Magdalenas de pera y cardamomo (Juego de Blogueros 2.0)

Vuelve a ser fin de mes y toca publicar mi propuesta para el reto mensual con un producto de temporada. Esta vez la más votada fue la pera, aunque había otros ingredientes igual de interesantes.

No sé a vosotros, pero a mí enero se me ha pasado volando, cuando me quise dar cuenta había llegado el último fin de semana del mes y yo sin la receta preparada. Por suerte tenía en la despensa todo lo necesario para estas deliciosas magdalenas que, aunque las dejé como plan B para probar cosas nuevas, fueron la primera cosa que me vino a la cabeza cuando salió la pera como ingrediente mensual.

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Me ha pasado una cosa curiosa en esta ocasión, he ido comprando peras que acabaron devoradas antes de decidir qué receta probar. Y no ocurrió ni una ni dos, sino al menos en tres ocasiones. Eso sí, fueron bien disfrutadas, tanto solas como con yogur o en batidos mañaneros.

Al final del post os dejo los enlaces para que podáis ver qué han hecho el resto de participantes con las peras.

Ingredientes (30 minimagdalenas o 9 normales):

  • 2 huevos medianos
  • 100 g de azúcar
  • 60 g de aceite de girasol
  • 1 pera (2 si son pequeñas)
  • 4 vainas de cardamomo
  • 120 g de harina de trigo
  • 1 cucharadita de levadura química
  • 1/4 de cucharadita de sal fina

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Elaboración:

Cascar los huevos y separar las claras de las yemas.

En un cuenco, montar las claras a punto de nieve con unas varillas (si sois de esos que lo hacéis a mano, toda mi admiración para vosotros, yo uso las de la batidora). Estarán listas cuando tengan una consistencia firme y al inclinar el cuenco no se escurran. Reservar.

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Batir las yemas con el azúcar en un cuenco grande, también con las varillas, hasta que blanqueen y aumenten de volumen.

Añadir el aceite de girasol y seguir batiendo.

Pelar y picar la pera (para minimagdalenas es mejor trozos más pequeños, pero sin pasarse, lo suyo es notar el sabor y la textura de la pera).

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Abrir las vainas de cardamomo, retirar las semillitas y machacarlas en un mortero hasta que se desmenucen un poco.

Añadir la pera y el cardamomo a la crema y mezclar con una espátula para distribuirlos bien.

Mezclar la harina, la sal y la levadura química. Tamizar sobre la crema en tandas, integrando bien antes de añadir más, pero sin remover en exceso.

Agregar las claras montadas a la masa e integrar suavemente con la espátula, con movimientos envolventes, intentando que no se bajen en el proceso.

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Tapar el cuenco con film transparente y dejar reposar al menos una hora en la nevera.

Precalentar el horno a 210 ºC.

Colocar cápsulas de papel en el molde de las magdalenas (cápsulas dobles sobre una bandeja de horno si no tenemos molde)mientras la masa reposa.

Rellenar las cápsulas con masa hasta 3/4 partes de su capacidad.

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Hornear a 210 ºC durante 10 minutos (7 si son minimagdalenas), bajar la temperatura a 190 ºC y seguir horneando otros 5-10 minutos (para minimagdalenas unos 2 o 3), hasta que se doren.

Sacar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla metálica.

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¡Y a disfrutar de unas esponjosas magdalenas!

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Notas:

La cantidad de cardamomo es orientativa, con 4 tienen bastante sabor; si preferís que sea más sutil, con 2 será suficiente; si queréis que sea más potente, poned más.

Si os gustan las magdalenas con costra crujiente, espolvoread un poco de azúcar por encima justo antes de meterlas al horno. Yo no les puse mucho, pero en la fila de arriba de la siguiente foto, llevan azúcar.

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El truco para las magdalenas con copete está en ese juego de temperaturas: tener la masa fría, empezar el horneado a mayor temperatura para que suban y después bajarla para que se hagan por dentro.

En esta ocasión a mí me han quedado chatas, creo que porque las cápsulas eran muy pequeñas para mi molde, así que se abrieron en lugar de contener la masa y dejar que subiese. Para evitarlo puse dos cápsulas por magdalena, pero aún así no funcionó del todo. Con esta receta y las cápsulas adecuadas siempre me han salido unas preciosas magdalenas con copete.

Fuente:

Esta receta es de uno de mis blogs culinarios favoritos del mundo, Fotomerienda de Etringita. De ella he aprendido un montón de cocina y, sobre todo, de fotografía culinaria, mis fotos sin sus sabios consejos no serían lo mismo. Últimamente su actividad bloguística está paralizada y yo espero como agua de mayo que vuelva a la carga con más y mejores recetas. Si no conocéis Fotomerienda, estáis tardando en ir a echar un vistazo. 😉

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Participantes del juego:
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Rosamary: https://alacartemenus.wordpress.com/
Carlota: https://articuina.wordpress.com
Elvira: http://www.asisecomeengranada.com/
Carabiru: https://birulicioso.wordpress.com
Fe: http://www.codigosecreto280.com/
Mónica: http://dulcedelimon.com
Berta: https://dulceperonotanto.wordpress.com/
Chus: http://www.elcrepitardelosfogones.com/
Rebeca: http://enganchadosalacocina.com/
Inma: http://entre3fogones.com/
Ana N.: https://entreobleasyaloloco.wordpress.com/
Raxel: https://homeandrun.wordpress.com/
Sandra: https://justfoodlovers.com/
Cristina: http://kooking2015.blogspot.com.es/
Silvia K.: http://kuinetes.com/
Leila: http://lanuevacocinadeleila.blogspot.com.es
Ligia: https://losdulcesdeligia.wordpress.com/
Jorge: https://mastercocinillas.com/
Silvia R.: https://misdeliciosastentaciones.wordpress.com/
Antxon: http://musloypechuga.com
Noelia: https://noestevezblog.wordpress.com/
Maribel: https://picoteandoideas.wordpress.com/
Neus: https://rorosacabolas.wordpress.com/
Maryjose: http://tapitasypostres.blogspot.com.es/
Silvia A.: http://unapizcadena.wordpress.com/

Galletas “shortbread” de té rojo

Pues vamos allá con la primera receta del año, empecemos con algo facilito y resultón para endulzar la cuesta de enero, unas galletas de té rojo. Como buenos seguidores de Birulicioso, ya conocéis las galletas de manzanilla y limón y por eso seguramente os sorprenda menos este ingrediente “exótico”. O quizá no y estéis alucinando, si es así, creedme, están tan buenas que os preguntaréis por qué no las habíais probado nunca.

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También estaba deseando enseñaros mi nuevo cortagalletas, lo diseñé yo misma con las mismas manitos que teclearon este post y la ayuda de mi amodiado autocad, y un amigo con impresora 3D lo trajo a este plano de existencia física. A él le gusta llamarla “tresdegalletator plus”, y no voy a ser yo quien le lleve la contraria (sobre todo porque estoy diseñando otros cortagalletas nuevos y quiero que me los imprima, jajajaja).

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Como veis, por un lado es redonda y por el otro con forma estrellada, para tener menos cacharritos, jejejeje. El borde es un poco grueso, pero corta bastante bien, creo que en el siguiente modelo intentaré hacer un filo un poco más fino.

Sin más preámbulos, vamos con la receta.

Ingredientes (400 g de galletas):

  • 150 g de mantequilla o margarina
  • 2 cucharadas de hebras de té rojo Pu-erh
  • 75 g de azúcar glas
  • 225 g de harina de trigo
  • 1 cucharada de maicena
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla (opcional)

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Preparación:

Trocear la mantequilla, margarina para opción vegana/sin lactosa, en un cuenco mediano y dejarla a temperatura ambiente durante una media hora. También se puede ablandar en microondas, calentando en tandas de 15 segundos a media potencia hasta que adquiera una textura parecida a la pomada.

Desmenuzar con un mortero o en la batidora las hebras de té rojo  y espolvorearlas sobre la mantequilla. Si preferís no encontraros trozos de hojas de té, después de molerlo se puede tamizar con un colador de malla un poco gruesa, así el resultado es más fino (quizá el té en bolsitas sea más “blando”, hace mucho que no tomo y no estoy segura).

Añadir el extracto de vainilla (yo no puse porque mi té rojo era aromatizado con vainilla) y batir ligeramente con un tenedor para integrarlo todo bien.

Agregar el azúcar glas y seguir batiendo hasta tener una mezcla cremosa e uniforme.

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En otro cuenco, mezclar la harina con la maicena y tamizar sobre la crema en tandas, integrando bien antes de añadir más harina.

Cuando toda la harina esté incorporada en la masa y ésta ya no se nos pegue a las manos, formar una bola apretada, envolverla en film transparente y dejarla reposar en la nevera durante media hora por lo menos.

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Precalentar el horno a 160 ºC.

Enharinar una superficie de trabajo y estirar la masa con un rodillo hasta tener una plancha de unos 5 mm de espesor (también se puede hacer entre dos láminas de film).

Cortar las galletas con un cuchillo afilado o un cortapastas (la masa es bastante firme y de una consistencia tirando a sedosa, así que mantiene muy bien la forma).

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Formar una bola con los recortes sobrantes y repetir los pasos anteriores hasta que no quede masa.

Cubrir con una lámina de papel de hornear en la bandeja del horno y colocar las galletas separándolas entre sí uno o dos centímetros (no se inflan mucho ni se desparraman, pero es mejor prevenir).

Espolvorear ligeramente las galletas con azúcar glas.

Llevar al horno a 160 ºC durante 12-14 minutos, hasta que empiecen a dorarse por los bordes (se vuelven quebradizas al enfriar si se sobretuestan, así que es mucho mejor que queden tirando a blanquitas).

Dejar enfriar sobre una rejilla antres de guardarlas.

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Ya veréis qué sorpresa el sabor. 😀

Notas:

Os recomiendo prepararlas con antelación, porque el sabor de estas galletas se intensifica con el paso del tiempo.

Se conservan perfectamente más de una semana si las guardáis en un recipiente hermético.

Yo las hice con té rojo de vainilla, pero seguro que con alguna otra variedad de té rojo o negro también están deliciosas (si alguien se atreve con té verde que me cuente qué tal).

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Fuente:

Las anteriores “shortbread” que hice, de manzanilla y limón, salieron tan buenas que esta receta tiene la misma base. ¿Por qué cambiar lo que funciona? 😉

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Pudin de pan y chocolate sin lactosa

En el blog tengo ya un par de recetas de pudin de pan, el normal y uno aromatizado con té, es una forma de aprovechar pan seco a la que recurro mucho. Como hasta de lo que está rico y funciona de maravilla se aburre una, buscando cómo actualizar el clásico, llegué a esta otra variante que me ha encantado. Además de ser más vistosa y rústica, es mucho más sencilla de hacer y se manchan menos cacharros.

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Lo preparé como postre para unas jornadas “gastroseriéfilas” que hacemos con unos amigos para ver series en comandita, una de las participantes es intolerante a la lactosa, así que me animé a probar con leche de avena en esta ocasión.

Los trocitos de chocolate (el que usé tampoco lleva lácteos) le dan el toque definitivo de ricochez a la receta, en serio, probadlo. El coñac o licor es opcional, pero muy muy muy recomendable por el aroma que aporta.

Ingredientes (molde de 20x30x5):

  • 220 g de pan seco
  • 100 g de chocolate para repostería
  • 600 ml de leche de avena
  • 2 cucharadas de coñac o ron (yo he usado caña paraguaya, jujuju)
  • 3 huevos medianos
  • 40 g de azúcar moreno
  • opcional (pero muy recomendable): 1 cucharada colmada de azúcar moreno para espolvorear
  • un poco de aceite de girasol para engrasar el molde

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Preparación:

Cortar el pan seco en dados más bien pequeños, como de 2 o 3 cm.

Engrasar con aceite de girasol una bandeja o molde hondo de horno (el mío mide 20x30x5 cm, las cantidades están para este molde).

Trocear pequeñito el chocolate y repartir más o menos uniformemente sobre el pan (se puede usar chocolate en pepitas o gotas, pero a mí me gusta más picarlo, así hay trozos de distintos tamaños).

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Batir los huevos, con la leche de avena y el azúcar moreno hasta que éste se disuelva y la mezcla sea homogénea. Verter sobre el pan procurando mojar todos los trocitos. Remover un poco si es necesario.

Cubrir la bandeja o molde con film transparente y dejar reposar en la nevera durante una hora por lo menos. Otra opción es que repose de un día para otro.

Sacar de la nevera, dejar que se atempere durante unos 10-15 minutos y destapar.

Precalentar el horno a 170 ºC.

Espolvorear por encima una cucharada de azúcar moreno (o incluso un poquito más si sois muy golosos) justo antes de meter el molde en el horno (no lo hagáis antes ya que se disuelve y no se forma la costra crujiente que buscamos sobre el pudin).

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Hornear sin aire y a media altura, con calor arriba y abajo, a 170 ºC  durante 40-45 minutos. El tipo de molde y la altura que tenga el pudin influye en el tiempo de horneado (por ejemplo, si es bajito se hará antes y si es más alto tardará un poco más).

A partir de los 30 minutos se puede tapar con papel de aluminio si se empieza a tostar. Este pudin está más bueno si queda jugoso, así que es preferible no pasarse de horneado. Para comprobar el punto, al pincharlo con un palillo tiene que salir húmedo, pero no manchado.

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Retirar del horno y dejar templar sobre una rejilla antes de servir. Se puede comer templado o frío.

¡Ya me contaréis qué os parece!

Notas:

Se puede hacer una variante deliciosa aromatizando la leche con té negro, sólo hay que hervir la mitad de la leche infundir en ella el té durante 4 minutos y filtrar. El resto del proceso es igual. En este caso podéis quitar el licor, aunque la verdad es que se complementan bien.

Por supuesto, la receta se puede hacer tal cual utilizando leche de vaca.

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Fuente:

La idea la tomé del blog Horno y Adorno, aunque haciendo los cambios que os he comentado para eliminar la lactosa.

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Dulce de papaya

Esta es la última receta que preparé para el blog en Paraguay y lo primero que voy a decir es que el nombre allí no es ese, allí se conoce como “dulce de mamón”, que es como se llama a la papaya. Los mamones encuentran en el supermercado o frutería con tanta facilidad como aquí manzanas.

Al igual que pasa con los árboles de mango, los mamoneros son un frutal habitual en los jardines paraguayos. Sin ir más lejos, en la casa donde vivimos estos meses había unos cuantos pequeños y uno más grande que no paró de dar frutos desde que llegamos hasta que hicimos las maletas para volvernos. Lo mejor es que van madurando gradualmente, así que no te encuentras con una cosecha enorme de repente.

Después de que una amiga encarnacena nos regalase un poco del dulce de mamón que preparó su madre, me decidí a probar yo también.

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Ingredientes:

  • 1 kg de papaya (pesada limpia y pelada)
  • 1 kg de azúcar
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • agua

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Preparación:

Pelar y extraer la semilla de la papaya raspando el interior con una cucharilla (no debe estar demasiado madura pero tampoco verde, lo ideal es que esté pintona como llaman Sudamérica a casi madura).

Pesar y anotar la cantidad, nos hará falta después para recordar la cantidad de azúcar y agua que hará falta (la misma que de fruta).

Cortar en rodajas de unos 2 cm de grosor (mejor más gorditas que finas).

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Poner en un cuenco o cacerola profunda cubrir de agua fría y añadir el bicarbonato.

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Tapar y dejar reposar 24 horas (pasado ese tiempo se habrá formado una espumita como la de la foto, no os preocupéis, es normal).

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Lavar la fruta y colocarla en una cacerola profunda.

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Añadir la mitad del azúcar (en peso será la mitad de lo que pesaba la fruta pelada y limpia).

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Cubrir con la misma cantidad de agua fría que peso haya de fruta (como 1 kg de agua es un litro, será fácil de calcular).

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Cocinar a fuego medio durante media hora con la cacerola medio tapada.

Agregar el resto del azúcar y la esencia de vainilla.

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Cocinar a fuego suave hasta que el dulce esté brillante y translúcido como un caramelo y el almíbar haya espesado y esté dorado (en mi caso fueron unos 45 minutos más).

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Dejar enfriar en la cacerola antes de comerlo.

¡Espero que os guste tanto como a nosotros!

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Notas:

Lo primero de todo, muchísimo cuidado con el caramelo caliente, os podéis hacer una quemadura grave. Mantened a los niños lejos hasta que haya enfriado del todo.

El dulce de mamón debe tener consistencia firme (un poco durito por fuera y blando por dentro, para eso se lo deja en agua con bicarbonato) y ser dorado y brillante, si no es así quizá le falte cocción.

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No es aconsejable añadir agua a mitad de cocción porque la fruta se ablandaría y perdería esa especie de corteza ligeramente dura tan característica.

El peso de fruta, azúcar y agua debe ser siempre el mismo, da igual la cantidad de fruta que pongamos (si hay 720 g de fruta tiene que haber 720 de azúcar y 720 de agua).

Se puede comer solo, con yogur natural o con queso ya sea tierno o fresco (el que veis en las fotos es queso Paraguay). Troceado con requesón y bañado con almíbar debe estar de vicio, ahí lo dejo 😉

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Si una vez acabado el dulce os sobra almíbar, no lo tiréis, se puede usar para bañar bizcochos, para endulzar batidos…

Fuente:

Sacada del libro del que os hablado tanto en la receta de pastel mandi’o como en la de polenta dulce, Tembi’u Paraguai.

Maipy He’ê – Polenta dulce

Pues aquí seguimos, el viaje se ha prolongado un mes, así que espero tener tiempo de hacer un par de recetas paraguayas más antes de volver a España.

En esta ocasión os enseñaré a hacer Maipy He’ê, que es polenta dulce en guaraní, un postre que saca partido de uno de los ingredientes más comunes por estos lares, la harina de maíz. Parece mentira la de cosas distintas que se pueden hacer con maíz.

Las veces que hemos ido a restaurantes no he visto en la carta de postres nada que se pudiese llamar paraguayo, quizá con la excepción de la mousse de mburucuyá. Tampoco es que la variedad sea mucha, suelen ofrecer dos o tres cosas, helado, ensalada de frutas, volcanes de chocolate, brownie o cheesecake. Por eso cuando me prestaron un libro de cocina paraguaya la sección de postres fue la primera que miré.

El libro, Tembi’u paraguai, se divide en dos partes, una de recetas paraguayas propiamente dichas y otra llamada Selección de recetas prácticas, que consiste en recetas internacionales adaptadas “a la paraguaya” y tan asimiladas que ya son de aquí. En la primera parte, de donde saqué esta polenta, predominan los dulces de frutas locales, de mandioca y de miel de caña, mientras que en la segunda parte, más amplia, encontramos mermeladas, bizcochos, cremas, helados…

Después de echarle un vistazo al libro, he llegado a la conclusión (no comprobada) de que si no hay postres paraguayos en las cartas de restaurantes debe ser porque son elaboraciones bastante simples y quizá no se consideran suficientemente sofisticados, aunque por lo que he podido comprobar, están muy buenos.

Polenta Dulce Compota Manzana (8)
Ingredientes (para 6 raciones):

  • 1/2 taza de harina de maíz
  • 3/4 taza de azúcar
  • 2 tazas de leche
  • 2 manzanas ácidas
  • opcional: canela en polvo

Polenta Dulce Compota Manzana (1)
Preparación:

Lavar, pelar y trocear las manzanas.

Polenta Dulce Compota Manzana (2)
Poner en una olla con dos o tres cucharadas de agua y cocer a fuego medio hasta que la manzana esté blanda y el agua se haya evaporado (a mí me gusta más que la manzana conserve la textura y tenga trocitos, pero si preferís una compota más fina sólo hay que dejar que se cocine hasta que se haga puré, añadiendo más agua si es necesario).

Repartir la compota en el fondo de cuencos individuales.

Polenta Dulce Compota Manzana (3)
Mezclar en otra olla la harina de maíz con el azúcar y la leche, removiendo bien con unas varillas hasta que se disuelva el azúcar.

Llevar a fuego medio sin parar de remover hasta que alcance el hervor, bajar el fuego y dejar que hierva al menos 5 minutos más removiendo con las varillas.

Polenta Dulce Compota Manzana (4)
Retirar del fuego y verter inmediatamente en los cuencos sobre la compota de manzana.

Polenta Dulce Compota Manzana (5)
Como toque final, espolvorear por encima con canela en polvo (se puede tamizar con un colador).

Polenta Dulce Compota Manzana (7)
Se puede comer caliente, a temperatura ambiente o fría (y no sabría deciros cuando está más buena porque está riquísima siempre).

Polenta Dulce Compota Manzana (9)
Notas:

Como la polenta es muy dulce creo que para la compota van mejor manzanas ácidas, como granny smith o tabardillas, aunque cualquier variedad que sea sabrosa valdrá. Creo que también se podrían usar otras frutas ácidas o dulces, si sois muy golosos (en el libro de donde la saqué sugieren compota de melocotón o ciruela).

La cantidad de azúcar se puede reducir, poniendo la misma proporción que de harina, o incluso un poco menos.

Es muy fácil medir los ingredientes de esta receta (por cada parte de harina de maíz, una o una y media de azúcar y cuatro de leche) y por eso es fácil de aumentar o reducir la cantidad que queremos hacer.

Al igual que el arroz con leche, es un postre bastante potente, así que mejor no pongáis raciones demasiado grandes (los míos, aunque parecen pequeñitos son de un cuarto de litro, jajaja), mejor quedarse con ganas de repetir. 😉

Si queréis darle un extra de presencia al postre, para una comida especial, os recomiendo usar cuencos de cristal, para que se vea el contraste de colores y texturas entre la polenta y la compota, sobre todo si usáis algo muy colorido como frutos rojos o melocotón.
Polenta Dulce Compota Manzana (6)

Si no tenéis cuencos, podéis utilizar una bandeja y que cada uno se sirva la cantidad que le apetezca comer, aunque en este caso, mejor poner la compota en un cuenco aparte.

Polenta Dulce Compota Manzana (10)
Fuente:

Saqué la receta del libro “Tembi’u Paraguai. Comida paraguaya” de Josefina Velilla de Aquino, indispensable para cualquiera que quiera aprender a hacer recetas paraguayas. Yo lo conocí cuando al llegar aquí empecé a investigar sobre cocina paraguaya, y flipé cuando J. lo trajo una noche diciendo que nos lo había prestado la casera.