de energía decaen.

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Notas:

Utilizando sirope de arroz y un chocolate que no contenga leche, es una receta apta para veganos.

Añadiendo el chocolate a la mezcla antes de volcarla en el molde, éste se derrite un poco. Si preferís que haya trozos grandes en las barritas hay que incorporar el chocolate una vez volcada la mezcla en la bandeja, repartiéndolo por toda la superficie justo antes de empezar a compactar la masa.

Cuanto más tiempo de horneado, más crujientes son las barritas, pero cuidado ya que se pueden quemar. De hecho, si miráis las fotos, las mías se pasaron un poco en los bordes.

Al cortar las barritas, quedan algunas migas que podéis utilizar a modo de muesli para poner en el yogur o.. atentos… como decoración crujiente para helados (recomendadísimo con helado de vainilla).

Como detalle decorativo extra, que además evita un poco el pringue del aceite al manipular las barritas, se pueden envolver en papel de hornear sujeto con un poco de hilo de esparto.

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Fuente:

La receta es fruto del popurri entre varias que vi que no me convencían del todo. Al final, bastante a sentimiento, acabé reduciendo la cantidad de azúcar, empleando aceite de girasol en vez de la mantequilla que indicaban en casi todas y alterando las proporciones de los frutos secos.

Infusión de menta con canela, naranja y miel

Parafraseando a Fito, parece que “después de un invierno raro, una rara primavera”, vaya tiempo loco, aunque hoy haga calor a mediodía, mañana te puedes congelar, yo no recuerdo haber consultado tanto con google el tiempo que va a hacer en Madrid. Cualquier día, la amable vocecilla que responde a mi “Ok, google” me va a decir directamente “¿A que adivino lo que me vas a preguntar?” antes de darme tiempo a soltar mi “Tiempo en Madrid”. Yo creo que hasta tiene la respuesta preparada de antemano.

Para entrar en calor, a media tarde me suelo tomar algo caliente y como no puedo abusar mucho de infusiones excitantes como el té o el mate (el café ni olerlo, vamos), acabo recurriendo a leche con cacao o rooibos, aunque de vez en cuando cae una infusión de menta. Un día, intentando introducir un poco de variedad, se me ocurrió añadirle cosas a la menta, de la misma forma que té y rooibos aromatizado. Investigando un poco, di con una mezcla que me pareció interesante con ingredientes que suelo tener en la despensa.

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El resultado es una infusión que os recomiendo mucho, tanto para tomar fría como caliente. La naranja le aporta un sabor buenísimo a la menta, y la miel y la canela combinan a la perfección.

Ingredientes (para 1 taza de infusión):

  • 2 cucharaditas de menta seca o 1 cucharada de menta fresca
  • 200 ml de agua
  • zumo de 1/2 naranja
  • 1 cucharadita de miel (al gusto)
  • 1/4 de cucharadita de canela molida

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Preparación:

Poner el agua a hervir en un cazo pequeño.

Cuando rompa a hervir el agua, apagar el fuego, añadir la menta y la canela, remover un poco y dejar infusionar unos 5 minutos.

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Filtrar la infusión. Si se ha enfriado se puede calentar un poco sin que llegue a hervir.

Exprimir la media naranja y añadir el zumo a la infusión (yo no lo cuelo, pero es cuestión de gustos).

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Endulzar con miel al gusto (en mi caso una deliciosa miel de lavanda de producción ecológica que compramos estas Navidades en Pontevedra) y a disfrutar de un momento de relax. 😉

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Notas:

Las cantidades son orientativas, si os gusta con más canela, pues más canela, con menos miel, pues menos miel…

Se puede hacer mucha cantidad de una vez y tenerla en la nevera para tomar tanto caliente como frío, pero yo os recomiendo añadir el zumo de naranja justo cuando lo vayáis a consumir.

No lo he probado, pero seguro que con menta fresca está como mínimo igual de bueno.

Fuente:

Haciendo una búsqueda me encontré con varias páginas que publicaban recetas similares con pocas variantes, al final el día que la iba a hacer tenía el ordenador apagado y acabé haciéndola a sentimiento con buenos resultados.

 

Bizcocho japonés Castella o Kasutera

Hoy os traigo la receta del Castella o Kasutera, una receta japonesa del que es probablemente el mejor bizcocho que he preparado hasta el momento. Es un bizcocho tradicional en Japón pero realidad su origen estaría en el pão de Castela (pan de Castilla) que llevaron consigo los mercaderes portugueses a Japón en el siglo XVI. En los cinco siglos que han transcurrido desde entonces la receta ha ido cambiando para adaptarse al paladar y gustos de los japoneses, pero es curioso que se haya mantenido el origen en su denominación, Castella (カステラ, leído “kasutera”).

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El Kasutera no es difícil de hacer, pero sí que es un poco laborioso y si queréis resultados espectaculares de textura y esponjosidad hay que seguir unos cuantos trucos. A veces las instrucciones de las recetas nos pueden parecer optativas, pero en el caso de este bizcocho puedo aseguraros que esos detalles son cruciales, los mismos ingredientes trabajados de manera ligeramente distinta producen resultados que no tienen nada que ver. ¿Y cómo puedo asegurarlo con tanta rotundidad? Pues porque la primera vez que lo preparé lo hice siguiendo una receta mucho menos minuciosa y, aunque el resultado se dejaba comer, me dejó pensando que tampoco era para tanto el Kasutera. Convencida de que el truco tenía que estar en la elaboración, seguí investigando hasta dar con una receta que hacía muchísimo hincapié en ciertas instrucciones. Me vi el vídeo que acompañaba la receta apuntándome todos y cada uno de los pasos y la recompensa fue un bizcocho ligero, esponjoso y blandito como ninguno que hubiera salido de mi horno antes.

Ingredientes:

  • 3 huevos medianos
  • 60 g de azúcar
  • 20 g de miel
  • 60 g de harina de trigo para pan (aunque sirve harina de trigo normal)
  • 20 g de leche entera
  • aceite de girasol

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Preparación:

Lo suyo es hacer este bizcocho en un molde rectangular o cuadrado, para estas cantidades tirando a pequeño, de 20×12 cm o 15×15 cm de base y una altura de entre 5 y 7 cm. Mi molde es tipo plumcake, no es el ideal, pero sirve. Si las medidas de vuestro molde exceden en mucho las que os indico, es mejor ampliar las cantidades apropiadamente para evitar un bizcocho demasiado bajo (no es difícil, con añadir un huevo más y la parte proporcional de cada ingrediente está hecho).

En Japón la manera tradicional de hacer el Kasutera es utilizando un molde especial, un marco de madera sin fondo que se coloca sobre una bandeja metálica, así se queda tostado por abajo y arriba y menos por los bordes (he visto que hay por ahí tutoriales que explican cómo imitar este efecto forrando el exterior del molde con cartón envuelto en papel de aluminio, si probáis decidme qué tal).

Forrar el molde con papel de hornear y engrasar ligeramente con aceite de girasol (sin pasarse tampoco, que quede engrasado pero sin chorretes).

Lavar los huevos y separar las claras de las yemas (hay diferentes métodos, yo los casco con cuidado y utilizando las dos mitades de la cáscara voy dejando caer la clara en un cuenco manteniendo la yema dentro. Mi madre tiene este separador de yemas de tupperware que a mí me encanta). Hay que intentar que no se rompan las yemas.

Precalentar el horno a 160 ºC.

Atentos, que el siguiente paso es IMPORTANTE. Para entender algunos de los conceptos me vino muy bien este post de Javi Recetas donde se explica paso a paso cómo montar claras.

En un cuenco grande batir las claras con las varillas a velocidad baja hasta tenerlas en “puntas blandas”, se habrán convertido en una espuma blanca de burbujas pequeñas que al sacar las varillas forma puntas que se doblan (en la foto de Javi se ve perfectamente a qué me refiero con tantas palabras).
En este momento hay que subir a velocidad media e ir añadiendo poco a poco el azúcar sin dejar de batir hasta alcanzar el estado “puntas rígidas”, se formarán picos que no se doblan al sacar las varillas, la espuma estará suave y cremosa, pero aún no tan densa como si la montasemos a punto de nieve. Este es el punto que necesitamos (es importante no pasarse porque no queremos tener las claras a punto de nieve sino en este estado de cremosidad y suavidad celestial).
Hacia el final, bajar otra vez la velocidad de la batidora para que no se formen burbujas grandes, ya que podrían provocar que el bizcocho se viniese abajo en el horno (el Kasutera es un bizcocho esponjoso, pero de agujeritos pequeños).

Agregar las yemas de una en una, integrando cada una bien con las varillas (llegados a este punto es mejor hacerlo a mano, sin prisa y girando SIEMPRE en la misma dirección para que no se desinfle la crema) antes de añadir la siguiente.

Agregar la miel e integrar de la misma forma lenta y cuidadosa que con las yemas hasta que se mezcle uniformemente.

Tamizar la mitad de la harina sobre la crema y batir suavemente con las varillas hasta que la masa la absorba. Repetir con el resto de la harina.

(Insisto otra vez en la importancia de batir siempre en la misma dirección, no sé si girar la masa en sentido horario y luego antihorario va a ocasionar un apocalipsis bizcochil, pero después del primer fracaso no me sentí con el suficiente espíritu científico para oponerme a las instrucciones de la receta).

Añadir la leche repartiéndola por la superficie y remover con una espátula de silicona, haciendo movimientos envolventes del borde del cuenco hacia el centro. Cuando ya no quede rastro de leche a la vista, golpear el cuenco contra la encimera con firmeza, esto ayudará a que las burbujas grandes que pueda haber por la masa suban a la superficie y se rompan (si os da miedo romper la encimera o el cuenco, golpead sobre la tabla de cortar). Remover un poco más, dejar reposar 15 segundos y golpear el cuenco otra vez. Repetir una vez más.

Bizcocho Kasutera (2)

Verter la masa en el molde forrado muy lentamente y desde unos 30 cm de altura. A medida que la masa fluya y vaya cayendo en el molde, las burbujas que aún puedan quedar se irán rompiendo en la superficie.

Golpear el molde 3 o 4 veces sobre la encimera para hacer salir las burbujas que aún puedan quedar después de tanto meneo (esta es otra de las instrucciones en las que la receta hacía especial hincapié y es cierto que funciona, con cada golpe salen burbujas).

Hornear a 160 ºC en la balda inferior del horno unos 35 minutos, hasta que la corteza esté tostada (dependerá un poco del horno). El punto de este bizcocho es ligeramente húmedo si se seca demasiado pierde esponjosidad, por eso podemos pincharlo con un palillo pasados 30 minutos para comprobar si está hecho, tiene que salir no manchado pero sí un poco húmedo.

Retirar el molde del horno y dejarlo caer dos o tres veces desde unos 30 centímetros sobre la encimera, esto evitará que al enfriar se desinfle (hay que ver lo mucho que hay que maltratar a este pobre bizcochito).

Pasado un rato empezarán a aparecer arruguitas en la superficie, dar la vuelta al molde sobre una tabla, apoyar la cara superior del bizcocho medio minuto sobre ella y volver a ponerlo del derecho, esto ayudará a que las arrugas desaparezcan y la superficie se mantenga más lisa (como yo no tengo tabla de madera, sólo puedo deciros que lo de darle la vuelta funciona para quitar las arrugas aunque no es del todo eficiente, si probáis con la tabla, contadme).

Dejar enfriar dentro del molde sobre una rejilla.

Si no se va a servir en el momento, envolverlo en papel film cuando aún esté templado para evitar que se mantenga jugoso.

Bizcocho Kasutera (3)

Lo tradicional es retirar los bordes laterales y después cortarlo en porciones de unos 3 cm de espesor que sólo tendrán corteza por arriba y por abajo. Para no chafar el bizcocho al cortarlo, es mejor hacerlo con un cuchillo de cortar pan.

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Notas:

Aunque os parezca poca harina, creedme, no me he equivocado con la cantidad, realmente lleva tan poca.

La miel es mejor que sea líquida, porque si es de una variedad más sólida os será difícil integrarla en la masa.

No sé si os habrá quedado claro pero: girar siempre en la misma dirección y golpear golpear golpear. Jajajajaja.

Si lo vais a hacer, os recomiendo ver el vídeo, leer con atención la receta para ver si os surge alguna duda que se pueda resolver antes de meteros en el follón y tenerla a mano mientras cocináis.

Fuente:

La receta la encontré en este blog, muy bien explicada y con un vídeo que ayuda muchísimo a entender el proceso. Como veréis ponen las cantidades de yemas y claras en gramos, pero después de investigar vi que más o menos tres huevos medianos pesan eso, a razón de 30 g de clara y 20 g de yema cada uno de media, y decidí no complicarme tanto la vida.