Helado de mango

Después de años deseando una heladera, este verano estoy cumpliendo mi sueño gracias a que los padres de Jorge nos han prestado la suya. Desde entonces hemos hecho unos cuantos experimentos, alguno de los cuales habrá que repetir para poder publicar las recetas (y no por ningún tipo de gula, que quede claro, ¿eh? Jajajaja). De momento, empezaremos con un helado de mango espectacular y muy muy fácil de hacer.

Parte del magnífico sabor de este helado se debe a que compré unos mangos buenísimos, sin fibras, muy dulces y con una textura aterciopelada que daban ganas de comérselo a bocados. Nada que ver con los que había probado hasta el momento.

Ingredientes (para 5 o 6 raciones):

  • 300 g de mango
  • 200 ml de nata para montar
  • zumo de un limón
  • 40 g de azúcar
  • 20 g de azúcar invertido (o 30 g más de azúcar normal)
  • 1/2 cucharadita de sal

Elaboración:

Pelar y picar el mango.

Exprimir el zumo de limón y mezclarlo con el resto de ingredientes en el vaso de la batidora.

Procesar hasta tener una crema homogénea y fina.

Tapar con film y dejar reposar al menos dos horas en la nevera.

Pasado el tiempo de reposo, seguir las instrucciones de la heladera para mantecar la crema. Generalmente tarda entre 15 y 20 minutos, hasta que tiene textura cremosa y consistente, pero las recetas que llevan gran cantidad de fruta se suelen hacer más rápido.

Pasar el helado a un recipiente con tapa y dejar en el congelador un mínimo de 2 horas, para que acabe de coger cuerpo.

Para hacer bolas de helado fácilmente, lo mejor es mojar la cuchara en agua caliente entre bola y bola.

Si el helado está muy duro para hacer bolas, dejar el recipiente con el helado a temperatura ambiente unos 10 minutos.

Acompañar de unas cuantas frambuesas y muchas ganas de disfrutar de un helado delicioso.

Notas:

También se puede hacer a mano, sin heladera, aunque yo no he probado nunca: Después del reposo, se mete la crema en el congelador en un recipiente con tapa. Pasada media hora se saca, se remueve bien para romper los cristales y se vuelve a meter en el congelador. Este proceso se repite más o menos cada media hora hasta que el helado está demasiado duro para removerlo. Suele llevar unas 3 horas, y después se deja congelar completamente. Aquí explican un método rápido también.

Yo he usado mango porque me apetecía mucho, pero creo que la receta puede funcionar bien con otras frutas de textura cremosa como el melocotón o la nectarina. También sería cuestión de probarlo con fresas, cerezas… y ver qué pasa.

En cuanto a acompañamientos de este helado de mango, he puesto frambuesas por añadir una nota ácida que contraste y también aporte una nota de color (si es bonito sabe mejor, ya sabéis), pero podéis tomarlo solo o con arándanos, grosellas o incluso virutas o sirope de chocolate. ¡Imaginación al poder!

Como podréis comprobar, las cantidades de azúcar y azúcar invertido, no se corresponden demasiado con las cosas que os comentaba en el post, en parte por un despiste y en parte porque ya sabéis, voy un poco por libre, jajajaja. El caso es que empecé con buenas intenciones, la receta original llevaba unos 65 g de azúcar, decidí quitarle el 30% y sustituirlo por azúcar invertido, eso era quitar unos 20 g de azúcar y poner sólo unos 45 g más 15 de invertido. Hasta ahí todo bien, pesé los ingredientes y son las cantidades que salen en la foto de arriba. Pero después, al pelar y pesar el mango, resultó que había 300 g en lugar de los 200 de la receta original, así que añadí un 50% más de todo (más o menos, redondeando un poco)… excepto del azúcar normal. Me acordé cuando ya estaba todo batido, así que lo dejé tal cual. Tras probar el helado, creo que está bien así, incluso le pondría un poco menos de azúcar, pero eso ya va según gustos. Si sois muy golosos, podéis poner 60 g de azúcar normal y 20 de invertido.

Fuente:

Tomé la idea y la receta base de este post de Directo al Paladar, aunque después la adapté a mi manera.

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