Sobres de aguacate, rulo de cabra y espinacas (Juego de blogueros 2.0)

Ya ha pasado un mes y aquí estoy con mi segunda participación en el Juego de Blogueros 2.0. Esta es la primera vez que he podido votar entre los ingredientes propuestos y uno de mis candidatos ha sido el elegido al final, el aguacate. Confieso que es una fruta que me encanta, soy una forofa total del guacamole, pero es que incluso la forma más simple de comer aguacate, untado en pan con un poco de sal, me parece un manjar.

El reto de encontrar una receta interesante tuvo una complicación extra, en marzo de 2015 salió el aguacate como ingrediente estrella, y por lo tanto me propuse descartar las recetas utilizadas en esa ocasión. Este inconveniente fue a la vez una ventaja, ya que me permitió investigar en las posibilidades y probar un par de cosas muy interesantes. Aunque la tentación del dulce fue fuerte (¡¡brownie de aguacate!!) conseguí mantenerme firme y probar sólo recetas saladas.

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Después de un par de experimentos, se me ocurrió hacer empanadillas de masa filo. Como no lograba decidirme con el relleno, acabé haciendo unas cuantas variantes que llevé a las jornadas gastroseriéfilas semanales que tenemos con unos amigos. Se tomaron tan en serio su labor que incluso me hicieron sugerencias de mejora para alguno de los rellenos (con jurados así da gusto). Aunque hubo un serio competidor, al final la decisión fue unánime. Las mejores eran las de aguacate, queso de cabra y espinacas. De todas formas, creo que la variante mejorada que propusieron verá la luz en el futuro.

Al final del post podéis ver la lista de participantes por si os interesa ver de qué manera han cocinado ellos el aguacate.

Ingredientes (12 empanadillas):

  • 8 hojas de masa filo
  • 100 g de rulo de cabra
  • 1 aguacate
  • 60 g de espinacas baby
  • 6 chalotas o 1 cebolla mediana
  • aceite de oliva virgen extra
  • sal y pimienta negra

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Elaboración:

Cortar en juliana las chalotas y rehogarlas en una sartén a fuego suave con dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra (la idea es que se caramelicen un poco, sin quemarse). Reservar.

Separar dos láminas de filo y dejar el resto en el envoltorio bien cerrado. También se pueden tapar con un paño de cocina ligeramente humedecido (al aire la masa filo se reseca bastante rápido y se vuelve quebradiza, por eso hay que protegerla).

Extender una lámina en la superficie de trabajo, pincelar ligeramente con aceite de oliva, tapar con la otra lámina de filo y pincelar la superficie.

Cortar las hojas en 3 tiras por la parte más larga del rectángulo que forman.

Colocar una capa de espinacas baby dejando un margen de unos tres dedos en el extremo y más o menos dos en los bordes largos.

Cortar en rodajas un cuarto del queso y repartirlo sobre las espinacas de las tres tiras.

Filetear más bien grueso un cuarto del aguacate y colocarlo sobre los trozos de queso.

Rematar con un poco de chalota rehogada.

Doblar el extremo de la masa filo sobre el relleno y plegar los laterales por encima, ligeramente en diagonal. Enrollar el paquete formado y volver a plegar los laterales. Repetir hasta tener el paquete hecho con una forma similar a un sobre (es difícil de explicar con palabras, pero he intentado hacer la foto de forma que se vea el proceso que hay que seguir). Para ayudar a pegar las plegaduras, se pueden pincelar con un poco de aceite.

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Repetir con toda la masa filo y el relleno.

Precalentar el horno a 190 ºC.

Colocar una hoja de papel de hornear en la bandeja del horno y distribuir los sobres sobre ella con el extremo final de la masa hacia abajo, para que no se abran. Pincelar con aceite de oliva.

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Hornear a media altura a 190 ºC hasta que los sobrecitos estén dorados (unos 15-20 minutos, en mi horno a los 15 ya estaban). Dejar enfriar un poco en una rejilla hasta que estén templados (tened en cuenta que dentro estarán más calientes, ojo con las quemaduras).

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Notas:

Yo la masa filo la compro en el supermercado de El Corte Inglés, normalmente la tienen siempre. En algunos sitios la tienen congelada pero mi experiencia con ella ha sido pésima y no la recomiendo.

En las fotos veis 3 chalotas en vez de las 6 que indico en los ingredientes. El caso es que la primera vez que las hice utilicé cebolla, pero cuando fui a repetirlas para fotografiar la receta, me había olvidado de comprar cebollas, así que, como las chalotas que había no llegaban para las 12 piezas, hice 6 con chalota y otras 6 con puerro rehogado. El veredicto, las tres versiones están buenas, cada una de ellas con su sabor particular, podéis usar el ingrediente que más os guste.

Si esta forma de hacer los paquetitos os parece complicada, en la receta de spanakopitas que publiqué hace un par de años tengo otra explicada ¡hasta con un dibujito! Jajajajaja. La verdad es que en los experimentos previos probé varios “empaquetados” distintos y para las fotos acabé eligiendo el que me pareció más bonito y cómodo para la cantidad de relleno que llevaba cada pieza.

Aunque lo ideal es comerlos recién hechos, si sobran están buenos fríos también, aunque pierden un poco de ese toque crujiente.

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Fuente:

Me inspiré a medias en la receta de Spanakopita que os decía antes y a medias en una foto de un sandwich que vi en Pinterest, aunque reconozco que ni siquiera llegué a abrir la receta, simplemente vi que llevaba queso de cabra, espinacas y aguacate y me dije… ¡voy a probar esa combinación! Hum… ahora me entra curiosidad por saber qué más cosas llevaba ese sandwich, jajajaja.

Participantes del juego:

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Elvira: http://www.asisecomeengranada.com/

Carabiru: https://birulicioso.wordpress.com

Fran: https://cocinaryacomer.wordpress.com/

Fe: http://www.codigosecreto280.com/

Mónica: http://dulcedelimon.com

Inma: http://entre3fogones.com/

Raxel: https://homeandrun.wordpress.com/

Cristina: http://kooking2015.blogspot.com.es/

Leila: http://lanuevacocinadeleila.blogspot.com.es

Antxon: http://musloypechuga.com

Noelia: https://noestevezblog.wordpress.com/

Maribel: https://picoteandoideas.wordpress.com/

Taty: https://planetaty.wordpress.com/

Neus: https://rorosacabolas.wordpress.com/

Kemberlyn: http://www.sonrisavegana.com

Maryjose: http://tapitasypostres.blogspot.com.es/

Silvia A.: http://unapizcadena.wordpress.com/

Galletas saladas de cacahuete y cerveza

Hace tiempo que no publico ninguna receta salada y mi propósito de no convertir este blog en el baúl de los golosos se está resintiendo, así que aquí os traigo unas galletas saladas perfectas para un aperitivo y muy muy fáciles de hacer.

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(La cerveza que sale en la foto me la envió mi amigaza Fani desde Alemania )

No sé cuándo empezó el idilio entre la cerveza y los cacahuetes salados, pero lo cierto es que es un combo que suena a cañas con los amigos y a bar de toda la vida.

Para esta receta he utilizado “maní” molido que me trajeron desde Paraguay, regalo de una buena amiga de allí (¡Gracias, Mara!). Me parece que aquí no es muy común encontrar cacahuete molido, pero en Paraguay lo hay en todos los supermercados. Junto con la miel negra de caña es uno de los dos ingredientes del dulce de maní o “ka’í ladrillo“, aunque lo más habitual es que sea maní entero. Una bomba calórica, amigos.

Ingredientes (para unos 350 g de galletitas):

  • 200 g de harina
  • 1/2 cucharadita de sal
  • pimienta negra molida al gusto
  • 50 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 100 ml de cerveza
  • 100 g de cacahuetes salados
  • un poco de aceite de oliva para pincelar

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(Y las bandejitas vinieron en el mismo paquete que la cerveza )

Elaboración:

Triturar los cacahuetes en la picadora o a mano en un mortero (los míos venían ya molidos).

Tamizar la harina sobre la encimera, una tabla de trabajo o mesa limpia (excepto si, como la mía, es de cristal, limpiarla después es un suplicio).

Formar un volcán con la harina, espolvorear por encima la sal y la pimienta, verter en el hoyo el aceite y la cerveza.

Empezar mezclando con un tenedor y a continuación amasar enérgicamente con las manos. La masa tiene que ser elástica pero no pegajosa, si se pega a las manos, añadir un poco más de harina espolvoreada y amasar hasta que la absorba.

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Poner la masa en un cuenco tapada con un paño limpio y dejarla reposar media hora en un lugar fresco.

Precalentar el horno a 180 ºC.

Mientras tanto, forrar con papel de hornear o engrasar con un poco de aceite la bandeja del horno.

Estirar la masa con un rodillo sobre una superficie enharinada hasta conseguir una plancha fina, de unos dos o tres milímetros de grosor (yo lo hice en varias tandas, porque mi rodillo es una botella de vino y no hay mucho margen de maniobra, jajajaja).

Cortar en tiras de un par de centímetros de ancho y 5 o 6 de largo con un cuchillo afilado (las medidas son al gusto, pueden ser más pequeñas, más grandes, cuadradas, romboidales… lo que os apetezca).

Colocar las tiras de masa encima de la bandeja dejando un poco de espacio entre ellas y pincelar con un poco de aceite de oliva.

Opcional: espolvorear un poco de sal y pimienta negra recién molida por encima.

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Hornear en altura media, con calor arriba y abajo a 180 ºC durante unos 12 minutos, hasta que las galletas tengan un aspecto tostado y crujiente (tiempos aproximados, como siempre os digo, puede hacer falta más si son galletas más gordas, o menos si son muy finas).

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Sacar las galletas del horno, despegarlas enseguida de la bandeja y dejarlas enfriar sobre una tabla de madera o una rejilla.

(Con las cantidades que os indico a mí me salieron dos hornadas)

Estas galletas son perfectas como aperitivo con una cerveza fría, pero también sirven para tomar con cremas de picoteo como el hummus, la muhammara, el mutabal o el byessar.

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Si sobran se conservan sin problema guardadas en recipientes herméticos para que se mantengan crujientes.

Notas:

Si usáis cacahuetes sin salar, hay que aumentar un poco la cantidad de sal.

En la masa yo puse aproximadamente 1/8 de cucharadita de pimienta negra molida, pero podéis añadir más.

Es mejor no tener la harina justa, porque es posible que haga falta más, no sólo para estirar la masa sino por si ésta queda demasiado pegajosa a la hora de amasar.

Otra cosa que puede ocurrir es que la masa esté demasiado seca, esto se soluciona añadiendo un poco más de cerveza o agua en el amasado, pero poquito a poco.

Otra cosa, la cerveza le aporta bastante sabor, si sois cerveceros os recomiendo utilizar una variedad tostada o de doble malta, ya veréis qué ricas quedan. Tengo pendiente probar con cerveza negra, ya os contaré.

Como véis por los ingredientes, estas galletas son veganas, aunque eso puede no ser así dependiendo de la cerveza utilizada, ya que en algunas utilizan cola de pescado en su elaboración. Como no soy vegana ni especialista en cervezas, no puedo deciros más al respecto.

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Fuente:

Esta receta salió de un experimento sobre una que copié de la libreta de recetas de la madre de J. ¿Tú haciendo variaciones? os preguntaréis socarronamente… pues sí, ¿qué queréis? no lo puedo evitar, jajajaja. La receta original lleva los cacahuetes en mitades por encima en lugar de en la propia masa, por eso he tenido que modificar la cantidad de harina y líquidos. Me anoto hacerla tal cual la próxima vez. 😉

Crema de alubias pintas para picoteo

Hoy os traigo una nueva crema de picoteo para añadir a la pequeña familia formada por el hummus, la muhammara, el baba ganoush y el byessar. Aunque he probado unas cuantas recetas más que me han gustado, no he podido fotografiarlas para el blog, pero tranquilos, irán cayendo.

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A mí, por los ingredientes, me recuerda a platos de la cocina mexicana o ecuatoriana más que al hummus y demás cremas de tradición mediterránea.

Creo que lo ideal sería hacer esta receta con alubias negras, pero no las había cocidas, así que usé rojas, que le han dado un color bastante pintoresco, jejejeje.

Ingredientes (4 personas):

  • 1/2 cebolla morada pequeña
  • 1 diente de ajo
  • 1 o 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 400 g de alubias pintas/rojas cocidas (también valen negras)
  • 1 y 1/2 cucharadas de vinagre balsámico
  • 2 cucharadas de zumo de lima
  • 1 cucharadita de comino molido
  • 2 cucharadas de cilantro fresco
  • 1 o 2 cucharadas de agua (opcional)
  • sal y pimienta
  • Decoración opcional: un par de cucharadas de cebolla morada picada, cilantro fresco picado, un chorro de aceite de oliva virgen extra…

Preparación:

Escurrir bien las habas en un colador y lavarlas con agua fría para eliminar el líquido que llevan.

(Por comodidad las suelo usar de bote, pero se pueden usar las que hayan sobrado de otra receta o cocerlas específicamente)

Pelar y picar el ajo y la cebolla.

Poner en el vaso de la batidora todos los ingredientes y batir hasta obtener una pasta homogénea.

Salpimentar al gusto y batir para homogenizar.

Dejar reposar unas horas en el frigorífico tapada con film (no es imprescindible, pero gana en sabor).

Servir en un plato o cuenco y acompañar de nachos y bastoncitos de verdura cruda, pan de pita, colines, regañás o pan tostado (lo que os apetezca, vamos, aunque con nachos está especialmente buena).

¡Y a mojar hasta dejar el plato limpio!

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Ideas:

Se podría machacar todo junto en un mortero. Este proceso, aunque es un poco más laborioso, le deja una textura más rústica y con trocitos de cebolla que a mí me gusta mucho.

Si os queda demasiado densa, se puede aligerar con un poco de agua, en mi caso, con una cucharada y media fue suficiente. Recomiendo añadir poco a poco el agua, batiendo entre medias, para poder controlar mejor la cantidad hasta tener la densidad que más os guste.

La cantidad de ajo y comino, como siempre, es orientativa y podéis modificarla a vuestro gusto.

Fuente:

La descubrí, a través de Pinterest, en este blog.

Sopa paraguaya

La primera cosa que comí en Paraguay fueron empanadas (aquí las empanadillas se llaman así) compradas en la terminal de ómnibus de Asunción, llegamos por los pelos y comimos sentados en el autobús. Pero la primera comida relajada, sentada en una mesa y con cubiertos, fue en Encarnación, la ciudad donde llevamos viviendo más de tres meses. Tras bajarnos del autobús y dejar las maletas en el hotel nos fuimos a cenar a un restaurante cercano donde J. me sugirió la sopa paraguaya. A lo largo de este tiempo la he comido en un montón de ocasiones más, tanto casera como en restaurantes, porque es un plato muy popular. Esta misma popularidad hace que siempre sea distinta ya que cada cocinero parece tener su propia receta.
Casualmente también fue la primera receta paraguaya que me lancé a probar.

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¿Pero no había dicho que era una receta de sopa? Pues sí, sopa paraguaya. ¿Y qué es esa cosa con pinta de bizcocho de ahí arriba? Pues es lo que os he dicho, sopa paraguaya, la única sopa sólida del mundo, jajajaja. Aunque parece ser una receta producto de la mezcla de las culturas guaraní y española,  dice la leyenda que la receta proviene de un error de la cocinera del presidente de Paraguay, Carlos Antonio López, mientras hacía una sopa de maíz que le encantaba a su empleador. Nerviosa por haberla estropeado la mujer acabó metiendo la mezcla de ingredientes al horno y el resultado sería este. Hay varias versiones de esta leyenda, pero a mí la que más me gusta es la que dice que ocurrió un día que el presidente tenía una importante visita de un embajador europeo al que le habían dicho que iba a tomar una sopa estupenda. Cuando lo que pusieron en la mesa fue esta especie de bizcocho salado extrañado preguntó dónde estaba la sopa, a lo que el presidente, negándose a quedar mal ante el embajador, respondió “¡Así es la sopa paraguaya!”.

Si venís a Paraguay no dudéis en probarla.

Ingredientes (para unas 8 raciones):

– 1 cebolla grande

– 100 ml de aceite de oliva, manteca de cerdo o mantequilla derretida

– 1 cucharadita de sal

– 450 g de harina de maíz (no maicena)

– 4 huevos medianos

– 150 ml de leche entera

– 250 g de queso Paraguay (un sustituto podría ser ricota o algún otro queso fresco)

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Preparación:

Picar la cebolla en juliana y pochar en una sartén con el aceite, manteca o mantequilla y la sal. Una vez que esté transparente, retirar del fuego y dejar enfriar.

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Precalentar el horno a 200 ºC.

Poner la cebolla pochada en un cuenco grande y añadir los huevos de uno en uno, integrando bien cada uno con las varillas antes de agregar el siguiente.

Añadir una cuarta parte de la harina espolvoreando sobre la mezcla anterior, una cuarta parte de la leche, remover bien con las varillas y seguir intercalando harina y leche hasta que se acaben. La masa tendrá textura cremosa, si está demasiado densa se puede añadir un poco más de leche y si está muy líquida un poco más de harina (la harina de maíz que compro aquí es a granel y poco procesada, así que es posible que si usáis una harina más fina las cantidades cambien un poco).

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Desmenuzar el queso (también se puede cortar en tacos, pero a mí me gusta más que sean trozos irregulares) y agregarlo a la masa removiendo bien.

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(Y ya está la masa de la sopa paraguaya lista, más fácil no puede ser)

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Engrasar una bandeja de horno de cristal tipo pirex de más o menos 1.8 litros de capacidad (yo uso una de 16x26x4.5 cm) y verter en ella la mezcla. Es conveniente que no la llenéis hasta el borde ya que sube un poco, con 1 cm de margen debería ser suficiente.

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Hornear de 35 a 45 minutos a media altura a 200 ºC (dependerá de la altura que tenga la mezcla en el molde, es mejor no pasarse para que no se reseque demasiado).

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Sacar la bandeja del horno y dejar enfriar un poco antes de servir, pero no mucho, como más rica está es calentita del horno.

Se suele comer como acompañamiento de un plato principal tipo carne asada, como parte de una picada (una selección de cosas de picoteo, queso, aceitunas, mandioca frita, salchichas…) pero sola está muy buena.

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Consejos:

Para que nos salga una sopa mucho más esponjosa se pueden separ las claras de las yemas, añadir las yemas al principio, como explico en la receta, batir las claras a punto de nieve y agregarlas al final, con el queso, removiendo con suavidad la mezcla.
También se puede sustituir la leche por nata (aquí la llaman crema de leche), montándola y añadiéndola al final junto con las claras.
Yo esto no lo hice porque no tenemos batidora, pero estoy segura de que es una idea fantástica que probaré en cuanto pueda.

Al enfriar se endurece un poco, pero se puede solucionar pasando el trozo que vayamos a comer por la sartén con unas gotas de aceite y dorándola un poco por debajo y los lados.

Fuente:

Tras el primer intento fallido por una receta deficiente, encontré el fantástico blog del que saqué la receta de chipa guasu, de su receta de sopa paraguaya salió la mía tras un par de pruebas modificando algunas cantidades para hacerla más a mi gusto.

Chipa guasu

Aunque la primera receta paraguaya que hice no fue ésta, sí fue la primera que me salió bien al primer intento, así que allá va.
Lo primero es deciros que en guaraní sólo se ponen tildes en las vocales acentuadas que no van en la última sílaba, es decir, esta comida de pronuncia “chipá guasú”, aunque tengo que decir que en general en Itapúa he oído decir chipa más que chipá.

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Es una de las más de 70 variedades de chipa que existen y como guasu significa grande, podemos deducir que es la más grande de las chipas (según mi experiencia es la que menos se parece a la chipa canónica, por cierto). Como casi todas las cosas no cárnicas aquí, se come como acompañamiento a un asado, unidad fundamental de la alimentación paraguaya, jajajaja.
Los ingredientes principales de la chipa guasu son básicamente los mismos que en distintas proporciones llevan muchas otras elaboraciones tradicionales paraguayas: maíz o choclo (en este caso fresco y no en harina), queso Paraguay (un queso fresco y ligeramente ácido de aquí), huevos y leche.

Ingredientes (para unas 8 raciones):

– 1 cebolla grande

– 2 cucharadas de aceite de oliva, grasa de cerdo o mantequilla

– 2 cucharaditas de sal

– 700 g de choclo o maíz tierno (serviría de lata, aunque no es lo suyo)

– 4 huevos medianos

– 100 ml de leche entera

– 250 g de queso Paraguay (un sustituto podría ser ricota o algún otro queso fresco)

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Preparación:

Picar la cebolla y pochar en una sartén con el aceite, grasa o mantequilla y la sal. Una vez que esté transparente, retirar del fuego y dejar enfriar.

Desmenuzar o cortar el queso en trocitos.

Precalentar el horno a 180 ºC.

Dividir el choclo/maíz en 4 partes y batir en un procesador o batidora cada parte con un huevo y un cuarto de la leche hasta obtener una pasta cremosa pero con grumitos (lo suyo es que se note un poco el maíz, aunque esto depende un poco de los gustos de cada uno).

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Poner la crema de maíz en un cuenco, añadir la cebolla y el queso Paraguay desmenuzado (este queso tiene una textura muy particular que no se parece demasiado a ningún otro queso que haya probado, pero creo que un buen ricota u otro queso fresco servirá), remover para mezclarlo todo bien y corregir el punto de sal si hace falta.
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Engrasar una bandeja de horno de cristal tipo pirex de más o menos 1.8 litros de capacidad (la que tenemos aquí mide alrededor de 16x26x4.5) y verter en ella la mezcla. Es conveniente que quede un poco de margen hasta el borde ya que sube un poco, aunque con 1 cm debería ser suficiente.

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Hornear de 30 a 45 minutos a media altura a 180 ºC (dependerá un poco de la altura que tenga la mezcla en el molde, con la mitad de esta receta y la misma bandeja se hizo en 30 minutos, pero con la receta completa le hicieron falta los 45).

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Para saber si está, al pincharla con un tenedor no debería salir manchado de mezcla lechosa, aunque como lo suyo es que quede jugosa no es conveniente que se seque demasiado en el horno porque al enfriar adquiere consistencia (tiene su truco, pero también os digo que va un poco al gusto y en cada sitio la hacen distinta).
Retirar del horno y dejar enfriar un poco sobre una rejilla antes de servirla.

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Se puede comer del tiempo, pero está muuuuuuuuuuucho más rica calentita. Ñam.

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Consejos:

No lo he probado pero si al batir el choclo y mezclar todos los ingredientes os sale demasiado líquida se puede espesar con harina de maíz (ojo, harina de maíz, no maizena) añadiendo de cucharada en cucharada hasta conseguir la densidad justa.

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Fuente:
Encontré la receta en este blog especializado en gastronomía paraguaya.