Pan de espinacas y semillas de calabaza (Juego de Blogueros 2.0)

Después de unos meses sin lograr participar, vuelvo al Juego de Blogueros con esta receta de pan de espinacas y semillas de calabaza con harina integral de trigo y centeno.

Este mes hubo empate entre las espinacas y la calabaza como ingrediente estrella para las propuestas del reto. Soy bastante fan de ambos ingredientes y tengo recetas publicadas tanto con espinacas como con calabaza (aunque veo que últimamente anda un poco ausente del blog, hay que ponerle remedio a eso).

Me planteé hacer un combo, pero al final me pilló el día 28 y yo casi sin tiempo, sin los dos ingredientes principales y, sobre todo, sin idea de qué hacer, así que cuando la receta de un pan VERDE apareció ante mis ojos… decidí añadirle pipas de calabaza y, en un giro inesperado e incluso un poco fraudulento, hacer un combo. Jajajajaja.

Después de esta parrafada, sólo deciros que el pan es verde como se ve en las fotos, es muy jugoso y estáis tardando en probarlo.

Al final del post os dejo la lista de participantes de este mes, para que veáis el mucho juego que se puede sacar a un mismo ingrediente. En este caso, a un par de ingredientes. 😉

Ingredientes:

  • 300 g de espinacas frescas
  • 200 ml de leche entera tibia
  • 25 g de levadura fresca de panadería
  • 100 – 150 gramos de harina de fuerza
  • 400 g de harina integral (en mi caso, trigo y centeno)
  • 3 – 5 g de sal fina
  • 100 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 100 g de semillas de calabaza
  • opcional: 15 g de semillas variadas y un poco de leche

Elaboración:

Separar un par de cucharadas de leche tibia y disolver en ella la levadura fresca de panadería.

Mientras la levadura va activándose, triturar las espinacas con la leche restante hasta obtener un puré fino.

Mezclar 100 g de harina de fuerza con la harina integral y la sal y formar un volcán dentro de un cuenco amplio.

Volcar en el hueco el puré de espinacas, el aceite y la levadura disuelta.

Mezclar bien para integrar todos los ingredientes.

Añadir las semillas de calabaza y seguir removiendo unos 5-7 minutos. La masa irá pasando de pastosa a elástica. Lo ideal es hacer esto con las varillas de amasado de la batidora, pero la nuestra es heredada y en algún momento se extraviaron, así que yo lo hago con un tenedor y un poco de brazo. 😉

Espolvorear harina de fuerza en una superficie de trabajo y volcar la masa.

Amasar durante otros 5-7 minutos, añadiendo más harina de fuerza si es necesario, hasta obtener una bola de masa suave y elástica (yo añadí unos 30 g de harina más en este proceso).

Colocar la bola de masa en un cuenco amplio, tapar con un paño limpio y dejar levar hasta que doble su volumen, unos 45-60 minutos.

Pasado este tiempo, untar con un poco de aceite de oliva el interior de un molde rectangular.

Desgasificar ligeramente la masa, formar un tubo de la longitud del molde, meterlo dentro y dejar levar por segunda vez, tapado con un paño limpio, durante unos 15-20 minutos.

Precalentar el horno a 250 ºC.

Untar la superficie con un poco de leche, espolvorear la mezcla de semillas y practicar un corte a lo largo de más o menos 1 cm de profundidad (yo me olvidé de este último detalle, jajajja).

Bajar la temperatura del horno a 200 ºC, calor arriba y abajo.

Introducir el molde en la altura más baja que permita el horno y pulverizar un poco de agua en la base y las paredes para crear vapor.

Hornear 25 minutos a esa temperatura, abrir, pulverizar un poco de agua más y continuar otros 10-15 minutos de horneado.

El pan está listo cuando la corteza está dorada y al golpear la superficie con los nudillos suena a hueco.

Retirar del horno, esperar 10 minutos y desmoldar, dejando enfriar el pan sobre una rejilla.

Una vez frío, ya se puede cortar sin problemas.

¡Espero que os animéis a hacer pan verde!

Notas:

En lugar de semillas de calabaza, se pueden usar nueces, semillas de girasol o alguna mezcla que os guste.

Para hacer pan vegano, simplemente hay que sustituir la leche por bebida vegetal o incluso agua.

Los 400 g de harina integral se pueden usar íntegros de la misma harina, o experimentar con distintas proporciones de varias. En mi caso usé 200 g de harina de trigo integral molida a la piedra y otros 200 g de harina de centeno integral.

Yo suelo mezclar los ingredientes en un cuenco antes de amasar por comodidad, así la masa se pega menos a la tabla y es más controlable, pero se puede hacer directamente en la superficie de trabajo. En este caso, las varillas de amasado no sirven a no ser que queráis montar la fiesta de la masa verde que invade vuestras cocinas.

Si tenéis panificadora, en la sección “fuente” tenéis la receta que usé como base y que explica todo el proceso para hacerlo con esa máquina celestial que necesito en mi vida. Creo que también se puede hacer pan en thermomix, pero ni idea de cómo.

Me imagino que en lugar de hacerlo tipo “pan de molde”, se podría cocer en forma de hogaza o barra, sería cuestión de probar y manejar los tiempos.

En lugar de pulverizar agua, en algunos otros panes he probado a poner un recipiente con agua apoyado en la base del horno o si cabe, en la misma rejilla. Que sea apto para horno, eso sí. 😉

Está buenísimo solo, con aceite de oliva, con mantequilla, con queso brie y confitura de pimientos asados, con salchichón ibérico… Riquísimo siempre.

Si queréis, se puede congelar. En ese caso, os recomiendo cortarlo en rebanadas, así podéis descongelarlo más rápido, por ejemplo, directamente en la tostadora. Tostado está delicioso también.

Fuente:

Cuando encontré esta receta, no me pude resistir a probarla a pesar de no tener panificadora (echadle un vistazo si tenéis ese aparato maravilloso). Dispuesta a todo, en un arranque de arrojo y valentía, improvisé una elaboración manual a partir de lo que recordaba de las instrucciones de un paquete de harina para pan que compré hace poco en Lidl, tomando prestados detalles del horneado de esta otra receta. El resultado, MAGNÍFICO.

Participantes:

Elvira: Calabaza con cebolla
Carabiru: Pan de espinacas y semillas de calabaza
Fe: Crema de calabaza y leche de coco
Mónica: Tosta de pesto de calabaza con espinacas
Maribel: Crepes de espinacas, setas y ricota
Natalia: Msemen de espinacas, hojas de col y parmesano
Maryjose: Creps de espinacas y langostinos
Sara: Bizcocho esponjoso de calabaza y almendras

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Gofres belgas

La receta que comparto con vosotros hoy se convirtió en un clásico instantáneo en los desayunos de fin de semana de esta casa desde la primera vez que la preparamos, gofres belgas. Sólo el nombre ya me hace la boca agua.

A la gente le extraña un poco que usemos TANTO la gofrera, pero es que los gofres están demasiado buenos y son demasiado fáciles de hacer, por eso hemos probado un montón de recetas. De largo (muy largo) esta es nuestra favorita y la que más hemos preparado.

Gofres belgas caseros

Al llevar levadura de panadería, la textura y el sabor de la masa son completamente distintos de los gofres que he probado hasta el momento, esponjosos pero más densos, más… tradicionales.

Aunque lo que marca verdaderamente la diferencia es el azúcar perlado, que le da ese toquecillo crujiente. Yo lo compro en El horno de Babette, porque casualmente una de sus panaderías está cerca de la casa de una amiga, pero he visto que en otras tiendas online también tienen. Alguna vez me he venido arriba y he pensado en hacerlo casero, porque la sequedad ambiental de Madrid facilitaría el proceso, pero nunca he pasado de planearlo, jajajaja.

azúcar perlado

Es el momento de confesar que la receta lleva fotografiada y esperando ver la luz dos añazos (shame on me). No la publiqué en aquel momento porque las fotos finales no me convencían y pensé en repetirlas en otra ocasión que los preparase. La realidad es que aunque sólo quería repetir las de los gofres ya hechos, cada vez (CADA VEZ) que los hemos preparado desde entonces, los hemos devorado sin mirar atrás y sin darme tiempo a pensar en fotos ni en fotas. Así que he pensado que ya me vale, y las voy a publicar tal cual.

Ingredientes (para 8 gofres grandes):

  • 125 g de harina de fuerza
  • 45 ml de leche entera tibia
  • 12 g de levadura fresca
  • 1 huevo pequeño
  • 1/2 cucharada de azúcar
  • 1/2 cucharadita de extracto de vainilla
  • 1/4 cucharadita de sal fina
  • 65 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 40 – 75 g de azúcar perlado
Ingredientes para gofres belgas
(Yo suelo hacer media receta, como veis en la foto y salen 4 gofres grandes)

Elaboración:

Disolver la levadura de panadería en leche tibia, añadir la cucharada de azúcar y dejar reposar unos minutos.

Mezclar la harina con la sal, formar un volcán y verter dentro la mezcla de leche y levadura, los huevos y el extracto de vainilla.

Mezclar bien hasta obtener una masa uniforme, blanda y pegajosa. No hace falta amasar, sólo integrar los ingredientes.

Masa gofres belgas

Colocar la masa en un cuenco, tapar con un paño y dejar reposar hasta que doble su volumen, entre 30 y 45 minutos. (*)(**)

Masa levada gofres belgas

Una vez levada la masa, desgasificarla amasándola ligeramente.

Añadir la mantequilla troceada poco a poco, integrándola antes de añadir más.

Masa gofres belgas

Agregar por último el azúcar perlado (***), amasando un poco para repartirlo homogéneamente en la masa.

Masa gofres belgas con azúcar perlado
Masa gofres belgas

Untar la gofrera con aceite o mantequilla y precalentar.

Poner la masa en la plancha caliente de la gofrera y cerrar apretando para que se extienda.

Seguir las instrucciones del fabricante (y vuestra propia experiencia con el aparato) para hacer los gofres. El tiempo variará según los queráis más o menos dorados, pero calculad unos 5-7 minutos por gofre (****).

Dejar sobre una rejilla mientras se van haciendo el resto.

Gofres belgas caseros

¡Si tenéis gofrera, estáis tardando en sacarla para hacer esta receta!

Notas:

(*) El reposo de la masa es necesario porque la levadura de panadería necesita un tiempo para actuar. El levado debe hacerse tapado para que no tenga diferencias de temperatura ni le afecten las corrientes de aire. El tiempo dependerá de la temperatura ambiente principalmente.

(**)Si no sois de los que se levantan con energías y pasáis de madrugar un poco más para hacer unos gofres, le puede hacer un levado lento de la masa dejándola tapada con film y un paño y toda la noche en la nevera. Por la mañana sólo habrá que desgasificarla y añadir la mantequilla y el azúcar perlado.

(***) En cuanto al azúcar perlado, yo suelo poner 40 gramos, aunque en alguna ocasión he puesto 30 o 50. Cuando los hice la primera vez y pesé los 75 g que sugería la receta, me pareció una barbaridad y nunca le he puesto tanto.
Al ser menos azucarados, van muy bien con cosas dulces (mermelada, nata, sirope, helado…) pero también con saladas (nosotros solemos hacerlos con panceta, champiñones, cebolla y tomate a la plancha).

(****) En mi gofrera (una Tristar wf-2118 que me regalaron hace un montón de años Etringita y JAnt) suelo usar la velocidad 4 de las 5 que tiene.
La cantidad de masa por tanda también depende del modelo, yo coloco como 2 cucharadas colmadas de masa en el centro (un poquito hacia atrás) y bajo la tapa apretando para que se reparta por todo, al cocerse la propia masa levanta la tapa. Con práctica se acaba sabiendo cuánta masa es la más adecuada y cuánto tarda en hacerse según os gusten más o menos dorados.
El número de gofres también variará, yo suelo sacar 4 o 5 gofres con los ingredientes que os pongo arriba.

Si sobran se pueden guardar en la nevera envueltos en film transparente o congelarlos para otro día. Si los congélais, una vez descongelados, dadles un calentón en una sartén o plancha.

Fuente:

Cuando copié a mi libreta esta receta, olvidé apuntar el blog del que la había sacado. Cambié algunas cantidades, pero me da un montón de rabia no poder agradecer apropiadamente a la persona que la trajo a mi vida.

Gachas de avena

Después de la Semana Santa y sus torrijas, su leche frita, sus buñuelos, sus pestiños… os traigo una propuesta de desayuno sano y nutritivo, gachas de avena, lo que los anglosajones llaman porridge.

Gachas de avena (6)

Las gachas son muy versátiles y fáciles de preparar, ya sea con leche, bebida vegetal o incluso agua. El endulzado es opcional y también hay distintas variantes: azúcar, panela, compota de frutas, dátiles, miel o siropes.

En esta casa somos… bueno, especialmente yo… muy fans de los desayunos y nos encanta experimentar y probar cosas nuevas. No sé a vosotros, a mí me aburre desayunar siempre lo mismo, así que las recetas que me ofrecen multitud de opciones tienen toda mi aprobación.

Ingredientes (para 1 cuenco):

Gachas base:

  • 3/4 de taza de leche o bebida vegetal (unos 180-200 ml)
  • 1/4 de taza de copos de avena (30 g)
  • 1 cucharadita de sirope o miel (opcional)
  • 2 cucharaditas de hebras de té (opcional)

Gachas de avena (1)

Sugerencia para completar el cuenco:

  • 3 orejones de albaricoque
  • 1/2 plátano
  • 10 almendras enteras, o una cucharada de almendras picadas
  • 1 cucharada de granos de granada

Gachas de avena (2)

Elaboración:

Calentar la leche a fuego fuerte (*), cuando esté a punto de hervir, bajar a fuego medio y añadir los copos de avena. Remover bien para que se empapen, tapar el cazo y dejar cocer, sin llegar a hervir, hasta que la avena esté cocinada. Dependiendo del tipo de avena que uséis y, sobre todo, de la consistencia que os guste, serán entre 10 y 15 minutos.

Gachas de avena (4)

Mientras se cocinan podéis cortar el resto de ingredientes, en pedazos más o menos grandes, según preferencias (**).

Colocar las gachas de avena en un cuenco amplio y añadir la fruta y frutos secos al gusto. También se puede añadir un poquito de sirope o miel si os parece que le falta dulce. Yo suelo añadir el edulcorante al final porque a veces, entre el azúcar de la bebida vegetal y el dulzor de las frutas, no es necesario ni conveniente añadir más.

Gachas de avena (7)

¡A desayunar y tener un buen día!

Notas:

Aunque la preparación es extra-fácil y rápida, si sois de los que apura el tiempo en la cama por las mañanas, u os levantáis con pocas ganas de cocinar a esas horas, podéis dejar la avena hidratándose en la leche toda la noche en la nevera (lo que en inglés se llama “overnight oats”, o avena de la noche a la mañana, jajaja) y pegarle un calentón al fuego o en el microondas, y listo. Si os gustan frías, ni eso hace falta, sólo remover un poco y añadir los ingredientes extra.

Y si vais de cabeza y necesitáis optimizar el esfuerzo, haced para varios desayunos y guardadla en un recipiente hermético en la nevera. La base preparada de las gachas de avena se puede conservar dos o tres días.

(*) El día que me puse a documentar la receta me apetecía darle una vuelta de tuerca más, así que aromaticé la leche con té (ya sabéis que me encanta experimentar con tés e infusiones). Si os apetece probar, sólo hay que calentar la leche, añadir el té y dejar infundir el tiempo indicado en el paquete, filtrar y continuar con la receta. Otra opción es hacerlo en frío, dejando el té en la leche toda la noche en la nevera.

Gachas de avena (3)

(**) Los ingredientes para completar la base son al gusto y ahí hay todo un mundo. En la receta he puesto lo que tenía en casa en ese momento que combinaba bien, pero podéis (y debéis) experimentar. Los cuencos de gachas admiten frutos secos, fruta fresca, chocolate, semillas, especias, granola, compotas e incluso yogur o queso fresco batido.

Mi recomendación es ir tirando de frutas de temporada, así nunca os parecerá que estáis desayunando lo mismo. Además las frutas de temporada suelen estar más dulces y así podéis prescindir de edulcorantes extra.

Gachas de avena (5)

Fuente:

En casa preparamos gachas desde hace bastante tiempo y, aunque en general las hacemos a sentimiento, las proporciones suelen ser las que pongo en la receta y a las que llegué más o menos a ojo.

Leche frita

A punto de entrar en la Semana Santa, os propongo la receta de un postre tradicional de estas fechas, la leche frita. ¿Habéis probado a hacerla alguna vez? Yo me animé el año pasado, aunque llevaba años pensando en intentarlo, y me gustó tanto que repetí. No voy a decir que sea una receta fácil, tampoco muy difícil pero sí que lleva su tiempo y requiere de atención. A cambio del esfuerzo, el resultado está tan bueno que vale la pena ponerse a los fogones.

Leche frita 09

Por cierto, como veréis en la lista de ingredientes, es una receta sin gluten, esto fue decisivo a la hora de lanzarme a cumplir el propósito de hacer leche frita, ya que era el postre para una comida donde había una celíaca. Me queda pendiente saber si el resultado es satisfactorio con alguna bebida vegetal para hacerla apta para intolerantes a la lactosa, ¿habéis probado? ¿me recomendáis alguna en concreto?

Ingredientes (para 4 o 5 raciones)(*):

  • 400 ml de leche entera
  • 35 g de maicena
  • 75 g de azúcar
  • la cáscara de un limón (sin lo blanco)
  • 1 ramita de canela

Para el rebozado:

  • maicena
  • 1 huevo
  • aceite de girasol
  • azúcar, canela y ralladura de limón (opcional)

Leche frita 01

Elaboración:

Pelar el limón de forma que en la piel no quede parte blanca, que podría dar sabor amargo a la leche frita.

Separar 300 ml de leche y ponerla en una olla. Reservar los 100 ml restantes en la nevera.

Añadir a la olla el azúcar y las peladuras de limón junto con la ramita de canela.

Llevar a ebullición a fuego medio. Una vez rompa a hervir, apartar del fuego, tapar la olla y dejar reposar 5 o 6 minutos.

Mientras, desleír la maicena en la leche fría que habíamos reservado.

Leche frita 02

Filtrar la leche aromatizada y devolverla a la olla. Añadir la mezcla de leche y maicena, remover bien y calentar a fuego suave.

Ésta es la parte en la que hay que trabajar. Para obtener una leche frita memorable, el método es mantener el fuego suave y no dejar de remover la mezcla mientras se cuece y va espesando. Así evitamos que se pegue, lo que arruinaría el sabor, o que la harina quede cruda, que también es un fracaso. Este calentar y remover nos llevará unos 20 minutos.

Una vez la crema de leche haya espesado, volcar en un recipiente rectangular. Para que no se pegue a las paredes del molde o bandeja, podemos untarlas con un poquito de aceite de girasol (para no añadir sabor), pero no es indispensable.

Leche frita 03

Lo siguiente a evitar es la costra que se forma al enfriar, así que hay que cubrir el recipiente con film transparente pegándolo a la superficie de la crema. Dejar enfriar un mínimo de 4 horas en la nevera para que “cuaje”, aunque es mejor de un día para otro.

Leche frita 04

Una vez haya endurecido, cortar la crema en 8 o 10 porciones rectangulares, rebozar en maicena, después en huevo y freír en abundante aceite de girasol bien caliente, primero por un lado y después por el otro.

Leche frita 05

Leche frita 06

La leche frita está lista cuando el exterior está dorado.

Dejar escurrir sobre papel de cocina y, por último, rebozar en una mezcla de azúcar y canela molida al gusto.

Leche frita 07

La leche frita se puede comer recién hecha, templada o fría.

Rallar un poquito de piel de limón por encima a la hora de servir hace que suba un escalón en deliciosidad. 😉

Leche frita 10

Si la hacéis tal como os he indicado, el resultado será cremoso en el interior, ligeramente crujiente en el exterior, y delicioso en toda su sección.

¿Os atrevéis a prepararla? ¡Os aseguro que no os arrepentiréis!

Notas:

(*)Yo hice el doble de esta receta todas las veces que la he preparado. Después de hacer las fotos, me di cuenta de que el trabajo que me iba a dar, no era proporcional a la cantidad de ricochura que iba a conseguir, así que doblé las cantidades.

Doblé la receta y después también hice porciones más pequeñas, en total 16, para que fuesen fáciles de comer con las manos sin necesidad de cubiertos (es que está de chuparse los dedos, oiga, jajajaja).

Si ya sabéis hacer leche frita y queréis darle un toque diferente os sugiero probar con té. Yo elaboré la receta tradicional, pero también una versión aromatizada con una mezcla de té blanco y verde que llevaba naranja, hierba limón y canela, y el resultado fue más que satisfactorio. El procedimiento es el mismo, llevamos a ebullición la leche y al apartarla añadimos una o dos cucharadas de hebras del té que hayamos elegido y dejamos que infunda los minutos que indique el paquete. Después se filtra y se sigue con la receta. La canela y la cáscara de limón tradicional podéis ponerla o no según como veais que combina con el té. En mi caso, como ya llevaba canela, sólo puse piel de limón.

Ambas estaban de rechupete, no hay que tener miedo a versionar los clásicos. 😉

Leche frita 08

Fuente:

Me basé en esta receta de directo al paladar porque me gustó eso de “trucos para que te salga bien”, jajajajaja.

Hamantaschen de mermelada

Si este año una receta me puso a prueba, esa fue la de los Hamantaschen. Madre mía, qué cúmulo de catastróficas desdichas cocineriles…

Hamantaschen (13)

La primera vez que preparé este dulce asquenazí, me salió una única galleta gigante que cubría toda (y cuando digo toda, quiero decir TODA) la bandeja del horno. Al revisar el proceso, me di cuenta de que había puesto la mitad de todos los ingredientes indicados… excepto la mantequilla. ¿Y qué pasa cuando pones el doble de la mantequilla necesaria? Pues que consigues una única galleta gigante. Nos la comimos, claro. Aquello era una bomba, una gochada… pero sabía bien, la mantequilla es lo que tiene.

La segunda vez presté atención, puse las cantidades correctas… y volví a conseguir una única galleta gigante, aunque eso sí, más definida. ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ?

Esto ya era algo personal. Esas galletas no iban a poder conmigo. Era una cuestión de orgullo. Así que investigué, comparé recetas fijándome especialmente en las proporciones de harina y mantequilla, y finalmente encontré una receta que tenía toda la pinta de salir bien. Y tanto que salió bien. Perfectamente. Una galleta firme pero tierna, con la forma bien definida, crujiente por fuera y jugosa por dentro. LA PERFECCIÓN. Salieron tan bien que estoy deseando poder probar con otros rellenos.

Y lo más importante ¡RECUPERÉ MI ORGULLO! ¿Acaso iba a permitir que unas galletas rellenas me ganasen? ¡NO!

Hamantaschen (12)

Jajajaja. Sin más, procedo a contaros la receta buena para conseguir unas galletas rellenas espectaculares.

Ingredientes (para 20 galletas):

  • 150 g de mantequilla (también sirve margarina)
  • 110 g de azúcar
  • 1 huevo mediano
  • 1 cucharada de leche (15 ml)
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla (5 ml)
  • ralladura de la piel de un limón
  • 300-360 gramos de harina
  • 1 cucharadita de impulsor químico
  • 1/4 de cucharadita de sal fina
  • azúcar glas (opcional)
  • mermelada

Hamantaschen (1)

Elaboración:

Cortar en dados la mantequilla y dejar que se ablande a temperatura ambiente en un cuenco amplio (se puede ablandar en el microondas, en tandas de 10-15 segundos a potencia baja, sin dejar que se llegue a licuar, la queremos con textura de pomada).

Añadir el azúcar y batir con las varillas hasta tener una crema suave (a mano o a máquina, según estéis de ganas).

Incorporar la leche, la esencia de vainilla, la ralladura de limón y el huevo y seguir batiendo hasta que se integren bien. (*)

Hamantaschen (3)

Mezclar la harina con la sal y el impulsor y tamizar en tandas sobre la crema de mantequilla. Hay que remover bien con un tenedor y no añadir más harina hasta que la masa haya absorbido la anterior.(**)

Hamantaschen (4)

Tapar con film y dejar reposar al menos 2 horas (si vais con prisa puede bastar una). Lo ideal es preparar la masa por la noche y dejar el resto del proceso para el día siguiente.

Hamantaschen (5)

Precalentar el horno a 190 ºC.

Dividir la masa en 3 o 4 bolas y estirar cada una con el rodillo hasta tener una plancha de unos 3 mm de espesor. Espolvorear con harina o azúcar glas para que la masa no se pegue a la superficie de trabajo o al rodillo. Cortar círculos de masa con un cortapastas o un vaso, de entre 6 y 8 cm de diámetro. Juntar los recortes y repetir el proceso hasta que no quede masa.

Hamantaschen (6)

Humedecer el borde de cada círculo con un dedo mojado en agua para facilitar la unión en las dobleces de la masa.

Colocar en el centro una cucharadita de mermelada y cerrar formando un triángulo. Se puede empezar pellizcando primero en un punto y después los otros dos a la vez (en la foto se ve lo que intento explicar).

Hamantaschen (7)

Cubrir una bandeja de horno con papel de hornear o una lámina de teflón. También funciona engrasar con mantequilla y espolvorear con un poquito de harina.

Colocar las galletas dejando un poco de margen entre ellas.

Hamantaschen (8)

Hornear a 190 ºC, con calor arriba y abajo y sin ventilador, unos 10 – 14 minutos, hasta que empiecen a dorarse (en mi caso fueron 12 minutos, pero dependerá del horno).

Hamantaschen (10)

Retirar del horno, dejar enfriar sobre una rejilla… ¡y a devorar galletas! No, es broma, es mejor que las comáis despacito para disfrutarlas en toda su ricochura. 😉

Notas:

A mí me salieron 20 hamantaschen con un cortador de 8 cm de diámetro, la cantidad variará si usáis cortadores más o menos grandes.

Hay distintas recetas para la masa, unas usan aceite, otras (como la que yo he usado) mantequilla, pero también se puede usar queso crema (eso tengo que probarlo).

El relleno tradicional parece ser que era de semillas de amapola, pero se hacen también con frutos secos, mermeladas, dulce de leche, crema de cacao, frutos rojos… e incluso queso y rellenos salados.

Hamantaschen (15)

(*) Es preferible que la leche y el huevo estén a temperatura ambiente al añadirlos a la crema de mantequilla, para que no la endurezcan la mantequilla y sea más fácil homogeneizar la mezcla.

(**) La cantidad de harina necesaria variará dependiendo de varios factores, entre ellos la temperatura ambiente y la calidad de la harina. Yo empecé con 300 g y al final añadí 20 g más hasta que la masa no se pegaba a las manos y se podía formar una bola.

Hamantaschen (14)

Fuente:

Después de un par de fiascos, al final la receta que funcionó (¡aleluya!) fue ésta.