Pollo marinado “a la Masatoshi”

Hasta que conocí esta receta, nunca se me había ocurrido cocer carne en té negro para darle sabor. Aunque de primeras parece un poco extraño, pensándolo bien tampoco es tan diferente de cocinarla en caldo de verduras. Utilizando un buen té puro los resultados son espectaculares.

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Este pollo marinado con verduras se come frío y por eso me parece una opción perfecta para una cena ligera, aunque también para un picnic (ahora que está a punto de volver la primavera y las temperaturas más agradables) o para llevar en un tupper al trabajo. Es muy fácil de hacer, no hace falta ser un cocinillas para cocer una pechuga y cortar unas verduras. Lo único que hay que tener en cuenta es que el marinado necesita unas horas para funcionar, así que hay que planearlo con un poco de tiempo.

Ingredientes (para 4 raciones):

  • media pechuga de pollo
  • 1 cucharada colmada de hojas de té negro
  • 1 cebolla mediana
  • 2 o 3  zanahorias
  • 60 ml de salsa de soja
  • 60 ml de mirin
  • 60 ml de vinagre de arroz
  • Opcional: mix de lechugas para acompañar

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Preparación:

Hervir 500 ml de agua, retirar del fuego e infundir durante 4 minutos las hebras té negro (también sirven 2 bolsitas de té negro, sin aromatizar).

Filtrar y poner al fuego en una olla pequeña.

Cocer en la infusión de té la pechuga,  ya sea entera o cortada en 2 trozos a lo largo, hasta que esté bien cocida (dependiendo del tamaño, serán de 15 a 20 minutos).

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Cortar la cebolla en pluma, pelar las zanahorias y cortarlas en bastoncitos finos.

Colocar el pollo cocido en un recipiente profundo (tipo bandeja pyrex), rodear los bastoncitos de zanahoria y la cebolla cortada.

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Mezclar la salsa de soja, el mirin y el vinagre de arroz en un cuenco.

Bañar con la salsa, si es necesario añadir más cantidad se hará siempre a partes iguales (no hace falta que lo cubra todo, ya que las hortalizas soltarán jugo, pero sí lo bastante).

Cubrir la bandeja con film transparente y dejar marinar en la nevera al menos 6 horas (una de las veces que lo preparé estuvo casi 24 horas y no pasó nada).

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Una vez pasado el tiempo de marinado, retirar la pechuga de pollo y cortarla en bastones de similar longitud a los de zanahoria.

Servir frío, poniendo un poco de pollo, un poco de cebolla y zanahoria, y un chorrito de la salsa de marinado. Se puede acompañar de un poco de lechuga aliñada con la misma salsa.

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Notas:

Aunque se puede usar té de bolsitas, os recomiendo probar con un té a granel de buena calidad, la diferencia se nota.

La salsa de soja es cada vez más habitual y fácil de encontrar, el vinagre de arroz y el mirin yo lo compro en supermercados orientales. He estado mirando y se puede sustituir el vinagre de arroz por vinagre de vino blanco suave  y un pelín de azúcar, y el mirin por jerez dulce. No he probado, así que no sabría deciros si el resultado es similar.

Yo lo he comido siempre con un variado de hojas de lechuga, pero a lo mejor está bueno con arroz blanco también. Si lo probáis contadme.

Fuente:

Esta receta es un clásico en el estudio donde trabaja J. La receta la dejó “en herencia” un becario japonés mucho antes de que J. empezase a trabajar allí, pero el plato se sigue cocinando y se le llama “pollo a la Masatoshi” en honor a él. En lugar de receta escrita, la tienen explicada con dibujitos, creo que gracias a otro excomponente del estudio, mirad qué bien se entiende.

Sobres de aguacate, rulo de cabra y espinacas (Juego de blogueros 2.0)

Ya ha pasado un mes y aquí estoy con mi segunda participación en el Juego de Blogueros 2.0. Esta es la primera vez que he podido votar entre los ingredientes propuestos y uno de mis candidatos ha sido el elegido al final, el aguacate. Confieso que es una fruta que me encanta, soy una forofa total del guacamole, pero es que incluso la forma más simple de comer aguacate, untado en pan con un poco de sal, me parece un manjar.

El reto de encontrar una receta interesante tuvo una complicación extra, en marzo de 2015 salió el aguacate como ingrediente estrella, y por lo tanto me propuse descartar las recetas utilizadas en esa ocasión. Este inconveniente fue a la vez una ventaja, ya que me permitió investigar en las posibilidades y probar un par de cosas muy interesantes. Aunque la tentación del dulce fue fuerte (¡¡brownie de aguacate!!) conseguí mantenerme firme y probar sólo recetas saladas.

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Después de un par de experimentos, se me ocurrió hacer empanadillas de masa filo. Como no lograba decidirme con el relleno, acabé haciendo unas cuantas variantes que llevé a las jornadas gastroseriéfilas semanales que tenemos con unos amigos. Se tomaron tan en serio su labor que incluso me hicieron sugerencias de mejora para alguno de los rellenos (con jurados así da gusto). Aunque hubo un serio competidor, al final la decisión fue unánime. Las mejores eran las de aguacate, queso de cabra y espinacas. De todas formas, creo que la variante mejorada que propusieron verá la luz en el futuro.

Al final del post podéis ver la lista de participantes por si os interesa ver de qué manera han cocinado ellos el aguacate.

Ingredientes (12 empanadillas):

  • 8 hojas de masa filo
  • 100 g de rulo de cabra
  • 1 aguacate
  • 60 g de espinacas baby
  • 6 chalotas o 1 cebolla mediana
  • aceite de oliva virgen extra
  • sal y pimienta negra

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Elaboración:

Cortar en juliana las chalotas y rehogarlas en una sartén a fuego suave con dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra (la idea es que se caramelicen un poco, sin quemarse). Reservar.

Separar dos láminas de filo y dejar el resto en el envoltorio bien cerrado. También se pueden tapar con un paño de cocina ligeramente humedecido (al aire la masa filo se reseca bastante rápido y se vuelve quebradiza, por eso hay que protegerla).

Extender una lámina en la superficie de trabajo, pincelar ligeramente con aceite de oliva, tapar con la otra lámina de filo y pincelar la superficie.

Cortar las hojas en 3 tiras por la parte más larga del rectángulo que forman.

Colocar una capa de espinacas baby dejando un margen de unos tres dedos en el extremo y más o menos dos en los bordes largos.

Cortar en rodajas un cuarto del queso y repartirlo sobre las espinacas de las tres tiras.

Filetear más bien grueso un cuarto del aguacate y colocarlo sobre los trozos de queso.

Rematar con un poco de chalota rehogada.

Doblar el extremo de la masa filo sobre el relleno y plegar los laterales por encima, ligeramente en diagonal. Enrollar el paquete formado y volver a plegar los laterales. Repetir hasta tener el paquete hecho con una forma similar a un sobre (es difícil de explicar con palabras, pero he intentado hacer la foto de forma que se vea el proceso que hay que seguir). Para ayudar a pegar las plegaduras, se pueden pincelar con un poco de aceite.

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Repetir con toda la masa filo y el relleno.

Precalentar el horno a 190 ºC.

Colocar una hoja de papel de hornear en la bandeja del horno y distribuir los sobres sobre ella con el extremo final de la masa hacia abajo, para que no se abran. Pincelar con aceite de oliva.

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Hornear a media altura a 190 ºC hasta que los sobrecitos estén dorados (unos 15-20 minutos, en mi horno a los 15 ya estaban). Dejar enfriar un poco en una rejilla hasta que estén templados (tened en cuenta que dentro estarán más calientes, ojo con las quemaduras).

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Notas:

Yo la masa filo la compro en el supermercado de El Corte Inglés, normalmente la tienen siempre. En algunos sitios la tienen congelada pero mi experiencia con ella ha sido pésima y no la recomiendo.

En las fotos veis 3 chalotas en vez de las 6 que indico en los ingredientes. El caso es que la primera vez que las hice utilicé cebolla, pero cuando fui a repetirlas para fotografiar la receta, me había olvidado de comprar cebollas, así que, como las chalotas que había no llegaban para las 12 piezas, hice 6 con chalota y otras 6 con puerro rehogado. El veredicto, las tres versiones están buenas, cada una de ellas con su sabor particular, podéis usar el ingrediente que más os guste.

Si esta forma de hacer los paquetitos os parece complicada, en la receta de spanakopitas que publiqué hace un par de años tengo otra explicada ¡hasta con un dibujito! Jajajajaja. La verdad es que en los experimentos previos probé varios “empaquetados” distintos y para las fotos acabé eligiendo el que me pareció más bonito y cómodo para la cantidad de relleno que llevaba cada pieza.

Aunque lo ideal es comerlos recién hechos, si sobran están buenos fríos también, aunque pierden un poco de ese toque crujiente.

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Fuente:

Me inspiré a medias en la receta de Spanakopita que os decía antes y a medias en una foto de un sandwich que vi en Pinterest, aunque reconozco que ni siquiera llegué a abrir la receta, simplemente vi que llevaba queso de cabra, espinacas y aguacate y me dije… ¡voy a probar esa combinación! Hum… ahora me entra curiosidad por saber qué más cosas llevaba ese sandwich, jajajaja.

Participantes del juego:

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Elvira: http://www.asisecomeengranada.com/

Carabiru: https://birulicioso.wordpress.com

Fran: https://cocinaryacomer.wordpress.com/

Fe: http://www.codigosecreto280.com/

Mónica: http://dulcedelimon.com

Inma: http://entre3fogones.com/

Raxel: https://homeandrun.wordpress.com/

Cristina: http://kooking2015.blogspot.com.es/

Leila: http://lanuevacocinadeleila.blogspot.com.es

Antxon: http://musloypechuga.com

Noelia: https://noestevezblog.wordpress.com/

Maribel: https://picoteandoideas.wordpress.com/

Taty: https://planetaty.wordpress.com/

Neus: https://rorosacabolas.wordpress.com/

Kemberlyn: http://www.sonrisavegana.com

Maryjose: http://tapitasypostres.blogspot.com.es/

Silvia A.: http://unapizcadena.wordpress.com/

Crema de alubias pintas para picoteo

Hoy os traigo una nueva crema de picoteo para añadir a la pequeña familia formada por el hummus, la muhammara, el baba ganoush y el byessar. Aunque he probado unas cuantas recetas más que me han gustado, no he podido fotografiarlas para el blog, pero tranquilos, irán cayendo.

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A mí, por los ingredientes, me recuerda a platos de la cocina mexicana o ecuatoriana más que al hummus y demás cremas de tradición mediterránea.

Creo que lo ideal sería hacer esta receta con alubias negras, pero no las había cocidas, así que usé rojas, que le han dado un color bastante pintoresco, jejejeje.

Ingredientes (4 personas):

  • 1/2 cebolla morada pequeña
  • 1 diente de ajo
  • 1 o 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 400 g de alubias pintas/rojas cocidas (también valen negras)
  • 1 y 1/2 cucharadas de vinagre balsámico
  • 2 cucharadas de zumo de lima
  • 1 cucharadita de comino molido
  • 2 cucharadas de cilantro fresco
  • 1 o 2 cucharadas de agua (opcional)
  • sal y pimienta
  • Decoración opcional: un par de cucharadas de cebolla morada picada, cilantro fresco picado, un chorro de aceite de oliva virgen extra…

Preparación:

Escurrir bien las habas en un colador y lavarlas con agua fría para eliminar el líquido que llevan.

(Por comodidad las suelo usar de bote, pero se pueden usar las que hayan sobrado de otra receta o cocerlas específicamente)

Pelar y picar el ajo y la cebolla.

Poner en el vaso de la batidora todos los ingredientes y batir hasta obtener una pasta homogénea.

Salpimentar al gusto y batir para homogenizar.

Dejar reposar unas horas en el frigorífico tapada con film (no es imprescindible, pero gana en sabor).

Servir en un plato o cuenco y acompañar de nachos y bastoncitos de verdura cruda, pan de pita, colines, regañás o pan tostado (lo que os apetezca, vamos, aunque con nachos está especialmente buena).

¡Y a mojar hasta dejar el plato limpio!

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Ideas:

Se podría machacar todo junto en un mortero. Este proceso, aunque es un poco más laborioso, le deja una textura más rústica y con trocitos de cebolla que a mí me gusta mucho.

Si os queda demasiado densa, se puede aligerar con un poco de agua, en mi caso, con una cucharada y media fue suficiente. Recomiendo añadir poco a poco el agua, batiendo entre medias, para poder controlar mejor la cantidad hasta tener la densidad que más os guste.

La cantidad de ajo y comino, como siempre, es orientativa y podéis modificarla a vuestro gusto.

Fuente:

La descubrí, a través de Pinterest, en este blog.

Pastel mandi’o

El pastel mandi’o (iría acentuado en la “o” ya que en guaraní sólo se pone tilde cuando la palabra no se acentúa en la última vocal) es una especie de empanadilla, empanada en Paraguay, de carne, pero no una cualquiera, es la reina de las empanadillas de carne. ¿Y qué la hace especial? Yo creo que uno de los factores más importantes es la masa con la que está hecha, a base de mandioca cocida y harina de maíz.

Ahora es una de mis comidas paraguayas favoritas pero tardé en descubrirlo dos meses porque que no se cruzó en mi camino hasta que hicimos un viaje a Asunción. Nada más llegar J. me llevó a cenar a un sitio que le gusta mucho y al que tenéis que ir si visitáis la ciudad, Lido Bar. Me recomendó la sopa de pescado (que está de morirse de gusto) y yo, al ver un plato con nombre guaraní sugerí pedir también pastel mandi’o, ya que sonaba a que llevaba mandioca. Ese viaje fue la fiesta de la mandioca, la probamos en todas sus formas y me acabé de convertir en fan total de este ingrediente.

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Cuando me propuse hacerlos y vi la receta me di cuenta de que no iba a seguirla al pie de la letra, en parte porque no tenía forma de moler la carne después de cocerla como indicaba en parte porque no me convencía el proceso, así que os traigo lo que se podría llamar “Pastel Mandi’o a lo Carabiruete“, la terminación -eté significa en tupí-guaraní “verdadero”, ¿y qué es más carabiruense que no hacer las recetas como manda la receta? 😉

Ingredientes (para 12 empanadillas):

Para la masa:

  • 1/2 kg de mandioca
  • 1/2 huevo
  • 50 g de mantequilla o manteca de cerdo
  • 1/2 taza de harina de maíz
  • 1 cucharada colmada de harina de trigo
  • 1/2 cucharada de sal fina

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Para el relleno:

  • 1/2 kg de carne picada de ternera
  • 1 cebolla grande
  • 2-3 dientes de ajo
  • 2-3 cucharadas de aceite de oliva
  • 2 hojas de laurel
  • 1/2 cucharada de comino molido
  • sal fina y pimienta negra molida al gusto
  • 2-3 huevos cocidos
  • 3 cucharadas de perejil fresco picado
  • 3 cucharadas de cebollita de verdeo (cebolleta) picada

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Preparación:

Pelar y trocear la mandioca en pedazos de 12-15 cm de largo (yo la compré pelada y congelada).

Poner agua con sal a hervir y, cuando alcance el punto de ebullición, añadir la mandioca troceada (si usáis congelada se añade tal cual, sin descongelar).  Cocinar a fuerte hasta que se ablanden, pero sin que lleguen a deshacerse. La mandioca congelada, dependiendo del tamaño de los trozos, tarda de 10 a 15 minutos en estar lista (revisad el paquete para ver las indicaciones) y la fresca necesita el doble de tiempo, de 20 a 30 minutos.

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Escurrir bien, desechar el agua de cocción (algunas variedades de mandioca tienen un contenido muy alto en compuestos de cianuro que pueden resultar tóxicos, pero no os preocupéis, se eliminan precisamente con la cocción) y dejar enfriar.

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Retirar la mecha dura que tiene la raíz de mandioca en el centro, desmenuzar y moler en la picadora o machacar bien con un tenedor hasta que no queden tropezones (la textura que se queda es alucinante, la mandioca forma una masa elástica muy curiosa).

Poner la mandioca en un cuenco grande, añadir la mantequilla, el huevo, la harina de maíz y la de trigo y amasar bien con las manos hasta homogeneizar la masa.

Formar una bola y dejar reposar en la nevera, tapada con un paño limpio o film transparente, hasta que vayamos a usarla.

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Cocer 3 huevos, quitar la cáscara y reservar.

Picar la cebolla y rehogar en una sartén grande con el aceite de oliva. Cuando la cebolla esté transparente, añadir el ajo, rehogar 2 o 3 minutos y añadir la carne picada. Dorar la carne a fuego medio removiendo hasta que ya no veamos trozos crudos.

Añadir las hojas de laurel, el comino y la sal, tapar la sartén y cocinar a fuego medio-suave hasta unos 10 minutos.

Picar la cebolleta (cebollita de verdeo en Paraguay) y el perejil, añadir a la sartén, remover y dejar cocinar tapado 2 o 3 minutos más (lo de dejar la sartén tapada es para que no se evapore el agua y tengamos un relleno jugoso, si queda muy seco se puede añadir un poco de agua).

Cuando la carne esté en su punto, apartar del fuego, retirar las hojas de laurel y salpimentar.

Picar los huevos y añadir al resto del relleno removiendo para repartirlo bien por toda la mezcla.

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Sacar la masa de la nevera, dividirla en 12 partes y formar bolitas. Espolvorear con harina de maíz la encimera y estirar cada bolita con un rodillo hasta formar un disco (esta masa es más quebradiza que la de harina de trigo, así que tampoco se puede hacer demasiado fina). También se puede estirar toda y cortar círculos.

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Colocar un par de cucharadas de relleno sobre una de las mitades del círculo, humedecer el borde de la masa con un poquito de agua usando un dedo o un pincelito, cerrar  y hacer el repulgue del borde doblando, presionando y humedeciendo si es necesario. Repetir hasta tener todos los pasteles formados.

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Freír en abundante aceite bien caliente en tandas de dos (utilicé una sartén pequeña y juntos dos encajaban en el diámetro) hasta que se pongan doraditos y colocarlos sobre papel de cocina para que absorba el exceso de aceite.

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Se comen calentitos pero cuidado con quemaros la lengua por ansiosos.

¡Espero que os gusten!

Notas:

En la receta original se cuece la carne junto con una cebolla, el laurel, dos ajos, media pastilla de caldo de carne, sal, comino y pimienta, una vez cocido se aparta el caldito de la cocción, se pasa por la picadora todo y se reserva. En una sartén se dora cebolla y ajo, se añade la cebolleta y el caldo reservado, luego se pone la carne y se da un golpe de calor todo junto. A mí me parece un poco lioso y no me gusta mucho la idea de cocer la carne porque me parece que puede perder jugosidad.

La masa se puede hacer de un día para otro. Aunque no creo que pase nada por preparar las empanadillas un día y freírlas al siguiente, cabe la posibilidad de que la masa se humedezca con el relleno. Como no he probado no sé si es buena idea.

Confieso que estiré la masa a mano, se me pegaba a la botella que estaba usando como rodillo y me estaba frustrando, así que fui presionando a poquitos con los dedos hasta tener el círculo necesario.

Si la masa se rompe se pueden humedecer los bordes con agua y arreglarlo fácilmente.

Las cantidades de sal, pimienta y comino son orientativas y dependerán de vuestros gustos.

Por cierto, como me sobró relleno y mandioca cocida, improvisé una comida añadiendo mandioca cortada en trocitos a la sartén donde estaba calentando la carne, el resultado es una especie de guiso con mandioca en vez de patatas muy muy rico. Yo lo llamo “Pastel mandi’o deconstruido”, jajajaja.

El pastel mandi’o es bastante contundente (con dos acabas lleno), recomiendo acompañarlo con algo fresco y ligero tipo ensalada de tomate.

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Fuente:

A medias inventada, a medias sacada del libro del que os hablaba en la receta anterior, Tembi’u Paraguai, y a medias de esta receta en el periódico ABCcolor.

Sopa paraguaya

La primera cosa que comí en Paraguay fueron empanadas (aquí las empanadillas se llaman así) compradas en la terminal de ómnibus de Asunción, llegamos por los pelos y comimos sentados en el autobús. Pero la primera comida relajada, sentada en una mesa y con cubiertos, fue en Encarnación, la ciudad donde llevamos viviendo más de tres meses. Tras bajarnos del autobús y dejar las maletas en el hotel nos fuimos a cenar a un restaurante cercano donde J. me sugirió la sopa paraguaya. A lo largo de este tiempo la he comido en un montón de ocasiones más, tanto casera como en restaurantes, porque es un plato muy popular. Esta misma popularidad hace que siempre sea distinta ya que cada cocinero parece tener su propia receta.
Casualmente también fue la primera receta paraguaya que me lancé a probar.

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¿Pero no había dicho que era una receta de sopa? Pues sí, sopa paraguaya. ¿Y qué es esa cosa con pinta de bizcocho de ahí arriba? Pues es lo que os he dicho, sopa paraguaya, la única sopa sólida del mundo, jajajaja. Aunque parece ser una receta producto de la mezcla de las culturas guaraní y española,  dice la leyenda que la receta proviene de un error de la cocinera del presidente de Paraguay, Carlos Antonio López, mientras hacía una sopa de maíz que le encantaba a su empleador. Nerviosa por haberla estropeado la mujer acabó metiendo la mezcla de ingredientes al horno y el resultado sería este. Hay varias versiones de esta leyenda, pero a mí la que más me gusta es la que dice que ocurrió un día que el presidente tenía una importante visita de un embajador europeo al que le habían dicho que iba a tomar una sopa estupenda. Cuando lo que pusieron en la mesa fue esta especie de bizcocho salado extrañado preguntó dónde estaba la sopa, a lo que el presidente, negándose a quedar mal ante el embajador, respondió “¡Así es la sopa paraguaya!”.

Si venís a Paraguay no dudéis en probarla.

Ingredientes (para unas 8 raciones):

– 1 cebolla grande

– 100 ml de aceite de oliva, manteca de cerdo o mantequilla derretida

– 1 cucharadita de sal

– 450 g de harina de maíz (no maicena)

– 4 huevos medianos

– 150 ml de leche entera

– 250 g de queso Paraguay (un sustituto podría ser ricota o algún otro queso fresco)

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Preparación:

Picar la cebolla en juliana y pochar en una sartén con el aceite, manteca o mantequilla y la sal. Una vez que esté transparente, retirar del fuego y dejar enfriar.

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Precalentar el horno a 200 ºC.

Poner la cebolla pochada en un cuenco grande y añadir los huevos de uno en uno, integrando bien cada uno con las varillas antes de agregar el siguiente.

Añadir una cuarta parte de la harina espolvoreando sobre la mezcla anterior, una cuarta parte de la leche, remover bien con las varillas y seguir intercalando harina y leche hasta que se acaben. La masa tendrá textura cremosa, si está demasiado densa se puede añadir un poco más de leche y si está muy líquida un poco más de harina (la harina de maíz que compro aquí es a granel y poco procesada, así que es posible que si usáis una harina más fina las cantidades cambien un poco).

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Desmenuzar el queso (también se puede cortar en tacos, pero a mí me gusta más que sean trozos irregulares) y agregarlo a la masa removiendo bien.

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(Y ya está la masa de la sopa paraguaya lista, más fácil no puede ser)

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Engrasar una bandeja de horno de cristal tipo pirex de más o menos 1.8 litros de capacidad (yo uso una de 16x26x4.5 cm) y verter en ella la mezcla. Es conveniente que no la llenéis hasta el borde ya que sube un poco, con 1 cm de margen debería ser suficiente.

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Hornear de 35 a 45 minutos a media altura a 200 ºC (dependerá de la altura que tenga la mezcla en el molde, es mejor no pasarse para que no se reseque demasiado).

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Sacar la bandeja del horno y dejar enfriar un poco antes de servir, pero no mucho, como más rica está es calentita del horno.

Se suele comer como acompañamiento de un plato principal tipo carne asada, como parte de una picada (una selección de cosas de picoteo, queso, aceitunas, mandioca frita, salchichas…) pero sola está muy buena.

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Consejos:

Para que nos salga una sopa mucho más esponjosa se pueden separ las claras de las yemas, añadir las yemas al principio, como explico en la receta, batir las claras a punto de nieve y agregarlas al final, con el queso, removiendo con suavidad la mezcla.
También se puede sustituir la leche por nata (aquí la llaman crema de leche), montándola y añadiéndola al final junto con las claras.
Yo esto no lo hice porque no tenemos batidora, pero estoy segura de que es una idea fantástica que probaré en cuanto pueda.

Al enfriar se endurece un poco, pero se puede solucionar pasando el trozo que vayamos a comer por la sartén con unas gotas de aceite y dorándola un poco por debajo y los lados.

Fuente:

Tras el primer intento fallido por una receta deficiente, encontré el fantástico blog del que saqué la receta de chipa guasu, de su receta de sopa paraguaya salió la mía tras un par de pruebas modificando algunas cantidades para hacerla más a mi gusto.