Granola casera con té matcha

No sé vosotros, yo no puedo salir de casa sin desayunar algo. Si no hay prisas, esa primera comida del día me gusta que sea variada y tomármela sin prisas. Como tampoco me gusta madrugar en exceso, las opciones de desayuno durante la semana se resienten un poco, pero con algo de previsión y ganas, se pueden hacer maravillas. En el lado de la previsión sin demasiado esfuerzo estarían los mueslis y granolas caseros, que es lo que os traigo hoy.

Es cierto que hay multitud de cereales, mueslis y galletas en el mercado, pero si te pones a ver las tablas nutricionales, se te cae un poco el alma a los pies, ya que en general tienen muchísimo azúcar y pecan bastante de un alto contenido de grasas saturadas. No es que por hacerlos en casa vayan a ser más sanos (y no hay más que ver la lista de recetas del blog para darse cuenta de que estoy bastante lejos de ser una integrista antigochadas), pero sí que ayuda a ser consciente de las cantidades de azúcar y grasas que comes, y a reducirlas llegado el caso.

Otro punto a favor de hacerte tu propia granola en casa, es que puedes eliminar los ingredientes que menos te gusten (en serio, fabricantes de mueslis, NO hacen falta tantas uvas pasas, hay todo un mundo de frutas deshidratadas que probar), aumentar las de aquellos por los que te vuelvas loco, y probar nuevas mezclas que en los comerciales no hay.

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Esta granola es una receta sin lácteos y si sois veganos no hace falta más que utilizar sirope en lugar de miel para adaptarla.

Al leer los ingredientes os encontraréis con “pumpkin pie spice”. Si habéis visto series americanas, seguramente os suene la tarta de calabaza que suele aparecer en el imprescindible capítulo de Acción de Gracias, pues bien, esta mezcla de especias, además de para esa tarta, también se utiliza para aromatizar galletas, batidos y otras elaboraciones. Aunque en España no es habitual, es fácil de replicar, sólo hay que mezclar las especias que os indico más abajo en las proporciones adecuadas. Como se suele usar en pequeñas cantidades, es mejor hacer bastante y guardarla en un botecito.

Para darle un puntillo exótico he utilizado matcha especial para cocinar pero, aunque creo que por el sabor que aporta merece mucho la pena añadirlo, se puede eliminar sin mayor problema.

Ingredientes (para 700 g de granola):

    • 200 g de copos de avena
    • 100 g de almendras crudas
    • 75 g de cacahuetes crudos pelados
    • 75 g de nueces pecanas
    • 60 g de semillas de calabaza crudas peladas
    • 1 cucharada de semillas de chía
    • 25 g de copos de coco
    • 1/2 cucharadita de “pumpkin pie spice”
    • 100 ml de aceite de girasol
    • 125 ml de miel o sirope de arroz, arce…
    • 1 cucharadita de extracto de vainilla
    • 1/4 cucharadita de sal
    • opcional: 1 cucharada y media de té matcha (o un poco más)

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Mezcla de especias “pumpkin pie spice”:

  • 1 cucharada de canela molida
  • 2 cucharaditas de jengibre en polvo
  • 1/2 cucharadita de clavo molido
  • 1/2 cucharadita de nuez moscada molida
  • 1/2 cucharadita de pimienta de Jamaica molida (yo no tenía, así que no lleva)

Elaboración:

Trocear un poco las almendras (yo las usé con piel pero pueden ser peladas), los cacahuetes y las nueces pecanas.

En un cuenco grande, mezclar bien la avena con los frutos secos, las semillas de calabaza y chía, los copos de coco y las especias.

Añadir el aceite de girasol, la miel y el extracto de vainilla y remover con una cuchara o espátula para integrarlo todo. La mezcla tiene que ser húmeda y mantener cierta consistencia. Si se desmiga porque está demasiado seca se puede añadir de cucharada en cucharada algo más de aceite de girasol y agua fría (pero sin pasarse).

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Espolvorear la sal y tamizar el té matcha sobre la mezcla. Revolver hasta que se reparta bien y se combine con el resto de ingredientes.

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Precalentar el horno a 150 ºC.

Cubrir con papel de hornear una bandeja del horno y extender la mezcla sobre ella lo más uniformemente posible, cuanto más grosor tenga la capa, más tardará en hacerse y corremos el riesgo de que parte no se quede crujiente y parte se queme. Por eso si vamos a hacer mucha cantidad, lo mejor es hacerlo en varias tandas (Las cantidades que os he propuesto vienen perfectas para una bandeja).

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Hornear a 150 ºC durante 15 minutos a media altura.

Retirar del horno, darle la vuelta con una espátula o espumadera, para que se haga por el otro lado, y hornear otros 15 minutos más, hasta que empiece a estar dorado.

Sacar del horno, desmenuzar y dejar templar sobre la bandeja.

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Una vez fría, envasar en un recipiente hermético (yo usé frascos de cristal, pero valen también de plástico o metálicos) para que se mantenga crujiente.

La granola se puede tomar como tentempié, como desayuno o merienda, sola, con leche o bebida vegetal, con yogur… Y, aunque no lo he probado, creo que también quedaría bien como decoración crujiente para una bola de helado.

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¡Ya me diréis si os gusta!

Notas:

¿No tenéis chía? No pasa nada, se puede cambiar por la misma cantidad de semillas de lino, o de sésamo. O prescindir de ella.

La avena que venden en mi súper es desmenuzada, pero creo que quedaría mejor con avena entera, la granola tendría más cuerpo.

En cuanto a la cantidad de matcha: con cucharada y media el sabor es tirando a suave, para un sabor más intenso habrá añadir al menos media cucharada extra, quizá más.

Opcional: todavía caliente, espolvorear un par de cucharaditas de té matcha para un plus de sabor.

También se puede añadir más matcha una vez vayamos a consumirlo, nunca es tarde para el matcha. ¡MATCHA PARA TODOS!

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Fuente:

La receta base la tomé de aquí, pero luego empecé a hacer cambios, principalmente en la cantidad de avena, ya que no quería hacer un tentempié sino algo más cercano a unos cereales de desayuno. Al tener más avena, hizo falta más cantidad de líquido para aglutinarlo todo… y así hasta acabar en la receta que he publicado.

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Barritas de avena, frutos secos y chocolate

Septiembre siempre me ha parecido más inicio de ciclo que enero, seguramente por aquello de empezar un curso nuevo, nuevos libros, retos… ¡hasta los coleccionables vuelven con fuerza renovada tras las vacaciones!

La receta que os traigo hoy quizá no cure la depresión postvacacional, pero al menos os endulzará un poco la vuelta a la rutina y os cargará las pilas a cada bocado, es lo que se espera de las barritas energéticas ¿no?

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Pues eso, ¡marchando una barrita de avena, frutos secos y chocolate negro! A mí me gustan especialmente como tentempié con un vaso de leche fría, pero si añadís al pack algo de fruta tenéis un desayuno perfecto para empezar el día con el depósito de energía al máximo.

Ingredientes (para 16 barritas):

  • 200 g de copos de avena
  • 25 g de coco rallado
  • 120 g de aceite de girasol
  • 40 g de azúcar moreno
  • 75 ml de sirope de arroz o miel
  • 80 g de nueces
  • 40 g de avellanas
  • 40 g de almendras peladas crudas
  • 80 g de chocolate negro

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Elaboración:

Mezclar la avena con el coco rallado en un cuenco.

Picar en trozos grandes los frutos secos y añadir el chocolate troceado más bien grueso (también sirven perlas de chocolate).

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Untar con aceite de girasol un molde rectangular (el mío es de 22×28 cm, que me pareció perfecto para estas cantidades, si lo vais a hacer directamente en la bandeja de horno quizá tengáis que duplicar la receta). Forrar con papel de hornear si el molde o bandeja no es antiadherente.

Precalentar el horno a 180 ºC.

Mezclar en una olla el azúcar moreno con el aceite y la miel. Calentar a fuego suave removiendo con unas varillas hasta que el azúcar se disuelva.

Apartar del fuego e incorporar la avena con coco removiendo bien hasta tener una mezcla homogénea.

Agregar los frutos secos y el chocolate y remover hasta distribuirlos uniformemente por toda la masa.

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Volcar la mezcla en el molde o bandeja y alisar la superficie compactando la masa con una cuchara o espátula.

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Hornear a 180 ºC a media altura hasta que esté dorado, de 20 a 25 minutos (el tiempo dependerá del grosor de la masa).

Sacar del horno y marcar las divisiones entre barritas con la parte roma de la hoja de un cuchillo, sin llegar a cortar (las mías son de unos 3×11 cm, en mi molde salieron 16 barritas, 8 a lo largo y 2 a lo ancho).

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Dejar enfriar, desmoldar sobre una tabla de corte o encimera y cortar las barritas presionando un cuchillo en las marcas.

Guardar en un recipiente hermético y consumir cuando veamos que los niveles de energía decaen.

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Notas:

Utilizando sirope de arroz y un chocolate que no contenga leche, es una receta apta para veganos.

Añadiendo el chocolate a la mezcla antes de volcarla en el molde, éste se derrite un poco. Si preferís que haya trozos grandes en las barritas hay que incorporar el chocolate una vez volcada la mezcla en la bandeja, repartiéndolo por toda la superficie justo antes de empezar a compactar la masa.

Cuanto más tiempo de horneado, más crujientes son las barritas, pero cuidado ya que se pueden quemar. De hecho, si miráis las fotos, las mías se pasaron un poco en los bordes.

Al cortar las barritas, quedan algunas migas que podéis utilizar a modo de muesli para poner en el yogur o.. atentos… como decoración crujiente para helados (recomendadísimo con helado de vainilla).

Como detalle decorativo extra, que además evita un poco el pringue del aceite al manipular las barritas, se pueden envolver en papel de hornear sujeto con un poco de hilo de esparto.

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Fuente:

La receta es fruto del popurri entre varias que vi que no me convencían del todo. Al final, bastante a sentimiento, acabé reduciendo la cantidad de azúcar, empleando aceite de girasol en vez de la mantequilla que indicaban en casi todas y alterando las proporciones de los frutos secos.

Alfajores de maicena

Aunque es Argentina la que se lleva la fama de los alfajores rellenos de dulce de leche, lo cierto es que en Paraguay, igual que en otros países latinoamericanos, también son un postre muy tradicional que te puedes encontrar en cualquier confitería o supermercado.

Los primeros días aquí en la bandeja del desayuno del hotel siempre había una o dos tarrinas pequeñitas de dulce de leche a las que me hice verdaderamente adicta. Haciendo gala de una fuerza de voluntad sobrehumana conseguí aguantar los dos meses que llevamos con casa propia sin comprarlo, pero cuando el otro día me vi babeando ante una bandeja de alfajores en el supermercado decidí que era hora de probar a hacerlos yo misma. Y comprar dulce de leche, claro, pero para hacer la receta, no para comérmelo a cucharadas. De verdad.

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Me daba miedo que las galletas saliesen quebradizas pero quedaron en su punto, nada secas, muy esponjosas, con un sabor riquísimo y se deshacían en la boca. Estaban tan buenas que aunque había comprado un dulce de leche del montón, tras probarlas fui a comprar un bote de Havanna.

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Ingredientes (para 20 alfajores de 5 cm):

– 100 g de mantequilla

– 200 g de azúcar glas

– 2 huevos (usaremos 1 y medio)

– 2 yemas

– 1 cucharadita de ralladura de limón

– 1 cucharadita de esencia de vainilla

– 200 g de maicena (harina de fécula de maíz)

– 100 g de harina de trigo

– 1/2 cucharadita de levadura química

– 1/4 cucharadita de sal fina

Relleno:

– 200 g de dulce de leche

– 50 g de coco rallado

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Preparación:

Trocear la mantequilla y ablandarla poniéndola unos segundos en el microondas hasta que tenga textura pomada (si hace calor, con dejarla que se ponga a temperatura ambiente fuera del frigorífico un rato será suficiente, yo lo prefiero porque pasarse de tiempo en el microondas es bastante fácil si no lo tienes controlado).

En un cuenco grande mezclar bien el azúcar glas y la mantequilla con un tenedor hasta obtener una crema uniforme y sin grumos(si no tenéis azúcar glas podéis triturar azúcar normal con la batidora, lo importante es que no queden granos demasiado grandes ya que luego se notarán en la textura de la galleta).

Añadir a la crema la yema, el huevo y el medio huevo de uno en uno, integrándolo bien antes de añadir el siguiente (para el medio huevo yo batí ligeramente uno, medí cuantas cucharadas eran, en mi caso un poquito más de 3, y después añadí la mitad a la crema).

Por último agregar la ralladura de limón y la esencia de vainilla y mezclar bien con el tenedor o unas varillas.

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Mezclar la harina con la maicena, la sal y la levadura química en otro cuenco.

Tamizar la mezcla de harinas a pocos sobre la crema y mezclar con un tenedor o los dedos (yo tengo las manos muy calientes y por eso prefiero hacerlo con un tenedor), dejando que absorba la harina antes de agregar más, sin batir ni amasar. Iremos integrando toda la harina hasta obtener una masa blanda y homogénea que no se pegue demasiado a las manos.

Envolver la masa en film transparente y dejar reposar en la nevera una hora para que adquiera consistencia y sea más fácil de trabajar.

Enharinar abundantemente la superficie de trabajo para que no se pegue la masa al estirarla (como aquí hacía bastante calor y no tengo demasiadas herramientas, yo estiré la masa sobre una bolsa de plástico abierta enharinada).

Dividir la masa en 2 partes y estirar una porción con un rodillo enharinado hasta que tenga un grosor de aproximadamente medio centímetro (deberíais haberme visto utilizando montoncitos de tarjetas de cartulina a modo de guía y una botella como rodillo).

Cortar la masa con un cortapastas circular de 4 o 5 cm de diámetro (como veis en la foto, yo me fabriqué mi propio cortapastas a partir de una tira que corté de una botella de plástico).

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Precalentar el horno a 160 ºC.

Colocar los discos de masa sobre una bandeja de horno forrada con papel de hornear, intentando deformarlos lo menos posible y dejando un par de centímetros de separación entre ellos. Si no tenéis de este papel podéis engrasar la bandeja con mantequilla y enharinarla para evitar que se peguen, igual que se hace con los bizcochos.

Hornear durante 7 u 8 minutos a 160 ºC, a media altura, con calor arriba y abajo y sin ventilador. Los alfajores son blanquitos y blandos, es importante que no se doren ya que quedarían demasiado secos y quebradizos, así que si veis que se empiezan a tostar por abajo, quitadlos aunque no hayan pasado los 7 minutos (en resumen, si es la primera vez que los hacéis echadles un ojo por si vuestro horno es más rápido que el mío, y recordad que en la segunda hornada quizá se hagan antes).

Sacar del horno, despegar con cuidado del papel y dejar enfriar sobre una rejilla. Si los habéis puesto directamente sobre la bandeja metálica, podéis dar un golpe en plano sobre la encimera para ayudar a soltarlos.

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Dejar enfriar completamente.

Untar una galleta con una cucharada de dulce de leche (no seáis rácanos y utilizad uno bueno, la calidad se nota) con cuidado de no romperla, tapar con otra galleta y presionar ligeramente para que asome dulce de leche por los bordes. También se puede untar un poco de dulce de leche en los laterales con la ayuda de un cuchillo.

Hacer rodar sobre coco rallado hasta que no quede dulce de leche visible (en las fotos veréis que me quedé un poco escasa con el relleno de esos alfajores, en los siguientes fui más generosa).

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Repetir hasta que no queden galletas.

Están buenos a cualquier hora y se conservan perfectamente una semana si los guardáis en un recipiente hermético (nosotros hemos conseguido que nos duren una semana… venga, vale, eso significa que algún día nos comimos más de uno).

Por cierto, como pastas de té, sin relleno ni coco, las galletas están deliciosas, ligeras y esponjosas, se deshacen en la boca.

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¡Espero que os gusten!

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Ideas:

Tuve que resolver el problema de que aquí no tengo demasiadas herramientas de cocina y tampoco quiero comprar cosas que después no me voy a poder llevar, así que echando mano del ingenio y el reciclaje utilicé como rodillo con una botella de cristal perfectamente cilíndrica y me hice un cortagalletas con un trozo de botella de plástico y unas guías para la altura de las galletas con tarjetas de cartulina. Y lo mejor es que, aunque precario, funcionó de maravilla, a veces no hace falta comprar cosas.

Como hacía un montón de calor se me ocurrió rellenar la botella con agua y meterla en la nevera para que el frío ayudase a que la masa no se ablandase demasiado al estirarla. Esto tuvo sus pros, el efecto refrigerante se nota, y sus contras, se produce condensación que hay que secar constantemente, así que el tema de enharinarlo para que no se pegue se convierte en un problema, y además pesa bastante, así que hay que tener cuidado para que no machaque demasiado la masa. Como yo estiré la masa entre dos láminas de plástico, el tema de la condensación sólo provocó la molestia de secarlo de vez en cuando.

Si os entra la cocinitis aguda y queréis hacer vosotros mismos el dulce de leche, en Directo al Paladar os explican cómo. También se puede hacer a partir de leche condensada en olla normal o en olla express. Como yo no he probado ninguna no sabría deciros si sale igual o no.

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Fuente:

Aunque me gustó la pinta de esta receta, me faltaban algunos ingredientes que no quería comprar (me la guardo para otra ocasión), así que acabé haciendo la que encontré en Recetas de Rechupete.

Galletas de coco y chocolate blanco

En la entrada anterior os hablaba de estas galletas, las hice en septiembre, y no me explico por qué no las había publicado aún.

Fueron mi aportación a una comida entre amigos y, aunque estaban muy buenas, no tuvieron mucho éxito ya que a algunos de ellos no les gustaba el coco, el chocolate blanco, o ninguno de los dos. No se puede acertar siempre.

Hasta el momento son las galletas más fáciles que he hecho, no por la elaboración de la masa, que no es muy diferente a las otras que he probado, sino porque no hay que estirar la masa para cortarla, que es lo que más tiempo lleva.

Galletas coco y chocolate blanco

Ingredientes: (a mí me salieron 3 docenas)

– 125 g de mantequilla

– 100 g de azúcar

– 1 huevo

– 1/2 cucharadita de extracto de vainilla

– 70 g de coco rallado

– 45 g de chocolate blanco

– 250 g de harina

– 1 cucharadita de levadura química (aprox. 6 g)

– una pizca de sal

Preparación:

En un bol, cortar en dados la mantequilla y ablandarla unos segundos en el microondas (unos 10 segundos, que no se derrita).

Batir con unas varillas e ir añadiendo poco a poco el azúcar hasta que tenga una textura suave y cremosa.

Agregar el huevo y la esencia de vainilla (yo los batí ligeramente en un cuenco antes) y batir hasta integrar.

Rallar o trocear el chocolate blanco (dependiendo de si queremos encontrar trozos o no) y añadirlo a la mezcla junto con el coco rallado.

Tamizar la harina junto con la sal y la levadura en otro cuenco e ir agregándola poco a poco mientras la integramos con una espátula, hasta que veamos que se puede trabajar con las manos.

Si la masa se pega a las manos añadir más harina poco a poco mientras se amasa.

Precalentar el horno a 180º C.

Dividir la masa en porciones del tamaño de una nuez y aplastarla un poco al ponerla sobre la placa del horno cubierta con papel de hornear .

Hornear a 180º unos 15-20 minutos (dependerá del grosor de las galletas).

Dejar enfriar sobre una rejilla.

Curiosidades:

Estas galletas son más esponjosas que las otras que he hecho, y más jugosas, supongo que por el coco. Se notan los sabores pero no son demasiado intensos, y tienen el punto de dulzura justo para no resultar empalagosas.

Fuente:

Las vi en Mi dulce tentación, un blog que da exactamente lo que promete, aunque cambié las cantidades de coco y chocolate blanco porque me parecieron demasiado.