Galletas espiral de Té Matcha

Esto de hacer galletas bonitas es un vicio. Y es que lo importante es el sabor, sí, pero si además entran por los ojos, triunfo total. En éstas me decidí por la espiral, que, además de ser muy vistosa, hace que en cada mordisco haya distintas cantidas de ambas masas y el sabor vaya cambiando a la vez que el matiz del té matcha se intensifica. Como dice mi pinche, son galletas de sabor “progresivo”.

El ingrediente estrella es el té matcha, que además de un sabor a té muy especial le aporta a la masa un color verde muy llamativo. El que he usado es especial para cocinar y lo compré en una tienda de Madrid, Cafe Té Arte, como regalo para mi amiga Etringita, que me dio un poquito para probar. Lo venden a granel desde 50 g y, como no hace falta mucho para cada receta, cunde bastante…. ¡y además está muy bueno!

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Ingredientes: (4-6 docenas)

Para la masa base:

- 150 g de mantequilla
– 100 g de azúcar
– 1 huevo mediano
– 250 g de harina

Para la masa verde:

- 150 g de mantequilla
– 100 g de azúcar
– 1 huevo mediano
– 250 g de harina
– 2 cucharaditas de té matcha

Preparación:

Empezaremos por la capa de mantequilla (para evitar mancharla con restos de té).

En un cuenco grande, cortar en dados la mantequilla y ablandarla unos segundos en el microondas a baja potencia, hasta que tenga textura de pomada (si hace calor bastará con dejarla un rato fuera del frigorífico).

Batir con unas varillas pequeñas o un tenedor e ir añadiendo poco a poco el azúcar.

Agregar el huevo (mejor que esté a temperatura ambiente para evitar que enfríe la mantequilla) y batir hasta obtener una mezcla cremosa y homogénea.

En otro cuenco, tamizar la harina (si no tenéis tamiz sirve un colador metálico) y añadirla poco a poco a la crema de mantequilla integrándola con la ayuda de una paleta. Amasarla en una superficie enharinada hasta que no se pegue a las manos (puede hacer falta añadir más harina mientras se amasa, hacedlo a poquitos para evitar pasaros).

Tapar la masa con film transparente y dejarla reposar en la nevera durante al menos 1 hora.

Repetir el proceso para hacer la masa de té  tamizando y mezclando bien el té matcha con la harina (al tamizar quizá os parezca que no hay suficiente matcha pero tranquilos, el color verde se intensificará al mezclar los ingredientes secos con los húmedos).

Precalentar el horno a 180º C. Dividir cada una de las masas en dos bolas de igual tamaño. Colocar una bola de masa entre dos láminas de film transparente y estirar con un rodillo hasta obtener una plancha más bien rectangular de unos 5mm de grosor (se puede corregir cortando donde sobra y pegando donde falta mientras lo estiramos). Repetir con una bola de masa verde intentando que quede una plancha de tamaño similar a la anterior.

Quitar la lámina superior de film de ambas capas, y con la ayuda del rodillo colocar una plancha de masa sobre la otra de forma que la lámina de film de la capa superior quede por arriba (lo más fácil es enrollar la masa con el film del lado del rodillo y luego desenrollarla encima de la otra). Estirar ligeramente con el rodillo, retirar el film superior, igualar un poco los bordes y enrollar la masa sobre sí misma formando un tubo, ayudándonos con la lámina de film inferior (si queremos que el centro de la espiral se aprecie mejor es conveniente que la capa inferior sobresalga por el lado donde vamos a empezar a enrollar un poco más de 1 cm). Envolver en film y dejar reposar en la nevera al menos media hora. Repetir el proceso con el resto de la masa.

Retirar el film y cortar rodajas de unos 5 mm de espesor con un cuchillo bien afilado o un hilo fino de nylon (con el hilo queda mejor, ya que se deforma menos).

Colocar las galletas en una bandeja de horno sobre papel de hornear separándolas entre ellas un par de dedos (deberían caber unas 12 por hornada).

Hornear unos 15 minutos a 180º C, hasta que se empiecen a dorar por los bordes (al enfriarse se endurecen así que si os pasáis pueden quedar demasiado duras).

Retirar del horno y dejar que se enfríen sobre una rejilla.

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Ideas:

Con estas cantidades salen entre 4 y 6 docenas de galletas, dependiendo del diámetro y el grosor de los discos que hagáis. Están tan ricas que os parecerán pocas, pero si preferís hacer menos bastará con seguir el proceso que os expliqué en las Galletas Cebra, usando 125 g de harina para cada color y una sola cucharadita de té matcha para la masa verde.

Curiosidades:

Estas galletas se conservan en perfecto estado bastantes días si se guardan en un recipiente hermético, es más, en mi casa se olvidaron de 3 o 4 en la lata y tres semanas después, aunque un pelín duras, estaban perfectamente comestibles.

Fuente:

Otra versión de estas galletas de mantequilla.

Muffins de calabacín y jamón

Llevo haciendo estos muffins más de dos años y la única explicación que tengo para no haberlas publicado aún es que nunca duraban lo suficiente para hacer fotos con las que ilustrar la receta. Son facilísimos de hacer y los he preparado en multitud de ocasiones, pero están demasiado buenos como para dejar una muestra que fotografiar, por eso esta vez tuve que aplicar una férrea disciplina para no comérmelos y evitar que mi pinche lo hiciera.

Muffins Calabacín y Jamón

Ingredientes: (para 9-10 muffins medianos)

- 200 g de harina

- 1/2 cucharada de levadura química

- 150 g de calabacín

- 40 g de taquitos de jamón (o 4-5 lonchas)

- 50 g de cebolla o cebolleta fresca

- 2 huevos medianos

- 50 ml de aceite de oliva

- 50 ml de leche

- 150 g de queso crema

- sal fina, pimienta negra molida y orégano

Preparación:

En un bol, mezclar la harina con la levadura, la pimienta, la sal y el orégano (un poco al gusto, yo de orégano le pongo 2 cucharaditas, de pimienta un par de giros del molinillo y de sal 1/4 de cucharadita).

Lavar el calabacín y picarlo en cubitos (si la piel es tierna no hará falta pelarlo), picar finamente la cebolla y, si es necesario, también el jamón. Añadir estos ingredientes a la harina y remover bien.

Batir los huevos con el aceite, la leche y el queso crema en un cuenco grande hasta integrar todo en una crema homogénea.

Incorporar la mezcla de harina y verduras al cuenco de la crema y mezclar con una paleta hasta humedecer los ingredientes secos (no importa que queden grumos).

Dejar reposar la masa al menos media hora (esto es opcional, pero agradeceréis la esponjosidad de los muffins si lo hacéis) y mientras, precalentar el horno a 180-190 ºC.

En caso de usar bandeja para muffins/magdalenas: engrasar los huecos con aceite de oliva y enharinar para evitar que la masa se pegue.
En caso de usar moldes de silicona: como son antiadherentes no es necesario hacer nada.
(No recomiendo usar cápsulas de papel)

Rellenar los moldes hasta el borde y hornear a la misma temperatura del precalentado durante 30 minutos aproximadamente, hasta que los muffins estén dorados (no dejéis que se tuesten demasiado, podrían perder jugosidad y sería una pena).

Sacar del horno y dejar enfriar en una rejilla metálica (aunque pueden comerse calientes ¡yuju!).

Ideas:

El jamón se puede sustituir tranquilamente (comprobado) por bacon, jamón cocido, pavo…

Están ricos para desayunar, comer, merendar, cenar e incluso picotear entre horas. A veces en casa los abrimos como si fueran bollitos y los untamos con queso crema… somos así de golosos.

Muffins Calabacín y Jamón

Fuente:

La receta, así como todos los consejos para que salgan unos muffins perfectos, es de mi amiga Etringita, autora del blog Fotomerienda. Ella los publicó originalmente con pavo, pero posteriormente hizo otras combinaciones que podéis encontrar al final de la receta.

Galletas cebra

Desde Navidad no había vuelto a hacer galletas, en parte porque con la mudanza me he vuelto a quedar sin rodillo (¡hola de nuevo, botella multiusos!) y en parte porque no tengo una encimera demasiado amplia. La semana pasada me entraron ganas de experimentar un poco y cuando me quise dar cuenta estaba dándole vueltas a la idea de hacer unas galletas de dos sabores y pensando en la mejor forma de llevarlas a cabo. Valió la pena encender el horno con estas temperaturas que hay en Madrid, porque quedaron riquísimas y, ¿está mal que yo lo diga?, muy bonitas.

Galletas cebra

Ingredientes: (para 24 galletas)

- 150 g de mantequilla

- 100 g de azúcar

- 1 huevo mediano

- 1 cucharadita de esencia de vainilla

- 225 g de harina (puede hacer falta más, en mi caso fueron unos 50 g más)

-30 g de cacao en polvo (yo he usado cacao puro Valor)

Preparación:

En un bol, cortar en dados la mantequilla y ablandarla unos segundos en el microondas si es necesario (unos 10 segundos, que no se derrita).

Batir con unas varillas e ir añadiendo poco a poco el azúcar.

Agregar el huevo y la esencia de vainilla y batir hasta obtener una mezcla cremosa y homogénea.

Dividir en dos partes la mezcla (si no habéis tarado el cuenco en el que hacéis la mezcla: un huevo mediano pesa alrededor de 58 g, así que el total de la mezcla serán unos 310 g y la mitad unos 155 g).

Dividir la harina en dos partes, 125 g y 100 g. Tamizar las dos partes por separado añadiendo el cacao al montón de 100g.

Agregar poco a poco la harina al bol de la crema de mantequilla mientras la integramos con una espátula, hasta que veamos que se puede trabajar con las manos, y lo mismo con la mezcla de harina y cacao.

Si la masa se pega a las manos añadir más harina poco a poco mientras se amasa (ojo con pasarse).

Tapar la masa con film transparente y dejarla reposar en la nevera durante al menos 1 hora.

Dividir cada una de las masas en dos bolas. Colocar la bola masa entre dos láminas de film transparente, y estirar con un rodillo hasta obtener una plancha de unos 5mm de grosor. Repetir con la masa de chocolate.

(En este punto con el calor la masa se había ablandado muchísimo, así que metí las cuatro planchas envueltas en film en el congelador 10 minutos)

Precalentar el horno a 180º C (yo lo hice más o menos en este punto, justo al meter las planchas en el congelador, pero dependerá de lo rápido que sea vuestro horno).

Montar las capas intercalando una blanca y otra de chocolate, estirar ligeramente con el rodillo entre capa y capa, cortar por la mitad a lo ancho con un cuchillo bien afilado y poner una mitad encima de la otra (de esta forma tenemos 8 capas, entre 7 y 8 cm de alto en mi caso).

(Volví a meterlas en el congelador 10 minutos)

Igualar el bloque cortando los sobrantes de los laterales (no es necesario pero al hacerlo las galletas quedan con los bordes regulares) y dividir el bloque en dos a lo largo (el mío tenía unos 7 u 8 cm de frente, así que al cortarlo me quedaron unas galletas casi cuadradas) y después cortar en láminas de unos 5mm de espesor.

Galletas cebra - Elaboración

(Me explico mucho mejor en dibujos, ¿verdad?)

Colocar las galletas en una bandeja de horno sobre papel de hornear separándolas entre ellas un par de dedos (deberían caber unas 12 por hornada).

Hornear a 180º C unos 12-15 minutos, hasta que empiecen a dorarse las galletas (si se pasan al enfriarse se endurecerán, así que vigilad que la parte blanca no se oscurezca).

Dejar enfriar sobre una rejilla.

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Ideas:

Con los sobrantes se pueden hacer galletas jaspeadas juntándolos en una bola, estirando con el rodillo y cortando con un cortapastas (si veis que se ha ablandado demasiado, volved a meter la masa en la nevera o congelador tapada con film) o haciendo bolitas del tamaño de una nuez y aplastándolas un poco al ponerlas sobre la placa del horno cubierta con papel de hornear.

Si no queréis andar con problemas de dividir la mezcla de mantequilla, podéis hacer el doble de galletas (que nunca sobran) y utilizar para la masa normal: 150 g de mantequilla, 100 g de azúcar, 1 huevo mediano, 1 cucharadita de esencia de vainilla y 250 g de harina; y para la masa de chocolate: las mismas cantidades de todo excepto de harina, que serían unos 200 g, y 60 g de cacao.

Fuente:

La receta base es la misma que utilicé para estas otras galletas cambiando parte de la harina por cacao.

Muffins de manzana y canela

Mucha gente afirma que la cocina puede ser terapéutica y creo que no les falta razón. Yo empecé a cocinar más en serio cuando el proyecto fin de carrera empezó a generarme más estrés del que era capaz de gestionar. Pasarme media hora, a veces algo más, concentrada en una tarea completamente distinta y que además venía con premio al finalizar, me ayudó a no volverme demasiado loca aquellos meses.

Con el tiempo he descubierto que también sirve para ayudar a otros, o al menos intentarlo. Estos muffins los hice para un par de amigos que están pasando una mala racha. Sé que unos bizcochitos no van a solucionar su problema como por arte de magia, pero hacer algo dulce para ellos me hace sentir un poco menos impotente.

Muffins de manzana y canela

Ingredientes: (para 10-12 muffins)

- 175 g de harina

- 1 cucharada de levadura en polvo (un sobre de Royal son 16 g, aprox. una cucharada)

- 1 cucharadita de canela molida

- 175 g de mantequilla sin sal ablandada

- 175 g de azúcar (en mi caso 100 g de azúcar blanco y 75 g de moreno)

- 3 huevos medianos (sacadlos un rato antes para que atemperen)

- 1 cucharadita de esencia de vainilla

- ralladura de medio limón

- 150 g de manzana rallada gruesa o picada (depende de la manzana, pero más o menos 3/4, aunque se puede poner toda)

Preparación:

Precalentar el horno a 200ºC.

Tamizar la harina con la levadura y la canela en un cuenco grande.

En un cuenco mediano cortar en dados la mantequilla y ablandarla si es necesario unos segundos en el microondas (unos 15 segundos, queremos una textura tipo pomada).

Añadir el azúcar y mezclar hasta conseguir una crema homogénea.

Batir ligeramente los huevos junto con la esencia de vainilla y agregar a la crema de azúcar y mantequilla poco a poco, integrando bien antes de añadir más.

Agregar al cuenco de la harina y mezclar con una espátula hasta obtener una pasta homogénea y sin grumos.

Incorporar la ralladura de naranja y la manzana.

Colocar cápsulas de papel en una bandeja para magdalenas (si no tenéis, se pueden poner 2 cápsulas para cada muffin en una bandeja de horno o utilizar cápsulas de silicona).

Repartir en las cápsulas la mezcla hasta más o menos 3/4 de su altura.

Hornear hasta que suban y se doren, unos 15-20 minutos (puede variar, se comprueba pinchando con un palillo, si sale limpio, están listas).

Sacar del horno la bandeja, dejar reposar las magdalenas en ella unos 5 minutos y ponerlas a enfriar sobre una rejilla metálica.

Curiosidades:

Los bizcochos y muffins con fruta además de conservarse mejor, también ganan sabor con el tiempo, probadlo si sois capaces de resistir la tentación.

Muffins de manzana y canela

Fuente:

La receta base la saqué de un libro que me regalaron hace un tiempo, “El arte de cocinar Magdalenas” de editorial Parragon, y que ya había usado previamente en una receta muy parecida.

He cambiado la elaboración porque no me convencía demasiado y algunos ingredientes para adaptarla a los gustos de las personas a las que se las he regalado.

Repollo especiado

¿Vosotros llamáis a esta verdura repollo o col? Mi novio se parte cada vez que digo repollo ya que él siempre lo ha conocido como col.

En fin, al lío, esta receta no puede ser más fácil, sólo hay que tener una despensa de especias más o menos surtida. Si no es el caso, siempre podéis ir ampliándola poco a poco, vuestro paladar os lo agradecerá.

La idea es que el repollo quede cocinado “al dente”, lo que combinado con las especias hace que sea un plato bastante más sabroso de lo que pueda parecer.

Repollo especiado

Ingredientes (2 personas):

1 chorro de aceite de oliva virgen extra

500 g de repollo (depende del tamaño, pero suele ser 1/4 de la pieza)

1/2 cucharadita de semillas de cilantro

1/2 cucharadita de comino en polvo

1/2 cucharadita de pimentón dulce (en casa tenemos pimentón de la Vera, y se nota la diferencia)

1/2 cucharadita de hojas de cilantro secas (1 si es cilantro fresco)

1/2 cucharadita de cúrcuma (yo no tenía, así que puse ras el hanout, que entre otras especias lleva cúrcuma)

1 pizca de pimienta de Cayena molida (dependerá de si os gusta poco o muy picante)

Sal

Preparación:

Cortar el repollo en juliana (tiras finas y alargadas) y reservar.

Machacar las semillas de cilantro (no he usado nunca cilantro en polvo pero supongo que servirá igual, aunque en ese caso quizá sea suficiente con la mitad) en un mortero.

En una sartén en la que quepa el repollo poner un chorro de aceite. Una vez caliente freír las especias unos 30 segundos para que desprendan el aroma, pero con cuidado de no quemarlas.

Incorporar el repollo y remover para que se mezcle bien con las especias. Añadir 2 o 3 cucharas de agua, un poco de sal y tapar, dejándolo a fuego suave entre 5 y 10 minutos (dependerá un poco de lo fino que lo hayáis cortado, a mí me gusta que quede crujiente, pero depende de si os gusta o no la verdura poco hecha).

Repollo especiado

Servir caliente.

Ideas:

Las primeras veces lo serví como plato único y la verdad es que funciona, pero últimamente lo acompaño de cinta de lomo de cerdo a la plancha y combinan muy bien.

En el blog del que saqué la receta mencionan que se puede añadir patata cortada en tiras muy finas, y aunque no lo he probado, me imagino que la combinación debe ser un acierto.

Fuente:

Vi esta receta en El monstruo de las galletas hace algún tiempo, aunque he cambiado un poco la mezcla de especias para adaptarla a lo que tengo en la despensa.

Sopa de verduras y avena

La receta de hoy es una sopa que solemos hacer bastante, con más o menos variantes, y que a mí me gusta especialmente por la avena, que le da un punto espeso al caldo.

Sé que empieza a hacer calor, y las sopas ya no son platos que nos apetezcan demasiado, pero antes de que las altas temperaturas nos colonicen por completo, allá va.

Sopa de verduras y avena

Ingredientes (2 personas):

1 chorrito de aceite de oliva

1/2 puerro

2 zanahorias

1/2 calabacín

2 patatas medianas

50 g de jamón en taquitos (opcional)

50 g de chorizo en taquitos (opcional)

2-3 vasos de agua (dependerá de si os gusta más o menos espesa)

2-3 puñados de copos de avena

Sal y pimienta negra

Preparación:

Lavar y pelar las verduras (yo el calabacín suelo usarlo sin pelar, a no ser que la piel  sea dura).

Picar el puerro fino, cortar las zanahorias en cubos o rodajas (según preferencias, a mí me gusta que sean cubos pequeñitos, de unos 5mm), el calabacín en cubos un poco más grandes y las patatas más o menos del mismo tamaño que el calabacín (cuanto más grandes más tardarán en cocinarse, tenedlo en cuenta).

En la misma olla que usaremos para hacer la sopa, sofreír en un poco de aceite primero el puerro, cuando empiece a ponerse transparente añadir la zanahoria, unos 2-3 minutos después el calabacín y por último las patatas. Entre unas verduras y otras remover con una cuchara de madera para que se vayan mezclando los sabores.

Agregar el jamón y el chorizo y darle una vuelta entre las verduras.

Añadir el agua y cocinar a fuego medio unos 15-20 minutos.

Añadir los copos de avena y cocinar 5-10 minutos más, hasta que los copos se abran y se pongan blandos.

Sazonar con sal y pimienta negra recién molida al final de la cocción.

Servir bien caliente.

Ideas:

Si no tenéis copos de avena y no soléis usarlos, se puede hacer la sopa sin ella o sustituyéndola por la pasta para sopa que más os guste.

Lo mismo os digo con las cantidades y los tipos de verduras, estos son los que tenía yo, pero podéis cambiarlas por otras que os gusten más.

Si preferís las sopas sin tropezones, se puede pasar por la batidora antes de servir y obtener así un puré ligero.

Fuente:

Ésta es de cosecha propia, fruto de abrir la nevera, ver lo que había y lanzarse a improvisar.

 

Quark-Öl-Teig Brötchen

La receta de hoy es un trabajo en equipo, yo me acordé de pedir la receta y redactarla, Jorge se encargó de cocinarla mientras yo hacía las Spanakopitas que os enseñaba hace unas semanas, servidora hizo las fotos y nos comimos los resultados en equipo.

Vale, seguro que os estáis preguntando qué demonios son “Quark-Öl-Teig Brötchen”, pues literalmente significa “Bollitos de masa de quark y aceite”, vamos, que lo de hoy es una receta alemana. El quark es un queso batido muy empleado en la cocina alemana, y ya lo he usado en alguna ocasión.

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Ingredientes (12 panecillos):

250 g de queso quark

6 cucharadas de aceite oliva

6 cucharadas de leche

100 g de azúcar

400 g de harina

2 cucharadas de mezcla de especias (todas las que quieras: canela, clavo, cardamomo, anís, jengibre…)

1 sobre de levadura química

Nueces, avellanas crudas, uvas pasas y/o arándanos secos

Mezcla de azúcar y canela para espolvorear (aprox. 2 cucharadas de azúcar y una cucharadita de canela)

Preparación:

Mezclar la harina, las especias y el sobre de levadura química en un cuenco grande.

Incorporar en otro cuenco el quark, el azúcar, el aceite y la leche, removiendo ligeramente.

Añadir la crema resultante al cuenco de la harina y amasar hasta que esté todo integrado.

Si la masa se pega a las manos añadir más harina poco a poco mientras se amasa (pero ojo con pasarse ya que los bollos quedarán secos).

Precalentar el horno a 180 ºC.

Dividir la masa en 12 bolitas más o menos iguales (ayuda enharinarse las manos).

Rellenar cada bolita empujando con el pulgar 4 pasas (en nuestro caso arándanos secos), una nuez entera picada o una avellana troceada. Sellar la masa alrededor del relleno y darle forma de bollito.

Decorar con una avellana entera (o media nuez, hemos comprobado que los arándanos se secan en exceso, pero podéis ponerlos también) y espolvorear con una mezcla de azúcar y canela antes de meter al horno (decorar los bollos es opcional pero os lo recomiendo).

Colocar en la bandeja del horno una lámina de papel de hornear, disponer los bollos separados entre sí (en la bandeja de un horno normal caben los 12 en 3 filas de 4 bollitos).

Hornear a 180º, a media altura y con calor arriba y abajo, hasta que se pongan dorados, unos 20-25 minutos.

Dejarlos enfriar sobre una rejilla.

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Consejos:

El queso quark no es demasiado común en España, pero generalmente lo hay en los supermercados Lidl y  El Corte Inglés, y alguna vez lo he visto en el Carrefour. En cualquier caso se puede sustituir, aunque no es lo mismo, por queso crema (tipo philadelphia) que podéis aligerar batiéndolo con un poco de leche.

Las tarrinas de quark vienen en formatos de 250 y 500 g, nosotros optamos por comprar la grande y hacer el doble de bollitos.

Fuente:

Es una receta que Maricarmen, la madre de Jorge, se trajo del jardín de infancia de la Escuela Libre Waldorf de Überlingen el año que trabajó de maestra en esa escuela.

Esta masa se usa como base para otras recetas y es la que se suele hacer con niños, porque no lleva huevo y es fácil de elaborar.

Vasitos de vitamina C

Este es un postre para vencer la astenia primaveral. Para pegarle una paliza y dejarla pensando en que mejor habría sido no cruzarse en vuestro camino. Y para ello solamente necesitáis leche condensada y cítricos, los que más os gusten, mejor si al menos la mitad son ácidos o amargos, para contrarrestar el dulzor de la leche condensada.

Como he usado naranjas sanguinas, mis vasitos salieron rosas, y a primera vista puede parecer que son de fresa. Según mi experiencia el color, y también el sabor, varía mucho según los cítricos que uséis, así que a experimentar hasta que encontréis la mezcla que más os guste.

Vasitos de vitamina C

Ingredientes: (aprox. para 6 vasitos)

- 1 lata de 370 g de leche condensada

- 4 naranjas sanguinas

- 1 naranja de mesa

- 1 limón

- 1 lima

Preparación:

Vaciar la leche condensada en un cuenco. Exprimir las frutas, y utilizar la lata como medida para añadir a la leche condensada dos medidas de zumo. Con unas varillas, o una cuchara, mezclar hasta que esté todo integrado.

Rellenar vasitos de cristal (como veis yo reutilizo los de los yogures) o cuencos pequeños con la mezcla.

Llevar a la nevera un par de horas para que cuaje un poco.

¡Y a comer!

Vasitos de vitamina C

Curiosidades:

Se pueden usar todo tipo de cítricos: pomelos, limones, mandarinas, naranjas… mejor cuanto más ácidos para que el resultado no sea demasiado empalagoso.

La cantidad de fruta necesaria depende de lo grandes que sean las piezas, de la cantidad de zumo que tengan y, por supuesto, de si sólo utilizáis el zumo o si añadís también la pulpa o parte de ella, esto dependerá de si os gustan los grumitos en los yogures. A mí me gusta encontrarme con trocitos y por eso le pongo al menos una parte.

Es una receta perfecta para aprovechar la leche condensada que sobre de otros postres, ya que sólo con medir la cantidad no tendremos más que añadir el doble de zumo.

Es un postre facilísimo de hacer, y si exceptuamos el momento de cortar la fruta, es ideal para hacerla con niños; mi hermano y yo la hemos hecho infinidad de veces con mi madre aprovechando que teníamos naranjo, limonero y mandarino en la huerta.

Si no lo vais a consumir inmediatamente es buena idea tapar los vasitos con un cuadrado de papel de aluminio para que no coja sabores extraños.

Aguanta tres o cuatro días en la nevera, más o menos como la leche una vez abierta, y notaréis que cada día el sabor a cítricos es más intenso.

Fuente:

Me la enseñó a hacer mi madre, y siempre que la hago me recuerda a mi infancia, :)

Spanakopitas

¿Qué son las spanakopitas? Técnicamente spanakopita es un pastel salado griego de espinacas y queso feta, pero lo que os traigo hoy es una versión en piezas individuales, unas empanadillas, vamos. Sea como sea, la combinación de ingredientes es un acierto, están riquísimas.

El ingrediente más exótico de la receta es la pasta filo, una masa muy fina, tanto que parece papel vegetal. Digo que es más exótico que el queso feta, por ejemplo, porque mientras éste es un queso cada vez más utilizado, la masa no lo tienen en todos los supermercados. Yo suelo comprarla en los supermercados de El Corte Inglés, aunque quizá la haya también en otras grandes superficies.

Spanakopitas

Ingredientes: (para unas 15 unidades)

- 10 láminas de pasta filo

- 1 diente de ajo picado

- 400 g de espinacas frescas

- 300 g de queso feta

- 1 cucharadita de orégano seco

- una pizca de nuez moscada

- sal y pimienta negra (mejor si es recién molida)

- aceite de oliva virgen

Preparación:

Saltear el ajo y las espinacas con una cucharada de aceite de oliva en una sartén hasta que las espinacas estén blandas (unos 5 minutos). Apartar del fuego y dejar que enfríen un poco. Poner las espinacas en un escurridor y presionar ligeramente para que eliminen la mayor cantidad de líquido posible antes de trocearlas con un cuchillo.

En un cuenco mezclar las espinacas con el queso feta desmenuzado, el orégano y la nuez moscada. Sazonar con sal y pimienta.

Poner el horno a precalentar a 190 ºC.

Separar dos láminas de filo del paquete y dejar las otras en el envoltorio bien cerrado o tapar con un paño de cocina ligeramente humedecido (y limpio, claro). Esto es muy importante porque la masa filo se reseca y se vuelve muy quebradiza si se expone mucho tiempo al aire.

Extender una lámina en la encimera y pincelar con aceite de oliva (a mí me gustan los pinceles de repostería de silicona porque son más limpios y no van perdiendo cerdas con el uso). Tapar con la otra lámina de filo y pincelar.

Cortar longitudinalmente las hojas en 3 tiras largas.

Colocar en el extremo de cada tira una cucharada de relleno, y plegar formando un paquete triangular según el esquema de ahí abajo (pensad que hay un cuadrado en el extremo y divididlo en 2 triángulos, el relleno se pone en el triángulo interior, se tapa con el exterior y luego se va enrollando).

Plegado spanakopitas

Repetir el proceso con toda la pasta filo y el relleno y disponer los paquetes sobre la bandeja de horno, cubierta con papel de hornear, con la base sellada (el último triángulo de la tira) hacia abajo de forma que no se abran. Pincelar con aceite de oliva.

Hornear en el centro del horno a 190 ºC hasta que la pasta esté dorada (unos 20 minutos, aunque depende del horno). Dejar enfriar en una rejilla hasta que estén templados.

Spanakopitas

Consejos:

Una vez compré la masa filo congelada, y no quedé nada satisfecha con los resultados, al descongelarse las hojas se pegaron entre sí, y al intentar separarlas se resquebrajaron, os recomiendo la versión fresca.

El margen para manipular la masa filo hace aconsejable tener la superficie de trabajo despejada, y todas las cosas necesarias a mano, para poder trabajar con rapidez.

No sé qué deciros por si sobran, ya que si los tapáis con algo que no los deje respirar se ponen blandos y, aunque siguen sabiendo bien, pierden ese toque crujiente. Alguna vez los hemos dejado al aire y como tienen bastante humedad entre el relleno y el aceite, no se resecan demasiado y fríos están buenos. No he probado nunca a darles un calentón en el horno, así que no sé que ocurre en ese caso.

Ideas:

En algunas recetas he visto que le añaden piñones, nosotros hemos probado con almendra picada gruesa y no queda mal.

Se puede utilizar mantequilla derretida en lugar de aceite de oliva, pero tras probar ambos, me quedo con el aceite, no hay que andar calentándolo y el resultado es más ligero.

El queso feta se puede sustituir por ricotta o algún otro tipo de requesón, ya sea en su totalidad o sólo una parte.

Fuente:

La primera vez que vi la receta fue en el libro “500 tartas y empanadas” de la editorial Blume (que ya ha aparecido aquí en otra ocasión) pero confieso que no la he hecho tal cual nunca, después la he ido viendo en otros blogs (mención especial a la versión de El Comidista, que me apunto para hacer otro día) y en cada uno me he ido encontrando diferentes variantes.

Tarta Guinness

El tiempo pasa más que volando, hace casi tres semanas que hice esta tarta, y todavía publico hoy la receta. Eso sí, podría ser peor, porque hace AÑOS que tengo pendiente esta tarta. Soy una fan incondicional de la cerveza negra Guinness, así que es normal que los ojos me hicieran chiribitas ante una tarta cuyos ingredientes característicos eran cacao puro y cerveza negra.

La textura y el sabor son impresionantes, el bizcocho denso, húmedo y con un ligero regusto amargo y tostado, contrasta a la perfección con la suavidad y dulzura de la cobertura.

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Ingredientes: (para unas 12 raciones)

- 250 ml de cerveza negra Guinness

- 225 g de mantequilla sin sal

- 250 g de harina de repostería

- 75 g de cacao en polvo (yo he usado cacao puro Valor)

- 2 + 1/2 cucharaditas de bicarbonato sódico

- 400 g de azúcar

- 140 g de nata líquida para montar

- 2 huevos

- 1 cucharadita de extracto de vainilla

Para la cobertura:

- 250 g de queso mascarpone

- 100 g de azúcar glacé

- 250 g de nata líquida para montar (35% MG)

TG trozo

Preparación:

Poner a calentar sin que llegue a hervir, a fuego medio, la cerveza (se calentará antes si está a temperatura ambiente, obviamente). Una vez caliente, añadir la mantequilla (también a temperatura ambiente) cortada en dados y remover hasta que se derrita del todo. Retirar del fuego y reservar.

Mezclar en un cuenco la harina con el cacao, el bicarbonato y el azúcar (yo lo hago con unas varillas, así se evitan los grumos).

Batir en otro cuenco los huevos, la nata y la vainilla hasta obtener una mezcla homogénea. Una vez hecho esto, agregar la mezcla de cerveza y mantequilla poco a poco hasta integrarlo todo.

Precalentar el horno a 180 ºC.

Añadir la mezcla seca poco a poco al cuenco de los líquidos hasta conseguir una masa uniforme y sin grumos (en este punto la masa te la comerías sin meterla al horno, de lo bien que sabe y huele).

Preparar el molde, engrasar con mantequilla y enharinar, verter la masa y hornearlo a 180 ºC durante unos 50 minutos (el mío tardó más) o hasta que al pincharlo con un palillo, éste salga limpio.

Sacar del horno y dejar enfriar en una rejilla.

Cobertura:

Mezclar el mascarpone con el azúcar glacé hasta obtener una crema suave. Montar la nata y añadirla a la crema, utilizando una espátula para mezclar, con movimientos envolventes.

Untar la crema en la tarta, dejando que caiga por los bordes, como si fuera espuma de la cerveza derramándose.

TG entera

Consejos:

Mi molde es desmontable, de 22 cm de diámetro y 2,2 litros de capacidad, y hubo un momento en que temí que la masa al subir desbordase. Creo que es mejor utilizar un molde un poco más grande.

Si usáis un cacao que lleve azúcar incorporado, lo suyo sería compensar restando azúcar porque si no saldrá más dulce de lo debido.

Preparé el bizcocho un día por la noche, y la cobertura al otro día por la mañana, como postre para la comida de cumpleaños de mi padre. De esta forma me aseguré de que se enfriase del todo, y sospecho que al bizcocho le sentó bien reposar, porque cada día estaba más bueno que el anterior.

Ideas:

Es una tarta bastante densa y que llena bastante, como las cantidades son fácilmente divisibles, se puede hacer la mitad de la receta si no sois muchos comensales.

Aunque la crema de cobertura está buenísima, creo que la próxima vez la haré con menos cantidad de nata montada (unos 100 g menos, creo), para que el mascarpone tenga un poco más de protagonismo.

Tendría que controlar los tiempos, pero otra idea interesante es hacerla en porciones individuales, a modo de cupcakes.

Fuente:

La encontré en un par de blogs que sigo habitualmente, Cocinándotelo y Cocinando con Catman, las recetas son similares y en lo que más se diferencian es en la cobertura, una con queso mascarpone y otra con queso de untar, os pongo las dos para que podáis decidir.