Financiers sin gluten

Vamos a empezar la temporada de horno (en verano abandono completamente ese electrodoméstico, en Madrid sólo se atreven los valientes) con algo facilito, unos financiers sin gluten.

Los financiers son bizcochitos con forma de lingote (de ahí el nombre), jugosos y tirando a densos. Esto es porque en lugar de harina normal, llevan harina de almendra, que además les da un sabor muy especial. A mí me recuerdan a las típicas marquesas de Navidad.

Ingredientes (para 12 financiers):

  • 85 g de almendra molida
  • 25 g de harina de arroz
  • 120 g de azúcar glas
  • 3 claras de huevo
  • ralladura de la piel de medio limón
  • ralladura de la piel de media naranja
  • 70 g de mantequilla a temperatura ambiente
  • un poco de harina y mantequilla extra para el molde

Elaboración:

Dejar que se ablande la mantequilla a temperatura ambiente un par de horas. Si vamos con prisa, una posibilidad es hacerlo en el microondas a potencia media en tandas de 10-15 segundos. En este caso hay que remover entre tanda y tanda para ayudar a que alcance la textura pomada sin que se licúe.

Precalentar el horno a 180 ºC.

Mezclar en un cuenco grande la almendra molida con el azúcar glas y la harina de arroz, deshaciendo los posibles grumos con unas varillas.

Batir las claras de huevo hasta que alcancen el estado “puntas blandas”. No deben llegar a montarse a punto de nieve, porque es difícil integrarlas con los ingredientes secos si están duras.

Incorporar las claras a la mezcla de almendra, harina de arroz y azúcar, realizando movimientos envolventes con una espátula.

Rallar encima la piel de limón y naranja y mezclar delicadamente con la espátula.

Por último, agregar la mantequilla ablandada y mezclar hasta se integre bien en la masa, pero sin brusquedad.

Si el molde es metálico, hay que engrasarlo con mantequilla y espolvorear con harina de arroz. Si es de silicona o vamos a usar cápsulas de papel no es necesario hacer nada.

Llenar con masa los huecos de los moldes hasta 2/3 de la altura.

Hornear a 180 ºC durante 12-15 minutos, hasta que la superficie empiece a dorarse. En moldes más grandes harán falta unos minutos más.

Dejar enfriar sobre una rejilla antes de desmoldarlos.

¡Espero que os gusten tanto como a mí!

Notas:

Aunque lo tradicional es usar almendra molida, también se pueden hacer con otros frutos secos molidos, yo estoy deseando probar con avellanas.

Si no sois celíacos, podéis sustituir la harina de arroz sin ningún problema por la misma cantidad de harina de trigo.

Os recomiendo dejar reposar los financiers de un día para otro, para que los sabores se asienten e intensifiquen, saben más ricos al día siguiente. Eso sí, en un recipiente hermético, claro.

A veces se espolvorean por encima con azúcar glas para darles un toque decorativo, pero a mí me gustan tal cual.

Fuente:

Son una versión de los otros financiers que tengo en el blog, los de grosellas.

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Granizado de piña y agua de Jamaica

Antes de que se nos caiga encima el otoño, quiero publicar una cosa que probé este verano y que subió como la espuma a los primeros puestos de mis refrescos favoritos, un granizado de piña con infusión de flores de hibisco. UNA PASADA de refrescante y rico.

En sí la receta no tiene ciencia ninguna, pero nunca vienen mal propuestas sencillas para sacudirnos de encima la idea de que cocinar algo diferente es difícil.

El agua de Jamaica tiene como ingrediente principal flores de hibisco, que son las que le dan ese color rojo intenso. Hay multitud de recetas, con montones de variantes que pueden llevar especias como la canela, el clavo o el jengibre, o frutas como las fresas, las cerezas o las moras. Suele llevar limón para potenciar un poquito el sabor ligeramente ácido de las flores, y más o menos azúcar para endulzar.

En mi caso, he usado una infusión que mezcla las flores de hibisco con cáscara de naranja y trozos de manzana seca, sin añadir edulcorantes porque la piña aporta suficiente dulzor.

Ingredientes:

  • zumo de piña (*)
  • infusión de hibisco

Elaboración:

Preparar la infusión de hibisco y dejarla enfriar en la nevera. (**)

Hacer cubitos de zumo de piña rellenando una cubitera (o varias).

Triturar los cubitos con una batidora de vaso (mi caso) o en el accesorio picador hasta obtener la espuma helada que es el granizado.

Verter el granizado de piña en un vaso, llenando aproximadamente 2/3 más o menos y completar con la infusión de hibisco fría.

Remover para integrar los dos componentes y ¡a beber!

Notas:

(*) Cuando estuvimos en Paraguay, comprábamos unas minipiñas muy jugosas y riquísimas que usábamos mucho para hacer batidos. Os lo juro, se podían exprimir con la mano, nunca había visto una cosa así. Lo comento porque, aunque yo no lo he probado, creo que se podría sustituir el zumo de piña por piña natural triturada, pasada por un colador y luego congelada, con unos resultados similares.

Ojo con el zumo, elegid uno bueno, que no sea néctar y preferiblemente sin azúcares añadidos. A mí me gusta uno que venden en mercadona, es exprimido y refrigerado, aunque no recuerdo ahora qué tal lo del azúcar.

(**) La infusión de hibisco la preparo por maceración en frío. Hay bastantes infusiones que se hacen muy bien así, incluidos muchos tés. Normalmente si quiero hacer mucha cantidad, no me complico hirviendo agua, la dejo reposar una noche en la nevera en una botella y por la mañana la filtro.

Al rebajar la infusión con zumo de piña, es preferible que sea un poco más intensa, así que hay que poner un poco más de mezcla por taza de la que se pondría para tomarla sola.

Variantes:

Si no queréis estar dependiendo de la batidora, una opción para disfrutar de este combo piña-hibisco son los polos. Mezcláis 2 partes de zumo de piña (o puré, para darle más cuerpo) y 1 de hibisco, rellenáis las poleras, y 4 horas al congelador.

También he probado a congelar la infusión y usar el zumo en líquido. En este caso me ha funcionado mejor dejar los hielos tal cual, sin granizar.

Queda tan bonito el vaso así en bicolor degradado, que creo que quedaría muy glamuroso como versión de la típica piña colada. ¿Y en gin tonic? 😉

Por cierto, no tengo fotos, pero he probado la infusión de hibisco con refresco de limón y está macanuda, así que creo que con granizado de limón, o con una limonada muy cargada funcionaría de lujo. Y la naranja tiene pinta de hacer muy buenas migas también. Madre mía, tengo muchas cosas que probar. Jujujuju

Fuente:

Completamente a sentimiento. Empecé mezclando al 50% pero me pareció que la piña necesitaba un poco más de protagonismo. Desde mi punto de vista, está bien una proporción que esté entre el 2 a 1 y el 3 a 1, a favor de la piña, claro. 😉

Horchata de semillas de melón o pepitada (Juego de Blogueros 2.0)

Cuando el melón salió elegido ingrediente del mes de agosto en el Juego de Blogueros 2.0, inmediatamente pensé en un experimento que J. y yo habíamos visto en un hilo de twitter de Iban Yarza y que días después me encontré en un vídeo en Instagram, una bebida refrescante a partir de las semillas del melón.

A J., como fan total de la horchata (ambos estamos de acuerdo en que tendríamos un grifo en casa dedicado exclusivamente a esta bebida), se puso a investigar y buscar referencias acerca de su origen e historia. Aunque a los españoles nos parezca que siempre es de chufa, lo cierto es que su verdadero origen al parecer estaría en la cebada. Y concretamente esta pepitada u horchata de semillas de melón tiene un origen sefardita.

Para no extenderme demasiado, os dejo dos enlaces que pasaron el filtro del interés de J., uno más histórico (y que incluso tiene una receta del siglo XVIII) y otro que habla de los distintos tipos de horchata.

El año pasado en agosto hice otro experimento, encurtido de cáscara de sandía (que si no habéis probado, tenéis que hacer ya mismo) y me pareció divertido volver a usar una parte del ingrediente distinta de la previsible.

A veces no nos damos cuenta de que tiramos cosas que podrían ser utilizables, como los restos de verduras que sirven para hacer caldo base, el tronco del brócoli que queda perfecto en ensaladas, el pan seco que se puede usar para hacer pudin de pan, las cáscaras de frutas que se pueden confitar o utilizar para aceite aromatizado o extractos, o incluso aprovechar para extraer pectina para usar en mermeladas, como en el caso de la piel de manzana… Vamos, un sinfín de cosas.

Al final del post os dejo la lista con el resto de participantes, que seguro que han propuesto deliciosas maneras de utilizar la parte del melón que yo no he usado en mi receta. 😉

Ingredientes para hacer horchata de semillas de melón:

  • 1 melón
  • agua
  • opcional: azúcar, miel u otro endulzante

Elaboración de la horchata de semillas de melón o pepitada:

Abrir el melón y retirar todas las pepitas junto con con la parte anaranjada de la pulpa.

Hacen falta entre 2 y 4 partes de agua por cada parte de semillas y pulpa dependiendo de lo concentrado que queramos la horchata (en mi caso el melón tenía 1 taza y puse 2 de agua, salió bastante intenso, perfecto para añadir hielos).

Poner las pepitas en el vaso de la batidora/trituradora y procesar hasta que se forme una pasta.

Añadir el agua y seguir batiendo otros 2 minutos.

Filtrar con un colador fino, una gasa o una tela.

Refrigerar y servir bien fría, sola o con hielo.

Si queremos añadir endulzante, se mezcla con la horchata una vez filtrada.

Notas:

Para hacer esta horchata de melón, lo más importante es que el melón esté bien madurito y mejor si es dulce. Nosotros este verano los estamos comprando en un puesto de melones y sandías que ponen cada año al lado del Manzanares y nos han salido muy ricos.

También hemos congelado parte de la horchata de pepitas de melón en una cubitera para probar a hacer granizado. Editaré la entrada cuando lo hagamos para deciros qué tal ha salido.

Esta receta también se puede hacer con semillas de calabaza, con mezcla de ambas o con semillas de melón y almendras. Lo estoy escribiendo y ya me están dando ganas de probar. 🙂

Para facilitar el filtrado, primero pasé el batido por un colador, la cascarilla amarillenta se quedó allí y el líquido resultante era bastante denso y “gordito”. Luego lo filtré con un colador de tela de los de café y me di cuenta de que se quedaba atrapada una especie de pasta blanquecina aunque lo suficientemente fina como para que no llegase a molestar de no haberla filtrado esa segunda vez. Por cierto, si os entra curiosidad por saber qué cantidad de residuo quedó tras el filtrado, aquí os lo dejo.

Fuente:

Como decía al principio, me basé en la información que fuimos recabando, pero la receta en sí no tiene ninguna ciencia.

Participantes:

Elvira: Milhojas de melón, queso y jamón
Carabiru: Horchata de semillas de melón o pepitada
Mónica: Creps con crema de melón y frutas
Inma: Ensalada de melón con jamón y langostinos
Silvia K.: Melón con jamón reinventado
Maribel: Sopa de melón con jamón
Maryjose: Ajoblanco de melón

Helado de cerezas, fresas y mascarpone con yogur griego

No podía pasar el verano sin hacer una receta de helado y, aunque mi heladera no va nada fina y se me ha roto la cuchara sacabolas (en serio, ¿qué he hecho yo para merecer esto?) al final lo he logrado.

Ya tenía recetas con distintas bases: de mango con nata, una de mantecado al té, una de sorbete de ciruela, una de yogur helado y matcha y una de turrón, así que quise probar con mascarpone y yogur griego.

El resultado es delicioso, me gusta el sabor a tarta de queso que tiene la mezcla de queso y frutas rojas.

Eso sí, me da rabia no haberlo podido mantecar todo lo bien que debería y que la maldita cuchara sacabolas no me haya permitido hacer una ración monérrima para las fotos.

Ingredientes:

  • 300 g de cerezas (pesadas sin hueso)
  • 100 g de fresas
  • 30 ml de zumo de limón
  • ralladura de limón (opcional)
  • 120 g de azúcar glas
  • 30 g de azúcar invertido*
  • 250 g de mascarpone
  • 500 g de yogur griego

Elaboración:

Lavar y deshuesar las cerezas. Lavar las fresas y retirar los tallos.

Triturar las cerezas y las fresas con el zumo de limón hasta obtener un puré fino (a mí me gusta que tenga trocitos, así que paré un poco antes).

Añadir el azúcar glas, el azúcar invertido y la ralladura de limón, y batir unos segundos para integrarlo todo bien.

Batir el queso mascarpone con el yogur griego hasta que estén bien mezclados.

Agregar el puré de frutas y batir hasta tener una crema homogénea.

Dejar reposar en la nevera, bien tapado, unas seis u ocho horas.

Seguir las instrucciones de la heladera para mantecar la mezcla hasta que adquiera una textura cremosa y consistente. Suele tardar entre 15 y 20 minutos, dependiendo de la heladera.

Traspasar a un recipiente con cierre hermético y meter al congelador un mínimo de 4 horas.

Sacar la cuchara de hacer bolas ¡Y a disfrutar del helado!

Notas:

(*) Se puede sustituir el azúcar invertido por azúcar normal, en este caso serían 40 g. A mí se me había acabado el azúcar invertido y lo sustituí por jarabe de saúco.

Puede hacer falta sacarlo de 10 a 15 minutos antes para que se ablande un poco y sea más sencillo hacer bolas. Un vaso con agua caliente en el que sumergir la cuchara ayuda a la operación bolística.

Se pueden hacer dosis individuales rellenando tarrinas después de mantecar.

Para mantecar el helado a mano:

  • Opción tradicional (soy perezosa, no lo he probado nunca): Después de las 6-8 horas en la nevera, se mete la “natilla” en un recipiente con tapa y se lleva al congelador durante media hora. Se saca y se remueve bien para romper los cristales. Se repite el proceso cada media hora hasta que el helado endurece y ya no se puede remover. Suele llevar unas 3 horas.
  • Opción rápida (que tampoco he probado) que podéis encontrar en este interesante post del blog La cucharina mágica.

Y si la pereza es mucha, simplemente rellenad poleras con la mezcla, y haced polos. Incluso se pueden sumergir en chocolate negro para hacer helados tipo magnum.

Fuente:

Llevaba años queriendo hacer algún helado con mascarpone, y cuando vi esta receta, pensé que era el momento de probarlo, aunque con algunos cambios. 😉

Carpaccio de zanahoria y pepino

No he podido evitar la tentación de ponerle un nombre rimbombante a esta sencilla ensalada de pepino y zanahoria, jajajaja.

Pongamos que si emplatas la ensalada en una capa de rodajas muy finas, dispuestas decorativamente, le puedes llamar carpaccio. Así que esto de abajo, es un carpaccio:

Ensalada de rodajas de zanahoria y pepino

(Puse el plato torcido y ahora no puedo ver otra cosa, jajajaja)

Y si no tienes el día artístico, y lo mezclas todo en un cuenco, es una ensalada, como la de aquí abajo:

Al margen de debates lingüísticos, le llaméis carpaccio o ensalada, está buenísima y tenéis que probarla.

Pocos ingredientes, nada de calor en la elaboración y deliciosidad máxima, todo ello con 2 ingredientes más el aliño, que puede ser un simple chorrito de limón y sal, que es como yo la aliñé la primera vez que la hice, o añadir también un poco de aceite de oliva virgen extra y un poco de pimienta negra recién molida.

Ingredientes:

  • zanahorias
  • pepino
  • limón
  • opcional: sal, pimienta negra, aceite de oliva, hierbas al gusto…

Elaboración:

Lavar y pelar las zanahorias y el pepino.

Cortar en rodajas finas con una mandolina. Si no tenéis, como yo, sirve un pelapatatas o incluso un cuchillo bien afilado.

Aliñar con zumo de limón recién exprimido.

Salpimentar al gusto y añadir un chorrito de aceite de oliva virgen extra.

Dejar reposar 5 minutos para que el limón impregne las rodajas.

¡Y chimpún! Lista para comer.

Notas:

Las cantidades son al gusto. En la ensalada de la foto de abajo, hay el pepino entero y sólo una zanahoria. ¿Sois más fans de las zanahorias? Pues poned más que pepino. ¿Al revés? Pues ya sabéis.

Cuenco de ensalada de zanahoria y pepino

Se puede usar vinagre de vino blanco, pero la verdad es que a mí me gusta más con limón, el sabor es más chispeante.

Fuente:

¿Qué hierbas le quedan bien? Pues yo creo que eneldo, sin duda. Es posible que perejil también, será cuestión de probar. Si son hierbas secas, lo mejor es mezclarlas con el zumo de limón antes de cortar las hortalizas, así van soltando sabor y aroma.

Estoy segura de que habrá recetas de esto mismo por ahí, pero lo cierto es que un día de verano (¿el pasado o el anterior? no recuerdo) abrí la nevera y sólo había pepinos y zanahorias, un par de limones y alguna otra fruta, seguramente. Hacía calor y no me apeteció nada salir a comprar, así que, para darle un aspecto más elegante a la ensalada de emergencia, corté rodajas con el pelapatatas. No hay que subestimar ni a la pereza (tengo el súper a dos portales del mío) ni a la creatividad, jajajaja.