Ensalada birmana con aliño de té verde fermentado

En verano no apetece demasiado encender los fogones, por eso las ensaladas y otras preparaciones frías se hacen las reinas de los menús cotidianos. Hay gente que cree que las ensaladas son aburridas, pero eso es porque no se paran a pensar en la multitud de posibilidades que hay más allá de la típica ensalada de lechuga, tomate y cebolla.

La propuesta que os traigo para ampliar vuestro recetario es una ensalada de inspiración oriental, con toques crujientes y un exótico aliño a base de té verde que hay que dejar fermentar unos días en la nevera antes de usarlo. ¿Cómo se os queda el cuerpo?

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(El cuenco tan rebonito lo hice yo misma, 🙂 🙂 🙂 )

En Birmania, en el sureste asiático, son muy habituales las ensaladas de hojas de té fermentadas acompañadas de una selección de cosas crujientes como semillas, cacahuetes y legumbres tostadas. Yo no he ido a Birmania y tampoco he comido en ningún restaurante birmano, así que no sé cuánto se parece esta receta que os traigo a las originales. Lo que sí os prometo es un sabor muy exótico y diferente al que se le va cogiendo el punto después de la sorpresa inicial. Eso sí, si no os gusta experimentar demasiado en la cocina y sois más de sabores conocidos, no sé si será para vosotros, no digáis que no os he avisado.

Ingredientes:

Aliño de hojas de té verde fermentado (para un bote de unos 300 ml):

  • 1/2 taza de té verde de hoja entera (sencha, bancha…)
  • 3 dientes de ajo
  • 2 chalotas o media cebolla mediana
  • 2 cucharadas de jengibre fresco rallado
  • 3 cucharadas de zumo de limón
  • 2 cucharadas de vinagre blanco
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 cucharada de aceite de sésamo
  • 1 o 2 cucharadas de salsa de pescado (nos gustó más con 1)
  • 1 cucharadita de sal

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Ensalada:

  • Lechuga (tipo francesa, iceberg, romana…)
  • Semillas de girasol, calabaza, sésamo…
  • Cacahuetes tostados, pistachos…
  • Dientes de ajo
  • Aceite de oliva
  • Rodajas de limón
  • 1 o 2 cucharadas de aliño de té verde fermentado por ración

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Elaboración:

Aliño de té verde fermentado:

Poner las hojas de té verde en un cuenco mediano, verter agua hirviendo por encima y dejar reposar 10 minutos.

Filtrar y enjuagar las hojas de té con agua fría, descartando las que no se hayan abierto al infundir y las ramitas que pueda haber. Volver a colocar las hojas en el cuenco, añadir agua fría hasta cubrirlas y dejar reposar al menos una hora. Pasado el reposo, filtrar y escurrir eliminando toda el agua posible.

Rallar el jengibre y picar fino los ajos y las chalotas.

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Colocar las hojas de té escurridas junto con el resto de ingredientes del aliño en el vaso de la batidora y triturar hasta obtener una pasta más o menos homogénea y similar al pesto.

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Guardar en la nevera en un frasco de cristal esterilizado. Dejar reposar como mínimo un día, aunque los sabores se hacen más pronunciados si lo dejamos fermentar al menos tres días.

Ensalada:

Pelar y laminar uno o dos dientes de ajo por comensal y freír en un poco de aceite de oliva hasta que empiecen a dorarse (ojo, que si se queman sabrán a rayos). Retirar enseguida de la sartén con una espumadera y dejarlos escurrir sobre papel de cocina para que absorba el exceso de aceite.

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Lavar y cortar la lechuga y ponerla como base, agregar semillas, ajo frito, cacahuetes y pistachos al gusto.

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Por último, agregar el aliño de té verde fermentado al gusto (mejor empezar por poco e ir añadiendo según lo probamos).

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Exprimir por encima un poco de zumo de limón y remover para mezclar bien.

Servir acompañado de rodajas de limón para acabar de aliñarlo al gusto.

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Notas:

He leído que hay buenos sustitutos veganos de la salsa de pescado para hacer esta receta vegana, sin renunciar al tipo de sabores que aporta. También se puede cambiar, por lo que he visto, por salsa de soja, aunque el sabor será distinto, contadme si lo probáis.

Como nos vamos a comer las hojas de té verde, es importante que sean de hoja entera, de la mejor calidad posible y, obviamente, sin aromatizar para que no se altere el sabor. Los de mejor sabor suelen ser los japoneses, bancha, sencha… son suaves y con menor contenido en teína, cosa a tener en cuenta.

Si os da pena no aprovechar el té resultante se puede hacer una primera infusión durante 2 minutos (o lo que indique el té que uséis), filtrar y volver a añadir agua hirviendo dejándola reposar unos 8 minutos. Esa primera infusión la podéis usar para beber o para preparar algún batido, como éste o este otro, u otra receta, por ejemplo una variante de este pilaf.

Es poca cantidad, sale más o menos un bote estándar de los de mermelada, así que podemos esterilizar el bote en microondas, como explican aquí o por el método tradicional.

Yo suelo comprar los frutos secos crudos y los tuesto o frío en el momento, el sabor no tiene nada que ver. En este caso doré los cacahuetes en la misma sartén donde freí los ajos. Los pistachos los añadí cuando los cacahuetes ya casi estaban para darles un calentón.

El mezclillo de semillas lo compré en Mercadona para ponerlo en ensaladas, lleva pipas de girasol y calabaza y semillas de sésamo, lino marrón y amapola. Normalmente las compro por separado (pipas de girasol y calabaza, más que nada) pero en este paquete llevan una buena proporción de cada, me encanta. 🙂

Para emplatar, se puede hacer en un cuenco grande o colocar los ingredientes por separado en cuenquitos y que cada uno se sirva al gusto.

Fuente:

Es una versión de esta receta que encontré… no me acuerdo qué buscaba cuando la encontré, pero me alegro. Jajajaja. La primera vez no nos acabó de convencer del todo, así que la segunda vez que preparé el aliño aumenté la cantidad de té verde y chalota y reduje la de salsa de pescado. Me encantaría encontrar esa legumbre que usan, toor dal, seguiré buscando.

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Granola casera con té matcha

No sé vosotros, yo no puedo salir de casa sin desayunar algo. Si no hay prisas, esa primera comida del día me gusta que sea variada y tomármela sin prisas. Como tampoco me gusta madrugar en exceso, las opciones de desayuno durante la semana se resienten un poco, pero con algo de previsión y ganas, se pueden hacer maravillas. En el lado de la previsión sin demasiado esfuerzo estarían los mueslis y granolas caseros, que es lo que os traigo hoy.

Es cierto que hay multitud de cereales, mueslis y galletas en el mercado, pero si te pones a ver las tablas nutricionales, se te cae un poco el alma a los pies, ya que en general tienen muchísimo azúcar y pecan bastante de un alto contenido de grasas saturadas. No es que por hacerlos en casa vayan a ser más sanos (y no hay más que ver la lista de recetas del blog para darse cuenta de que estoy bastante lejos de ser una integrista antigochadas), pero sí que ayuda a ser consciente de las cantidades de azúcar y grasas que comes, y a reducirlas llegado el caso.

Otro punto a favor de hacerte tu propia granola en casa, es que puedes eliminar los ingredientes que menos te gusten (en serio, fabricantes de mueslis, NO hacen falta tantas uvas pasas, hay todo un mundo de frutas deshidratadas que probar), aumentar las de aquellos por los que te vuelvas loco, y probar nuevas mezclas que en los comerciales no hay.

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Esta granola es una receta sin lácteos y si sois veganos no hace falta más que utilizar sirope en lugar de miel para adaptarla.

Al leer los ingredientes os encontraréis con “pumpkin pie spice”. Si habéis visto series americanas, seguramente os suene la tarta de calabaza que suele aparecer en el imprescindible capítulo de Acción de Gracias, pues bien, esta mezcla de especias, además de para esa tarta, también se utiliza para aromatizar galletas, batidos y otras elaboraciones. Aunque en España no es habitual, es fácil de replicar, sólo hay que mezclar las especias que os indico más abajo en las proporciones adecuadas. Como se suele usar en pequeñas cantidades, es mejor hacer bastante y guardarla en un botecito.

Para darle un puntillo exótico he utilizado matcha especial para cocinar pero, aunque creo que por el sabor que aporta merece mucho la pena añadirlo, se puede eliminar sin mayor problema.

Ingredientes (para 700 g de granola):

    • 200 g de copos de avena
    • 100 g de almendras crudas
    • 75 g de cacahuetes crudos pelados
    • 75 g de nueces pecanas
    • 60 g de semillas de calabaza crudas peladas
    • 1 cucharada de semillas de chía
    • 25 g de copos de coco
    • 1/2 cucharadita de “pumpkin pie spice”
    • 100 ml de aceite de girasol
    • 125 ml de miel o sirope de arroz, arce…
    • 1 cucharadita de extracto de vainilla
    • 1/4 cucharadita de sal
    • opcional: 1 cucharada y media de té matcha (o un poco más)

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Mezcla de especias “pumpkin pie spice”:

  • 1 cucharada de canela molida
  • 2 cucharaditas de jengibre en polvo
  • 1/2 cucharadita de clavo molido
  • 1/2 cucharadita de nuez moscada molida
  • 1/2 cucharadita de pimienta de Jamaica molida (yo no tenía, así que no lleva)

Elaboración:

Trocear un poco las almendras (yo las usé con piel pero pueden ser peladas), los cacahuetes y las nueces pecanas.

En un cuenco grande, mezclar bien la avena con los frutos secos, las semillas de calabaza y chía, los copos de coco y las especias.

Añadir el aceite de girasol, la miel y el extracto de vainilla y remover con una cuchara o espátula para integrarlo todo. La mezcla tiene que ser húmeda y mantener cierta consistencia. Si se desmiga porque está demasiado seca se puede añadir de cucharada en cucharada algo más de aceite de girasol y agua fría (pero sin pasarse).

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Espolvorear la sal y tamizar el té matcha sobre la mezcla. Revolver hasta que se reparta bien y se combine con el resto de ingredientes.

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Precalentar el horno a 150 ºC.

Cubrir con papel de hornear una bandeja del horno y extender la mezcla sobre ella lo más uniformemente posible, cuanto más grosor tenga la capa, más tardará en hacerse y corremos el riesgo de que parte no se quede crujiente y parte se queme. Por eso si vamos a hacer mucha cantidad, lo mejor es hacerlo en varias tandas (Las cantidades que os he propuesto vienen perfectas para una bandeja).

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Hornear a 150 ºC durante 15 minutos a media altura.

Retirar del horno, darle la vuelta con una espátula o espumadera, para que se haga por el otro lado, y hornear otros 15 minutos más, hasta que empiece a estar dorado.

Sacar del horno, desmenuzar y dejar templar sobre la bandeja.

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Una vez fría, envasar en un recipiente hermético (yo usé frascos de cristal, pero valen también de plástico o metálicos) para que se mantenga crujiente.

La granola se puede tomar como tentempié, como desayuno o merienda, sola, con leche o bebida vegetal, con yogur… Y, aunque no lo he probado, creo que también quedaría bien como decoración crujiente para una bola de helado.

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¡Ya me diréis si os gusta!

Notas:

¿No tenéis chía? No pasa nada, se puede cambiar por la misma cantidad de semillas de lino, o de sésamo. O prescindir de ella.

La avena que venden en mi súper es desmenuzada, pero creo que quedaría mejor con avena entera, la granola tendría más cuerpo.

En cuanto a la cantidad de matcha: con cucharada y media el sabor es tirando a suave, para un sabor más intenso habrá añadir al menos media cucharada extra, quizá más.

Opcional: todavía caliente, espolvorear un par de cucharaditas de té matcha para un plus de sabor.

También se puede añadir más matcha una vez vayamos a consumirlo, nunca es tarde para el matcha. ¡MATCHA PARA TODOS!

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Fuente:

La receta base la tomé de aquí, pero luego empecé a hacer cambios, principalmente en la cantidad de avena, ya que no quería hacer un tentempié sino algo más cercano a unos cereales de desayuno. Al tener más avena, hizo falta más cantidad de líquido para aglutinarlo todo… y así hasta acabar en la receta que he publicado.

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Galletas saladas de cacahuete y cerveza

Hace tiempo que no publico ninguna receta salada y mi propósito de no convertir este blog en el baúl de los golosos se está resintiendo, así que aquí os traigo unas galletas saladas perfectas para un aperitivo y muy muy fáciles de hacer.

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(La cerveza que sale en la foto me la envió mi amigaza Fani desde Alemania )

No sé cuándo empezó el idilio entre la cerveza y los cacahuetes salados, pero lo cierto es que es un combo que suena a cañas con los amigos y a bar de toda la vida.

Para esta receta he utilizado “maní” molido que me trajeron desde Paraguay, regalo de una buena amiga de allí (¡Gracias, Mara!). Me parece que aquí no es muy común encontrar cacahuete molido, pero en Paraguay lo hay en todos los supermercados. Junto con la miel negra de caña es uno de los dos ingredientes del dulce de maní o “ka’í ladrillo“, aunque lo más habitual es que sea maní entero. Una bomba calórica, amigos.

Ingredientes (para unos 350 g de galletitas):

  • 200 g de harina
  • 1/2 cucharadita de sal
  • pimienta negra molida al gusto
  • 50 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 100 ml de cerveza
  • 100 g de cacahuetes salados
  • un poco de aceite de oliva para pincelar

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(Y las bandejitas vinieron en el mismo paquete que la cerveza )

Elaboración:

Triturar los cacahuetes en la picadora o a mano en un mortero (los míos venían ya molidos).

Tamizar la harina sobre la encimera, una tabla de trabajo o mesa limpia (excepto si, como la mía, es de cristal, limpiarla después es un suplicio).

Formar un volcán con la harina, espolvorear por encima la sal y la pimienta, verter en el hoyo el aceite y la cerveza.

Empezar mezclando con un tenedor y a continuación amasar enérgicamente con las manos. La masa tiene que ser elástica pero no pegajosa, si se pega a las manos, añadir un poco más de harina espolvoreada y amasar hasta que la absorba.

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Poner la masa en un cuenco tapada con un paño limpio y dejarla reposar media hora en un lugar fresco.

Precalentar el horno a 180 ºC.

Mientras tanto, forrar con papel de hornear o engrasar con un poco de aceite la bandeja del horno.

Estirar la masa con un rodillo sobre una superficie enharinada hasta conseguir una plancha fina, de unos dos o tres milímetros de grosor (yo lo hice en varias tandas, porque mi rodillo es una botella de vino y no hay mucho margen de maniobra, jajajaja).

Cortar en tiras de un par de centímetros de ancho y 5 o 6 de largo con un cuchillo afilado (las medidas son al gusto, pueden ser más pequeñas, más grandes, cuadradas, romboidales… lo que os apetezca).

Colocar las tiras de masa encima de la bandeja dejando un poco de espacio entre ellas y pincelar con un poco de aceite de oliva.

Opcional: espolvorear un poco de sal y pimienta negra recién molida por encima.

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Hornear en altura media, con calor arriba y abajo a 180 ºC durante unos 12 minutos, hasta que las galletas tengan un aspecto tostado y crujiente (tiempos aproximados, como siempre os digo, puede hacer falta más si son galletas más gordas, o menos si son muy finas).

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Sacar las galletas del horno, despegarlas enseguida de la bandeja y dejarlas enfriar sobre una tabla de madera o una rejilla.

(Con las cantidades que os indico a mí me salieron dos hornadas)

Estas galletas son perfectas como aperitivo con una cerveza fría, pero también sirven para tomar con cremas de picoteo como el hummus, la muhammara, el mutabal o el byessar.

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Si sobran se conservan sin problema guardadas en recipientes herméticos para que se mantengan crujientes.

Notas:

Si usáis cacahuetes sin salar, hay que aumentar un poco la cantidad de sal.

En la masa yo puse aproximadamente 1/8 de cucharadita de pimienta negra molida, pero podéis añadir más.

Es mejor no tener la harina justa, porque es posible que haga falta más, no sólo para estirar la masa sino por si ésta queda demasiado pegajosa a la hora de amasar.

Otra cosa que puede ocurrir es que la masa esté demasiado seca, esto se soluciona añadiendo un poco más de cerveza o agua en el amasado, pero poquito a poco.

Otra cosa, la cerveza le aporta bastante sabor, si sois cerveceros os recomiendo utilizar una variedad tostada o de doble malta, ya veréis qué ricas quedan. Tengo pendiente probar con cerveza negra, ya os contaré.

Como véis por los ingredientes, estas galletas son veganas, aunque eso puede no ser así dependiendo de la cerveza utilizada, ya que en algunas utilizan cola de pescado en su elaboración. Como no soy vegana ni especialista en cervezas, no puedo deciros más al respecto.

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Fuente:

Esta receta salió de un experimento sobre una que copié de la libreta de recetas de la madre de J. ¿Tú haciendo variaciones? os preguntaréis socarronamente… pues sí, ¿qué queréis? no lo puedo evitar, jajajaja. La receta original lleva los cacahuetes en mitades por encima en lugar de en la propia masa, por eso he tenido que modificar la cantidad de harina y líquidos. Me anoto hacerla tal cual la próxima vez. 😉