Alfajores de maicena

Aunque es Argentina la que se lleva la fama de los alfajores rellenos de dulce de leche, lo cierto es que en Paraguay, igual que en otros países latinoamericanos, también son un postre muy tradicional que te puedes encontrar en cualquier confitería o supermercado.

Los primeros días aquí en la bandeja del desayuno del hotel siempre había una o dos tarrinas pequeñitas de dulce de leche a las que me hice verdaderamente adicta. Haciendo gala de una fuerza de voluntad sobrehumana conseguí aguantar los dos meses que llevamos con casa propia sin comprarlo, pero cuando el otro día me vi babeando ante una bandeja de alfajores en el supermercado decidí que era hora de probar a hacerlos yo misma. Y comprar dulce de leche, claro, pero para hacer la receta, no para comérmelo a cucharadas. De verdad.

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Me daba miedo que las galletas saliesen quebradizas pero quedaron en su punto, nada secas, muy esponjosas, con un sabor riquísimo y se deshacían en la boca. Estaban tan buenas que aunque había comprado un dulce de leche del montón, tras probarlas fui a comprar un bote de Havanna.

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Ingredientes (para 20 alfajores de 5 cm):

– 100 g de mantequilla

– 200 g de azúcar glas

– 2 huevos (usaremos 1 y medio)

– 2 yemas

– 1 cucharadita de ralladura de limón

– 1 cucharadita de esencia de vainilla

– 200 g de maicena (harina de fécula de maíz)

– 100 g de harina de trigo

– 1/2 cucharadita de levadura química

– 1/4 cucharadita de sal fina

Relleno:

– 200 g de dulce de leche

– 50 g de coco rallado

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Preparación:

Trocear la mantequilla y ablandarla poniéndola unos segundos en el microondas hasta que tenga textura pomada (si hace calor, con dejarla que se ponga a temperatura ambiente fuera del frigorífico un rato será suficiente, yo lo prefiero porque pasarse de tiempo en el microondas es bastante fácil si no lo tienes controlado).

En un cuenco grande mezclar bien el azúcar glas y la mantequilla con un tenedor hasta obtener una crema uniforme y sin grumos(si no tenéis azúcar glas podéis triturar azúcar normal con la batidora, lo importante es que no queden granos demasiado grandes ya que luego se notarán en la textura de la galleta).

Añadir a la crema la yema, el huevo y el medio huevo de uno en uno, integrándolo bien antes de añadir el siguiente (para el medio huevo yo batí ligeramente uno, medí cuantas cucharadas eran, en mi caso un poquito más de 3, y después añadí la mitad a la crema).

Por último agregar la ralladura de limón y la esencia de vainilla y mezclar bien con el tenedor o unas varillas.

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Mezclar la harina con la maicena, la sal y la levadura química en otro cuenco.

Tamizar la mezcla de harinas a pocos sobre la crema y mezclar con un tenedor o los dedos (yo tengo las manos muy calientes y por eso prefiero hacerlo con un tenedor), dejando que absorba la harina antes de agregar más, sin batir ni amasar. Iremos integrando toda la harina hasta obtener una masa blanda y homogénea que no se pegue demasiado a las manos.

Envolver la masa en film transparente y dejar reposar en la nevera una hora para que adquiera consistencia y sea más fácil de trabajar.

Enharinar abundantemente la superficie de trabajo para que no se pegue la masa al estirarla (como aquí hacía bastante calor y no tengo demasiadas herramientas, yo estiré la masa sobre una bolsa de plástico abierta enharinada).

Dividir la masa en 2 partes y estirar una porción con un rodillo enharinado hasta que tenga un grosor de aproximadamente medio centímetro (deberíais haberme visto utilizando montoncitos de tarjetas de cartulina a modo de guía y una botella como rodillo).

Cortar la masa con un cortapastas circular de 4 o 5 cm de diámetro (como veis en la foto, yo me fabriqué mi propio cortapastas a partir de una tira que corté de una botella de plástico).

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Precalentar el horno a 160 ºC.

Colocar los discos de masa sobre una bandeja de horno forrada con papel de hornear, intentando deformarlos lo menos posible y dejando un par de centímetros de separación entre ellos. Si no tenéis de este papel podéis engrasar la bandeja con mantequilla y enharinarla para evitar que se peguen, igual que se hace con los bizcochos.

Hornear durante 7 u 8 minutos a 160 ºC, a media altura, con calor arriba y abajo y sin ventilador. Los alfajores son blanquitos y blandos, es importante que no se doren ya que quedarían demasiado secos y quebradizos, así que si veis que se empiezan a tostar por abajo, quitadlos aunque no hayan pasado los 7 minutos (en resumen, si es la primera vez que los hacéis echadles un ojo por si vuestro horno es más rápido que el mío, y recordad que en la segunda hornada quizá se hagan antes).

Sacar del horno, despegar con cuidado del papel y dejar enfriar sobre una rejilla. Si los habéis puesto directamente sobre la bandeja metálica, podéis dar un golpe en plano sobre la encimera para ayudar a soltarlos.

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Dejar enfriar completamente.

Untar una galleta con una cucharada de dulce de leche (no seáis rácanos y utilizad uno bueno, la calidad se nota) con cuidado de no romperla, tapar con otra galleta y presionar ligeramente para que asome dulce de leche por los bordes. También se puede untar un poco de dulce de leche en los laterales con la ayuda de un cuchillo.

Hacer rodar sobre coco rallado hasta que no quede dulce de leche visible (en las fotos veréis que me quedé un poco escasa con el relleno de esos alfajores, en los siguientes fui más generosa).

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Repetir hasta que no queden galletas.

Están buenos a cualquier hora y se conservan perfectamente una semana si los guardáis en un recipiente hermético (nosotros hemos conseguido que nos duren una semana… venga, vale, eso significa que algún día nos comimos más de uno).

Por cierto, como pastas de té, sin relleno ni coco, las galletas están deliciosas, ligeras y esponjosas, se deshacen en la boca.

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¡Espero que os gusten!

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Ideas:

Tuve que resolver el problema de que aquí no tengo demasiadas herramientas de cocina y tampoco quiero comprar cosas que después no me voy a poder llevar, así que echando mano del ingenio y el reciclaje utilicé como rodillo con una botella de cristal perfectamente cilíndrica y me hice un cortagalletas con un trozo de botella de plástico y unas guías para la altura de las galletas con tarjetas de cartulina. Y lo mejor es que, aunque precario, funcionó de maravilla, a veces no hace falta comprar cosas.

Como hacía un montón de calor se me ocurrió rellenar la botella con agua y meterla en la nevera para que el frío ayudase a que la masa no se ablandase demasiado al estirarla. Esto tuvo sus pros, el efecto refrigerante se nota, y sus contras, se produce condensación que hay que secar constantemente, así que el tema de enharinarlo para que no se pegue se convierte en un problema, y además pesa bastante, así que hay que tener cuidado para que no machaque demasiado la masa. Como yo estiré la masa entre dos láminas de plástico, el tema de la condensación sólo provocó la molestia de secarlo de vez en cuando.

Si os entra la cocinitis aguda y queréis hacer vosotros mismos el dulce de leche, en Directo al Paladar os explican cómo. También se puede hacer a partir de leche condensada en olla normal o en olla express. Como yo no he probado ninguna no sabría deciros si sale igual o no.

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Fuente:

Aunque me gustó la pinta de esta receta, me faltaban algunos ingredientes que no quería comprar (me la guardo para otra ocasión), así que acabé haciendo la que encontré en Recetas de Rechupete.

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    • Yo los he visto rellenos de chocolate y juraría que de crema y también de mermelada, aunque no sé de qué sabor.
      Haciendo una búsqueda he visto que los hay rellenos de cosas que no conozco como “lúcuma” (una fruta que por lo visto se usa para postres) y “chancaca” o panela (esto sí lo he visto en España, es como una piedra de azúcar de caña que se disuelve en agua caliente para hacer jarabes).
      Viendo esto yo creo que rellenos de membrillo o una mermelada que combine bien con el toque a limón de las galletas puede funcionar de maravilla. Ya me contarás si los haces. 🙂

  1. Me gusta esta nueva faceta paraguaya del blog.
    Aunque no sé si me atrevo, que buscar cosas paraguayas en Alemania debe ser bonito bonito.

    La botella de vino para rodillo es un clásico en nuestra casa, eso sí lo de las galletas no lo había pensado!

    • Jajaja, a lo mejor te sorprendes, en cualquier caso, hay muchas cosas que se pueden cambiar y hacer variantes.
      Para los alfajores, como le digo a Etringita, hay formas de sustituir el relleno de dulce de leche por otras cosas ricas. 🙂

  2. Que agradable sorpresa estas recetas paraguayas. Me gustan mucho 🙂
    Comer y cocinar es de las mejores formas de conocer realmente un país. Muchas gracias por acercarnos la realidad paraguaya. Es un lujo que sea de primera mano.

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