Magdalenas de pera y cardamomo (Juego de Blogueros 2.0)

Vuelve a ser fin de mes y toca publicar mi propuesta para el reto mensual con un producto de temporada. Esta vez la más votada fue la pera, aunque había otros ingredientes igual de interesantes.

No sé a vosotros, pero a mí enero se me ha pasado volando, cuando me quise dar cuenta había llegado el último fin de semana del mes y yo sin la receta preparada. Por suerte tenía en la despensa todo lo necesario para estas deliciosas magdalenas que, aunque las dejé como plan B para probar cosas nuevas, fueron la primera cosa que me vino a la cabeza cuando salió la pera como ingrediente mensual.

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Me ha pasado una cosa curiosa en esta ocasión, he ido comprando peras que acabaron devoradas antes de decidir qué receta probar. Y no ocurrió ni una ni dos, sino al menos en tres ocasiones. Eso sí, fueron bien disfrutadas, tanto solas como con yogur o en batidos mañaneros.

Al final del post os dejo los enlaces para que podáis ver qué han hecho el resto de participantes con las peras.

Ingredientes (30 minimagdalenas o 9 normales):

  • 2 huevos medianos
  • 100 g de azúcar
  • 60 g de aceite de girasol
  • 1 pera (2 si son pequeñas)
  • 4 vainas de cardamomo
  • 120 g de harina de trigo
  • 1 cucharadita de levadura química
  • 1/4 de cucharadita de sal fina

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Elaboración:

Cascar los huevos y separar las claras de las yemas.

En un cuenco, montar las claras a punto de nieve con unas varillas (si sois de esos que lo hacéis a mano, toda mi admiración para vosotros, yo uso las de la batidora). Estarán listas cuando tengan una consistencia firme y al inclinar el cuenco no se escurran. Reservar.

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Batir las yemas con el azúcar en un cuenco grande, también con las varillas, hasta que blanqueen y aumenten de volumen.

Añadir el aceite de girasol y seguir batiendo.

Pelar y picar la pera (para minimagdalenas es mejor trozos más pequeños, pero sin pasarse, lo suyo es notar el sabor y la textura de la pera).

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Abrir las vainas de cardamomo, retirar las semillitas y machacarlas en un mortero hasta que se desmenucen un poco.

Añadir la pera y el cardamomo a la crema y mezclar con una espátula para distribuirlos bien.

Mezclar la harina, la sal y la levadura química. Tamizar sobre la crema en tandas, integrando bien antes de añadir más, pero sin remover en exceso.

Agregar las claras montadas a la masa e integrar suavemente con la espátula, con movimientos envolventes, intentando que no se bajen en el proceso.

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Tapar el cuenco con film transparente y dejar reposar al menos una hora en la nevera.

Precalentar el horno a 210 ºC.

Colocar cápsulas de papel en el molde de las magdalenas (cápsulas dobles sobre una bandeja de horno si no tenemos molde)mientras la masa reposa.

Rellenar las cápsulas con masa hasta 3/4 partes de su capacidad.

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Hornear a 210 ºC durante 10 minutos (7 si son minimagdalenas), bajar la temperatura a 190 ºC y seguir horneando otros 5-10 minutos (para minimagdalenas unos 2 o 3), hasta que se doren.

Sacar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla metálica.

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¡Y a disfrutar de unas esponjosas magdalenas!

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Notas:

La cantidad de cardamomo es orientativa, con 4 tienen bastante sabor; si preferís que sea más sutil, con 2 será suficiente; si queréis que sea más potente, poned más.

Si os gustan las magdalenas con costra crujiente, espolvoread un poco de azúcar por encima justo antes de meterlas al horno. Yo no les puse mucho, pero en la fila de arriba de la siguiente foto, llevan azúcar.

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El truco para las magdalenas con copete está en ese juego de temperaturas: tener la masa fría, empezar el horneado a mayor temperatura para que suban y después bajarla para que se hagan por dentro.

En esta ocasión a mí me han quedado chatas, creo que porque las cápsulas eran muy pequeñas para mi molde, así que se abrieron en lugar de contener la masa y dejar que subiese. Para evitarlo puse dos cápsulas por magdalena, pero aún así no funcionó del todo. Con esta receta y las cápsulas adecuadas siempre me han salido unas preciosas magdalenas con copete.

Fuente:

Esta receta es de uno de mis blogs culinarios favoritos del mundo, Fotomerienda de Etringita. De ella he aprendido un montón de cocina y, sobre todo, de fotografía culinaria, mis fotos sin sus sabios consejos no serían lo mismo. Últimamente su actividad bloguística está paralizada y yo espero como agua de mayo que vuelva a la carga con más y mejores recetas. Si no conocéis Fotomerienda, estáis tardando en ir a echar un vistazo. 😉

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Participantes del juego:
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Rosamary: https://alacartemenus.wordpress.com/
Carlota: https://articuina.wordpress.com
Elvira: http://www.asisecomeengranada.com/
Carabiru: https://birulicioso.wordpress.com
Fe: http://www.codigosecreto280.com/
Mónica: http://dulcedelimon.com
Berta: https://dulceperonotanto.wordpress.com/
Chus: http://www.elcrepitardelosfogones.com/
Rebeca: http://enganchadosalacocina.com/
Inma: http://entre3fogones.com/
Ana N.: https://entreobleasyaloloco.wordpress.com/
Raxel: https://homeandrun.wordpress.com/
Sandra: https://justfoodlovers.com/
Cristina: http://kooking2015.blogspot.com.es/
Silvia K.: http://kuinetes.com/
Leila: http://lanuevacocinadeleila.blogspot.com.es
Ligia: https://losdulcesdeligia.wordpress.com/
Jorge: https://mastercocinillas.com/
Silvia R.: https://misdeliciosastentaciones.wordpress.com/
Antxon: http://musloypechuga.com
Noelia: https://noestevezblog.wordpress.com/
Maribel: https://picoteandoideas.wordpress.com/
Neus: https://rorosacabolas.wordpress.com/
Maryjose: http://tapitasypostres.blogspot.com.es/
Silvia A.: http://unapizcadena.wordpress.com/

Rosquitas, palitos y coquitos de mantequilla

Hoy os traigo otra receta paraguaya (¿qué queréis?, creo que definitivamente me hice medio paraguaya), otra vez recurro al mundo de los panificados del que ya os comentaba cosas en la receta de galletas paraguayas de anís.

En los supermercados paraguayos se venden un montón de cosas a granel, desde detergente a pienso para perros, pasando por pastas, arroces, galletas e incluso harinas. A mí me parece una cosa buena, pero que allí por lo visto tiene el inconveniente de que muchos de esos productos son de calidad inferior a los envasados, una lástima.

Entre los productos panificados a granel, están los coquitos, que por lo visto se compran mucho como tentempié. He de confesar que estando allí, no los compré nunca, los que había en mi súper me tenían una pinta un poco seca y nunca me sedujeron lo suficiente para probarlos.

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Al volver, como parte de la morriña del emigrante (os digo de verdad eso de que me volví medio paraguaya), cuando vi la receta de los coquitos me entró un antojo brutal, así que los hice… y ¡ay amigos! ¡¡qué buenos que están!!

Con la misma receta se pueden preparar varios formatos que os explico más abajo.

Ingredientes (para 500 g de panificados, más o menos):

  • 12 g de levadura fresca de panadero (o 4 g de levadura seca, no confundir con levadura química)
  • 10 g de azúcar
  • 150-200 ml de agua tibia
  • 400 g de harina de fuerza (también sirve harina de trigo normal)
  • 10 g de sal
  • 12 g de anís en grano
  • 125 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente

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Preparación:

Disolver en un par de cucharadas de agua tibia (ojo, si está demasiado caliente podéis matar la levadura) el azúcar y la levadura y removiendo ligeramente. Dejar reposar hasta que empiece a burbujear.

Mientras, formar un volcán con la harina en la encimera (en las fotos veréis que yo uso un cuenco grande, porque mi piso es pequeño y ahí todavía no tenía la tabla de IKEA que uso ahora como superficie de amasado) y añadir la sal en la parte exterior del montículo para evitar que toque la levadura directamente cuando la añadamos (he leído que la sal puede afectar al proceso de levado, pero no lo sé a ciencia cierta).

Frotar los granos de anís entre las manos (como quitándonos el frío en invierno) dejándolos caer sobre la harina a modo de lluvia.

Cuando la levadura empiece a formar espuma, volcar en el hueco de la harina y empezar a amasar añadiendo agua tibia poco a poco (pongo un rango de agua necesaria porque la cantidad varía dependiendo de la temperatura ambiente y la calidad de la harina, yo suelo tener 200 ml preparados pero no siempre los necesita).

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Amasar hasta tener una masa uniforme, pero tirando a seca.

Añadir la mantequilla troceada y seguir amasando hasta integrarla totalmente.

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La masa resultante es bastante húmeda, pero si queda demasiado pegajosa se puede corregir agregando un poco más de harina y amasando de nuevo para que la absorba.

Formar una bola, tapar con un paño limpio y dejar reposar en un cuenco de 20 a 25 minutos en un sitio cálido y sin corrientes de aire.

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Pasado este primer levado, estirar la masa sobre una superficie enharinada con la ayuda de un rodillo hasta tener una plancha de entre medio y un centímetro de espesor.

A partir de aquí, las instrucciones para los distintos formatos.

  • Para las rosquitas:

Cortar tiras de masa de un dedo de ancho y dividirlas en palitos de 8 a 10 centímetros de largo.

Retorcer los palitos y unir los extremos apretando con los dedos.

(No hay que preocuparse si no salen iguales, ¡la imperfección es bella!)

  • Para los coquitos:

Cortar las tiras en cuadraditos de algo más de un dedo de lado.

También se pueden hacer bolitas un poquito más grandes que una avellana.

  • Para los palitos:

Cortar tiras de masa de un dedo de ancho y dividirlas en palitos de 8 a 10 centímetros de largo.

(Yo los hice retorcidos como las rosquitas, pero se pueden dejar tal cual, sin retorcer)

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Distribuir las formas de masa sobre una bandeja de horno engrasada, también se puede colocar  hoja de papel de hornear o una lámina de teflón, dejando una separación de uno o dos centímetros entre ellas.

Tapar la bandeja con un paño limpio y dejar levar hasta que dupliquen su tamaño en un sitio cálido y sin corrientes de aire.

Precalentar el horno a 180 ºC.

Hornear a 180º hasta que empiecen a dorarse, serán unos 12 o 15 minutos (recordad que los tiempos varían según el horno y el grosor que hayáis dado a las formas). Es probable que la segunda hornada se haga antes.

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Dejar enfriar sobre una rejilla.

Notas:

Se puede sustituir la mantequilla por margarina, quizá se pueda utilizar aceite de oliva, pero como no lo he probado, no os puedo asegurar que de buenos resultados.

Los tamaños pueden variar, podéis hacer piezas más grandes pero recordad que tendréis que modificar los tiempos de horneado.

Recién hechas son una locura de jugosidad y sabor, pero también se pueden conservar sin problemas en una caja metálica o un recipiente hermético unos días.

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Son ideales para desayunar (con café con leche hacen una combinación bestial) pero os diré que son una tentación para matar el hambre a cualquier hora del día, especialmente los coquitos, que tienen un tamaño de bocado muy cómodo.

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Fuente:

La receta la saqué de aquí, un blog de cocina paraguaya que ya he usado como referente en otras recetas.

 

Galleta paraguaya de anís (panecillos)

Cuando llevábamos unas semanas en Paraguay, descubrimos que allí llaman galletas a los bollos de pan y lo que aquí conocemos como galletas lo denominan galletitas. Otro dato curioso en torno al pan es que cuando compras empanadas (empanadillas) te suelen preguntar si quieres “pancito”, ¿sólo yo pienso que empanadilla con pan es redundancia alimentaria? 😉

Casi todo el pan que vi allí a la venta venía en formato bollo individual o divisible con una especie de precortes, aunque en la panadería que había en nuestro barrio también tenían hogazas más grandes. En el supermercado al que íbamos en Encarnación solían tener tres tipos de pan, cuatro cuando el fin de semana traían uno muy denso y tan rico que seguro que es mantequilla pura. Allí conocimos las “galletas de anís“, unos bollos ligeramente prismáticos de corteza parecida al del pan candeal y miga ligera con granitos de anís, que es un ingrediente común en chipas y panificados allí.

Un día, buscando recetas paraguayas, me encontré con esta receta y me picó el gusanillo “panarra”. Por los comentarios nostálgicos de la gente sobre las galletas de su infancia, me parece que las que venden en el supermercado han sufrido una evolución bastante radical y en realidad las originales se parecerían más a estas que os traigo.

Ingredientes (para 12 panecillos):

  • 25 g de levadura fresca de panadero (o 8 g de levadura seca)
  • 20 g de azúcar
  • 200-250 ml de agua tibia
  • 500 g de harina de fuerza (también sirve harina de trigo normal)
  • 10 g de sal
  • 75 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 1/2 cucharada de anís en grano (o un poco más)

Galleta Paraguaya Anís (1)

Preparación:

Disolver en un cuenco pequeño el azúcar y la levadura en dos cucharadas de agua tibia removiendo ligeramente. Dejar reposar hasta que empiece a burbujear y se forme un poco de espuma (si la temperatura ambiente es baja, yo a veces pongo el cuenco en una especie de baño maría, sobre otro con agua un poco más caliente que la que añado a la levadura, para acelerar un poco el proceso).

Galleta Paraguaya Anis (2)

Formar un volcán con la harina sobre una superficie de trabajo (si no tenéis espacio, yo lo he hecho muchas veces en un cuenco grande y también sirve, aunque es más engorroso), añadir la sal en la parte exterior del montículo para evitar que toque la levadura directamente cuando la añadamos (la sal por lo visto interfiere en la activación de la levadura).

Frotar los granos de anís entre las manos sobre el cuenco, con un movimiento tipo tramar algo o quitarse el frío, desperdigándolos sobre la harina (esto ayuda a desmenuzarlos un poco y hace que salga el aroma, ya veréis qué olorcito en las manos después).

Añadir la mantequilla a temperatura ambiente, troceada.

Galleta Paraguaya Anís (3)

Cuando en el cuenco la levadura haya empezado a espumar, agregar la mitad del agua tibia y la levadura al centro del volcán y empezar a amasar. Conforme vayamos amasando, añadir poco a poco el resto del agua, la cantidad necesaria variará dependiendo de la temperatura ambiente y el tipo de harina.

La masa tiene que quedar uniforme, elástica y húmeda sin que se nos pegue a las manos. Si nos pasamos de agua y se queda muy pegajosa, se puede añadir más harina poco a poco.

Galleta Paraguaya Anís (4)

Tapar con un paño limpio y dejar reposar en un cuenco unos 15 minutos minutos en un sitio cálido y sin corrientes de aire.

Pasado este tiempo, dividir la masa en 4 partes y formar cilindros de unos 20 cm de largo sobre una superficie enharinada.

Con un cuchillo afilado, cortar cada cilindro en 3 porciones de unos 4 dedos de ancho.

Galleta Paraguaya Anís (5)

Engrasar una bandeja de horno o cubrirla con una hoja de papel de hornear o de teflón (me he comprado una y me encanta lo cómoda que es) y colocar las porciones de masa presionando un poco con las manos para dejar el corte de la porción hacia un lado. Para evitar que se peguen al levar y esponjarse, dejar un par de dedos de espacio entre ellas (en mi bandeja caben los doce bollos sin problemas).

Galleta Paraguaya Anis (6)

Tapar con un paño limpio y dejar levar hasta que dupliquen su tamaño en un sitio cálido y sin corrientes de aire.

Precalentar el horno a 200 ºC.

Hornear a 200º durante unos 10 o 12 minutos hasta que empiecen a dorarse. El tiempo variará según el horno y el tamaño de los bollos.

Retirar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla.

Galleta Paraguaya Anis (7)

Notas:

Se puede sustituir la mantequilla por margarina o aceite de oliva. La primera vez que las hice no tenía mantequilla y usé aceite, no salen exactamente igual, pero están deliciosas también. Lo cierto es que tampoco tenía azúcar y utilicé miel… y aún así fue todo un éxito, no hay que parar de experimentar, jajajaja.

El primer levado se puede saltar si tenéis prisa, pero las veces que lo he hecho, los panecillos han salido más esponjosos.

El tamaño de las galletas puede variar, podéis hacerlas más pequeñas estirando más los cilindros de masa, o incluso un único pan más grande, eso sí, tendréis que modificar los tiempos de horneado.

Galleta Paraguaya Anis (9)

Las galletas paraguayas están buenísimas recién hechas, son crujientes por fuera y tiernas por dentro, y son perfectas para comer con queso o fiambre, con mantequilla y mermelada, o directamente solas. Es decir, tanto valen para desayunar, como para merendar, como para una cena de “companaje”.

Galleta Paraguaya Anis (10)

Se pueden conservar sin problemas en una caja metálica, una bolsa o un recipiente hermético un par de días, lo mismo que cualquier otro pan, aunque pierden un poco de ternura.

Fuente:

La receta la saqué de aquí, aunque el proceso de elaboración lo he ido puliendo desde que empecé a hacerlas estando en Paraguay hasta ahora.

Bizcocho japonés Castella o Kasutera

Hoy os traigo la receta del Castella o Kasutera, una receta japonesa del que es probablemente el mejor bizcocho que he preparado hasta el momento. Es un bizcocho tradicional en Japón pero realidad su origen estaría en el pão de Castela (pan de Castilla) que llevaron consigo los mercaderes portugueses a Japón en el siglo XVI. En los cinco siglos que han transcurrido desde entonces la receta ha ido cambiando para adaptarse al paladar y gustos de los japoneses, pero es curioso que se haya mantenido el origen en su denominación, Castella (カステラ, leído “kasutera”).

Bizcocho Kasutera (5)

El Kasutera no es difícil de hacer, pero sí que es un poco laborioso y si queréis resultados espectaculares de textura y esponjosidad hay que seguir unos cuantos trucos. A veces las instrucciones de las recetas nos pueden parecer optativas, pero en el caso de este bizcocho puedo aseguraros que esos detalles son cruciales, los mismos ingredientes trabajados de manera ligeramente distinta producen resultados que no tienen nada que ver. ¿Y cómo puedo asegurarlo con tanta rotundidad? Pues porque la primera vez que lo preparé lo hice siguiendo una receta mucho menos minuciosa y, aunque el resultado se dejaba comer, me dejó pensando que tampoco era para tanto el Kasutera. Convencida de que el truco tenía que estar en la elaboración, seguí investigando hasta dar con una receta que hacía muchísimo hincapié en ciertas instrucciones. Me vi el vídeo que acompañaba la receta apuntándome todos y cada uno de los pasos y la recompensa fue un bizcocho ligero, esponjoso y blandito como ninguno que hubiera salido de mi horno antes.

Ingredientes:

  • 3 huevos medianos
  • 60 g de azúcar
  • 20 g de miel
  • 60 g de harina de trigo para pan (aunque sirve harina de trigo normal)
  • 20 g de leche entera
  • aceite de girasol

Bizcocho Kasutera (1)

Preparación:

Lo suyo es hacer este bizcocho en un molde rectangular o cuadrado, para estas cantidades tirando a pequeño, de 20×12 cm o 15×15 cm de base y una altura de entre 5 y 7 cm. Mi molde es tipo plumcake, no es el ideal, pero sirve. Si las medidas de vuestro molde exceden en mucho las que os indico, es mejor ampliar las cantidades apropiadamente para evitar un bizcocho demasiado bajo (no es difícil, con añadir un huevo más y la parte proporcional de cada ingrediente está hecho).

En Japón la manera tradicional de hacer el Kasutera es utilizando un molde especial, un marco de madera sin fondo que se coloca sobre una bandeja metálica, así se queda tostado por abajo y arriba y menos por los bordes (he visto que hay por ahí tutoriales que explican cómo imitar este efecto forrando el exterior del molde con cartón envuelto en papel de aluminio, si probáis decidme qué tal).

Forrar el molde con papel de hornear y engrasar ligeramente con aceite de girasol (sin pasarse tampoco, que quede engrasado pero sin chorretes).

Lavar los huevos y separar las claras de las yemas (hay diferentes métodos, yo los casco con cuidado y utilizando las dos mitades de la cáscara voy dejando caer la clara en un cuenco manteniendo la yema dentro. Mi madre tiene este separador de yemas de tupperware que a mí me encanta). Hay que intentar que no se rompan las yemas.

Precalentar el horno a 160 ºC.

Atentos, que el siguiente paso es IMPORTANTE. Para entender algunos de los conceptos me vino muy bien este post de Javi Recetas donde se explica paso a paso cómo montar claras.

En un cuenco grande batir las claras con las varillas a velocidad baja hasta tenerlas en “puntas blandas”, se habrán convertido en una espuma blanca de burbujas pequeñas que al sacar las varillas forma puntas que se doblan (en la foto de Javi se ve perfectamente a qué me refiero con tantas palabras).
En este momento hay que subir a velocidad media e ir añadiendo poco a poco el azúcar sin dejar de batir hasta alcanzar el estado “puntas rígidas”, se formarán picos que no se doblan al sacar las varillas, la espuma estará suave y cremosa, pero aún no tan densa como si la montasemos a punto de nieve. Este es el punto que necesitamos (es importante no pasarse porque no queremos tener las claras a punto de nieve sino en este estado de cremosidad y suavidad celestial).
Hacia el final, bajar otra vez la velocidad de la batidora para que no se formen burbujas grandes, ya que podrían provocar que el bizcocho se viniese abajo en el horno (el Kasutera es un bizcocho esponjoso, pero de agujeritos pequeños).

Agregar las yemas de una en una, integrando cada una bien con las varillas (llegados a este punto es mejor hacerlo a mano, sin prisa y girando SIEMPRE en la misma dirección para que no se desinfle la crema) antes de añadir la siguiente.

Agregar la miel e integrar de la misma forma lenta y cuidadosa que con las yemas hasta que se mezcle uniformemente.

Tamizar la mitad de la harina sobre la crema y batir suavemente con las varillas hasta que la masa la absorba. Repetir con el resto de la harina.

(Insisto otra vez en la importancia de batir siempre en la misma dirección, no sé si girar la masa en sentido horario y luego antihorario va a ocasionar un apocalipsis bizcochil, pero después del primer fracaso no me sentí con el suficiente espíritu científico para oponerme a las instrucciones de la receta).

Añadir la leche repartiéndola por la superficie y remover con una espátula de silicona, haciendo movimientos envolventes del borde del cuenco hacia el centro. Cuando ya no quede rastro de leche a la vista, golpear el cuenco contra la encimera con firmeza, esto ayudará a que las burbujas grandes que pueda haber por la masa suban a la superficie y se rompan (si os da miedo romper la encimera o el cuenco, golpead sobre la tabla de cortar). Remover un poco más, dejar reposar 15 segundos y golpear el cuenco otra vez. Repetir una vez más.

Bizcocho Kasutera (2)

Verter la masa en el molde forrado muy lentamente y desde unos 30 cm de altura. A medida que la masa fluya y vaya cayendo en el molde, las burbujas que aún puedan quedar se irán rompiendo en la superficie.

Golpear el molde 3 o 4 veces sobre la encimera para hacer salir las burbujas que aún puedan quedar después de tanto meneo (esta es otra de las instrucciones en las que la receta hacía especial hincapié y es cierto que funciona, con cada golpe salen burbujas).

Hornear a 160 ºC en la balda inferior del horno unos 35 minutos, hasta que la corteza esté tostada (dependerá un poco del horno). El punto de este bizcocho es ligeramente húmedo si se seca demasiado pierde esponjosidad, por eso podemos pincharlo con un palillo pasados 30 minutos para comprobar si está hecho, tiene que salir no manchado pero sí un poco húmedo.

Retirar el molde del horno y dejarlo caer dos o tres veces desde unos 30 centímetros sobre la encimera, esto evitará que al enfriar se desinfle (hay que ver lo mucho que hay que maltratar a este pobre bizcochito).

Pasado un rato empezarán a aparecer arruguitas en la superficie, dar la vuelta al molde sobre una tabla, apoyar la cara superior del bizcocho medio minuto sobre ella y volver a ponerlo del derecho, esto ayudará a que las arrugas desaparezcan y la superficie se mantenga más lisa (como yo no tengo tabla de madera, sólo puedo deciros que lo de darle la vuelta funciona para quitar las arrugas aunque no es del todo eficiente, si probáis con la tabla, contadme).

Dejar enfriar dentro del molde sobre una rejilla.

Si no se va a servir en el momento, envolverlo en papel film cuando aún esté templado para evitar que se mantenga jugoso.

Bizcocho Kasutera (3)

Lo tradicional es retirar los bordes laterales y después cortarlo en porciones de unos 3 cm de espesor que sólo tendrán corteza por arriba y por abajo. Para no chafar el bizcocho al cortarlo, es mejor hacerlo con un cuchillo de cortar pan.

Bizcocho Kasutera (4)

Notas:

Aunque os parezca poca harina, creedme, no me he equivocado con la cantidad, realmente lleva tan poca.

La miel es mejor que sea líquida, porque si es de una variedad más sólida os será difícil integrarla en la masa.

No sé si os habrá quedado claro pero: girar siempre en la misma dirección y golpear golpear golpear. Jajajajaja.

Si lo vais a hacer, os recomiendo ver el vídeo, leer con atención la receta para ver si os surge alguna duda que se pueda resolver antes de meteros en el follón y tenerla a mano mientras cocináis.

Fuente:

La receta la encontré en este blog, muy bien explicada y con un vídeo que ayuda muchísimo a entender el proceso. Como veréis ponen las cantidades de yemas y claras en gramos, pero después de investigar vi que más o menos tres huevos medianos pesan eso, a razón de 30 g de clara y 20 g de yema cada uno de media, y decidí no complicarme tanto la vida.

Muffins de cacao y té pakistaní

Estos muffins son producto de estar leyendo una receta y, al ver que añadían agua, pensar ¿y por qué no sustituirla por té negro? En ese momento tenía un par de variedades aromatizadas de té negro y una de té rojo (la que usé para el arroz con leche). Descarté el rojo, porque no me convencía la idea de mezclarlo con cacao, y opté por utilizar té pakistaní, ya que la mezcla de especias (cardamomo, canela, clavo, vainilla y naranja) es muy habitual en repostería.

No les hice mucho caso mientras estaban en el horno, pero sé que pasaron por una fase en la que estaban perfectamente redonditos e inflados, sin embargo después se empezaron a rajar, y quedaron tan bonitos como los veis en las fotos (a mí es que me gustan más así, menos perfectos). Hasta me dio un poco de rabia que quedasen tan bien porque, como sólo estaba probando, no tenía pensado subir aún la receta, no tenía tiempo para hacer las fotos y estaba segura de que la siguiente no iban a quedar tan bonitos.

Al final logré reservar los 5 que veis en las fotos un par de días hasta tener tiempo de fotografiarlos. Lo bueno es que cuando los volví a hacer, para tener imágenes de los ingredientes y el proceso, volvieron a quedar igual de bien.

Muffins Cacao Té Pakistaní 001

Ingredientes (8-9 muffins medianos):

– 220 ml de agua

– 4 cucharaditas de té pakistaní

– 85 g de mantequilla o margarina

– 85 g de azúcar blanco

– 1 cucharada de sirope de arroz o miel

– 1 cucharadita de esencia de vainilla

– 1 cucharadita de bicarbonato sódico

– 3 cucharadas de leche o bebida vegetal

– 220 g de harina

– 2 cucharadas de cacao en polvo

Muffins Cacao Té Pakistaní Ingredientes

Preparación:

Preparar el té. Llevar a ebullición 120 ml de agua, infusionar el té durante 4 minutos, filtrar y reservar (tened cuidado con respetar los tiempos de infusión, porque puede amargar).

En un cazo, calentar a fuego lento, y sin dejar de remover, los 100 ml restantes del agua con el azúcar, la mantequilla ablandada y el sirope. Una vez se haya disuelto el azúcar, subir el fuego y llevar a ebullición.

Cuando empiece a hervir, bajar el fuego y seguir cocinando a fuego lento 5 minutos más. Retirar del fuego, añadir 100 ml del té que preparamos previamente y dejar enfriar.

Tamizar la harina y el cacao en un cuenco grande.

Una vez esté fría la crema ligera de mantequilla, disolver el bicarbonato en un cuenco pequeño con la leche y la esencia de vainilla, y añadir la mezcla al cazo.

Incorporar la mezcla húmeda al cuenco de los ingredientes secos y remover con unas varillas o una espátula de silicona hasta obtener una pasta uniforme sin grumos (sin batir).

Muffins Cacao Té Pakistaní 03

Precalentar el horno a 190-200 ºC y preparar las cápsulas de papel (cápsulas dobles si no tenemos molde metálico para magdalenas, aunque saldrán más abiertos y chatos) para hornear los muffins mientras la masa reposa.

Repartir la masa rellenando las cápsulas hasta 3/4 partes de su capacidad y hornear unos 15-20 minutos a media altura a 190-200 ºC (hasta que suban, si no estáis seguros, están listos si al pincharlos con un palillo, sale limpio) .

Sacarlos del horno y dejarlos enfriar sobre una rejilla metálica.

Muffins Cacao Té Pakistaní 004

Consejos:

El sabor que aportan el té y las especias se intensifica con el paso del tiempo, reservadlas al menos un día y ya me contaréis qué tal.

Se conservan bien unos cuantos días en un recipiente hermético, incluso podéis meterlo en la nevera.

Ideas:

Si no tenéis té pakistaní, podéis utilizar té negro y añadir 2 o 3 vainas de cardamomo, un par de clavos de olor, unas astillas de canela y piel de naranja a la hora de hacer la infusión.

También podría funcionar añadir 1/2 cucharadita de canela en polvo, otra 1/2 de cardamomo molido y 1/4 de cucharadita de clavo molido a los ingredientes secos y ralladura de naranja a los húmedos.

También podéis usar cualquier otro té negro aromatizado que os guste y que pueda combinar bien con el cacao, y si no os gusta el té, basta con cambiarlo por agua.

Mi amiga Etringita de Fotomerienda cuando los hizo sustituyó la leche por la misma cantidad de zumo (no recuerdo si de piña o naranja) y funcionó bien, ya que ambos son elementos ácidos que activan el bicarbonato.

Fuente:

Variante de una receta del libro “El arte de cocinar Magdalenas” de editorial Parragon, que ya había usado previamente en ésta y esta otra recetas.