Polos de nectarina y rooibos

No me puedo resistir a publicar otra receta de polos (es que tengo que sacarle partido a los moldes, ya sabéis, jajajaja).

Esta vez, después de los de lima limón, unos un poco más típicos pero con una vuelta de tuerca. ¿Por qué más típicos? Pues porque los polos más tradicionales se componen de tres ingredientes básicos: azúcar, agua y fruta. Y he pensado… ya que va a ser agua… ¿por qué no aderezarla con algo como el rooibos? al fin y al cabo, las infusiones son básicamente agua saborizada.😉

Polos Nectarina Rooibos (4)

Recuerdo que cuando era pequeña, mi tío hacía polos de “limonada” casera (lo entrecomillo porque mezclaba a sentimiento zumo de limón, agua y azúcar) en los pocillos de café de mi abuela. Si cierro los ojos todavía recuerdo el sabor agridulce que tenían… y lo mucho que le gustaba hacerme rabiar no dándome uno porque no era mayor (me lleva 10 años). Grrrrrrr

Años después, un verano mi hermano y yo convencimos a mi madre para que nos comprase un paquete de Tang que traía una polera. Nos inflamos a polos de Tang y, cuando se acabaron los sobres, hicimos bastantes experimentos con otros ingredientes, jejejeje.

Fin del momento remember, vamos al lío. 

Ingredientes (para 4 polos de unos 90 ml):

  • 50-70 g de azúcar
  • 2 cucharaditas de rooibos
  • 1 nectarina mediana
  • agua

Polos Nectarina Rooibos (1)

Preparación:

Poner un cazo al fuego con el azúcar y 100 ml de agua para elaborar un sirope simple, o almíbar (la cantidad de azúcar variará según la fruta empleada y lo dulces que os gusten los polos, yo usé 70 g y creo que me pasé un poco). Bajar a fuego suave cuando rompa a hervir y cocer, manteniendo el hervor, durante 4 o 5 minutos. Pasado este tiempo, apartar del fuego y dejar enfriar completamente.

Hervir 200 ml de agua, añadir dos cucharaditas de rooibos, remover y dejar reposar durante 5 minutos (el que yo usé es aromatizado, pero podéis usar rooibos normal). Pasado ese tiempo, filtrar y dejar enfriar.

 

Lavar y trocear la nectarina (yo no la pelo).

Picar en trozos más pequeños aproximadamente 1/3 de la nectarina y repartir en los moldes de los polos (si no os gustan los trozos de fruta en los helados, saltad este paso).

Poner el sirope con la infusión de rooibos y el resto de la fruta en el vaso de la batidora y batir hasta que no queden grumos.

Verter la mezcla en los moldes llenando hasta un poco menos del máximo. Remover la mezcla después de cada molde para volver a integrarlo todo antes de rellenar el siguiente.

Polos Nectarina Rooibos (2)

(Si no tenéis moldes, podéis hacer los polos en vasitos de plástico, tapándolos con film transparente o papel de aluminio a través del que clavar los palitos, así se mantienen centrados y rectos)

Congelar hasta que se endurezcan completamente (el tiempo necesario depende de los ingredientes, a más azúcar más lento, y el tipo de moldes, pero suelen ser entre 4 y 6 horas).

Polos Nectarina Rooibos (3)

Desmoldar mojando el exterior del molde o vasito con agua templada o del tiempo.

¡Espero que os gusten!

Polos Nectarina Rooibos (5)

Notas:

Esta vez usé nectarina, pero también se pueden hacer con fresas, melocotón o cualquier otra fruta, o combinaciones de varias, que tengáis en el frutero. Como siempre os digo ¡lo más divertido es experimentar!

Fuente:

Partí de una receta que mi amiga Etringita de Fototomerienda publicó en Cafetearte.

Polos cremosos de lima limón al jengibre

¡Marchando una de helados para sobrellevar los calores veraniegos!

Polos Cremosos Lima Limón (4)

Hace unas semanas me regalaron un dinerito por mi cumpleaños que gasté en algo frívolo pero absolutamente necesario, UNOS MOLDES PARA POLOS. En concreto, estos de Lekué:

Polos Cremosos Lima Limón (6)

Los regalos en metálico hay que gastárselos en cosas que te hubieran gustado como regalo, esto es así (Podéis apuntar eso para mi epitafio).

Y como podréis deducir, llevamos inmersos en una investigación heladística muy sesuda desde entonces, iréis viendo los resultados del estudio por aquí.

Los primeros que han pasado las pruebas (y con impresionantes notas, por cierto) son estos polos cremosos de lima-limón al jengibre. Pero basta de palabras, vamos al lío.

Ingredientes (para 4 polos):

  • 200 ml de leche
  • 150 ml de leche condensada (media lata de las de 370 g)
  • una lima
  • un limón
  • jengibre fresco (opcional pero MUY aconsejable)

Polos Cremosos Lima Limón (1)

Preparación:

(Atentos, que esto va a ser tan rápido y fácil que antes de acabar de leer ya estaréis pensando si tenéis los ingredientes necesarios)

Mezclar en un cuenco grande la leche con la leche condensada batiendo bien.

Pelar y rallar un trozo de más o menos 1 cm de jengibre fresco (la cantidad dependerá de lo fuertecitos que os gusten los polos, seguro que están buenos sin él pero yo creo que les da bastante chispa).

Lavar y rallar la piel del limón y la lima (más o menos entera la lima y un poco más de medio limón, pero según gustos).

Exprimir medio limón y media lima hasta tener unos 50 ml de zumo en total.

Polos Cremosos Lima Limón (2)

Añadir el zumo junto con las ralladuras de jengibre y cítricos a las leches y batir para repartirlo todo bien en la mezcla (al añadir el zumo la crema se espesa).

Polos Cremosos Lima Limón (3)

Rellenar los moldes de polos con la crema dejando un poquito por arriba sin llenar.

Congelar hasta que se hayan endurecido por completo (el tiempo varía según los moldes empleados, pero suele ser un mínimo de 6 horas).

Desmoldar mojando el exterior del molde con un poco de agua tibia, o incluso del tiempo.

¡Y a chupetear! Ya me diréis si no son unos de los helados más ricos que habéis probado.

Polos Cremosos Lima Limón (5)

Notas:

Lo importante en esta receta es el cítrico que “corta” la leche, creo que cualquier variante con naranja, mandarina o pomelo estarán riquísimos también  (como los vasitos de vitamina C que ya tengo publicados).

Os daréis cuenta de que las cantidades suman unos 400 ml, yo hago esa cantidad por comodidad aunque mis moldes son de 90 ml. Eso quiere decir que me sobra un poco de crema, pero no pasa nada, la congelo en un molde de silicona de los de hacer magdalenas. Tenedlo en cuenta para adaptar las cantidades a la capacidad de vuestros moldes.🙂

Si no tenéis moldes para polos, podéis utilizar vasitos de plástico a los que ponerle palitos de madera. Para mantenerlos rectos basta con tapar el vasito con papel film o de aluminio y clavar el palito a través.

Bonus track: deberíais haberme visto emulando a Arquímedes para descubrir la capacidad en ml de una lata de leche condensada de 370 g cerrada, jajajajaja. BTW, La Lechera, creo que no os costaba nada añadirlo como dato, ¿eh? Luego con el bote vacío confirmé mi cálculo inicial (aprox. 300 ml). JÁ.

Fuente:

La idea inicial y las proporciones las saqué de esta receta, aunque haciendo mis inevitables modificaciones sobre la marcha, ya me conocéis.

Crema de alubias pintas para picoteo

Hoy os traigo una nueva crema de picoteo para añadir a la pequeña familia formada por el hummus, la muhammara, el baba ganoush y el byessar. Aunque he probado unas cuantas recetas más que me han gustado, no he podido fotografiarlas para el blog, pero tranquilos, irán cayendo.

Crema de alubias pintas para picoteo (1)

A mí, por los ingredientes, me recuerda a platos de la cocina mexicana o ecuatoriana más que al hummus y demás cremas de tradición mediterránea.

Creo que lo ideal sería hacer esta receta con alubias negras, pero no las había cocidas, así que usé rojas, que le han dado un color bastante pintoresco, jejejeje.

Ingredientes (4 personas):

  • 1/2 cebolla morada pequeña
  • 1 diente de ajo
  • 1 o 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 400 g de alubias pintas/rojas cocidas (también valen negras)
  • 1 y 1/2 cucharadas de vinagre balsámico
  • 2 cucharadas de zumo de lima
  • 1 cucharadita de comino molido
  • 2 cucharadas de cilantro fresco
  • 1 o 2 cucharadas de agua (opcional)
  • sal y pimienta
  • Decoración opcional: un par de cucharadas de cebolla morada picada, cilantro fresco picado, un chorro de aceite de oliva virgen extra…

Preparación:

Escurrir bien las habas en un colador y lavarlas con agua fría para eliminar el líquido que llevan.

(Por comodidad las suelo usar de bote, pero se pueden usar las que hayan sobrado de otra receta o cocerlas específicamente)

Pelar y picar el ajo y la cebolla.

Poner en el vaso de la batidora todos los ingredientes y batir hasta obtener una pasta homogénea.

Salpimentar al gusto y batir para homogenizar.

Dejar reposar unas horas en el frigorífico tapada con film (no es imprescindible, pero gana en sabor).

Servir en un plato o cuenco y acompañar de nachos y bastoncitos de verdura cruda, pan de pita, colines, regañás o pan tostado (lo que os apetezca, vamos, aunque con nachos está especialmente buena).

¡Y a mojar hasta dejar el plato limpio!

Crema de alubias pintas para picoteo (2)

Ideas:

Se podría machacar todo junto en un mortero. Este proceso, aunque es un poco más laborioso, le deja una textura más rústica y con trocitos de cebolla que a mí me gusta mucho.

Si os queda demasiado densa, se puede aligerar con un poco de agua, en mi caso, con una cucharada y media fue suficiente. Recomiendo añadir poco a poco el agua, batiendo entre medias, para poder controlar mejor la cantidad hasta tener la densidad que más os guste.

La cantidad de ajo y comino, como siempre, es orientativa y podéis modificarla a vuestro gusto.

Fuente:

La descubrí, a través de Pinterest, en este blog.

Helado de té especiado y plátano

El verano pasado, con todo el follón de irnos a Paraguay, se me quedó esta receta en el tintero digital. Este calor que está haciendo pide cosas fresquitas, así que ¡allá vamos con este helado de té especiado y plátano!

Helado de té especiado y plátano (5)

 

Es el segundo helado con base platanística que publico, después del de chocolate y cerezas, y sigo siendo muy fan de lo sencillos que son de hacer y lo mucho que da el pego la textura del plátano congelado, y si está en su punto, ni siquiera hay que añadir nada para endulzarlo.

Ingredientes (para 4 raciones):

  • 3 plátanos medianos maduros (aprox. 300 g pelados)
  • 4 o 5 dátiles
  • 1 cucharadita de canela
  • 1 pizca de clavo molido
  • 1 trocito de jengibre fresco (de 1 cm más o menos)
  • 150 ml de leche o leche vegetal
  • 2 cucharaditas de hebras de té negro

Opcional:

  • Caramelo líquido, sirope de chocolate, nueces picadas, galletas de canela desmenuzadas…

Helado de té especiado y plátano (1)

Preparación:

Pelar y trocear los plátanos (el tamaño variará según la potencia de la batidora/picadora que tengáis,  si es muy potente o permite picar hielo pueden ser trozos más grandes), colocarlos en un plato o cuenco, tapar con film y llevar al congelador al menos 4 horas (se puede dejar de un día para otro).

Calentar la leche e infusionar el té durante los minutos que indica el paquete (para té negro suelen ser unos 4 minutos, ojo con esto, porque si se pasa el tiempo puede amargar bastante), filtrar y reservar 125 ml.

Deshuesar y picar los dátiles (si veis que tienen la piel demasiado dura se puede retirar, pero no suele hacer falta).

Pelar y rallar el jengibre (si os gusta suave, poned menos de 1 cm de raíz, si os va la marcha, poned un poco más).

Poner la leche infusionada en el vaso de la batidora, añadir la canela, el clavo, el jengibre rallado y los dátiles, y batir hasta obtener una mezcla cremosa y homogénea.

Helado de té especiado y plátano (2)

La crema se puede hacer con la leche fría, inmediatamente antes de preparar el helado, o con antelación, justo después de filtrar el té, mezclando los ingredientes en caliente y dejándolo enfriar en la nevera, de esta forma los sabores y aromas se intensificarán.

Sacar el plátano del congelador y dejar atemperar unos 10 minutos (así será más fácil de batir).

Poner el plátano y la crema especiada en el vaso de la batidora/picadora y batir hasta integrar todo en una crema espesa y sin grumos.

Repartir en cuencos, decorar con sirope de chocolate, caramelo líquido y/o trocitos de galletas desmenuzadas o de nueces y ¡a comer!

Helado de té especiado y plátano (4)

Notas:

El batido final será más o menos laborioso dependiendo de la potencia de la batidora que tengáis, si no es de las pensadas para picar cosas duras, tendréis que batir un poco, sacar lo que se ha quedado entre las cuchillas, remover con una cuchara y volver a batir… así hasta que ya no queden grumos.

Si una vez acabáis de batir el helado está más bien blando, se puede meter en el congelador 10 o 15 minutos para que vuelva a coger cuerpo.

Las especias se pueden variar a gusto, se me ocurre que se podrían usar las mismas que lleva el té yogui, por ejemplo.

Helado de té especiado y plátano (3)

Fuente:

Tomé la idea de esta receta del blog Lala Kitchen, añadiéndole un té negro especiado que tenía en la despensa.

Linzertorte o Tarta(letas) de Linz

En abril del año pasado me compré estos moldes de tartaletas que por unas cosas y por otras estuvieron casi un año sin ser estrenados, imperdonable. Como penitencia, la receta que inaugurase la era tartaletera tenía que ser especial (qué duro es expiar pecados, ains).

Aunque a mí nunca me la haya hecho (guiño-guiño-codazo-codazo) la receta elegida fue la de Linzertorte, uno de los “greitesjits” de J., una tarta que, si no me falla la memoria, aprendió a hacer en Alemania porque “ningún hombre puede llegar a los 18 años sin saber hacer tartas” (todo mi apoyo a esta norma, a la que añado que ninguna persona debería llegar a los 18 sin saber resolverse el tema alimenticio con cierta soltura).

Tartaletas de Linz (7)

Aunque el origen de la tarta de Linz, también conocida como tarta Linzer o Linzertorte, es austrohúngaro (no podía perder la oportunidad de escribir esta palabra) es muy tradicional en Austria, Hungría, Alemania y Suiza.

Según wikipedia, el registro más antiguo de esta receta lo podemos encontrar en el Codex 35/31 de 1653 en el archivo de la Abadía de Admont.

Y después de tanta charla, vamos al lío.😉

 

Ingredientes (para una tarta de 26 cm o 6 tartaletas de 10 cm):

Masa quebrada:

  • 200 g de harina
  • 1 cucharadita de canela en polvo
  • 1/2 cucharadita de vainilla en polvo
  • 1 cucharadita de levadura química
  • 140 g de azúcar
  • 1 clara de huevo
  • 1/2 yema de huevo
  • 125 g de mantequilla fría en dados
  • 125 g de almendra molida (también puede ser avellana)

Tartaletas de Linz (1)

Relleno:

  • 100-150 g de mermelada de albaricoque

Tartaletas de Linz (2)

Decoración:

  • 1/2 yema de huevo

 

Preparación:

Tamizar en un cuenco la harina con la canela, la vainilla, la levadura química y el azúcar.

Volcar la mezcla en una superficie de trabajo limpia formando un volcán.

Reservar la mitad de la yema del huevo, y batir ligeramente la otra mitad y la clara (Como yo soy un poco obsesiva a veces, lo hice báscula mediante, pero se puede hacer a ojo).

Volcar  el huevo batido, la mantequilla cortada en dados y la almendra molida en el centro del volcán de harina.

Mezclar los ingredientes lo más rápido posible para que no se derrita la mantequilla (que es el truco para una masa quebrada perfecta). Esto se puede hacer:

  • Pellizcándolos entre los dedos hasta formar una masa desmigada (así lo hice yo).
  • Con un mezclador de masas manual (que añado desde ya a mi lista de “lo necesito muy mucho”).
  • Con un cuchillo largo haciendo cortes paralelos, juntando todo en un montón otra vez y repitiendo hasta tener toda la mezcla en forma de migas (así lo ha hecho siempre J. que se sorprendió de que consiguiera hacerlo a pellizcos).

Una vez que tenemos la masa desmigada, se junta toda formando una bola apretada, se envuelve en film transparente y se deja reposar en la nevera durante media hora.

Tartaletas de Linz (3)

Precalentar el horno a 180 ºC.

Dividir la masa en dos partes, una un poco más grande que la otra.

Engrasar los moldes con mantequilla.

Si vamos a utilizar un sólo molde de tarta, extender la parte grande de la masa apretando con los dedos hasta cubrir con una capa más o menos uniforme el fondo y las paredes.

Si vamos a utilizar moldes de tartaletas, dividir la masa en partes iguales y proceder de la misma manera (la obsesiva que vive en mí y que de vez en cuando se asoma, me hizo utilizar la báscula también para esto).

Cubrir la masa con mermelada. La cantidad variará según el tamaño de los moldes y lo golosos que seamos. Yo puse más o menos una cucharada colmada por tartaleta.

Tartaletas de Linz (4)

Con el resto de la masa quebrada formar tiras aplastadas de más o menos un dedo de ancho y cubrir las tartaletas formando un enrejado.

Tartaletas de Linz (5)

Pincelar la superficie de la masa con la media yema restante (así se consigue una superficie dorada y brillante).

Tartaletas de Linz (6)

Hornear durante 25 o 30 minutos a 180 ºC, hasta que la superficie esté dorada. Para un único molde grande es posible que haga falta más tiempo de cocción.

Retirar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla.

Tartaletas de Linz (8)

 

Notas:

La tarta de Linz es de esas recetas que están más buenas de un día para otro, os aconsejo envolver las tartaletas en papel de aluminio y servirlas al día siguiente.

Mis moldes tienen una especie de pie que hizo imposible desmoldar las tartaletas sin romperlas, así que nos las comimos sin sacarlas. Me anoto a mi lista interminable unos moldes de esos con fondo desmontable.

La receta tradicional se hace con mermelada de grosellas, aunque también es habitual emplear de albaricoque, ciruela o frambuesas. Estos son los sabores que yo creo que le quedan bien a este tipo de masa, pero sobra decir que podéis rellenar la tarta con la mermelada que más os guste.

También parece que más que almendras, lo típico son avellanas, pero se pueden usar nueces o una mezcla de frutos secos al gusto. Me encanta porque con tantas variaciones se puede hacer bastantes veces la receta sin repetir sabor, jajaja.

Es una tarta que se presta para jugar con el enrejado, y también es común colocar almendra fileteada en el borde después de pincelar con huevo, pero como yo iba pillada de tiempo, las florituras se quedaron para otra ocasión.

Tartaletas de Linz (9)

Perfecta para acompañar una taza de té… o para que una bola de helado de vainilla no se sienta sola a la hora del postre.😉

 

Fuente:

Hace tiempo J. me pasó un par de recetas de tartas típicas alemanas traducidas entre las que estaba ésta, una suerte, porque su recetario repostero está (casi) todo en alemán.

Rosquitas, palitos y coquitos de mantequilla

Hoy os traigo otra receta paraguaya (¿qué queréis?, creo que definitivamente me hice medio paraguaya), otra vez recurro al mundo de los panificados del que ya os comentaba cosas en la receta de galletas paraguayas de anís.

En los supermercados paraguayos se venden un montón de cosas a granel, desde detergente a pienso para perros, pasando por pastas, arroces, galletas e incluso harinas. A mí me parece una cosa buena, pero que allí por lo visto tiene el inconveniente de que muchos de esos productos son de calidad inferior a los envasados, una lástima.

Entre los productos panificados a granel, están los coquitos, que por lo visto se compran mucho como tentempié. He de confesar que estando allí, no los compré nunca, los que había en mi súper me tenían una pinta un poco seca y nunca me sedujeron lo suficiente para probarlos.

Rosquitas Coquitos Palitos de Manteca (10)

Al volver, como parte de la morriña del emigrante (os digo de verdad eso de que me volví medio paraguaya), cuando vi la receta de los coquitos me entró un antojo brutal, así que los hice… y ¡ay amigos! ¡¡qué buenos que están!!

Con la misma receta se pueden preparar varios formatos que os explico más abajo.

Ingredientes (para 500 g de panificados, más o menos):

  • 12 g de levadura fresca de panadero (o 4 g de levadura seca, no confundir con levadura química)
  • 10 g de azúcar
  • 150-200 ml de agua tibia
  • 400 g de harina de fuerza (también sirve harina de trigo normal)
  • 10 g de sal
  • 12 g de anís en grano
  • 125 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente

Rosquitas Coquitos Palitos de Manteca (1)

Preparación:

Disolver en un par de cucharadas de agua tibia (ojo, si está demasiado caliente podéis matar la levadura) el azúcar y la levadura y removiendo ligeramente. Dejar reposar hasta que empiece a burbujear.

Mientras, formar un volcán con la harina en la encimera (en las fotos veréis que yo uso un cuenco grande, porque mi piso es pequeño y ahí todavía no tenía la tabla de IKEA que uso ahora como superficie de amasado) y añadir la sal en la parte exterior del montículo para evitar que toque la levadura directamente cuando la añadamos (he leído que la sal puede afectar al proceso de levado, pero no lo sé a ciencia cierta).

Frotar los granos de anís entre las manos (como quitándonos el frío en invierno) dejándolos caer sobre la harina a modo de lluvia.

Cuando la levadura empiece a formar espuma, volcar en el hueco de la harina y empezar a amasar añadiendo agua tibia poco a poco (pongo un rango de agua necesaria porque la cantidad varía dependiendo de la temperatura ambiente y la calidad de la harina, yo suelo tener 200 ml preparados pero no siempre los necesita).

Rosquitas Coquitos Palitos de Manteca (2)

Amasar hasta tener una masa uniforme, pero tirando a seca.

Añadir la mantequilla troceada y seguir amasando hasta integrarla totalmente.

Rosquitas Coquitos Palitos de Manteca (3)

La masa resultante es bastante húmeda, pero si queda demasiado pegajosa se puede corregir agregando un poco más de harina y amasando de nuevo para que la absorba.

Formar una bola, tapar con un paño limpio y dejar reposar en un cuenco de 20 a 25 minutos en un sitio cálido y sin corrientes de aire.

Rosquitas Coquitos Palitos de Manteca (4)

Pasado este primer levado, estirar la masa sobre una superficie enharinada con la ayuda de un rodillo hasta tener una plancha de entre medio y un centímetro de espesor.

A partir de aquí, las instrucciones para los distintos formatos.

  • Para las rosquitas:

Cortar tiras de masa de un dedo de ancho y dividirlas en palitos de 8 a 10 centímetros de largo.

Retorcer los palitos y unir los extremos apretando con los dedos.

(No hay que preocuparse si no salen iguales, ¡la imperfección es bella!)

  • Para los coquitos:

Cortar las tiras en cuadraditos de algo más de un dedo de lado.

También se pueden hacer bolitas un poquito más grandes que una avellana.

  • Para los palitos:

Cortar tiras de masa de un dedo de ancho y dividirlas en palitos de 8 a 10 centímetros de largo.

(Yo los hice retorcidos como las rosquitas, pero se pueden dejar tal cual, sin retorcer)

Rosquitas Coquitos Palitos de Manteca (5)

Distribuir las formas de masa sobre una bandeja de horno engrasada, también se puede colocar  hoja de papel de hornear o una lámina de teflón, dejando una separación de uno o dos centímetros entre ellas.

Tapar la bandeja con un paño limpio y dejar levar hasta que dupliquen su tamaño en un sitio cálido y sin corrientes de aire.

Precalentar el horno a 180 ºC.

Hornear a 180º hasta que empiecen a dorarse, serán unos 12 o 15 minutos (recordad que los tiempos varían según el horno y el grosor que hayáis dado a las formas). Es probable que la segunda hornada se haga antes.

Rosquitas Coquitos Palitos de Manteca (6)

Dejar enfriar sobre una rejilla.

Notas:

Se puede sustituir la mantequilla por margarina, quizá se pueda utilizar aceite de oliva, pero como no lo he probado, no os puedo asegurar que de buenos resultados.

Los tamaños pueden variar, podéis hacer piezas más grandes pero recordad que tendréis que modificar los tiempos de horneado.

Recién hechas son una locura de jugosidad y sabor, pero también se pueden conservar sin problemas en una caja metálica o un recipiente hermético unos días.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Son ideales para desayunar (con café con leche hacen una combinación bestial) pero os diré que son una tentación para matar el hambre a cualquier hora del día, especialmente los coquitos, que tienen un tamaño de bocado muy cómodo.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Fuente:

La receta la saqué de aquí, un blog de cocina paraguaya que ya he usado como referente en otras recetas.

 

Infusión de menta con canela, naranja y miel

Parafraseando a Fito, parece que “después de un invierno raro, una rara primavera”, vaya tiempo loco, aunque hoy haga calor a mediodía, mañana te puedes congelar, yo no recuerdo haber consultado tanto con google el tiempo que va a hacer en Madrid. Cualquier día, la amable vocecilla que responde a mi “Ok, google” me va a decir directamente “¿A que adivino lo que me vas a preguntar?” antes de darme tiempo a soltar mi “Tiempo en Madrid”. Yo creo que hasta tiene la respuesta preparada de antemano.

Para entrar en calor, a media tarde me suelo tomar algo caliente y como no puedo abusar mucho de infusiones excitantes como el té o el mate (el café ni olerlo, vamos), acabo recurriendo a leche con cacao o rooibos, aunque de vez en cuando cae una infusión de menta. Un día, intentando introducir un poco de variedad, se me ocurrió añadirle cosas a la menta, de la misma forma que té y rooibos aromatizado. Investigando un poco, di con una mezcla que me pareció interesante con ingredientes que suelo tener en la despensa.

Infusión Menta (5)

El resultado es una infusión que os recomiendo mucho, tanto para tomar fría como caliente. La naranja le aporta un sabor buenísimo a la menta, y la miel y la canela combinan a la perfección.

Ingredientes (para 1 taza de infusión):

  • 2 cucharaditas de menta seca o 1 cucharada de menta fresca
  • 200 ml de agua
  • zumo de 1/2 naranja
  • 1 cucharadita de miel (al gusto)
  • 1/4 de cucharadita de canela molida

Infusión Menta (1)

Preparación:

Poner el agua a hervir en un cazo pequeño.

Cuando rompa a hervir el agua, apagar el fuego, añadir la menta y la canela, remover un poco y dejar infusionar unos 5 minutos.

Infusión Menta (4)

Filtrar la infusión. Si se ha enfriado se puede calentar un poco sin que llegue a hervir.

Exprimir la media naranja y añadir el zumo a la infusión (yo no lo cuelo, pero es cuestión de gustos).

Infusión Menta (3)

Endulzar con miel al gusto (en mi caso una deliciosa miel de lavanda de producción ecológica que compramos estas Navidades en Pontevedra) y a disfrutar de un momento de relax.😉

Infusión Menta (6)

Notas:

Las cantidades son orientativas, si os gusta con más canela, pues más canela, con menos miel, pues menos miel…

Se puede hacer mucha cantidad de una vez y tenerla en la nevera para tomar tanto caliente como frío, pero yo os recomiendo añadir el zumo de naranja justo cuando lo vayáis a consumir.

No lo he probado, pero seguro que con menta fresca está como mínimo igual de bueno.

Fuente:

Haciendo una búsqueda me encontré con varias páginas que publicaban recetas similares con pocas variantes, al final el día que la iba a hacer tenía el ordenador apagado y acabé haciéndola a sentimiento con buenos resultados.

 

Galleta paraguaya de anís (panecillos)

Cuando llevábamos unas semanas en Paraguay, descubrimos que allí llaman galletas a los bollos de pan y lo que aquí conocemos como galletas lo denominan galletitas. Otro dato curioso en torno al pan es que cuando compras empanadas (empanadillas) te suelen preguntar si quieres “pancito”, ¿sólo yo pienso que empanadilla con pan es redundancia alimentaria?😉

Casi todo el pan que vi allí a la venta venía en formato bollo individual o divisible con una especie de precortes, aunque en la panadería que había en nuestro barrio también tenían hogazas más grandes. En el supermercado al que íbamos en Encarnación solían tener tres tipos de pan, cuatro cuando el fin de semana traían uno muy denso y tan rico que seguro que es mantequilla pura. Allí conocimos las “galletas de anís“, unos bollos ligeramente prismáticos de corteza parecida al del pan candeal y miga ligera con granitos de anís, que es un ingrediente común en chipas y panificados allí.

Un día, buscando recetas paraguayas, me encontré con esta receta y me picó el gusanillo “panarra”. Por los comentarios nostálgicos de la gente sobre las galletas de su infancia, me parece que las que venden en el supermercado han sufrido una evolución bastante radical y en realidad las originales se parecerían más a estas que os traigo.

Ingredientes (para 12 panecillos):

  • 25 g de levadura fresca de panadero (o 8 g de levadura seca)
  • 20 g de azúcar
  • 200-250 ml de agua tibia
  • 500 g de harina de fuerza (también sirve harina de trigo normal)
  • 10 g de sal
  • 75 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 1/2 cucharada de anís en grano (o un poco más)

Galleta Paraguaya Anís (1)

Preparación:

Disolver en un cuenco pequeño el azúcar y la levadura en dos cucharadas de agua tibia removiendo ligeramente. Dejar reposar hasta que empiece a burbujear y se forme un poco de espuma (si la temperatura ambiente es baja, yo a veces pongo el cuenco en una especie de baño maría, sobre otro con agua un poco más caliente que la que añado a la levadura, para acelerar un poco el proceso).

Galleta Paraguaya Anis (2)

Formar un volcán con la harina sobre una superficie de trabajo (si no tenéis espacio, yo lo he hecho muchas veces en un cuenco grande y también sirve, aunque es más engorroso), añadir la sal en la parte exterior del montículo para evitar que toque la levadura directamente cuando la añadamos (la sal por lo visto interfiere en la activación de la levadura).

Frotar los granos de anís entre las manos sobre el cuenco, con un movimiento tipo tramar algo o quitarse el frío, desperdigándolos sobre la harina (esto ayuda a desmenuzarlos un poco y hace que salga el aroma, ya veréis qué olorcito en las manos después).

Añadir la mantequilla a temperatura ambiente, troceada.

Galleta Paraguaya Anís (3)

Cuando en el cuenco la levadura haya empezado a espumar, agregar la mitad del agua tibia y la levadura al centro del volcán y empezar a amasar. Conforme vayamos amasando, añadir poco a poco el resto del agua, la cantidad necesaria variará dependiendo de la temperatura ambiente y el tipo de harina.

La masa tiene que quedar uniforme, elástica y húmeda sin que se nos pegue a las manos. Si nos pasamos de agua y se queda muy pegajosa, se puede añadir más harina poco a poco.

Galleta Paraguaya Anís (4)

Tapar con un paño limpio y dejar reposar en un cuenco unos 15 minutos minutos en un sitio cálido y sin corrientes de aire.

Pasado este tiempo, dividir la masa en 4 partes y formar cilindros de unos 20 cm de largo sobre una superficie enharinada.

Con un cuchillo afilado, cortar cada cilindro en 3 porciones de unos 4 dedos de ancho.

Galleta Paraguaya Anís (5)

Engrasar una bandeja de horno o cubrirla con una hoja de papel de hornear o de teflón (me he comprado una y me encanta lo cómoda que es) y colocar las porciones de masa presionando un poco con las manos para dejar el corte de la porción hacia un lado. Para evitar que se peguen al levar y esponjarse, dejar un par de dedos de espacio entre ellas (en mi bandeja caben los doce bollos sin problemas).

Galleta Paraguaya Anis (6)

Tapar con un paño limpio y dejar levar hasta que dupliquen su tamaño en un sitio cálido y sin corrientes de aire.

Precalentar el horno a 200 ºC.

Hornear a 200º durante unos 10 o 12 minutos hasta que empiecen a dorarse. El tiempo variará según el horno y el tamaño de los bollos.

Retirar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla.

Galleta Paraguaya Anis (7)

Notas:

Se puede sustituir la mantequilla por margarina o aceite de oliva. La primera vez que las hice no tenía mantequilla y usé aceite, no salen exactamente igual, pero están deliciosas también. Lo cierto es que tampoco tenía azúcar y utilicé miel… y aún así fue todo un éxito, no hay que parar de experimentar, jajajaja.

El primer levado se puede saltar si tenéis prisa, pero las veces que lo he hecho, los panecillos han salido más esponjosos.

El tamaño de las galletas puede variar, podéis hacerlas más pequeñas estirando más los cilindros de masa, o incluso un único pan más grande, eso sí, tendréis que modificar los tiempos de horneado.

Galleta Paraguaya Anis (9)

Las galletas paraguayas están buenísimas recién hechas, son crujientes por fuera y tiernas por dentro, y son perfectas para comer con queso o fiambre, con mantequilla y mermelada, o directamente solas. Es decir, tanto valen para desayunar, como para merendar, como para una cena de “companaje”.

Galleta Paraguaya Anis (10)

Se pueden conservar sin problemas en una caja metálica, una bolsa o un recipiente hermético un par de días, lo mismo que cualquier otro pan, aunque pierden un poco de ternura.

Fuente:

La receta la saqué de aquí, aunque el proceso de elaboración lo he ido puliendo desde que empecé a hacerlas estando en Paraguay hasta ahora.

Té yogui

El té yogui (también conocido como yoga tea, yogi tea o yogi chai) es una infusión de especias que tiene su origen en el Ayurveda, una enseñanza india sobre el equilibrio de cuerpo, mente y espíritu. Originalmente los ingredientes varían según las estaciones del año y necesidades específicas de cada persona, pero la receta más extendida la popularizó Yogi Bhajan,  yogui y maestro espiritual, cuando emigró a Estados Unidos a finales de los años 60. Hoy Yogi Tea es una marca comercial que comercializa gran variedad de infusiones ecológicas.

Yo no sé nada de Ayurveda, apenas un par de cosas de yoga (a lo más que he llegado es a hacerme unas fotos con posturas de yoga para el proyecto fotográfico chandalero de unas amigas) y tengo que reconocer que no soy demasiado espiritual, lo mío es más el ámbito terrenal, qué le vamos a hacer. De especias e infusiones sí que sé un poco más, por eso me he animado a probar a hacer mi propia mezcla.

Té Yogui (3)

¿Y me ha gustado? Pues la verdad es que sí, tiene un sabor intenso y especiado muy agradable, y es una infusión que resulta muy reconfortante tanto sola como con un chorrito de leche. Confieso que con la taza en la mano me han dado unas pocas ganas de apuntarme a clases de yoga, sin ser yo nada de eso, oigan.

Ingredientes (para medio litro de infusión):

  • 6oo ml de agua
  • 6 clavos de olor
  • 6 vainas de cardamomo
  • 6 granos de pimienta negra
  • 2 rodajas de jengibre fresco
  • 1 ramita pequeña de canela
  • 1 cucharadita de té negro assam (opcional)
  • leche o bebida vegetal (opcional)

Té Yogui (1)

Preparación:

Poner el agua a hervir en una olla con tapa.

Mientras se calienta, cortar las rodajas de jengibre (si no tenéis fresco se puede sustituir por media cucharadita de jengibre en polvo) y apretar las vainas de cardamomo entre los dedos un poco para que se abran.

Cuando el agua empiece a hervir, añadir las especias, tapar y cocer a fuego suave durante unos 20 minutos.

Retirar la olla del fuego, añadir el té negro, remover ligeramente para que se empapen las hebras, y dejar infusionar 4 minutos (ojo, si os pasáis el té podría amargar la infusión arruinándola).

Filtrar (sin apretar para sacar todo el líquido, si se aprieta el té, puede llegar a amargar) y servir caliente solo o con un chorrito de leche o bebida vegetal.

Té Yogui (2)

Notas:

Aunque está bueno así, se puede endulzar con una cucharadita de azúcar, miel o sirope.

Si os gusta pero os da pereza prepararlo cada vez, se puede hacer mucha cantidad de una vez y tenerlo en la nevera para disfrutarlo en otro momento.

 

Fuente:

Hay miles de recetas en la web y todas coinciden más o menos en las cantidades con mínimas variantes. Como siempre, es una receta totalmente personalizable.

 

Bizcocho japonés Castella o Kasutera

Hoy os traigo la receta del Castella o Kasutera, una receta japonesa del que es probablemente el mejor bizcocho que he preparado hasta el momento. Es un bizcocho tradicional en Japón pero realidad su origen estaría en el pão de Castela (pan de Castilla) que llevaron consigo los mercaderes portugueses a Japón en el siglo XVI. En los cinco siglos que han transcurrido desde entonces la receta ha ido cambiando para adaptarse al paladar y gustos de los japoneses, pero es curioso que se haya mantenido el origen en su denominación, Castella (カステラ, leído “kasutera”).

Bizcocho Kasutera (5)

El Kasutera no es difícil de hacer, pero sí que es un poco laborioso y si queréis resultados espectaculares de textura y esponjosidad hay que seguir unos cuantos trucos. A veces las instrucciones de las recetas nos pueden parecer optativas, pero en el caso de este bizcocho puedo aseguraros que esos detalles son cruciales, los mismos ingredientes trabajados de manera ligeramente distinta producen resultados que no tienen nada que ver. ¿Y cómo puedo asegurarlo con tanta rotundidad? Pues porque la primera vez que lo preparé lo hice siguiendo una receta mucho menos minuciosa y, aunque el resultado se dejaba comer, me dejó pensando que tampoco era para tanto el Kasutera. Convencida de que el truco tenía que estar en la elaboración, seguí investigando hasta dar con una receta que hacía muchísimo hincapié en ciertas instrucciones. Me vi el vídeo que acompañaba la receta apuntándome todos y cada uno de los pasos y la recompensa fue un bizcocho ligero, esponjoso y blandito como ninguno que hubiera salido de mi horno antes.

Ingredientes:

  • 3 huevos medianos
  • 60 g de azúcar
  • 20 g de miel
  • 60 g de harina de trigo para pan (aunque sirve harina de trigo normal)
  • 20 g de leche entera
  • aceite de girasol

Bizcocho Kasutera (1)

Preparación:

Lo suyo es hacer este bizcocho en un molde rectangular o cuadrado, para estas cantidades tirando a pequeño, de 20×12 cm o 15×15 cm de base y una altura de entre 5 y 7 cm. Mi molde es tipo plumcake, no es el ideal, pero sirve. Si las medidas de vuestro molde exceden en mucho las que os indico, es mejor ampliar las cantidades apropiadamente para evitar un bizcocho demasiado bajo (no es difícil, con añadir un huevo más y la parte proporcional de cada ingrediente está hecho).

En Japón la manera tradicional de hacer el Kasutera es utilizando un molde especial, un marco de madera sin fondo que se coloca sobre una bandeja metálica, así se queda tostado por abajo y arriba y menos por los bordes (he visto que hay por ahí tutoriales que explican cómo imitar este efecto forrando el exterior del molde con cartón envuelto en papel de aluminio, si probáis decidme qué tal).

Forrar el molde con papel de hornear y engrasar ligeramente con aceite de girasol (sin pasarse tampoco, que quede engrasado pero sin chorretes).

Lavar los huevos y separar las claras de las yemas (hay diferentes métodos, yo los casco con cuidado y utilizando las dos mitades de la cáscara voy dejando caer la clara en un cuenco manteniendo la yema dentro. Mi madre tiene este separador de yemas de tupperware que a mí me encanta). Hay que intentar que no se rompan las yemas.

Precalentar el horno a 160 ºC.

Atentos, que el siguiente paso es IMPORTANTE. Para entender algunos de los conceptos me vino muy bien este post de Javi Recetas donde se explica paso a paso cómo montar claras.

En un cuenco grande batir las claras con las varillas a velocidad baja hasta tenerlas en “puntas blandas”, se habrán convertido en una espuma blanca de burbujas pequeñas que al sacar las varillas forma puntas que se doblan (en la foto de Javi se ve perfectamente a qué me refiero con tantas palabras).
En este momento hay que subir a velocidad media e ir añadiendo poco a poco el azúcar sin dejar de batir hasta alcanzar el estado “puntas rígidas”, se formarán picos que no se doblan al sacar las varillas, la espuma estará suave y cremosa, pero aún no tan densa como si la montasemos a punto de nieve. Este es el punto que necesitamos (es importante no pasarse porque no queremos tener las claras a punto de nieve sino en este estado de cremosidad y suavidad celestial).
Hacia el final, bajar otra vez la velocidad de la batidora para que no se formen burbujas grandes, ya que podrían provocar que el bizcocho se viniese abajo en el horno (el Kasutera es un bizcocho esponjoso, pero de agujeritos pequeños).

Agregar las yemas de una en una, integrando cada una bien con las varillas (llegados a este punto es mejor hacerlo a mano, sin prisa y girando SIEMPRE en la misma dirección para que no se desinfle la crema) antes de añadir la siguiente.

Agregar la miel e integrar de la misma forma lenta y cuidadosa que con las yemas hasta que se mezcle uniformemente.

Tamizar la mitad de la harina sobre la crema y batir suavemente con las varillas hasta que la masa la absorba. Repetir con el resto de la harina.

(Insisto otra vez en la importancia de batir siempre en la misma dirección, no sé si girar la masa en sentido horario y luego antihorario va a ocasionar un apocalipsis bizcochil, pero después del primer fracaso no me sentí con el suficiente espíritu científico para oponerme a las instrucciones de la receta).

Añadir la leche repartiéndola por la superficie y remover con una espátula de silicona, haciendo movimientos envolventes del borde del cuenco hacia el centro. Cuando ya no quede rastro de leche a la vista, golpear el cuenco contra la encimera con firmeza, esto ayudará a que las burbujas grandes que pueda haber por la masa suban a la superficie y se rompan (si os da miedo romper la encimera o el cuenco, golpead sobre la tabla de cortar). Remover un poco más, dejar reposar 15 segundos y golpear el cuenco otra vez. Repetir una vez más.

Bizcocho Kasutera (2)

Verter la masa en el molde forrado muy lentamente y desde unos 30 cm de altura. A medida que la masa fluya y vaya cayendo en el molde, las burbujas que aún puedan quedar se irán rompiendo en la superficie.

Golpear el molde 3 o 4 veces sobre la encimera para hacer salir las burbujas que aún puedan quedar después de tanto meneo (esta es otra de las instrucciones en las que la receta hacía especial hincapié y es cierto que funciona, con cada golpe salen burbujas).

Hornear a 160 ºC en la balda inferior del horno unos 35 minutos, hasta que la corteza esté tostada (dependerá un poco del horno). El punto de este bizcocho es ligeramente húmedo si se seca demasiado pierde esponjosidad, por eso podemos pincharlo con un palillo pasados 30 minutos para comprobar si está hecho, tiene que salir no manchado pero sí un poco húmedo.

Retirar el molde del horno y dejarlo caer dos o tres veces desde unos 30 centímetros sobre la encimera, esto evitará que al enfriar se desinfle (hay que ver lo mucho que hay que maltratar a este pobre bizcochito).

Pasado un rato empezarán a aparecer arruguitas en la superficie, dar la vuelta al molde sobre una tabla, apoyar la cara superior del bizcocho medio minuto sobre ella y volver a ponerlo del derecho, esto ayudará a que las arrugas desaparezcan y la superficie se mantenga más lisa (como yo no tengo tabla de madera, sólo puedo deciros que lo de darle la vuelta funciona para quitar las arrugas aunque no es del todo eficiente, si probáis con la tabla, contadme).

Dejar enfriar dentro del molde sobre una rejilla.

Si no se va a servir en el momento, envolverlo en papel film cuando aún esté templado para evitar que se mantenga jugoso.

Bizcocho Kasutera (3)

Lo tradicional es retirar los bordes laterales y después cortarlo en porciones de unos 3 cm de espesor que sólo tendrán corteza por arriba y por abajo. Para no chafar el bizcocho al cortarlo, es mejor hacerlo con un cuchillo de cortar pan.

Bizcocho Kasutera (4)

Notas:

Aunque os parezca poca harina, creedme, no me he equivocado con la cantidad, realmente lleva tan poca.

La miel es mejor que sea líquida, porque si es de una variedad más sólida os será difícil integrarla en la masa.

No sé si os habrá quedado claro pero: girar siempre en la misma dirección y golpear golpear golpear. Jajajajaja.

Si lo vais a hacer, os recomiendo ver el vídeo, leer con atención la receta para ver si os surge alguna duda que se pueda resolver antes de meteros en el follón y tenerla a mano mientras cocináis.

Fuente:

La receta la encontré en este blog, muy bien explicada y con un vídeo que ayuda muchísimo a entender el proceso. Como veréis ponen las cantidades de yemas y claras en gramos, pero después de investigar vi que más o menos tres huevos medianos pesan eso, a razón de 30 g de clara y 20 g de yema cada uno de media, y decidí no complicarme tanto la vida.