Galletas “shortbread” de té rojo

Pues vamos allá con la primera receta del año, empecemos con algo facilito y resultón para endulzar la cuesta de enero, unas galletas de té rojo. Como buenos seguidores de Birulicioso, ya conocéis las galletas de manzanilla y limón y por eso seguramente os sorprenda menos este ingrediente “exótico”. O quizá no y estéis alucinando, si es así, creedme, están tan buenas que os preguntaréis por qué no las habíais probado nunca.

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También estaba deseando enseñaros mi nuevo cortagalletas, lo diseñé yo misma con las mismas manitos que teclearon este post y la ayuda de mi amodiado autocad, y un amigo con impresora 3D lo trajo a este plano de existencia física. A él le gusta llamarla “tresdegalletator plus”, y no voy a ser yo quien le lleve la contraria (sobre todo porque estoy diseñando otros cortagalletas nuevos y quiero que me los imprima, jajajaja).

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Como veis, por un lado es redonda y por el otro con forma estrellada, para tener menos cacharritos, jejejeje. El borde es un poco grueso, pero corta bastante bien, creo que en el siguiente modelo intentaré hacer un filo un poco más fino.

Sin más preámbulos, vamos con la receta.

Ingredientes (400 g de galletas):

  • 150 g de mantequilla o margarina
  • 2 cucharadas de hebras de té rojo Pu-erh
  • 75 g de azúcar glas
  • 225 g de harina de trigo
  • 1 cucharada de maicena
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla (opcional)

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Preparación:

Trocear la mantequilla, margarina para opción vegana/sin lactosa, en un cuenco mediano y dejarla a temperatura ambiente durante una media hora. También se puede ablandar en microondas, calentando en tandas de 15 segundos a media potencia hasta que adquiera una textura parecida a la pomada.

Desmenuzar con un mortero o en la batidora las hebras de té rojo  y espolvorearlas sobre la mantequilla. Si preferís no encontraros trozos de hojas de té, después de molerlo se puede tamizar con un colador de malla un poco gruesa, así el resultado es más fino (quizá el té en bolsitas sea más “blando”, hace mucho que no tomo y no estoy segura).

Añadir el extracto de vainilla (yo no puse porque mi té rojo era aromatizado con vainilla) y batir ligeramente con un tenedor para integrarlo todo bien.

Agregar el azúcar glas y seguir batiendo hasta tener una mezcla cremosa e uniforme.

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En otro cuenco, mezclar la harina con la maicena y tamizar sobre la crema en tandas, integrando bien antes de añadir más harina.

Cuando toda la harina esté incorporada en la masa y ésta ya no se nos pegue a las manos, formar una bola apretada, envolverla en film transparente y dejarla reposar en la nevera durante media hora por lo menos.

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Precalentar el horno a 160 ºC.

Enharinar una superficie de trabajo y estirar la masa con un rodillo hasta tener una plancha de unos 5 mm de espesor (también se puede hacer entre dos láminas de film).

Cortar las galletas con un cuchillo afilado o un cortapastas (la masa es bastante firme y de una consistencia tirando a sedosa, así que mantiene muy bien la forma).

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Formar una bola con los recortes sobrantes y repetir los pasos anteriores hasta que no quede masa.

Cubrir con una lámina de papel de hornear en la bandeja del horno y colocar las galletas separándolas entre sí uno o dos centímetros (no se inflan mucho ni se desparraman, pero es mejor prevenir).

Espolvorear ligeramente las galletas con azúcar glas.

Llevar al horno a 160 ºC durante 12-14 minutos, hasta que empiecen a dorarse por los bordes (se vuelven quebradizas al enfriar si se sobretuestan, así que es mucho mejor que queden tirando a blanquitas).

Dejar enfriar sobre una rejilla antres de guardarlas.

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Ya veréis qué sorpresa el sabor. 😀

Notas:

Os recomiendo prepararlas con antelación, porque el sabor de estas galletas se intensifica con el paso del tiempo.

Se conservan perfectamente más de una semana si las guardáis en un recipiente hermético.

Yo las hice con té rojo de vainilla, pero seguro que con alguna otra variedad de té rojo o negro también están deliciosas (si alguien se atreve con té verde que me cuente qué tal).

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Fuente:

Las anteriores “shortbread” que hice, de manzanilla y limón, salieron tan buenas que esta receta tiene la misma base. ¿Por qué cambiar lo que funciona? 😉

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Trufas de mandarina (Juego de blogueros 2.0)

¿Juego de qué? os preguntaréis los habituales del blog, pues “Juego de blogueros 2.0”, una especie de reto mensual entre un grupo de cocinillas con blog. ¿Y en qué consiste el reto? Pues a principio de mes se elige por votación un ingrediente principal para una receta y a final de mes todos los participantes publican su propuesta. A partir de ahora, cada último día de mes, si no se me tuercen las cosas, publicaré una receta para el juego. Esta es mi primera participación y el ingrediente estrella del mes de noviembre era la mandarina, una fruta que me encanta, por cierto. 🙂

La verdad es que estaba decidida a mantener las buenas intenciones de alternar dulce y salado en el blog y proponer un plato salado, incluso tenía dos elegidos para probar y decidir. Luego me puse enferma, empezó a llover y ninguna de las dos recetas me pareció de fácil elaboración y fotografiado en esas condiciones. Así que en el último momento, acabé recurriendo a las trufas, que además me vienen fenomenal para montar el calendario de adviento (una excusa como cualquier otra para poder comer una chuchería cada día de diciembre, jajajaja).

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Qué os puedo decir de estas trufas, que están buenísimas por encima de lo esperado. En un primer bocado saben como a naranja, quizá por la típica asociación chocolate-naranja, pero al final el sabor a mandarina se hace totalmente reconocible e intenso.

Los bombones y trufas son bastante fáciles de hacer y un regalo para quedar estupendamente de cara a las fiestas navideñas. Ahí os dejo la idea y las otras recetas de bombones que tengo en el blog. 😉

Al final del post os dejo la lista de participantes para que veáis lo que pueden dar de sí las mandarinas en la cocina.

Ingredientes (para muchísimas trufas):

  • 400 g de chocolate para postres
  • ralladura de la piel de 2 o 3 mandarinas
  • 50 g de zumo de mandarina
  • 50 g de nata para montar (35% MG)
  • 20 g de mantequilla sin sal
  • 10 g de miel
  • cacao puro en polvo

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Preparación:

Trocear el chocolate en pedazos pequeños en un cuenco.

Rallar la piel de 2 o 3 mandarinas sobre el chocolate troceado (yo usé tres porque quería que el sabor a mandarina fuera intenso), evitando rallar la parte blanca ya que daría sabor amargo a las trufas.

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Fundir el chocolate al baño maría, colocando el cuenco sobre un cazo y otro cuenco con agua caliente (lo ideal es que el agua cubra, pero por la parte exterior, toda la zona que toca el chocolate) y dejando que se derrita lentamente.

Exprimir el zumo de 2 de las mandarinas que hemos rallado, separar 50 ml y calentarlo un poco en el microondas.

Rociar el zumo caliente sobre el chocolate, esperar un minuto y remover con una espátula.

En un cazo pequeño, llevar a ebullición la nata con la mantequilla y la miel, removiendo para integrarlo todo bien.

Una vez hierva, verter enseguida sobre el chocolate, esperar un minuto e integrarlo con movimientos envolventes con la espátula. Continuar hasta que no queden trozos de chocolate sin fundir (si el agua del baño maría se enfría, volver a calentarla).

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Dejar que la mezcla enfríe y se solidifique, ya sea a temperatura ambiente o metiéndola en la nevera alrededor de una hora (es mejor no pasarse de tiempo porque se pone muy dura y es difícil de trabajar).

Cuando tenga una consistencia que haga trabajar con ella, formar bolitas del tamaño deseado (yo las hice tirando a pequeñas para que saliesen más) con las manos bien lavadas y ligeramente empolvadas con cacao (para que no se nos peguen con el calor).

Por último, rebozar las bolas en cacao puro en polvo (yo lo hago en un pocillo, poniendo un poco de cacao y 4 o 5 bolitas cada vez, y dándoles un meneo hasta que quedan bien recubiertas).

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Notas:

Mi idea era hacer trufas para el calendario de adviento, por eso las hice tirando a pequeñas. Con las cantidades que os digo me salieron 11 docenas + 4 trufas. Como lo oís, 136 trufas, que es suficiente para 5 calendarios de adviento y regalar algunas, jajajaja.

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En la receta original usan azúcar en lugar de miel, pero yo siempre hago los bombones con miel, por eso lo cambié.

Se puede fundir el chocolate después de añadir el zumo y la nata caliente calentándolo en tandas de unos pocos segundos en el microondas, removiendo y repitiendo hasta que no queden trozos sólidos. Hay riesgo de que se nos queme el chocolate, por eso yo estas operaciones siempre las hago al baño maría si es posible.

¿No tenéis mandarinas o no os gustan? No hay problema, se pueden hacer con naranja.

Si sois intolerantes a la lactosa, creo que se podría hacer una variante de los bombones de café que hice hace algún tiempo, sustituyendo el café por zumo y ralladura de mandarina, y quizá la mitad de la miel de esa receta. Esta sería también la opción más fácil de veganizar, cambiando la miel por azúcar u otro sirope de vuestra elección.

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(Aprovecho para enseñaros unas bandejitas de cerámica que estoy haciendo)

Fuente:

Cuando me decidí por las trufas de mandarina, estuve investigando recetas que fui descartando ya fuera porque no me convencía la elaboración, porque llevaban ingredientes complicados de conseguir o porque utilizaban moldes para bombones que no tengo.

Al final di con esta receta en Dulces Bocados, uno de los blogs que sigo desde hace tiempo. Me gustó porque se parece a las otras recetas de bombones que he probado y lleva ralladura y zumo fresco de mandarina en lugar de esencias o extractos. La receta está muy bien pero al final, como ya es marca de la casa, hice algunos cambios.

Participantes del juego:

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Elvira: http://www.asisecomeengranada.com/
Carabiru: https://birulicioso.wordpress.com
Fe: http://www.codigosecreto280.com/
Mónica: http://dulcedelimon.com
Rebeca: http://enganchadosalacocina.com/
Chus: http://www.elcrepitardelosfogones.com/
Inma: http://entre3fogones.com/
Ana N.: https://entreobleasyaloloco.wordpress.com/
Raxel: https://homeandrun.wordpress.com/
Cristina: http://kooking2015.blogspot.com.es/
Leila: http://lanuevacocinadeleila.blogspot.com.es
Ligia: https://losdulcesdeligia.wordpress.com/
Silvia R.: https://misdeliciosastentaciones.wordpress.com/
Antxon: http://musloypechuga.com
Noelia: https://noestevezblog.wordpress.com/
Maribel: https://picoteandoideas.wordpress.com/
Nela: http://recetasmanny.blogspot.com.es/
Neus: https://rorosacabolas.wordpress.com/
Kemberlyn: http://www.sonrisavegana.com/
Melissa: https://soyrepostera.com/
Maryjose: http://tapitasypostres.blogspot.com.es/
Gisela: https://tuhoradelamerienda.wordpress.com/
Silvia A.: http://unapizcadena.wordpress.com/

Galletas de manzanilla y limón

Con el otoño llegan también las temperaturas más suaves y las ganas de volver a encender el horno. Que no es que en verano no tengamos ganas de comer bizcochos, galletas y demás ricochuras, es que a ver quién es el guapo que pone un electrodoméstico a 200 ºC en medio de una ola de calor.

Por eso la receta de hoy estaba en la despensa del blog esperando a tiempos mejores para salir, y esos tiempos han llegado. Gente, estas son las galletas de manzanilla y limón, galletas, esta es la gente biruliciosa.

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¿Galletas de manzanilla? Pues sí, yo también pensaba que la manzanilla sólo servía para dos cosas:

Cosa número 1: Recomponernos la tripa. En el mejor de los casos, acabando con una molestia estomacal producida por un empacho (levanten la mano los #forevervaca), en el peor, dándole la vuelta por completo al estómago y haciendo salir por donde entró a lo que sea que nos está matando.

Cosa número 2: Como tónico facial/ocular. Yo he usado alguna vez un algodón empapado en manzanilla para limpiar legañas y las bolsitas para reducir las ojeras. Trucos de la abuela.

Y hasta ahí, pero resulta que también se puede usar como ingrediente en la cocina en cosas que están riconudas, como estas galletas tipo shortbread que os he presentado.

Ingredientes (para 2 o 3 docenas):

  • 150 g de mantequilla o margarina a temperatura ambiente
  • 2 cucharadas de flores secas de manzanilla (o 2 bolsitas)
  • piel rallada de un limón
  • 75 g de azúcar glas
  • 225 g de harina de trigo
  • 1 cucharada de maicena

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Preparación:

Trocear la mantequilla o margarina en un cuenco mediano.

Espolvorear sobre la mantequilla las flores de manzanilla frotándolas con las manos para que se desmenucen un poco (también sirve manzanilla en bolsitas).

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Añadir la ralladura de limón (yo siempre lo rallo directamente en el cuenco) y tamizar por encima el azúcar glas.

Batir ligeramente con un tenedor hasta tener una mezcla cremosa (cuanto más calorcito haga, más blandita será).

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Mezclar la maicena y la harina y tamizar sobre la crema en tandas, integrando bien antes añadir más.

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Una vez hayamos incorporado toda la harina (ya no se nos pegará la masa a las manos), formar una bola apretada con la masa y envolver con film transparente.

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Refrigerar durante al menos media hora.

Pasado este tiempo, sacar del refrigerador y estirar la masa sobre una superficie enharinada, o entre dos láminas de film, hasta que la plancha resultante tenga unos 5 mm de espesor (¿os he contado alguna vez que como no tengo rodillo yo lo hago con una botella de vino? jajajaja).

Precalentar el horno a 160 ºC.

Cubrir una bandeja con papel de hornear, cortar la masa con cortagalletas (a cuchillo también vale) y colocar las galletas dejando un dedo de separación entre ellas.

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Formar una bola con los recortes y repetir el proceso hasta agotar la masa.

Espolvorear con azúcar glas por encima.

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Hornear a 160 ºC durante 12-14 minutos, hasta que los bordes empiecen a dorarse pero aún estén blanquitas. Es mejor no pasarse de tiempo porque si se doran demasiado, al enfriar se secan y endurecen perdiendo toda la gracia.

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Enfriar completamente sobre una rejilla antes de guardarlas (para que no se ablanden con el vapor que sueltan).

¡Probadlas! Estoy segura de que os sorprenderá el sabor.

Notas:

En general, las galletas con especias, hierbas y demás ganan muchísimo en sabor con el reposo, así que probad a hacerlas con un día de antelación.

Como además se conservan perfectamente en un recipiente hermético durante unos cuantos días (jojojo, eso dicen, en esta casa siempre vuelan), podréis comprobar lo que os decía del sabor creciente.

Como mis cortagalletas son pequeñitos (y la mar de chulos, oigan), salen unas 3 docenas, pero pueden ser menos dependiendo de lo grandes que sean.

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Fuente:

Encontré la receta aquí, aunque después de una primera prueba decidí no poner vainilla en la siguiente para no quitarle protagonismo al delicado sabor de la manzanilla, creo que acerté.

 

Linzertorte o Tarta(letas) de Linz

En abril del año pasado me compré estos moldes de tartaletas que por unas cosas y por otras estuvieron casi un año sin ser estrenados, imperdonable. Como penitencia, la receta que inaugurase la era tartaletera tenía que ser especial (qué duro es expiar pecados, ains).

Aunque a mí nunca me la haya hecho (guiño-guiño-codazo-codazo) la receta elegida fue la de Linzertorte, uno de los “greitesjits” de J., una tarta que, si no me falla la memoria, aprendió a hacer en Alemania porque “ningún hombre puede llegar a los 18 años sin saber hacer tartas” (todo mi apoyo a esta norma, a la que añado que ninguna persona debería llegar a los 18 sin saber resolverse el tema alimenticio con cierta soltura).

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Aunque el origen de la tarta de Linz, también conocida como tarta Linzer o Linzertorte, es austrohúngaro (no podía perder la oportunidad de escribir esta palabra) es muy tradicional en Austria, Hungría, Alemania y Suiza.

Según wikipedia, el registro más antiguo de esta receta lo podemos encontrar en el Codex 35/31 de 1653 en el archivo de la Abadía de Admont.

Y después de tanta charla, vamos al lío. 😉

 

Ingredientes (para una tarta de 26 cm o 6 tartaletas de 10 cm):

Masa quebrada:

  • 200 g de harina
  • 1 cucharadita de canela en polvo
  • 1/2 cucharadita de vainilla en polvo
  • 1 cucharadita de levadura química
  • 140 g de azúcar
  • 1 clara de huevo
  • 1/2 yema de huevo
  • 125 g de mantequilla fría en dados
  • 125 g de almendra molida (también puede ser avellana)

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Relleno:

  • 100-150 g de mermelada de albaricoque

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Decoración:

  • 1/2 yema de huevo

 

Preparación:

Tamizar en un cuenco la harina con la canela, la vainilla, la levadura química y el azúcar.

Volcar la mezcla en una superficie de trabajo limpia formando un volcán.

Reservar la mitad de la yema del huevo, y batir ligeramente la otra mitad y la clara (Como yo soy un poco obsesiva a veces, lo hice báscula mediante, pero se puede hacer a ojo).

Volcar  el huevo batido, la mantequilla cortada en dados y la almendra molida en el centro del volcán de harina.

Mezclar los ingredientes lo más rápido posible para que no se derrita la mantequilla (que es el truco para una masa quebrada perfecta). Esto se puede hacer:

  • Pellizcándolos entre los dedos hasta formar una masa desmigada (así lo hice yo).
  • Con un mezclador de masas manual (que añado desde ya a mi lista de “lo necesito muy mucho”).
  • Con un cuchillo largo haciendo cortes paralelos, juntando todo en un montón otra vez y repitiendo hasta tener toda la mezcla en forma de migas (así lo ha hecho siempre J. que se sorprendió de que consiguiera hacerlo a pellizcos).

Una vez que tenemos la masa desmigada, se junta toda formando una bola apretada, se envuelve en film transparente y se deja reposar en la nevera durante media hora.

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Precalentar el horno a 180 ºC.

Dividir la masa en dos partes, una un poco más grande que la otra.

Engrasar los moldes con mantequilla.

Si vamos a utilizar un sólo molde de tarta, extender la parte grande de la masa apretando con los dedos hasta cubrir con una capa más o menos uniforme el fondo y las paredes.

Si vamos a utilizar moldes de tartaletas, dividir la masa en partes iguales y proceder de la misma manera (la obsesiva que vive en mí y que de vez en cuando se asoma, me hizo utilizar la báscula también para esto).

Cubrir la masa con mermelada. La cantidad variará según el tamaño de los moldes y lo golosos que seamos. Yo puse más o menos una cucharada colmada por tartaleta.

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Con el resto de la masa quebrada formar tiras aplastadas de más o menos un dedo de ancho y cubrir las tartaletas formando un enrejado.

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Pincelar la superficie de la masa con la media yema restante (así se consigue una superficie dorada y brillante).

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Hornear durante 25 o 30 minutos a 180 ºC, hasta que la superficie esté dorada. Para un único molde grande es posible que haga falta más tiempo de cocción.

Retirar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla.

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Notas:

La tarta de Linz es de esas recetas que están más buenas de un día para otro, os aconsejo envolver las tartaletas en papel de aluminio y servirlas al día siguiente.

Mis moldes tienen una especie de pie que hizo imposible desmoldar las tartaletas sin romperlas, así que nos las comimos sin sacarlas. Me anoto a mi lista interminable unos moldes de esos con fondo desmontable.

La receta tradicional se hace con mermelada de grosellas, aunque también es habitual emplear de albaricoque, ciruela o frambuesas. Estos son los sabores que yo creo que le quedan bien a este tipo de masa, pero sobra decir que podéis rellenar la tarta con la mermelada que más os guste.

También parece que más que almendras, lo típico son avellanas, pero se pueden usar nueces o una mezcla de frutos secos al gusto. Me encanta porque con tantas variaciones se puede hacer bastantes veces la receta sin repetir sabor, jajaja.

Es una tarta que se presta para jugar con el enrejado, y también es común colocar almendra fileteada en el borde después de pincelar con huevo, pero como yo iba pillada de tiempo, las florituras se quedaron para otra ocasión.

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Perfecta para acompañar una taza de té… o para que una bola de helado de vainilla no se sienta sola a la hora del postre. 😉

 

Fuente:

Hace tiempo J. me pasó un par de recetas de tartas típicas alemanas traducidas entre las que estaba ésta, una suerte, porque su recetario repostero está (casi) todo en alemán.

Rosquitas, palitos y coquitos de mantequilla

Hoy os traigo otra receta paraguaya (¿qué queréis?, creo que definitivamente me hice medio paraguaya), otra vez recurro al mundo de los panificados del que ya os comentaba cosas en la receta de galletas paraguayas de anís.

En los supermercados paraguayos se venden un montón de cosas a granel, desde detergente a pienso para perros, pasando por pastas, arroces, galletas e incluso harinas. A mí me parece una cosa buena, pero que allí por lo visto tiene el inconveniente de que muchos de esos productos son de calidad inferior a los envasados, una lástima.

Entre los productos panificados a granel, están los coquitos, que por lo visto se compran mucho como tentempié. He de confesar que estando allí, no los compré nunca, los que había en mi súper me tenían una pinta un poco seca y nunca me sedujeron lo suficiente para probarlos.

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Al volver, como parte de la morriña del emigrante (os digo de verdad eso de que me volví medio paraguaya), cuando vi la receta de los coquitos me entró un antojo brutal, así que los hice… y ¡ay amigos! ¡¡qué buenos que están!!

Con la misma receta se pueden preparar varios formatos que os explico más abajo.

Ingredientes (para 500 g de panificados, más o menos):

  • 12 g de levadura fresca de panadero (o 4 g de levadura seca, no confundir con levadura química)
  • 10 g de azúcar
  • 150-200 ml de agua tibia
  • 400 g de harina de fuerza (también sirve harina de trigo normal)
  • 10 g de sal
  • 12 g de anís en grano
  • 125 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente

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Preparación:

Disolver en un par de cucharadas de agua tibia (ojo, si está demasiado caliente podéis matar la levadura) el azúcar y la levadura y removiendo ligeramente. Dejar reposar hasta que empiece a burbujear.

Mientras, formar un volcán con la harina en la encimera (en las fotos veréis que yo uso un cuenco grande, porque mi piso es pequeño y ahí todavía no tenía la tabla de IKEA que uso ahora como superficie de amasado) y añadir la sal en la parte exterior del montículo para evitar que toque la levadura directamente cuando la añadamos (he leído que la sal puede afectar al proceso de levado, pero no lo sé a ciencia cierta).

Frotar los granos de anís entre las manos (como quitándonos el frío en invierno) dejándolos caer sobre la harina a modo de lluvia.

Cuando la levadura empiece a formar espuma, volcar en el hueco de la harina y empezar a amasar añadiendo agua tibia poco a poco (pongo un rango de agua necesaria porque la cantidad varía dependiendo de la temperatura ambiente y la calidad de la harina, yo suelo tener 200 ml preparados pero no siempre los necesita).

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Amasar hasta tener una masa uniforme, pero tirando a seca.

Añadir la mantequilla troceada y seguir amasando hasta integrarla totalmente.

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La masa resultante es bastante húmeda, pero si queda demasiado pegajosa se puede corregir agregando un poco más de harina y amasando de nuevo para que la absorba.

Formar una bola, tapar con un paño limpio y dejar reposar en un cuenco de 20 a 25 minutos en un sitio cálido y sin corrientes de aire.

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Pasado este primer levado, estirar la masa sobre una superficie enharinada con la ayuda de un rodillo hasta tener una plancha de entre medio y un centímetro de espesor.

A partir de aquí, las instrucciones para los distintos formatos.

  • Para las rosquitas:

Cortar tiras de masa de un dedo de ancho y dividirlas en palitos de 8 a 10 centímetros de largo.

Retorcer los palitos y unir los extremos apretando con los dedos.

(No hay que preocuparse si no salen iguales, ¡la imperfección es bella!)

  • Para los coquitos:

Cortar las tiras en cuadraditos de algo más de un dedo de lado.

También se pueden hacer bolitas un poquito más grandes que una avellana.

  • Para los palitos:

Cortar tiras de masa de un dedo de ancho y dividirlas en palitos de 8 a 10 centímetros de largo.

(Yo los hice retorcidos como las rosquitas, pero se pueden dejar tal cual, sin retorcer)

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Distribuir las formas de masa sobre una bandeja de horno engrasada, también se puede colocar  hoja de papel de hornear o una lámina de teflón, dejando una separación de uno o dos centímetros entre ellas.

Tapar la bandeja con un paño limpio y dejar levar hasta que dupliquen su tamaño en un sitio cálido y sin corrientes de aire.

Precalentar el horno a 180 ºC.

Hornear a 180º hasta que empiecen a dorarse, serán unos 12 o 15 minutos (recordad que los tiempos varían según el horno y el grosor que hayáis dado a las formas). Es probable que la segunda hornada se haga antes.

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Dejar enfriar sobre una rejilla.

Notas:

Se puede sustituir la mantequilla por margarina, quizá se pueda utilizar aceite de oliva, pero como no lo he probado, no os puedo asegurar que de buenos resultados.

Los tamaños pueden variar, podéis hacer piezas más grandes pero recordad que tendréis que modificar los tiempos de horneado.

Recién hechas son una locura de jugosidad y sabor, pero también se pueden conservar sin problemas en una caja metálica o un recipiente hermético unos días.

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Son ideales para desayunar (con café con leche hacen una combinación bestial) pero os diré que son una tentación para matar el hambre a cualquier hora del día, especialmente los coquitos, que tienen un tamaño de bocado muy cómodo.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Fuente:

La receta la saqué de aquí, un blog de cocina paraguaya que ya he usado como referente en otras recetas.