Muffins de cacao y té pakistaní

Estos muffins son producto de estar leyendo una receta y, al ver que añadían agua, pensar ¿y por qué no sustituirla por té negro? En ese momento tenía un par de variedades aromatizadas de té negro y una de té rojo (la que usé para el arroz con leche). Descarté el rojo, porque no me convencía la idea de mezclarlo con cacao, y opté por utilizar té pakistaní, ya que la mezcla de especias (cardamomo, canela, clavo, vainilla y naranja) es muy habitual en repostería.

No les hice mucho caso mientras estaban en el horno, pero sé que pasaron por una fase en la que estaban perfectamente redonditos e inflados, sin embargo después se empezaron a rajar, y quedaron tan bonitos como los veis en las fotos (a mí es que me gustan más así, menos perfectos). Hasta me dio un poco de rabia que quedasen tan bien porque, como sólo estaba probando, no tenía pensado subir aún la receta, no tenía tiempo para hacer las fotos y estaba segura de que la siguiente no iban a quedar tan bonitos.

Al final logré reservar los 5 que veis en las fotos un par de días hasta tener tiempo de fotografiarlos. Lo bueno es que cuando los volví a hacer, para tener imágenes de los ingredientes y el proceso, volvieron a quedar igual de bien.

Muffins Cacao Té Pakistaní 001

Ingredientes (8-9 muffins medianos):

– 220 ml de agua

– 4 cucharaditas de té pakistaní

– 85 g de mantequilla o margarina

– 85 g de azúcar blanco

– 1 cucharada de sirope de arroz o miel

– 1 cucharadita de esencia de vainilla

– 1 cucharadita de bicarbonato sódico

– 3 cucharadas de leche o bebida vegetal

– 220 g de harina

– 2 cucharadas de cacao en polvo

Muffins Cacao Té Pakistaní Ingredientes

Preparación:

Preparar el té. Llevar a ebullición 120 ml de agua, infusionar el té durante 4 minutos, filtrar y reservar (tened cuidado con respetar los tiempos de infusión, porque puede amargar).

En un cazo, calentar a fuego lento, y sin dejar de remover, los 100 ml restantes del agua con el azúcar, la mantequilla ablandada y el sirope. Una vez se haya disuelto el azúcar, subir el fuego y llevar a ebullición.

Cuando empiece a hervir, bajar el fuego y seguir cocinando a fuego lento 5 minutos más. Retirar del fuego, añadir 100 ml del té que preparamos previamente y dejar enfriar.

Tamizar la harina y el cacao en un cuenco grande.

Una vez esté fría la crema ligera de mantequilla, disolver el bicarbonato en un cuenco pequeño con la leche y la esencia de vainilla, y añadir la mezcla al cazo.

Incorporar la mezcla húmeda al cuenco de los ingredientes secos y remover con unas varillas o una espátula de silicona hasta obtener una pasta uniforme sin grumos (sin batir).

Muffins Cacao Té Pakistaní 03

Precalentar el horno a 190-200 ºC y preparar las cápsulas de papel (cápsulas dobles si no tenemos molde metálico para magdalenas, aunque saldrán más abiertos y chatos) para hornear los muffins mientras la masa reposa.

Repartir la masa rellenando las cápsulas hasta 3/4 partes de su capacidad y hornear unos 15-20 minutos a media altura a 190-200 ºC (hasta que suban, si no estáis seguros, están listos si al pincharlos con un palillo, sale limpio) .

Sacarlos del horno y dejarlos enfriar sobre una rejilla metálica.

Muffins Cacao Té Pakistaní 004

Consejos:

El sabor que aportan el té y las especias se intensifica con el paso del tiempo, reservadlas al menos un día y ya me contaréis qué tal.

Se conservan bien unos cuantos días en un recipiente hermético, incluso podéis meterlo en la nevera.

Ideas:

Si no tenéis té pakistaní, podéis utilizar té negro y añadir 2 o 3 vainas de cardamomo, un par de clavos de olor, unas astillas de canela y piel de naranja a la hora de hacer la infusión.

También podría funcionar añadir 1/2 cucharadita de canela en polvo, otra 1/2 de cardamomo molido y 1/4 de cucharadita de clavo molido a los ingredientes secos y ralladura de naranja a los húmedos.

También podéis usar cualquier otro té negro aromatizado que os guste y que pueda combinar bien con el cacao, y si no os gusta el té, basta con cambiarlo por agua.

Mi amiga Etringita de Fotomerienda cuando los hizo sustituyó la leche por la misma cantidad de zumo (no recuerdo si de piña o naranja) y funcionó bien, ya que ambos son elementos ácidos que activan el bicarbonato.

Fuente:

Variante de una receta del libro “El arte de cocinar Magdalenas” de editorial Parragon, que ya había usado previamente en ésta y esta otra recetas.

Crema de calabaza

Me había propuesto publicar cada dos semanas, una dulce y una salada, pero en enero mi ratio se fue un poco al garete, intentaré enmendarme.

Esta vez vengo con una crema de calabaza que mi madre cocina muchísimo y que siempre triunfa, no puede ser más fácil y agradecida, y además viene perfecta para calentarse la barriga en invierno.

CremaCalabaza 01

Ingredientes (para 4 raciones):

– 500 g de calabaza

– 1 puerro

– 2 o 3 zanahorias medianas

– 1 o 2 patatas medianas

– Aceite de oliva

– Agua o caldo de verduras

– Sal y pimienta

Opcional:

– Un chorro de nata, 1 o 2 quesitos o una cucharada colmada de queso crema.

– Nuez moscada rallada

CremaCalabaza 02

Preparación:

Lavar, pelar y picar en cubos la calabaza, las patatas y las zanahorias (cuanto más grandes más tardarán en cocinarse, tenedlo en cuenta).

Limpiar y trocear el puerro.

En la misma olla que usaremos para hacer la crema, rehogar en un chorro de aceite el puerro. Cuando empiece a ponerse transparente añadir la zanahoria, unos 2-3 minutos después la patata y por último la calabaza. Entre unas hortalizas y otras remover con una cuchara de madera para que se vayan mezclando los sabores.

Añadir el agua y cocinar a fuego medio-suave unos 30-40 minutos (dependerá de lo finas que hayamos picado las hortalizas).

Retirar del fuego y, si es el caso, añadir los quesitos, la nata o el queso crema (a mí me gusta tal cual, pero si queréis un extra de cremosidad, elegid la opción que más os guste).

Triturar con una batidora hasta obtener una crema homogénea, probar y añadir en este momento sal, pimienta y nuez moscada al gusto, remover bien (no es recomendable batir cosas muy calientes, no sólo porque no es bueno para el mecanismo de la batidora, sino porque podéis quemaros con las salpicaduras, ojo).

Servir bien caliente.

CremaCalabaza 03

Ideas:

A mí me gusta mucho ponerle un chorrito de aceite de oliva y un puñadito de picatostes al servirlo, pero me imagino que hay muchas más cosas que le pueden quedar bien, ¿qué le ponéis vosotros?.

Las cantidades son orientativas, en esto de las cremas se puede experimentar bastante.

CremaCalabaza 04

Fuente:

Ésta es una de las cremas estrella en mi casa, como mi madre siembra calabazas, solemos tener muchas y para lo que más las utilizamos es para hacer cremas.

Pan de miel y especias

Esta vez toca algo dulce, un pan especiado de miel perfecto como desayuno o merienda.

La combinación de miel y especias está presente en dulces típicos de toda Europa, especialmente en elaboraciones propias de las estaciones frías, y para mi gusto es un acierto total tanto en sabor como en aroma.

Pan Miel Especias (3)

Ingredientes: (para un molde de 25 cm de diámetro)

– 500 g de harina de repostería

– 2 cucharaditas de bicarbonato sódico

– 1/2 cucharadita de sal

– 2 cucharaditas de canela molida

– 1 cucharadita de jengibre en polvo

– 1/2 cucharadita de semillas de anís o anís molido

– 1/2 cucharadita de clavo molido

– 1/4 cucharadita de nuez moscada molida

– un poco de pimienta negra recién molida (opcional)

-250 g de miel milflores

– 300 ml de leche (sirve leche vegetal)

– 50 g de azúcar

– 1 cucharada de aceite suave de oliva

– ralladura de una naranja

Pan Miel Especias (1)

Preparación:

Mezclar con unas varillas la harina con el bicarbonato sódico, la sal y las especias en un cuenco grande.

Disolver el azúcar en la leche, formar un hoyo en el centro de la harina y verter en él la leche junto con la miel y el aceite. Mezclar un poco con las varillas, añadir la ralladura de naranja e integrar bien hasta eliminar los grumos y conseguir una masa homogénea.

Dejar reposar la masa como mínimo 15 minutos.

Mientras la masa reposa, precalentar el horno a 180 ºC y preparar el molde pincelándolo ligeramente con aceite de girasol y enharinándolo para facilitar el desmoldado. Otra opción es forrarlo con papel de hornear.

Pan Miel Especias (2)

Verter la masa en el molde repartiéndola bien e igualando la superficie con la ayuda de una espátula de silicona (es bastante densa).

Colocar en el horno a 180º con calor arriba y abajo, en la bandeja del medio, y hornear durante unos 30 minutos, hasta que se haya dorado la superficie. Comprobar que se ha hecho bien por dentro, al pinchar con un palillo éste tiene que salir limpio. Si está dorado pero crudo por dentro, lo tapamos con papel de aluminio y lo dejamos un rato más (con cuidado de no pasarnos, ya que puede quedar seco).

Sacar del horno y dejar reposar en el molde unos 5 o 6 minutos, luego desmoldar y dejar enfriar sobre una rejilla metálica.

Pan Miel Especias

Consejos:

Es un pan bastante denso, por lo que viene bien un cuchillo de sierra para cortarlo.

Las especias y sus cantidades, como siempre, podéis cambiarlas añadiendo o quitando según vuestras preferencias.

Yo le puse anís en semillas y nos gustó encontrarnos de vez en cuando con un sabor más intenso a anís, si preferís un sabor más uniforme, mejor en polvo.

Solo está muy rico, pero para mi gusto gana mucho en matices mojado en té negro o en leche, sobre todo fría.

Fuente:

Lo hice a partir de esta receta de Directo al paladar, donde por cierto le ponen un glaseado que seguro que está buenísimo.

Muhammara

Hoy os traigo otra receta de picoteo, una crema de pimientos asados y nueces con un toque picante, perfecta como aperitivo, como entrante o como plato único en una cena ligera.

La muhammara tiene un sabor bastante más intenso y exótico que el hummus, pero es igual de fácil de preparar.

Por lo visto proviene de la ciudad siria de Aleppo y es bastante popular en todo Oriente Próximo. Quizá sea por su origen mediterráneo, pero a mí su sabor, a pesar de su exotismo, me resulta bastante familiar, supongo que porque el pimiento y el pimentón están muy presentes en nuestra dieta diaria.

Muhammara (1)

Ingredientes (4 personas):

– 300 g de pimientos rojos asados

– 100 g de nueces peladas

– 1 diente de ajo

– 3 cucharadas de pan rallado grueso

– 2 cucharadas de zumo de limón

– 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

– 1 cucharada de vinagre balsámico (o melaza de granada)

– 1 cucharada de pimentón de la Vera dulce

– 1/4 de cucharadita de cayena molida (o pimentón de la Vera picante)

– 1 cucharadita de comino molido

– sal y pimienta

Decoración: un chorro de aceite de oliva virgen extra.

Preparación:

Tostar las nueces, ya sea en una sartén, 5-10 minutos a fuego lento removiendo para que no se quemen, o en el horno precalentado, 10 minutos a 220ºC, hasta que estén ligeramente doradas (el aroma es impresionante).

Si asamos nosotros mismos los pimientos:

Elegir pimientos rojos que sean carnosos y aromáticos.

Precalentar el horno a 200 º C.

Colocar los pimientos en una bandeja y hornear a 180ºC durante unos 30-40 minutos, a media altura y dándoles la vuelta cada cierto tiempo para que se hagan por todas partes.

Sacar del horno y dejar reposar unos 10-15 minutos antes de pelarlos. Se pueden envolver en papel de aluminio de uno en uno para ayudar a que la piel se separe mejor.

Retirar toda la piel, abrirlos por la mitad y quitar las semillas, el jugo que contienen se puede reservar por si nos queda muy espesa la salsa. Trocear y reservar.

Si usamos pimientos envasados:

Elegir unos que sean de buena calidad (para esta receta suelo emplear pimientos de Piquillo).

Escurrir bien y retirar los restos de piel y semillas que puedan quedar. Trocear y reservar.

Picar finito el ajo para que se mezcle bien con el resto de ingredientes.

Triturar los pimientos junto con el ajo y las nueces. Cuando esos ingredientes estén más o menos mezclados, añadir el pan rallado, el zumo de limón, el vinagre, el aceite y las especias y batir hasta integrarlo todo.

Probar y salpimentar al gusto, batir unos segundos más y rectificar si es necesario.

Dejar reposar unas horas en el frigorífico (no es imprescindible, pero el sabor se intensifica al hacerlo).

Servir en un plato o cuenco, hacer surcos y rociar con un chorro de aceite de oliva (en las fotos no lleva).

Acompañar de bastoncitos de verdura cruda, como zanahoria, pepino, apio (esta última vez lo probamos con calabacín y trozos de coliflor y está muuuuuuuuy bueno), pan de pita, colines, regañás (en la foto) o tostaditas de pan.

¡Y a mojar!

Muhammara (2)

Ideas:

Tengo ganas de hacerla con melaza de granada, que es lo tradicional, por lo visto no es muy fácil conseguirla en España. He visto recetas bastante fáciles, es cuestión de reducir al fuego zumo de granada, de limón y azúcar hasta obtener una especie de sirope. Si lo pruebo os lo contaré.

Supongo que al igual que con el hummus que publiqué hace poco, se podría hacer machacándolo todo junto en un mortero, es un poquito más laborioso triturar el pimiento y la textura quedará un poco menos uniforme, con trozos de nuez más grandes, pero seguro que está delicioso igual.

Consejos:

Las cantidades de comino y cayena son las que he ajustado según nuestros gustos, pero todo depende de si os gusta o no, así que añadidle poco a poco esas especias, tened en cuenta que con el reposo el sabor será más intenso. Incluso podéis retirarlo del todo, o añadir otras especias de vuestra preferencia. Y lo mismo con el ajo.

Fuente:

Después de probar un par de recetas, elegimos ésta de “Las salsas de la vida“, la que más nos gustó, como punto de partida para nuestra variante.

Arroz con leche aromatizado con té rojo

El arroz con leche es uno de mis postres tradicionales favoritos y también el de mi padre, aunque sospecho que a mi madre no le hace mucha gracia porque apenas lo ha hecho un par de veces desde que puedo recordar.

A pesar de ello, mis primeros arroces con leche fueron los que hice para ajustar esta receta, hace un par de meses. Mi amiga, y compañera de piso durante casi toda la carrera, E. hace un arroz con leche de morirse de gusto, quizá por eso no lo había intentado antes. Bueno, vale, quizá es que soy un poco perezosa y un arroz con leche bien hecho, aunque es fácil, lleva su tiempo.

El caso es que se me ocurrió aromatizarlo con té rojo Pu-erh, y el resultado es un arroz ligeramente rosado, que sabe en general como el arroz con leche de toda la vida, pero con un regusto a té rojo que se intensifica en cada bocado.

Arroz con Leche Té Rojo (1)

Ingredientes:

– 2 l de leche entera
– 200 g de azúcar
– la piel de un limón
– 2 ramitas de canela
– 125 g de arroz redondo
– 4 cucharaditas de té rojo Pu-erh

Con estas cantidades salen unos 10 vasitos o 6 raciones más abundantes.

Arroz con Leche Té Rojo (3)

Preparación:

Pelar el limón evitando la parte blanca (yo uso un pelaverduras, pero ojo, si queda muy fina se puede desmenuzar durante la cocción).

Separar 150 ml de leche y poner el resto en una olla junto con el azúcar, las ramitas de canela y la piel de limón. Llevar a ebullición a fuego lento.

Lavar y escurrir bien el arroz (hay gente que no lo lava pero yo prefiero darle un agua antes de cocinarlo).

Añadir el arroz a la olla cuando la leche esté a punto de hervir y dejar cocer a fuego lento hasta que esté hecho, unos 35-40 minutos, removiendo de vez en cuando.

Subir el fuego cuando el arroz esté cocido y cocinar durante unos 40 minutos más removiendo constantemente con una cuchara de madera para evitar que se pegue.

Mientras, hervir la leche que habíamos reservado previamente e infusionar el té rojo durante 3 minutos (si lo dejamos más tiempo podría amargar), filtrar y reservar.

Cuando hayan pasado 40 minutos, retirar las ramitas de canela y la piel de limón, añadir la infusión de té rojo y seguir removiendo unos 10 minutos más.

Retirar del fuego y repartir en cuencos o vasitos, para hacer raciones individuales, o en una fuente honda si preferimos que cada uno se sirva lo que le apetezca. Dejar enfriar antes de meterlo en la nevera.

Se puede espolvorear con canela en polvo antes de servirlo (aunque en este caso creo que la canela podría enmascarar el sabor del té rojo).

Arroz con Leche Té Rojo (2)

Ideas:

Yo he usado té rojo Pu-erh aromatizado con canela y limón, pero un buen té rojo puro sirve igual puesto que el aroma y sabor de la canela y el limón se lo añadimos en la propia receta. Eso sí, es importantísimo no pasarse con el tiempo de infusión porque puede darle un regusto amargo al arroz con leche, comprobado.

El sabor a té es más pronunciado con el paso del tiempo y para mi gusto está más bueno si lo dejáis reposar y asentar los sabores al menos un día.

Si queréis probar si os gusta antes de hacerlo, podéis añadir un par de cucharadas de té rojo bien cargado, infusionado en leche, a un vasito de arroz con leche normal y remover bien. No es exactamente igual, pero el sabor se aproxima.

Fuente:

Partí de esta receta del blog Uno de dos que fui ajustando porque al principio me salió demasiado denso.

Pannacotta de café con sirope de chocolate

Aunque llevaba tiempo viendo recetas de pannacotta en los blogs culinarios que sigo nunca me animaba a hacerla. La ocasión perfecta se presentó hace unas semanas cuando llegó a mis manos un café aromatizado que no tenía muy claro como usar. Los que me conocéis sabéis que yo café tomo poco, más bien ninguno, más que nada porque mi organismo reacciona de una manera un poco loca a la ingesta de cafeína. Las pocas excepciones que hago a este ayuno cafeínico se reducen casi en exclusiva a postres, así que estaba claro que tenía que ser algo dulce, el resto vino rodado en cuanto hice una búsqueda rápida de recetas con café.

El café es un ingrediente fantástico para repostería, aporta un punto amargo e intenso que combina con un montón de ingredientes dulces, especialmente con el chocolate. El café que he usado casualmente está aromatizado con chocolate y naranja, lo que me hizo pensar en acompañar la receta con sirope de chocolate. Ya puestos en materia decidí hacer yo misma el sirope, y vaya exitazo, buenísimo tanto con la pannacotta como para endulzar yogur natural. No sé si recomendaros que hagáis poco o mucho, porque está tan bueno que es difícil racionarlo.

Pannacotta Cafe 1
Ingredientes:

Para la pannacotta:

– 3 hojas de gelatina neutra o 1 sobre de gelatina neutra en polvo
– 200 ml de nata 35% m.g.
– 60 g de azúcar glasé
– 30 g de café molido
– 100 ml de agua
– 1 cucharadita de esencia de vainilla (opcional)

Para el sirope:

– 60 g de agua tibia
– 100 g de azúcar moreno
– 20 g de cacao puro en polvo
– Unas gotas de esencia de vainilla

Con estas cantidades saldrán dos raciones normales o cuatro pequeñas y unos 120 g de sirope.

Pannacotta Cafe 2
Preparación:

Empecemos por la pannacotta, ya que necesita unas cuantas horas para cuajar.

Poner el agua a hervir en un hervidor o cazo, retirar del fuego cuando hierva y añadir el café removiendo un poco para que se empape bien. Dejar reposar 10 minutos, filtrar y separar 60 ml del café obtenido.

Hidratar las hojas de gelatina en agua fría durante 5 minutos, escurrir y reservar; si es gelatina en polvo, disolverla en 2 cucharadas de agua fría y reservar (en general, lo que hay que hacer es seguir las instrucciones del paquete).

Mezclar la nata y el azúcar con unas varillas en otro cazo (no hace falta batir, sólo deshacer los grumos que pueda hacer el azúcar). Calentar a fuego lento mientras removemos. Cuando la mezcla empiece a estar caliente, añadir la esencia de vainilla, mezclar bien y dejar cocer a fuego lento hasta que hierva.

Cuando rompa a hervir, retirar el cazo del fuego e incorporar el café que reservamos previamente, mezclando bien. Dejar templar  unos minutos y agregar la gelatina removiendo bien con unas varillas para que se disuelva e integre con el resto de ingredientes.

Verter en los recipientes en los que la serviremos o en moldes del tipo que se usan para hacer flanes.

Una vez frías, meterlas en el frigorífico y reservar hasta que hayan cuajado, es recomendable que sean al menos 6 horas.

Ahora el sirope de chocolate:

Tamizar el cacao en un cuenco con la ayuda de un tamiz o un colador metálico.

Mezclar con unas varillas pequeñas el agua, el azúcar moreno y la esencia de vainilla en un cazo. Llevar a ebullición a fuego fuerte, removiendo para ayudar a que se disuelva bien el azúcar. Dejar hervir unos 5 minutos hasta obtener un jarabe ligeramente espeso (pero no mucho, para que el sirope no sea demasiado denso).

Esperar unos minutos a que entibie y verter un chorrito en el cuenco del cacao, mezclando con unas varillas pequeñas hasta integrarlo. Repetir hasta haber integrado todo el jarabe (no se puede hacer con el jarabe caliente porque se quemaría el cacao y acabaría sabiendo amargo).

Y con el sirope listo, sólo falta emplatar:

Si hemos usado moldes rígidos y vamos a servir las pannacottas desmoldadas: sumergir la base de cada molde unos segundos en agua caliente, aflojar la pannacotta pasando un cuchillo alrededor del borde, ponerlo boca abajo en el plato en el que vayamos a servir y golpear los lados del recipiente con suavidad.

Si los moldes son flexibles se puede sumergir también en agua caliente unos segundos y desmoldar con cuidado doblando los bordes si es necesario.

Servir acompañadas de un buen chorro de sirope de chocolate (yo lo prefiero caliente, por el contraste, pero va según gustos).

Pannacotta Cafe 3
Ideas:

Si no os apetece utilizar sirope de chocolate al café también le va bien algún tipo de mermelada, como la de naranja o arándanos, caramelo líquido o un poco de nata montada. Si es temporada, unos gajos de naranja pelada al vivo, unos pocos arándanos o un puñado de frambuesas le darán un toque ácido y fresco muy interesante. Las combinaciones posibles son bastantes, ¡creatividad culinaria al poder!

Fuente:

Para la pannacotta me basé en esta receta de Uno de dos, un blog que sigo hace tiempo, y para el sirope en ésta de La cocina de Víctor Ferrer.

Hummus

No sé cómo he podido vivir sin haber intentado hacer hummus hasta esta primavera. Es una receta facilísima, permite ponerse bastante creativo con las variaciones y, lo más importante de todo, te soluciona un aperitivo o cena en un momento si tienes los ingredientes en la despensa. Que sí, que la salsa tahini es un poco más exótica, pero el resto, al menos en mi caso, suele haberlo siempre en reserva.

Me he pasado desde entonces haciéndolo casi cada semana y ajustando la receta, aunque para ser sincera he tardado en ponerla por aquí porque nunca me daba tiempo a hacer fotos… nos lo comíamos antes.

Hummus

Ingredientes (4 personas):

– 400 g de garbanzos cocidos

– 1 cucharadita de comino molido

– 2 cucharadas de tahini

– 1 o 2 dientes de ajo

– zumo de 1 limón

– 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

– 3 cucharadas de agua (o de agua de cocción de los garbanzos)

– sal y pimienta

Decoración: pimentón de la Vera y un chorro de aceite de oliva virgen extra.

Preparación:

Si cocemos nosotros mismos los garbanzos:

Poner a remojo unas 12 horas 130-150 g de garbanzos secos (no lo tengo controlado, pero aparentemente, tras el remojo y la cocción, obtenemos alrededor de 400-450 g de garbanzos cocidos), hay que tener en cuenta que parte del agua la absorberán así que hay que cubrirlos bien.

Pasado ese tiempo, escurrir en un colador y lavar con agua fría.

Poner una olla con agua al fuego y añadir los garbanzos cuando empiece a hervir (que sobren 3 o 4 cm de agua por encima). Tardarán un par de horas en cocerse si es una olla tradicional y entre 30 y 45 minutos si es exprés, aunque esto varía mucho según diversos factores (más datos sobre la cocción de garbanzos aquí).

Una vez cocidos escurrirlos bien y reservar parte del agua para añadirla al hummus en la preparación.

Si usamos garbanzos en bote:

Escurrir bien los garbanzos en un colador y lavarlos con agua fría para eliminar el juguillo que llevan.

(Yo he usado siempre garbanzos en bote, mucho más cómodos, aunque quizá los otros sepan mejor)

Picar finito el ajo para que se mezcle bien con el resto de ingredientes.

Poner todos los ingredientes excepto los que usaremos para decorar el plato en el vaso de la batidora y batir hasta obtener una pasta homogénea.

También sirve machacarlo todo junto en un mortero, es un poquito más laborioso y la textura es un poco más rústica (yo lo he hecho así hasta que nos hicimos con la batidora y me gusta mucho la textura).

(Recomiendo poner el agua de cucharada en cucharada cuando ya hemos batido a medias, para poder controlar mejor la cantidad ya que puede necesitar más o menos según gustos e incluso según la elaboración. En mi caso haciéndolo a mano 3 cucharadas son suficientes, pero al hacerlo con batidora, para mi gusto, hacen falta unas 4 cucharadas)

Dejar reposar unas horas en el frigorífico (no es imprescindible, pero el sabor gana mucho si lo hacemos).

Servir en un plato o cuenco, rociar con un chorro de aceite de oliva y espolvorear un poco de pimentón de la Vera.

Acompañar de bastoncitos de verdura cruda, como zanahoria, pepino o apio (a mí el apio no me gusta, pero para gustos… jejeje), pan de pita, colines, regañás o tostaditas de pan (mis preferidas son las regañás que salen en la foto, que llevan semillas de sésamo, mmmmm).

¡Y a mojar!

Ideas:

En el blog de Manu Catman he visto una variante griega que tengo ganas de probar, añadiendo al final del batido 25 g de aceitunas de Kalamata sin hueso (una variedad griega oscura y alargada), decorando al final con unas cuantas aceitunas más.

También hay gente que le añade perejil o cilantro fresco picado, que puede ser buena idea también.

Fuente:

He ido cogiendo de aquí y de allí probando hasta encontrar la receta que más nos convenció en casa.

Galletas espiral de Té Matcha

Esto de hacer galletas bonitas es un vicio. Y es que lo importante es el sabor, sí, pero si además entran por los ojos, triunfo total. En éstas me decidí por la espiral, que, además de ser muy vistosa, hace que en cada mordisco haya distintas cantidas de ambas masas y el sabor vaya cambiando a la vez que el matiz del té matcha se intensifica. Como dice mi pinche, son galletas de sabor “progresivo”.

El ingrediente estrella es el té matcha, que además de un sabor a té muy especial le aporta a la masa un color verde muy llamativo. El que he usado es especial para cocinar y lo compré en una tienda de Madrid, Cafe Té Arte, como regalo para mi amiga Etringita, que me dio un poquito para probar. Lo venden a granel desde 50 g y, como no hace falta mucho para cada receta, cunde bastante…. ¡y además está muy bueno!

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Ingredientes: (4-6 docenas)

Para la masa base:

– 150 g de mantequilla
– 100 g de azúcar
– 1 huevo mediano
– 250 g de harina

Para la masa verde:

– 150 g de mantequilla
– 100 g de azúcar
– 1 huevo mediano
– 250 g de harina
– 2 cucharaditas de té matcha

Preparación:

Empezaremos por la capa de mantequilla (para evitar mancharla con restos de té).

En un cuenco grande, cortar en dados la mantequilla y ablandarla unos segundos en el microondas a baja potencia, hasta que tenga textura de pomada (si hace calor bastará con dejarla un rato fuera del frigorífico).

Batir con unas varillas pequeñas o un tenedor e ir añadiendo poco a poco el azúcar.

Agregar el huevo (mejor que esté a temperatura ambiente para evitar que enfríe la mantequilla) y batir hasta obtener una mezcla cremosa y homogénea.

En otro cuenco, tamizar la harina (si no tenéis tamiz sirve un colador metálico) y añadirla poco a poco a la crema de mantequilla integrándola con la ayuda de una paleta. Amasarla en una superficie enharinada hasta que no se pegue a las manos (puede hacer falta añadir más harina mientras se amasa, hacedlo a poquitos para evitar pasaros).

Tapar la masa con film transparente y dejarla reposar en la nevera durante al menos 1 hora.

Repetir el proceso para hacer la masa de té  tamizando y mezclando bien el té matcha con la harina (al tamizar quizá os parezca que no hay suficiente matcha pero tranquilos, el color verde se intensificará al mezclar los ingredientes secos con los húmedos).

Precalentar el horno a 180º C. Dividir cada una de las masas en dos bolas de igual tamaño. Colocar una bola de masa entre dos láminas de film transparente y estirar con un rodillo hasta obtener una plancha más bien rectangular de unos 5mm de grosor (se puede corregir cortando donde sobra y pegando donde falta mientras lo estiramos). Repetir con una bola de masa verde intentando que quede una plancha de tamaño similar a la anterior.

Quitar la lámina superior de film de ambas capas, y con la ayuda del rodillo colocar una plancha de masa sobre la otra de forma que la lámina de film de la capa superior quede por arriba (lo más fácil es enrollar la masa con el film del lado del rodillo y luego desenrollarla encima de la otra). Estirar ligeramente con el rodillo, retirar el film superior, igualar un poco los bordes y enrollar la masa sobre sí misma formando un tubo, ayudándonos con la lámina de film inferior (si queremos que el centro de la espiral se aprecie mejor es conveniente que la capa inferior sobresalga por el lado donde vamos a empezar a enrollar un poco más de 1 cm). Envolver en film y dejar reposar en la nevera al menos media hora. Repetir el proceso con el resto de la masa.

Retirar el film y cortar rodajas de unos 5 mm de espesor con un cuchillo bien afilado o un hilo fino de nylon (con el hilo queda mejor, ya que se deforma menos).

Colocar las galletas en una bandeja de horno sobre papel de hornear separándolas entre ellas un par de dedos (deberían caber unas 12 por hornada).

Hornear unos 15 minutos a 180º C, hasta que se empiecen a dorar por los bordes (al enfriarse se endurecen así que si os pasáis pueden quedar demasiado duras).

Retirar del horno y dejar que se enfríen sobre una rejilla.

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Ideas:

Con estas cantidades salen entre 4 y 6 docenas de galletas, dependiendo del diámetro y el grosor de los discos que hagáis. Están tan ricas que os parecerán pocas, pero si preferís hacer menos bastará con seguir el proceso que os expliqué en las Galletas Cebra, usando 125 g de harina para cada color y una sola cucharadita de té matcha para la masa verde.

Curiosidades:

Estas galletas se conservan en perfecto estado bastantes días si se guardan en un recipiente hermético, es más, en mi casa se olvidaron de 3 o 4 en la lata y tres semanas después, aunque un pelín duras, estaban perfectamente comestibles.

Fuente:

Otra versión de estas galletas de mantequilla.

Muffins de calabacín y jamón

Llevo haciendo estos muffins más de dos años y la única explicación que tengo para no haberlas publicado aún es que nunca duraban lo suficiente para hacer fotos con las que ilustrar la receta. Son facilísimos de hacer y los he preparado en multitud de ocasiones, pero están demasiado buenos como para dejar una muestra que fotografiar, por eso esta vez tuve que aplicar una férrea disciplina para no comérmelos y evitar que mi pinche lo hiciera.

Muffins Calabacín y Jamón

Ingredientes: (para 9-10 muffins medianos)

– 200 g de harina

– 1/2 cucharada de levadura química

– 150 g de calabacín

– 40 g de taquitos de jamón (o 4-5 lonchas)

– 50 g de cebolla o cebolleta fresca

– 2 huevos medianos

– 50 ml de aceite de oliva

– 50 ml de leche

– 150 g de queso crema

– sal fina, pimienta negra molida y orégano

Preparación:

En un bol, mezclar la harina con la levadura, la pimienta, la sal y el orégano (un poco al gusto, yo de orégano le pongo 2 cucharaditas, de pimienta un par de giros del molinillo y de sal 1/4 de cucharadita).

Lavar el calabacín y picarlo en cubitos (si la piel es tierna no hará falta pelarlo), picar finamente la cebolla y, si es necesario, también el jamón. Añadir estos ingredientes a la harina y remover bien.

Batir los huevos con el aceite, la leche y el queso crema en un cuenco grande hasta integrar todo en una crema homogénea.

Incorporar la mezcla de harina y verduras al cuenco de la crema y mezclar con una paleta hasta humedecer los ingredientes secos (no importa que queden grumos).

Dejar reposar la masa al menos media hora (esto es opcional, pero agradeceréis la esponjosidad de los muffins si lo hacéis) y mientras, precalentar el horno a 180-190 ºC.

En caso de usar bandeja para muffins/magdalenas: engrasar los huecos con aceite de oliva y enharinar para evitar que la masa se pegue.
En caso de usar moldes de silicona: como son antiadherentes no es necesario hacer nada.
(No recomiendo usar cápsulas de papel)

Rellenar los moldes hasta el borde y hornear a la misma temperatura del precalentado durante 30 minutos aproximadamente, hasta que los muffins estén dorados (no dejéis que se tuesten demasiado, podrían perder jugosidad y sería una pena).

Sacar del horno y dejar enfriar en una rejilla metálica (aunque pueden comerse calientes ¡yuju!).

Ideas:

El jamón se puede sustituir tranquilamente (comprobado) por bacon, jamón cocido, pavo…

Están ricos para desayunar, comer, merendar, cenar e incluso picotear entre horas. A veces en casa los abrimos como si fueran bollitos y los untamos con queso crema… somos así de golosos.

Muffins Calabacín y Jamón

Fuente:

La receta, así como todos los consejos para que salgan unos muffins perfectos, es de mi amiga Etringita, autora del blog Fotomerienda. Ella los publicó originalmente con pavo, pero posteriormente hizo otras combinaciones que podéis encontrar al final de la receta.

Galletas cebra

Desde Navidad no había vuelto a hacer galletas, en parte porque con la mudanza me he vuelto a quedar sin rodillo (¡hola de nuevo, botella multiusos!) y en parte porque no tengo una encimera demasiado amplia. La semana pasada me entraron ganas de experimentar un poco y cuando me quise dar cuenta estaba dándole vueltas a la idea de hacer unas galletas de dos sabores y pensando en la mejor forma de llevarlas a cabo. Valió la pena encender el horno con estas temperaturas que hay en Madrid, porque quedaron riquísimas y, ¿está mal que yo lo diga?, muy bonitas.

Galletas cebra

Ingredientes: (para 24 galletas)

– 150 g de mantequilla

– 100 g de azúcar

– 1 huevo mediano

– 1 cucharadita de esencia de vainilla

– 225 g de harina (puede hacer falta más, en mi caso fueron unos 50 g más)

-30 g de cacao en polvo (yo he usado cacao puro Valor)

Preparación:

En un bol, cortar en dados la mantequilla y ablandarla unos segundos en el microondas si es necesario (unos 10 segundos, que no se derrita).

Batir con unas varillas e ir añadiendo poco a poco el azúcar.

Agregar el huevo y la esencia de vainilla y batir hasta obtener una mezcla cremosa y homogénea.

Dividir en dos partes la mezcla (si no habéis tarado el cuenco en el que hacéis la mezcla: un huevo mediano pesa alrededor de 58 g, así que el total de la mezcla serán unos 310 g y la mitad unos 155 g).

Dividir la harina en dos partes, 125 g y 100 g. Tamizar las dos partes por separado añadiendo el cacao al montón de 100g.

Agregar poco a poco la harina al bol de la crema de mantequilla mientras la integramos con una espátula, hasta que veamos que se puede trabajar con las manos, y lo mismo con la mezcla de harina y cacao.

Si la masa se pega a las manos añadir más harina poco a poco mientras se amasa (ojo con pasarse).

Tapar la masa con film transparente y dejarla reposar en la nevera durante al menos 1 hora.

Dividir cada una de las masas en dos bolas. Colocar la bola masa entre dos láminas de film transparente, y estirar con un rodillo hasta obtener una plancha de unos 5mm de grosor. Repetir con la masa de chocolate.

(En este punto con el calor la masa se había ablandado muchísimo, así que metí las cuatro planchas envueltas en film en el congelador 10 minutos)

Precalentar el horno a 180º C (yo lo hice más o menos en este punto, justo al meter las planchas en el congelador, pero dependerá de lo rápido que sea vuestro horno).

Montar las capas intercalando una blanca y otra de chocolate, estirar ligeramente con el rodillo entre capa y capa, cortar por la mitad a lo ancho con un cuchillo bien afilado y poner una mitad encima de la otra (de esta forma tenemos 8 capas, entre 7 y 8 cm de alto en mi caso).

(Volví a meterlas en el congelador 10 minutos)

Igualar el bloque cortando los sobrantes de los laterales (no es necesario pero al hacerlo las galletas quedan con los bordes regulares) y dividir el bloque en dos a lo largo (el mío tenía unos 7 u 8 cm de frente, así que al cortarlo me quedaron unas galletas casi cuadradas) y después cortar en láminas de unos 5mm de espesor.

Galletas cebra - Elaboración

(Me explico mucho mejor en dibujos, ¿verdad?)

Colocar las galletas en una bandeja de horno sobre papel de hornear separándolas entre ellas un par de dedos (deberían caber unas 12 por hornada).

Hornear a 180º C unos 12-15 minutos, hasta que empiecen a dorarse las galletas (si se pasan al enfriarse se endurecerán, así que vigilad que la parte blanca no se oscurezca).

Dejar enfriar sobre una rejilla.

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Ideas:

Con los sobrantes se pueden hacer galletas jaspeadas juntándolos en una bola, estirando con el rodillo y cortando con un cortapastas (si veis que se ha ablandado demasiado, volved a meter la masa en la nevera o congelador tapada con film) o haciendo bolitas del tamaño de una nuez y aplastándolas un poco al ponerlas sobre la placa del horno cubierta con papel de hornear.

Si no queréis andar con problemas de dividir la mezcla de mantequilla, podéis hacer el doble de galletas (que nunca sobran) y utilizar para la masa normal: 150 g de mantequilla, 100 g de azúcar, 1 huevo mediano, 1 cucharadita de esencia de vainilla y 250 g de harina; y para la masa de chocolate: las mismas cantidades de todo excepto de harina, que serían unos 200 g, y 60 g de cacao.

Fuente:

La receta base es la misma que utilicé para estas otras galletas cambiando parte de la harina por cacao.