Pan de espinacas y semillas de calabaza (Juego de Blogueros 2.0)

Después de unos meses sin lograr participar, vuelvo al Juego de Blogueros con esta receta de pan de espinacas y semillas de calabaza con harina integral de trigo y centeno.

Este mes hubo empate entre las espinacas y la calabaza como ingrediente estrella para las propuestas del reto. Soy bastante fan de ambos ingredientes y tengo recetas publicadas tanto con espinacas como con calabaza (aunque veo que últimamente anda un poco ausente del blog, hay que ponerle remedio a eso).

Me planteé hacer un combo, pero al final me pilló el día 28 y yo casi sin tiempo, sin los dos ingredientes principales y, sobre todo, sin idea de qué hacer, así que cuando la receta de un pan VERDE apareció ante mis ojos… decidí añadirle pipas de calabaza y, en un giro inesperado e incluso un poco fraudulento, hacer un combo. Jajajajaja.

Después de esta parrafada, sólo deciros que el pan es verde como se ve en las fotos, es muy jugoso y estáis tardando en probarlo.

Al final del post os dejo la lista de participantes de este mes, para que veáis el mucho juego que se puede sacar a un mismo ingrediente. En este caso, a un par de ingredientes. 😉

Ingredientes:

  • 300 g de espinacas frescas
  • 200 ml de leche entera tibia
  • 25 g de levadura fresca de panadería
  • 100 – 150 gramos de harina de fuerza
  • 400 g de harina integral (en mi caso, trigo y centeno)
  • 3 – 5 g de sal fina
  • 100 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 100 g de semillas de calabaza
  • opcional: 15 g de semillas variadas y un poco de leche

Elaboración:

Separar un par de cucharadas de leche tibia y disolver en ella la levadura fresca de panadería.

Mientras la levadura va activándose, triturar las espinacas con la leche restante hasta obtener un puré fino.

Mezclar 100 g de harina de fuerza con la harina integral y la sal y formar un volcán dentro de un cuenco amplio.

Volcar en el hueco el puré de espinacas, el aceite y la levadura disuelta.

Mezclar bien para integrar todos los ingredientes.

Añadir las semillas de calabaza y seguir removiendo unos 5-7 minutos. La masa irá pasando de pastosa a elástica. Lo ideal es hacer esto con las varillas de amasado de la batidora, pero la nuestra es heredada y en algún momento se extraviaron, así que yo lo hago con un tenedor y un poco de brazo. 😉

Espolvorear harina de fuerza en una superficie de trabajo y volcar la masa.

Amasar durante otros 5-7 minutos, añadiendo más harina de fuerza si es necesario, hasta obtener una bola de masa suave y elástica (yo añadí unos 30 g de harina más en este proceso).

Colocar la bola de masa en un cuenco amplio, tapar con un paño limpio y dejar levar hasta que doble su volumen, unos 45-60 minutos.

Pasado este tiempo, untar con un poco de aceite de oliva el interior de un molde rectangular.

Desgasificar ligeramente la masa, formar un tubo de la longitud del molde, meterlo dentro y dejar levar por segunda vez, tapado con un paño limpio, durante unos 15-20 minutos.

Precalentar el horno a 250 ºC.

Untar la superficie con un poco de leche, espolvorear la mezcla de semillas y practicar un corte a lo largo de más o menos 1 cm de profundidad (yo me olvidé de este último detalle, jajajja).

Bajar la temperatura del horno a 200 ºC, calor arriba y abajo.

Introducir el molde en la altura más baja que permita el horno y pulverizar un poco de agua en la base y las paredes para crear vapor.

Hornear 25 minutos a esa temperatura, abrir, pulverizar un poco de agua más y continuar otros 10-15 minutos de horneado.

El pan está listo cuando la corteza está dorada y al golpear la superficie con los nudillos suena a hueco.

Retirar del horno, esperar 10 minutos y desmoldar, dejando enfriar el pan sobre una rejilla.

Una vez frío, ya se puede cortar sin problemas.

¡Espero que os animéis a hacer pan verde!

Notas:

En lugar de semillas de calabaza, se pueden usar nueces, semillas de girasol o alguna mezcla que os guste.

Para hacer pan vegano, simplemente hay que sustituir la leche por bebida vegetal o incluso agua.

Los 400 g de harina integral se pueden usar íntegros de la misma harina, o experimentar con distintas proporciones de varias. En mi caso usé 200 g de harina de trigo integral molida a la piedra y otros 200 g de harina de centeno integral.

Yo suelo mezclar los ingredientes en un cuenco antes de amasar por comodidad, así la masa se pega menos a la tabla y es más controlable, pero se puede hacer directamente en la superficie de trabajo. En este caso, las varillas de amasado no sirven a no ser que queráis montar la fiesta de la masa verde que invade vuestras cocinas.

Si tenéis panificadora, en la sección “fuente” tenéis la receta que usé como base y que explica todo el proceso para hacerlo con esa máquina celestial que necesito en mi vida. Creo que también se puede hacer pan en thermomix, pero ni idea de cómo.

Me imagino que en lugar de hacerlo tipo “pan de molde”, se podría cocer en forma de hogaza o barra, sería cuestión de probar y manejar los tiempos.

En lugar de pulverizar agua, en algunos otros panes he probado a poner un recipiente con agua apoyado en la base del horno o si cabe, en la misma rejilla. Que sea apto para horno, eso sí. 😉

Está buenísimo solo, con aceite de oliva, con mantequilla, con queso brie y confitura de pimientos asados, con salchichón ibérico… Riquísimo siempre.

Si queréis, se puede congelar. En ese caso, os recomiendo cortarlo en rebanadas, así podéis descongelarlo más rápido, por ejemplo, directamente en la tostadora. Tostado está delicioso también.

Fuente:

Cuando encontré esta receta, no me pude resistir a probarla a pesar de no tener panificadora (echadle un vistazo si tenéis ese aparato maravilloso). Dispuesta a todo, en un arranque de arrojo y valentía, improvisé una elaboración manual a partir de lo que recordaba de las instrucciones de un paquete de harina para pan que compré hace poco en Lidl, tomando prestados detalles del horneado de esta otra receta. El resultado, MAGNÍFICO.

Participantes:

Elvira: Calabaza con cebolla
Carabiru: Pan de espinacas y semillas de calabaza
Fe: Crema de calabaza y leche de coco
Mónica: Tosta de pesto de calabaza con espinacas
Maribel: Crepes de espinacas, setas y ricota
Natalia: Msemen de espinacas, hojas de col y parmesano
Maryjose: Creps de espinacas y langostinos
Sara: Bizcocho esponjoso de calabaza y almendras

Gofres belgas

La receta que comparto con vosotros hoy se convirtió en un clásico instantáneo en los desayunos de fin de semana de esta casa desde la primera vez que la preparamos, gofres belgas. Sólo el nombre ya me hace la boca agua.

A la gente le extraña un poco que usemos TANTO la gofrera, pero es que los gofres están demasiado buenos y son demasiado fáciles de hacer, por eso hemos probado un montón de recetas. De largo (muy largo) esta es nuestra favorita y la que más hemos preparado.

Gofres belgas caseros

Al llevar levadura de panadería, la textura y el sabor de la masa son completamente distintos de los gofres que he probado hasta el momento, esponjosos pero más densos, más… tradicionales.

Aunque lo que marca verdaderamente la diferencia es el azúcar perlado, que le da ese toquecillo crujiente. Yo lo compro en El horno de Babette, porque casualmente una de sus panaderías está cerca de la casa de una amiga, pero he visto que en otras tiendas online también tienen. Alguna vez me he venido arriba y he pensado en hacerlo casero, porque la sequedad ambiental de Madrid facilitaría el proceso, pero nunca he pasado de planearlo, jajajaja.

azúcar perlado

Es el momento de confesar que la receta lleva fotografiada y esperando ver la luz dos añazos (shame on me). No la publiqué en aquel momento porque las fotos finales no me convencían y pensé en repetirlas en otra ocasión que los preparase. La realidad es que aunque sólo quería repetir las de los gofres ya hechos, cada vez (CADA VEZ) que los hemos preparado desde entonces, los hemos devorado sin mirar atrás y sin darme tiempo a pensar en fotos ni en fotas. Así que he pensado que ya me vale, y las voy a publicar tal cual.

Ingredientes (para 8 gofres grandes):

  • 125 g de harina de fuerza
  • 45 ml de leche entera tibia
  • 12 g de levadura fresca
  • 1 huevo pequeño
  • 1/2 cucharada de azúcar
  • 1/2 cucharadita de extracto de vainilla
  • 1/4 cucharadita de sal fina
  • 65 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 40 – 75 g de azúcar perlado
Ingredientes para gofres belgas
(Yo suelo hacer media receta, como veis en la foto y salen 4 gofres grandes)

Elaboración:

Disolver la levadura de panadería en leche tibia, añadir la cucharada de azúcar y dejar reposar unos minutos.

Mezclar la harina con la sal, formar un volcán y verter dentro la mezcla de leche y levadura, los huevos y el extracto de vainilla.

Mezclar bien hasta obtener una masa uniforme, blanda y pegajosa. No hace falta amasar, sólo integrar los ingredientes.

Masa gofres belgas

Colocar la masa en un cuenco, tapar con un paño y dejar reposar hasta que doble su volumen, entre 30 y 45 minutos. (*)(**)

Masa levada gofres belgas

Una vez levada la masa, desgasificarla amasándola ligeramente.

Añadir la mantequilla troceada poco a poco, integrándola antes de añadir más.

Masa gofres belgas

Agregar por último el azúcar perlado (***), amasando un poco para repartirlo homogéneamente en la masa.

Masa gofres belgas con azúcar perlado
Masa gofres belgas

Untar la gofrera con aceite o mantequilla y precalentar.

Poner la masa en la plancha caliente de la gofrera y cerrar apretando para que se extienda.

Seguir las instrucciones del fabricante (y vuestra propia experiencia con el aparato) para hacer los gofres. El tiempo variará según los queráis más o menos dorados, pero calculad unos 5-7 minutos por gofre (****).

Dejar sobre una rejilla mientras se van haciendo el resto.

Gofres belgas caseros

¡Si tenéis gofrera, estáis tardando en sacarla para hacer esta receta!

Notas:

(*) El reposo de la masa es necesario porque la levadura de panadería necesita un tiempo para actuar. El levado debe hacerse tapado para que no tenga diferencias de temperatura ni le afecten las corrientes de aire. El tiempo dependerá de la temperatura ambiente principalmente.

(**)Si no sois de los que se levantan con energías y pasáis de madrugar un poco más para hacer unos gofres, le puede hacer un levado lento de la masa dejándola tapada con film y un paño y toda la noche en la nevera. Por la mañana sólo habrá que desgasificarla y añadir la mantequilla y el azúcar perlado.

(***) En cuanto al azúcar perlado, yo suelo poner 40 gramos, aunque en alguna ocasión he puesto 30 o 50. Cuando los hice la primera vez y pesé los 75 g que sugería la receta, me pareció una barbaridad y nunca le he puesto tanto.
Al ser menos azucarados, van muy bien con cosas dulces (mermelada, nata, sirope, helado…) pero también con saladas (nosotros solemos hacerlos con panceta, champiñones, cebolla y tomate a la plancha).

(****) En mi gofrera (una Tristar wf-2118 que me regalaron hace un montón de años Etringita y JAnt) suelo usar la velocidad 4 de las 5 que tiene.
La cantidad de masa por tanda también depende del modelo, yo coloco como 2 cucharadas colmadas de masa en el centro (un poquito hacia atrás) y bajo la tapa apretando para que se reparta por todo, al cocerse la propia masa levanta la tapa. Con práctica se acaba sabiendo cuánta masa es la más adecuada y cuánto tarda en hacerse según os gusten más o menos dorados.
El número de gofres también variará, yo suelo sacar 4 o 5 gofres con los ingredientes que os pongo arriba.

Si sobran se pueden guardar en la nevera envueltos en film transparente o congelarlos para otro día. Si los congélais, una vez descongelados, dadles un calentón en una sartén o plancha.

Fuente:

Cuando copié a mi libreta esta receta, olvidé apuntar el blog del que la había sacado. Cambié algunas cantidades, pero me da un montón de rabia no poder agradecer apropiadamente a la persona que la trajo a mi vida.

Rosquitas, palitos y coquitos de mantequilla

Hoy os traigo otra receta paraguaya (¿qué queréis?, creo que definitivamente me hice medio paraguaya), otra vez recurro al mundo de los panificados del que ya os comentaba cosas en la receta de galletas paraguayas de anís.

En los supermercados paraguayos se venden un montón de cosas a granel, desde detergente a pienso para perros, pasando por pastas, arroces, galletas e incluso harinas. A mí me parece una cosa buena, pero que allí por lo visto tiene el inconveniente de que muchos de esos productos son de calidad inferior a los envasados, una lástima.

Entre los productos panificados a granel, están los coquitos, que por lo visto se compran mucho como tentempié. He de confesar que estando allí, no los compré nunca, los que había en mi súper me tenían una pinta un poco seca y nunca me sedujeron lo suficiente para probarlos.

Rosquitas Coquitos Palitos de Manteca (10)

Al volver, como parte de la morriña del emigrante (os digo de verdad eso de que me volví medio paraguaya), cuando vi la receta de los coquitos me entró un antojo brutal, así que los hice… y ¡ay amigos! ¡¡qué buenos que están!!

Con la misma receta se pueden preparar varios formatos que os explico más abajo.

Ingredientes (para 500 g de panificados, más o menos):

  • 12 g de levadura fresca de panadero (o 4 g de levadura seca, no confundir con levadura química)
  • 10 g de azúcar
  • 150-200 ml de agua tibia
  • 400 g de harina de fuerza (también sirve harina de trigo normal)
  • 10 g de sal
  • 12 g de anís en grano
  • 125 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente

Rosquitas Coquitos Palitos de Manteca (1)

Preparación:

Disolver en un par de cucharadas de agua tibia (ojo, si está demasiado caliente podéis matar la levadura) el azúcar y la levadura y removiendo ligeramente. Dejar reposar hasta que empiece a burbujear.

Mientras, formar un volcán con la harina en la encimera (en las fotos veréis que yo uso un cuenco grande, porque mi piso es pequeño y ahí todavía no tenía la tabla de IKEA que uso ahora como superficie de amasado) y añadir la sal en la parte exterior del montículo para evitar que toque la levadura directamente cuando la añadamos (he leído que la sal puede afectar al proceso de levado, pero no lo sé a ciencia cierta).

Frotar los granos de anís entre las manos (como quitándonos el frío en invierno) dejándolos caer sobre la harina a modo de lluvia.

Cuando la levadura empiece a formar espuma, volcar en el hueco de la harina y empezar a amasar añadiendo agua tibia poco a poco (pongo un rango de agua necesaria porque la cantidad varía dependiendo de la temperatura ambiente y la calidad de la harina, yo suelo tener 200 ml preparados pero no siempre los necesita).

Rosquitas Coquitos Palitos de Manteca (2)

Amasar hasta tener una masa uniforme, pero tirando a seca.

Añadir la mantequilla troceada y seguir amasando hasta integrarla totalmente.

Rosquitas Coquitos Palitos de Manteca (3)

La masa resultante es bastante húmeda, pero si queda demasiado pegajosa se puede corregir agregando un poco más de harina y amasando de nuevo para que la absorba.

Formar una bola, tapar con un paño limpio y dejar reposar en un cuenco de 20 a 25 minutos en un sitio cálido y sin corrientes de aire.

Rosquitas Coquitos Palitos de Manteca (4)

Pasado este primer levado, estirar la masa sobre una superficie enharinada con la ayuda de un rodillo hasta tener una plancha de entre medio y un centímetro de espesor.

A partir de aquí, las instrucciones para los distintos formatos.

  • Para las rosquitas:

Cortar tiras de masa de un dedo de ancho y dividirlas en palitos de 8 a 10 centímetros de largo.

Retorcer los palitos y unir los extremos apretando con los dedos.

(No hay que preocuparse si no salen iguales, ¡la imperfección es bella!)

  • Para los coquitos:

Cortar las tiras en cuadraditos de algo más de un dedo de lado.

También se pueden hacer bolitas un poquito más grandes que una avellana.

  • Para los palitos:

Cortar tiras de masa de un dedo de ancho y dividirlas en palitos de 8 a 10 centímetros de largo.

(Yo los hice retorcidos como las rosquitas, pero se pueden dejar tal cual, sin retorcer)

Rosquitas Coquitos Palitos de Manteca (5)

Distribuir las formas de masa sobre una bandeja de horno engrasada, también se puede colocar  hoja de papel de hornear o una lámina de teflón, dejando una separación de uno o dos centímetros entre ellas.

Tapar la bandeja con un paño limpio y dejar levar hasta que dupliquen su tamaño en un sitio cálido y sin corrientes de aire.

Precalentar el horno a 180 ºC.

Hornear a 180º hasta que empiecen a dorarse, serán unos 12 o 15 minutos (recordad que los tiempos varían según el horno y el grosor que hayáis dado a las formas). Es probable que la segunda hornada se haga antes.

Rosquitas Coquitos Palitos de Manteca (6)

Dejar enfriar sobre una rejilla.

Notas:

Se puede sustituir la mantequilla por margarina, quizá se pueda utilizar aceite de oliva, pero como no lo he probado, no os puedo asegurar que de buenos resultados.

Los tamaños pueden variar, podéis hacer piezas más grandes pero recordad que tendréis que modificar los tiempos de horneado.

Recién hechas son una locura de jugosidad y sabor, pero también se pueden conservar sin problemas en una caja metálica o un recipiente hermético unos días.

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Son ideales para desayunar (con café con leche hacen una combinación bestial) pero os diré que son una tentación para matar el hambre a cualquier hora del día, especialmente los coquitos, que tienen un tamaño de bocado muy cómodo.

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Fuente:

La receta la saqué de aquí, un blog de cocina paraguaya que ya he usado como referente en otras recetas.

 

Galleta paraguaya de anís (panecillos)

Cuando llevábamos unas semanas en Paraguay, descubrimos que allí llaman galletas a los bollos de pan y lo que aquí conocemos como galletas lo denominan galletitas. Otro dato curioso en torno al pan es que cuando compras empanadas (empanadillas) te suelen preguntar si quieres “pancito”, ¿sólo yo pienso que empanadilla con pan es redundancia alimentaria? 😉

Casi todo el pan que vi allí a la venta venía en formato bollo individual o divisible con una especie de precortes, aunque en la panadería que había en nuestro barrio también tenían hogazas más grandes. En el supermercado al que íbamos en Encarnación solían tener tres tipos de pan, cuatro cuando el fin de semana traían uno muy denso y tan rico que seguro que es mantequilla pura. Allí conocimos las “galletas de anís“, unos bollos ligeramente prismáticos de corteza parecida al del pan candeal y miga ligera con granitos de anís, que es un ingrediente común en chipas y panificados allí.

Un día, buscando recetas paraguayas, me encontré con esta receta y me picó el gusanillo “panarra”. Por los comentarios nostálgicos de la gente sobre las galletas de su infancia, me parece que las que venden en el supermercado han sufrido una evolución bastante radical y en realidad las originales se parecerían más a estas que os traigo.

Ingredientes (para 12 panecillos):

  • 25 g de levadura fresca de panadero (o 8 g de levadura seca)
  • 20 g de azúcar
  • 200-250 ml de agua tibia
  • 500 g de harina de fuerza (también sirve harina de trigo normal)
  • 10 g de sal
  • 75 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 1/2 cucharada de anís en grano (o un poco más)

Galleta Paraguaya Anís (1)

Preparación:

Disolver en un cuenco pequeño el azúcar y la levadura en dos cucharadas de agua tibia removiendo ligeramente. Dejar reposar hasta que empiece a burbujear y se forme un poco de espuma (si la temperatura ambiente es baja, yo a veces pongo el cuenco en una especie de baño maría, sobre otro con agua un poco más caliente que la que añado a la levadura, para acelerar un poco el proceso).

Galleta Paraguaya Anis (2)

Formar un volcán con la harina sobre una superficie de trabajo (si no tenéis espacio, yo lo he hecho muchas veces en un cuenco grande y también sirve, aunque es más engorroso), añadir la sal en la parte exterior del montículo para evitar que toque la levadura directamente cuando la añadamos (la sal por lo visto interfiere en la activación de la levadura).

Frotar los granos de anís entre las manos sobre el cuenco, con un movimiento tipo tramar algo o quitarse el frío, desperdigándolos sobre la harina (esto ayuda a desmenuzarlos un poco y hace que salga el aroma, ya veréis qué olorcito en las manos después).

Añadir la mantequilla a temperatura ambiente, troceada.

Galleta Paraguaya Anís (3)

Cuando en el cuenco la levadura haya empezado a espumar, agregar la mitad del agua tibia y la levadura al centro del volcán y empezar a amasar. Conforme vayamos amasando, añadir poco a poco el resto del agua, la cantidad necesaria variará dependiendo de la temperatura ambiente y el tipo de harina.

La masa tiene que quedar uniforme, elástica y húmeda sin que se nos pegue a las manos. Si nos pasamos de agua y se queda muy pegajosa, se puede añadir más harina poco a poco.

Galleta Paraguaya Anís (4)

Tapar con un paño limpio y dejar reposar en un cuenco unos 15 minutos minutos en un sitio cálido y sin corrientes de aire.

Pasado este tiempo, dividir la masa en 4 partes y formar cilindros de unos 20 cm de largo sobre una superficie enharinada.

Con un cuchillo afilado, cortar cada cilindro en 3 porciones de unos 4 dedos de ancho.

Galleta Paraguaya Anís (5)

Engrasar una bandeja de horno o cubrirla con una hoja de papel de hornear o de teflón (me he comprado una y me encanta lo cómoda que es) y colocar las porciones de masa presionando un poco con las manos para dejar el corte de la porción hacia un lado. Para evitar que se peguen al levar y esponjarse, dejar un par de dedos de espacio entre ellas (en mi bandeja caben los doce bollos sin problemas).

Galleta Paraguaya Anis (6)

Tapar con un paño limpio y dejar levar hasta que dupliquen su tamaño en un sitio cálido y sin corrientes de aire.

Precalentar el horno a 200 ºC.

Hornear a 200º durante unos 10 o 12 minutos hasta que empiecen a dorarse. El tiempo variará según el horno y el tamaño de los bollos.

Retirar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla.

Galleta Paraguaya Anis (7)

Notas:

Se puede sustituir la mantequilla por margarina o aceite de oliva. La primera vez que las hice no tenía mantequilla y usé aceite, no salen exactamente igual, pero están deliciosas también. Lo cierto es que tampoco tenía azúcar y utilicé miel… y aún así fue todo un éxito, no hay que parar de experimentar, jajajaja.

El primer levado se puede saltar si tenéis prisa, pero las veces que lo he hecho, los panecillos han salido más esponjosos.

El tamaño de las galletas puede variar, podéis hacerlas más pequeñas estirando más los cilindros de masa, o incluso un único pan más grande, eso sí, tendréis que modificar los tiempos de horneado.

Galleta Paraguaya Anis (9)

Las galletas paraguayas están buenísimas recién hechas, son crujientes por fuera y tiernas por dentro, y son perfectas para comer con queso o fiambre, con mantequilla y mermelada, o directamente solas. Es decir, tanto valen para desayunar, como para merendar, como para una cena de “companaje”.

Galleta Paraguaya Anis (10)

Se pueden conservar sin problemas en una caja metálica, una bolsa o un recipiente hermético un par de días, lo mismo que cualquier otro pan, aunque pierden un poco de ternura.

Fuente:

La receta la saqué de aquí, aunque el proceso de elaboración lo he ido puliendo desde que empecé a hacerlas estando en Paraguay hasta ahora.

Pan de leche condensada

Toda receta que lleva un “leche condensada” por delante me llama irresistiblemente la atención. Por suerte tengo la suficient fuerza de voluntad para evitar lanzarme a hacerlas todas, porque entonces acabaría como una pelota.

Caí en la tentación en esta porque nunca había hecho ninguna receta en la que hubiese un proceso de amasado y levado, y tenía muchas ganas de intentarlo.

Pan de leche condensada

Ingredientes:

(Primero de nada decir que yo usé la mitad de todo lo que se dice aquí, porque con estas cantidades sale muchísima masa, y al ser la primera vez que hacía un pan, no quería arriesgarme. Con la mitad da para llenar un molde tipo cake de 10x30x8 cm, aprox. 1.7 litros de capacidad, y todavía sobra)

– 1 lata de leche condensada pequeña (la de La Lechera es de 370 g)

– 1 lata (usando la de leche condensada como medida) de leche normal

– 1/2 lata de aceite de oliva suave o girasol (yo usé de oliva suave)

– 50 g de levadura fresca (en el eroski venden packs de dos cubitos de 25 g c/u)

– 3 huevos

– 1 cucharada de esencia de vainilla

– 1kg de harina (aproximadamente, mejor tener de más por si acaso la masa la necesita)

– una pizca de sal (esto de la pizca es complicado de medir, a mí me salió algo soso)
Preparación:

Verter la leche condensada en el vaso de la batidora (al no usar toda la lata, yo usé una jarra medidora, media lata son aprox. 150 ml).

Añadir la leche (otros 150 ml), el aceite (75 ml aprox.), la levadura fresca (en mi caso 25 g, sólo uno de los dos cubitos), la esencia de vainilla (para media receta media cucharada) y la sal (yo eché aprox. 1/4 de cucharadita y me quedé corta, creo que habría hecho falta mínimo el doble), y los huevos (he aquí un problema, media receta sería 1 huevo y medio, lo que hice fue batir ligeramente uno de los huevos, reservar la mitad para pincelar luego la masa, y agregar la otra mitad más otro huevo a la jarra).

Batir bien hasta conseguir una mezcla homogénea.

Volcar la mezcla en un cuenco grande.

Ir añadiendo poco a poco la harina removiendo con una cuchara de madera mientras sea posible, y cuando sea difícil de manejar, pasar a amasar con las manos.

La masa estará lista cuando tenga consistencia elástica pero no se pegue a los dedos (*).

Formar una bola, untar otro cuenco con una capa fina de aceite (del mismo tipo que hayamos usado en la masa), y colocar en él la masa.

Tapar el cuenco con film y dejar levar hasta que doble su volumen (**).

Una vez levada la masa, dividir en porciones según lo que tengamos previsto hacer con ella.

(En la receta original hacen una trenza, yo preferí hacer bollitos, algunos sin relleno, otros rellenos de Nutella y otros de mermelada).

Si se va a usar un molde, engrasar con una fina capa del mismo aceite que se utilizó en la masa (yo lo forré con papel de horno y pincelé este).

Si se va a rellenar, hacer un hoyo en la bola de masa, introducir una cucharadita de mermelada, Nutella u otra crema, y sellar.

Ir colocando los bollos en el molde hasta llenarlo (en mi caso la masa alcanzó para 14 bolas, pero en el molde sólo cupieron 12, así que con las otras dos hice una pequeña trenza, que coloqué sobre un trozo de papel de horno pincelado)

Dejar levar otra vez hasta que aumente de tamaño y mientras precalentar el horno a 180º C.

Una vez levado, pincelar con huevo batido (yo usé el que tenía reservado desde el principio).

Hornear a 180º C (el tiempo creo que depende de la forma que le hayamos dado a la masa, mi minitrenza en 20 minutos estaba, en la receta original dice que con 25 minutos basta, pero a mí, en este molde me hicieron falta 40 minutos hasta que estuvo hecho por dentro) (ojo con el horno, si se empieza a dorar demasiado pronto, tapar con una hoja de papel de aluminio para que no se queme).

Sacar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla (si usamos molde, mejor dejarlo unos 5 minutos en el molde antes de desmoldar y dejar enfriar en la rejilla).

El resultado es un pan dulce muy rico, con textura de brioche.

Consejos:

Para evitar problemas con los huevos yo siempre los casco uno por uno en una taza para comprobar que están bien, y que no va ningún trozo de cáscara.

(*) No es conveniente tener la harina justa ya que con esa cantidad puede que todavía se pegue, y hay que ir añadiendo un poco más, y amasar, y repetir hasta que ya no está pegajosa. Yo tenía sólo medio kg y tuve que ir corriendo a la panadería a por más.

(**) Este punto es una aventura, para levar la masa necesita calorcito, así que es conveniente que no haya corrientes de aire. Además el tiempo que hace falta no se puede estimar con facilidad, dependerá de la temperatura, de la masa… Total, que yo tuve que poner el cuenco pegado a un radiador, ir dándole vueltas, y aún así tardó más de hora y media en doblar el volumen.

Esta vez hice 4 bollos sin relleno, 4 con nutella y 4 con mermelada de frutos del bosque, pero creo que la próxima  vez lo voy a hacer todo relleno, resulta mucho más jugoso y encontrarte con ese sabor distinto dentro es una maravilla.

Fuente:

Esta receta, y la idea de rellenar con nutella y mermelada la saqué de un blog que conocí el año pasado, Kanela y Limón, que tiene unas recetas para chuparse los dedos, acompañadas de fotos fantásticas tanto del proceso como de los resultados. Esto de lograr hacer fotos mientras cocinas es algo que me maravilla de muchos blogs, porque yo me confieso totalmente incapaz, quizá me falta experiencia.