Bizcochitos de frambuesa

¡Sigo aquí! En septiembre volví a la universidad matriculándome en un máster y, como me parecía poco compaginarlo con el trabajo a tiempo parcial que ya tenía, conseguí otro trabajo a tiempo parcial… y como eso todavía me pareció poco lío, me embarqué en un proyecto loco del que espero poder hablar pronto.

El caso es que entre todas estas cosas, mis últimos dos meses y pico se pueden resumir en madrugar todos los días, correr de acá para allá y hacer malabares entre todas las facetas de mi vida laboral, estudiantil y personal. Un lío.

Y claro, en medio de ese caos, no he podido dedicarle apenas tiempo a cocinar y mucho menos a crear contenido para el blog. Por no poder, no he podido casi ni terminar recetas que ya tenía fotografiadas y medio redactadas. Me pondría un minipunto negativo, pero ya bastante castigo es no tener tiempo de cocinar cosas ricas lo suficientemente a menudo.

Bizcochitos de frambuesa

El caso es que una de esas recetas no-del-todo-olvidadas-en-borradores es la de estos bizcochitos de frambuesa con un toque cítrico. Tienen el dulce justo y la chispa fresca y ácida que aportan las frambuesas. Si eso era poco reclamo, además son muy esponjosas. Y si necesitáis que además no tengan lactosa, estáis de suerte. Sí, lo sé ¿por qué no os he traído la receta antes, verdad?

Ingredientes para 12 bizcochitos de frambuesa:

  • 1 naranja pequeña
  • 60 g de aceite de girasol (u otro aceite suave)
  • 2 huevos medianos
  • 75 g de azúcar de coco (o azúcar moreno)
  • 150 g de harina de trigo
  • 1 cucharadita de levadura química
  • 1/4 cucharadita de sal
  • frambuesas frescas
Ingredientes para hacer bizcochitos de frambuesa

Elaboración:

Exprimir la naranja y rallar la piel.

Batir ligeramente en un cuenco grande el zumo con la ralladura, el aceite de girasol y los huevos.

Agregar el azúcar de coco y seguir removiendo con las varillas hasta que se disuelva.

Mezclar la harina con la levadura química y la sal. Tamizar sobre la mezcla de ingredientes líquidos en tandas. Remover hasta que se integre bien antes de añadir más. No hay que batir, se trata de mezclar suavemente hasta obtener una masa homogénea.

Masa para bizcochitos de frambuesa

Precalentar el horno a 200 ºC.

Preparar el molde en el que haremos los bizcochitos de acuerdo a sus características. (*)

Verter la masa en los huecos, hasta llenar aproximandamente 2/3 de la altura.

Por último, hundir 1 o 2 frambuesas en la masa de cada bizcochito. Dependiendo de la forma y el tamaño del molde cabrán más o menos.

Bizcochitos de frambuesa antes de hornear

Bajar a 180 ºC la temperatura del horno y cocer los bizcochitos durante 10-15 minutos, hasta que hayan subido y estén dorados. (**)

Estarán cocidos cuando al pinchar con un palillo de madera, éste salga limpio.

Biacochitos de frambuesa recién horneados

Sacar los bizcochitos del horno, dejar que reposen unos 5 minutos en el molde, desmoldar y dejar enfriar completamente sobre una rejilla antes de guardarlos.

Bizcochitos de frambuesa

¡Ya me contaréis qué os parecen!

Notas:

Usé azúcar de coco porque me apetecía probarlo, pero sirve perfectamente azúcar moreno o incluso blanco.

(*) Si el molde es metálico y no vamos a usar cápsulas, habrá que engrasarlo con aceite de girasol y enharinar. Si vamos a usar cápsulas de papel, sólo habrá que colocarlas en los huecos. En moldes de silicona no es necesario engrasar ni usar cápsulas. Y si vamos a usar sólo cápsulas, habrá que dejar dos para cada bizcochito, porque con una se abren demasiado.

Yo usé mi molde de financiers, me parece un formato interesante, sobre todo si queremos congelar algunos.

(**) Los tiempos de horneado varían según el molde y y el horno. En el molde que yo usé, en 10 minutos están listos, en formato magdalena tardan un poquito más, unos 15 minutos.

Fuente:

Es una variante de esta receta de magdalenas de pera y cardamomo que le tomé prestada a mi amiga Etringita de su Fotomerienda.

Galletas de matcha y naranja con chocolate negro

Os propongo unas galletas con un sabor suave a té matcha, con un poquito de naranja y un contrapunto amargo de chocolate negro. El chocolate es opcional, pero la verdad es que os recomiendo mucho tomaros un ratito en decorarlas.

Me he dado cuenta de que tengo un montón de cortagalletas (pero no lo digáis muy alto, no vaya a ser que se entere J. y piense que no necesito más) y que algunos están sin estrenar o nunca han aparecido por aquí, así que hay que ponerle remedio a esa situación. Para estas galletas usé unos cortadores triangulares que me regaló mi amiga, y muy buena cocinera, Etringita el año pasado por mi cumpleaños.

Ingredientes:

Para las galletas

  • 250 g de harina para repostería
  • 5 g de levadura química (Royal)
  • 2 cucharaditas (6 g) de té matcha
  • 100 g de azúcar
  • 1 huevo
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • 75 ml de aceite de girasol
  • piel rallada de media naranja
  • 50 ml de zumo de naranja

Para la cobertura (opcional)

  • 1 huevo
  • 50 g de chocolate
  • ralladura de naranja

Elaboración:

Mezclar la harina con la levadura química y el té matcha y tamizar en un cuenco grande.

Añadir el azúcar, el huevo, el extracto de vainilla, el aceite, el zumo y la ralladura de naranja.

Remover hasta que los ingredientes se integren en una masa homogénea. No hace falta amasar, se trata de mezclarlo bien.

Formar una bola, envolver en film (en casa estamos reduciendo el uso de plásticos de usar y tirar, así que coloqué la bola en un cuenco y lo tapé con un plato) y dejar reposar en la nevera al menos media hora.

Precalentar el horno a 180 ºC con calor arriba y abajo y colocar una lámina de papel de hornear sobre la bandeja del horno.

Estirar la masa entre 2 láminas de papel de hornear hasta obtener una lámina de unos 3 o 4 mm de espesor.

Cortar la masa con cortapastas y colocar las galletas en la bandeja dejando un dedo de separación entre ellas.

Batir un huevo y pincelar una capa fina sobre las galletas.

Hornear a 180 ºC durante unos 10 o 12 minutos. Están listas cuando se hayan esponjado un poco y se empiecen a dorar por los bordes. Hay que tener cuidado de no pasarse de tiempo de horneado porque al enfriar las galletas endurecen un poco y lo ideal es que queden blanditas por dentro.

Dejar enfriar sobre una rejilla.

Para decorar las galletas trocear el chocolate y fundirlo al baño maría.

Una vez fundido el chocolate, añadir un poco de ralladura de piel de naranja y remover bien.

Decorar las galletas al gusto (os dejo unas ideas en las notas) y dejar que el chocolate endurezca antes de guardarlas.

¡Y ya están listas!

Notas:

Yo fui prudente con la cantidad de té matcha porque llevé estas galletas para mis alumnitos de cerámica y no sabía si les gustaría mucho el sabor, pero si ya sois iniciados, creo que aguantará bien hasta 3 cucharaditas.

Si tenéis dudas con el matcha y os echa para atrás la idea de comprar un producto que quizá no os guste, podéis hacer un sucedáneo casero con un buen té verde, simplemente pasándolo por un molinillo de café o especias para conseguir té en polvo. No es lo mismo, pero así os podéis hacer una idea de si os va a gustar.

Pincelar las galletas con huevo antes de hornear sirve para que tengan una superficie dorada y ligeramente brillante, pero se pueden hornear sin huevo.

Para decorar las galletas con chocolate hay múltiples opciones:

Podemos pincelar la cara inferior de la galleta y dejar secar boca abajo sobre una rejilla hasta que se endurezca.

Otra opción es mojar una parte de la galleta en el chocolate fundido y apoyar las galletas boca arriba sobre una lámina de papel de hornear o el borde de un plato.

Y mi última sugerencia es hacer hilillos de chocolate con un palillo o tenedor, ya sea en forma de líneas o en salpicaduras.

Si preferís algo más rápido, podéis tamizar azúcar glas sobre las galletas.

Guardadlas en un recipiente hermético para que se conserven en perfectas condiciones unos cuantos días.

Como todas las masas con especias, té o similares, el sabor se irá intensificando con el paso de los días, preparadlas al menos con un día de antelación, me lo agradeceréis. 😉

Fuente:

La receta la improvisé a partir de la de las galletas de aceite y limón que publiqué hace un par de meses. Como os decía en aquella ocasión, la base es perfecta para hacer versiones.

Financiers sin gluten

Vamos a empezar la temporada de horno (en verano abandono completamente ese electrodoméstico, en Madrid sólo se atreven los valientes) con algo facilito, unos financiers sin gluten.

Los financiers son bizcochitos con forma de lingote (de ahí el nombre), jugosos y tirando a densos. Esto es porque en lugar de harina normal, llevan harina de almendra, que además les da un sabor muy especial. A mí me recuerdan a las típicas marquesas de Navidad.

Ingredientes (para 12 financiers):

  • 85 g de almendra molida
  • 25 g de harina de arroz
  • 120 g de azúcar glas
  • 3 claras de huevo
  • ralladura de la piel de medio limón
  • ralladura de la piel de media naranja
  • 70 g de mantequilla a temperatura ambiente
  • un poco de harina y mantequilla extra para el molde

Elaboración:

Dejar que se ablande la mantequilla a temperatura ambiente un par de horas. Si vamos con prisa, una posibilidad es hacerlo en el microondas a potencia media en tandas de 10-15 segundos. En este caso hay que remover entre tanda y tanda para ayudar a que alcance la textura pomada sin que se licúe.

Precalentar el horno a 180 ºC.

Mezclar en un cuenco grande la almendra molida con el azúcar glas y la harina de arroz, deshaciendo los posibles grumos con unas varillas.

Batir las claras de huevo hasta que alcancen el estado “puntas blandas”. No deben llegar a montarse a punto de nieve, porque es difícil integrarlas con los ingredientes secos si están duras.

Incorporar las claras a la mezcla de almendra, harina de arroz y azúcar, realizando movimientos envolventes con una espátula.

Rallar encima la piel de limón y naranja y mezclar delicadamente con la espátula.

Por último, agregar la mantequilla ablandada y mezclar hasta se integre bien en la masa, pero sin brusquedad.

Si el molde es metálico, hay que engrasarlo con mantequilla y espolvorear con harina de arroz. Si es de silicona o vamos a usar cápsulas de papel no es necesario hacer nada.

Llenar con masa los huecos de los moldes hasta 2/3 de la altura.

Hornear a 180 ºC durante 12-15 minutos, hasta que la superficie empiece a dorarse. En moldes más grandes harán falta unos minutos más.

Dejar enfriar sobre una rejilla antes de desmoldarlos.

¡Espero que os gusten tanto como a mí!

Notas:

Aunque lo tradicional es usar almendra molida, también se pueden hacer con otros frutos secos molidos, yo estoy deseando probar con avellanas.

Si no sois celíacos, podéis sustituir la harina de arroz sin ningún problema por la misma cantidad de harina de trigo.

Os recomiendo dejar reposar los financiers de un día para otro, para que los sabores se asienten e intensifiquen, saben más ricos al día siguiente. Eso sí, en un recipiente hermético, claro.

A veces se espolvorean por encima con azúcar glas para darles un toque decorativo, pero a mí me gustan tal cual.

Fuente:

Son una versión de los otros financiers que tengo en el blog, los de grosellas.

Granizado de piña y agua de Jamaica

Antes de que se nos caiga encima el otoño, quiero publicar una cosa que probé este verano y que subió como la espuma a los primeros puestos de mis refrescos favoritos, un granizado de piña con infusión de flores de hibisco. UNA PASADA de refrescante y rico.

En sí la receta no tiene ciencia ninguna, pero nunca vienen mal propuestas sencillas para sacudirnos de encima la idea de que cocinar algo diferente es difícil.

El agua de Jamaica tiene como ingrediente principal flores de hibisco, que son las que le dan ese color rojo intenso. Hay multitud de recetas, con montones de variantes que pueden llevar especias como la canela, el clavo o el jengibre, o frutas como las fresas, las cerezas o las moras. Suele llevar limón para potenciar un poquito el sabor ligeramente ácido de las flores, y más o menos azúcar para endulzar.

En mi caso, he usado una infusión que mezcla las flores de hibisco con cáscara de naranja y trozos de manzana seca, sin añadir edulcorantes porque la piña aporta suficiente dulzor.

Ingredientes:

  • zumo de piña (*)
  • infusión de hibisco

Elaboración:

Preparar la infusión de hibisco y dejarla enfriar en la nevera. (**)

Hacer cubitos de zumo de piña rellenando una cubitera (o varias).

Triturar los cubitos con una batidora de vaso (mi caso) o en el accesorio picador hasta obtener la espuma helada que es el granizado.

Verter el granizado de piña en un vaso, llenando aproximadamente 2/3 más o menos y completar con la infusión de hibisco fría.

Remover para integrar los dos componentes y ¡a beber!

Notas:

(*) Cuando estuvimos en Paraguay, comprábamos unas minipiñas muy jugosas y riquísimas que usábamos mucho para hacer batidos. Os lo juro, se podían exprimir con la mano, nunca había visto una cosa así. Lo comento porque, aunque yo no lo he probado, creo que se podría sustituir el zumo de piña por piña natural triturada, pasada por un colador y luego congelada, con unos resultados similares.

Ojo con el zumo, elegid uno bueno, que no sea néctar y preferiblemente sin azúcares añadidos. A mí me gusta uno que venden en mercadona, es exprimido y refrigerado, aunque no recuerdo ahora qué tal lo del azúcar.

(**) La infusión de hibisco la preparo por maceración en frío. Hay bastantes infusiones que se hacen muy bien así, incluidos muchos tés. Normalmente si quiero hacer mucha cantidad, no me complico hirviendo agua, la dejo reposar una noche en la nevera en una botella y por la mañana la filtro.

Al rebajar la infusión con zumo de piña, es preferible que sea un poco más intensa, así que hay que poner un poco más de mezcla por taza de la que se pondría para tomarla sola.

Variantes:

Si no queréis estar dependiendo de la batidora, una opción para disfrutar de este combo piña-hibisco son los polos. Mezcláis 2 partes de zumo de piña (o puré, para darle más cuerpo) y 1 de hibisco, rellenáis las poleras, y 4 horas al congelador.

También he probado a congelar la infusión y usar el zumo en líquido. En este caso me ha funcionado mejor dejar los hielos tal cual, sin granizar.

Queda tan bonito el vaso así en bicolor degradado, que creo que quedaría muy glamuroso como versión de la típica piña colada. ¿Y en gin tonic? 😉

Por cierto, no tengo fotos, pero he probado la infusión de hibisco con refresco de limón y está macanuda, así que creo que con granizado de limón, o con una limonada muy cargada funcionaría de lujo. Y la naranja tiene pinta de hacer muy buenas migas también. Madre mía, tengo muchas cosas que probar. Jujujuju

Fuente:

Completamente a sentimiento. Empecé mezclando al 50% pero me pareció que la piña necesitaba un poco más de protagonismo. Desde mi punto de vista, está bien una proporción que esté entre el 2 a 1 y el 3 a 1, a favor de la piña, claro. 😉

Horchata de semillas de melón o pepitada (Juego de Blogueros 2.0)

Cuando el melón salió elegido ingrediente del mes de agosto en el Juego de Blogueros 2.0, inmediatamente pensé en un experimento que J. y yo habíamos visto en un hilo de twitter de Iban Yarza y que días después me encontré en un vídeo en Instagram, una bebida refrescante a partir de las semillas del melón.

A J., como fan total de la horchata (ambos estamos de acuerdo en que tendríamos un grifo en casa dedicado exclusivamente a esta bebida), se puso a investigar y buscar referencias acerca de su origen e historia. Aunque a los españoles nos parezca que siempre es de chufa, lo cierto es que su verdadero origen al parecer estaría en la cebada. Y concretamente esta pepitada u horchata de semillas de melón tiene un origen sefardita.

Para no extenderme demasiado, os dejo dos enlaces que pasaron el filtro del interés de J., uno más histórico (y que incluso tiene una receta del siglo XVIII) y otro que habla de los distintos tipos de horchata.

El año pasado en agosto hice otro experimento, encurtido de cáscara de sandía (que si no habéis probado, tenéis que hacer ya mismo) y me pareció divertido volver a usar una parte del ingrediente distinta de la previsible.

A veces no nos damos cuenta de que tiramos cosas que podrían ser utilizables, como los restos de verduras que sirven para hacer caldo base, el tronco del brócoli que queda perfecto en ensaladas, el pan seco que se puede usar para hacer pudin de pan, las cáscaras de frutas que se pueden confitar o utilizar para aceite aromatizado o extractos, o incluso aprovechar para extraer pectina para usar en mermeladas, como en el caso de la piel de manzana… Vamos, un sinfín de cosas.

Al final del post os dejo la lista con el resto de participantes, que seguro que han propuesto deliciosas maneras de utilizar la parte del melón que yo no he usado en mi receta. 😉

Ingredientes para hacer horchata de semillas de melón:

  • 1 melón
  • agua
  • opcional: azúcar, miel u otro endulzante

Elaboración de la horchata de semillas de melón o pepitada:

Abrir el melón y retirar todas las pepitas junto con con la parte anaranjada de la pulpa.

Hacen falta entre 2 y 4 partes de agua por cada parte de semillas y pulpa dependiendo de lo concentrado que queramos la horchata (en mi caso el melón tenía 1 taza y puse 2 de agua, salió bastante intenso, perfecto para añadir hielos).

Poner las pepitas en el vaso de la batidora/trituradora y procesar hasta que se forme una pasta.

Añadir el agua y seguir batiendo otros 2 minutos.

Filtrar con un colador fino, una gasa o una tela.

Refrigerar y servir bien fría, sola o con hielo.

Si queremos añadir endulzante, se mezcla con la horchata una vez filtrada.

Notas:

Para hacer esta horchata de melón, lo más importante es que el melón esté bien madurito y mejor si es dulce. Nosotros este verano los estamos comprando en un puesto de melones y sandías que ponen cada año al lado del Manzanares y nos han salido muy ricos.

También hemos congelado parte de la horchata de pepitas de melón en una cubitera para probar a hacer granizado. Editaré la entrada cuando lo hagamos para deciros qué tal ha salido.

Esta receta también se puede hacer con semillas de calabaza, con mezcla de ambas o con semillas de melón y almendras. Lo estoy escribiendo y ya me están dando ganas de probar. 🙂

Para facilitar el filtrado, primero pasé el batido por un colador, la cascarilla amarillenta se quedó allí y el líquido resultante era bastante denso y “gordito”. Luego lo filtré con un colador de tela de los de café y me di cuenta de que se quedaba atrapada una especie de pasta blanquecina aunque lo suficientemente fina como para que no llegase a molestar de no haberla filtrado esa segunda vez. Por cierto, si os entra curiosidad por saber qué cantidad de residuo quedó tras el filtrado, aquí os lo dejo.

Fuente:

Como decía al principio, me basé en la información que fuimos recabando, pero la receta en sí no tiene ninguna ciencia.

Participantes:

Elvira: Milhojas de melón, queso y jamón
Carabiru: Horchata de semillas de melón o pepitada
Mónica: Creps con crema de melón y frutas
Inma: Ensalada de melón con jamón y langostinos
Silvia K.: Melón con jamón reinventado
Maribel: Sopa de melón con jamón
Maryjose: Ajoblanco de melón